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➼Ángel guardián | ChanSoo - KaiSoo

Sinopsis

Detrás de la fundación de la dinastía Joseon se esconde un secreto, ¿quieres averiguarlo? Una vez el secreto deja de serlo, ChanYeol luchará por lo que le corresponde y junto a él estará su preciado ángel guardián, KyungSoo. Pero ¿qué pasaría si el príncipe heredero se encapricha con el ángel y decide robarlo? Género: Épico, romance y drama. Protagonistas: Do KyungSoo, Park ChanYeol y Kim JongIn. Duración: 1 Capítulo / OS Autora: ↬ @MaddieZM ↫ OBRA REGISTRADA EN SAFE CREATIVE BAJO EL CÓDIGO: 2008245103102

Genero:
Adventure/Fantasy
Autor/a:
MaddieZM
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Capítulo único

¿Conoces todo el poder que tienes, cariño?

Me congelé y quedé cegado por ti, cariño.

Lo necesito

Para alejar el dolor

Quédate conmigo todos los días.

¿Sientes lo mismo?

Oh, cariño.

Ella siempre sabe lo que quiero como si fuera una psíquica,

Eres como una superheroína, déjame ser tu compañero.

No he visto nada igual.

Todo es atemporal.

Lo han estado buscando.

Y sé dónde encontrarlo.


En 1392, Kim Taejo fundó la imponente dinastía Joseon. El gran Palacio Real se encontraba un poco lejos del pueblo, estaba pintado de un fuerte rojo con azul, poseía jardines aromáticos inmensos alrededor y todas las personas que ahí vivían tenían una belleza inhumana; sus rostros, sus cuerpos, su hablar, su caminar, todo en ellos era perfecto, eran seres fuera de este mundo.

Y no es para menos, pues rondaba un rumor. Se decía que Kim Taejo necesitó la ayuda de mil hombres para poder fundar la dinastía, sin embargo, nadie conocía a Taejo antes de la fundación y mucho menos sabían quiénes fueron esos mil hombres que lo ayudaron a levantar el glorioso imperio. Los pueblerinos más longevos le contaban a los más pequeños que una vez, del cielo salió una luz que cegó a todos, eso sucedió cuando la dinastía llevaba a penas unos cuantos meses. Nadie recuerda nada más, solo la deslumbrante luz. No obstante, muchas teorías salieron a flote y la mayoría se inclinó a una en específico.

—Ángeles. Los Dioses mandaron a sus ángeles para que nos ayudasen con la fundación de nuestro reino y nos cuidaran hasta estos días, sin ellos no estaríamos aquí, por eso debemos de ser siempre agradecidos, darles ofrendas y en lo posible nunca insultarlos.

La verdad no era muy distante a lo que decían, pero una verdad a medias equivale a una mentira.

¡No hay que preocuparse! Pronto la dinastía Joseon conocerá todo lo que hay detrás de su creación.


Kim Kibum, quinto hijo del rey Kim Taejo con la reina Sineui, se preparaba en su alcoba para su ceremonia de coronación, la cual, estaba a horas de empezar. Las bellas sirvientas iban de un lado a otro, entraban y salían de la habitación con coloridos y lujosos atuendos; alguno de ellos debería cautivar al exigente príncipe. Sin embargo, éste no solo miraba los trajes con repulsión, sino también veía a las bellas jóvenes de esa manera.

Una de ellas, harta de la situación tironeó a otra del codo hasta sacarla del aposento del príncipe.

—Él no lo merece.

—¿A qué te refieres, Jieun?

—No merece la corona, no merece su posición, no merece su apellido, ¡no merece nada! —explotó en enojo. —Mira cómo nos trata a nosotras, ¿cómo crees que guiará al pueblo?

—¡Jieun! —reprendió. —Eso no es asunto nuestro, debemos seguir con nuestra labor y-

—Joohyun. —La interrumpió. —Nuestra labor es ayudar a Kim Taejo, a la dinastía Joseon, a los aldeanos, ¿crees que ignorando éste problema lo haremos?

—¿Y cuál es tu plan? —espetó cruzándose de brazos.

Joohyun observó con calma a Jieun, quien permanecía enmudecida y con la mirada perdida. Se quedaron en silencio, Jieun parecía buscando a alguien, volteando su cabeza de derecha a izquierda, pero solo encontrándose con los largos pasillos solitarios del palacio. Joohyun dio un pequeño brinco cuando escuchó un grito proveniente de la habitación, miró por última vez a Jieun y la dejó sola parada en el corredor.

Quizá ese fue el primer error.

Jieun era determinada. Con una mano en su mentón, una idea se instaló en su mente, sonrió y corrió hacia el patio trasero donde deberían de estar los hombres jóvenes del palacio practicando con el arco y flecha. Sus pasos eran firmes, pero livianos, su cabello negro flotaba detrás de ella y su sonrisa no desaparecía.

—¡Park Jung Soo!

El nombrado giró y mostró una enorme sonrisa a la chica que iba hacia él. Jung Soo era el único hijo del ministro Park Do-Jeon y la bellísima Nam Eun. Sus padres eran de los servidores más fieles al rey, cualquier cosa que Kim Taejo ordenara, sus progenitores lo cumplirían. Como su descendencia, era su deber no deshonrarlos y llevar a la cumbre el apellido Park. Lo que él no sabía, era que, al parecer, la cumbre estaba más cerca de lo que él pensaba.

—¿Todo en orden? —preguntó, bajando el arco y la flecha.

Caminaron hasta unas bancas de madera largas, Jung Soo dejó su arma en el suelo para luego tomar asiento al lado de la chica.

—Necesito que vengas conmigo a ver al rey. —Ella tomó las manos de él suavemente y con sus ojos le suplicó una afirmación.

Él no se pudo resistir.

Quizá ese fue el segundo error.


Parado delante del rey, Jung Soo no terminaba de creerse todo lo que había sucedido.

Jieun no había querido decirle nada hasta llegar donde su majestad, luego ella se encargó de hablar con Taejo, llamaron a sus padres y todos hablaban sin incluirlo a él. Jung Soo estaba perdido y en shock, los escuchaba y los veía, pero no los comprendía.

—Kim Kibum, no es beneficioso para el poder. ¡Se lo digo con sinceridad! Su hijo no está listo y probablemente los demás están en peor situación. En cambio, Park Jung Soo tiene excelentes antecedentes familiares que le asegurarán lealtad, además, Jung Soo es uno de los guerreros más feroces. Él llevará la corona y no la dejará caer.

—Jieun, ¿qué estás hablando? Estamos a horas de la coronación y vienes con eso.

—Señor, confíe en mí como confío en mis superiores.

Jung Soo sujetó la mano de su madre, temblando. Ella detuvo se giró hacia su pálido hijo, con dulzura le dio un beso en la frente y lo abrazo.

—Todo estará bien, Jung Soo.

En los cálidos brazos de su madre decidió confiar.

El rey también confío.

Sus padres confiaron.

Y Jieun sonrió victoriosa.

La coronación se llevaría a cabo, solo que la corona ya no estaría en cabeza del quinto hijo; Kim Kibum, sino estaría en la del único hijo de los ministros Park Do-Jeon y Nam Eun; Park Jung Soo.

Quizá ese fue el tercer error.

Todos salieron de los aposentos del rey, Jieun avisaría a las demás jóvenes que ahora debían ayudar a Park Jung Soo, Do-Jeon y Nam Eun no dejaban de alagar a su hijo y el tan perfecto Park Jung Soo solo sonreía por inercia, porque estaba viendo a sus padres más alegres que cualquier otro día y, ¡no era para menos! Él sería el nuevo rey.


Luego que Kim Taejo le diera la fatídica noticia a Kim Kibum, éste desapareció. A pesar que mandaron a registrar todo el palacio e incluso la aldea más cercana, el joven había logrado esfumarse sin dejar rastro. Pero eso no era todo. Kim Kibum se había ido con algunos guerreros, las mujeres de ellos y con su novia.

El rey estaba hecho una furia porque sabía lo impredecible que su hijo podía ser. Sin embargo, se resignó a no volver a verlo jamás, suspiro y redirigió su vista al frente donde se encontraba Park Jung Soo hablándole a varios aldeanos, guerreros, sirvientas y muchas personas más que habían acudido a la ceremonia. Park Jung Soo llevaba la corona en la cabeza. Ya era rey.

Transcurridos unos minutos, algunos pueblerinos prefirieron marcharse, pero al abrir la puerta se encontraron siendo golpeados, empujados e incluso asesinados. La consecuencia de los errores cometidos tomó forma y se personificó en Kim Kibum quien caminaba por el centro de la sala mirando con codicia la corona en cabeza de Park Jung Soo. Su mirada era fija y su sonrisa retorcida. Sin duda alguna no venía a felicitarlo.

—¡Hijo!

Kibum no volteó a mirarlo. Puso una flecha en el arco, mientras detrás de él se desataba una pelea entre su ejército y el de la familia Real. Jalo de la flecha, cerró un ojo para calcular donde disparar, Jung Soo se había petrificado, abriendo sus ojos horrorizado, sabiendo que moriría, su pulso se disparó al igual que la flecha. Pero no hubo sangre ni gritos, delante de Jung Soo con una flecha atravesada en el pecho estaba Jieun. Ella cogió la flecha sacándola de su cuerpo sin derramar una sola gota de sangre y la tiró al suelo.

—Maten a todos —murmuró Kibum, ardiendo en el fuego de la ira. —¡Maten a cada persona en este maldito palacio!

Su ejército sufrió algún tipo de transformación, se veían más poderosos que antes, con más energía y, sobre todo, con sed de sangre. Parecían demonios.

Jieun tomo la mano de Jung Soo y comenzó a escabullirse. El chico la seguía aun sin salir de su asombro, ¿cómo era posible que ella este intacta?

Cuando se encontraban atravesando el patio hacia la salida del palacio, Jung Soo giró viendo extrañado como parecía que el ejército de Kibum se había multiplicado. La pelea ya no era dentro del salón principal, ahora estaban en todos lados y sí, la pelea también se dirigía hacia el patio.

—No podemos irnos, Jieun. Mi trabajo es cuidar del-

—¡Tú eres el rey! —gritó ella, exasperada. —Tú no puedes morir o esa bestia asumirá el poder.

Abrieron las puertas del palacio y ella lo empujó fuera.

—Debes huir.

—¿Qué?

—Nosotros nos encargaremos, tú escóndete y no salgas a menos que vayamos a buscarte.

—¿Cómo sabrán dónde estoy?

—Lo sabremos. —Sonrió y cuando Jung Soo quiso devolverle la sonrisa, volvió a ver otra flecha atravesando a la muchacha y luego otra y otra y otra.

Jung Soo salió corriendo, pero no tuvo tanta suerte. Un par de flechas lo alcanzaron.


Park ChanYeol despertó de su sueño, sin embargo, por alguna razón seguía cansado. Quizá por toda la fuerza gastada ayer en el entrenamiento. Suspiro mirando el techo de paja, su ceño se frunció, el invierno estaba cerca y ese techo no lo protegería ni a él ni a su desgraciada familia del frío.

Cuando se levantó de la cama no le pareció extraño no hallar al otro chico que dormía con él. KyungSoo siempre estaba activo y con una bella sonrisa en forma de corazón en el rostro. Para ChanYeol, KyungSoo era increíble en todo el sentido de la palabra.

ChanYeol tocó dos veces con su puño la puerta de sus padres, avisándoles que el desayuno estaría pronto. Siguió su camino hasta la pequeña cocina-comedor donde vio a KyungSoo arreglando los panes y los tés sobre la mesa.

—¡Buenos días, dormilón!

KyungSoo sonrió, enamorándolo una vez más.

ChanYeol diría que KyungSoo era un pecado caminante, pero eso sería estúpido, KyungSoo era todo lo contrario; era pureza. Literalmente.

ChanYeol sabe que desde que nació, KyungSoo ya estaba a su lado, dispuesto a dar su vida por la de él. Después de todo ese era el trabajo del pelinegro y piel lechosa. KyungSoo era, de alguna forma, un regalo de su intrépida tía, Jieun. Aquella mujer que se mantenía joven, pues los ángeles no tenían edades.

Al principio todo le resultó fantasioso, pero luego se tornó en su miserable realidad. Park Jung Soo, su padre, no había sido asesinado ni exiliado, el actual rey Kim Kibum había decidido dejarlo con vida con el único propósito de verlo sufrir. Y vaya que había resultado.

Cualquier persona que se acercara a Jung Soo sería condenado, pero eso no fue impedimento para su madre, Kang Sora de ayudarlo en cada momento hasta desarrollar un enamoramiento, que luego sería amor y se vería reflejado en ChanYeol. De todos modos, ellos tres eran una peste para los demás, nadie los miraba, ni les dirigían la palabra a excepción de los vendedores del mercado porque cliente es cliente y dinero es dinero.

KyungSoo estaba exentó de todo eso, debido a que Soo solía salir sin ellos y había logrado crear una historia creíble sobre su abrupta estadía en el pueblo. Las personas con él eran amables, tenía un sinfín de pretendientes y hasta podría decirse que un club lleno de noonas que lo amaban. KyungSoo irradiaba inocencia y ChanYeol estaba feliz con que el pequeño Soo no saliera perjudicado.

—¡Será mejor que comas bien! Hoy también debes de ir a entrenar.

ChanYeol gimoteó. Odiaba ir a practicar. Sin embargo, no podía oponerse porque era un decreto supremo impuesto por el rey: “Todos los jóvenes de 16 años a 26 años deben de tener conocimientos básicos de lucha”.

Debía aguantar cinco años más para ser libre.

Todos en el pueblo sabían que Kim Kibum no era el original rey y por eso tenía miedo que, algún día alguien decidiera pelear contra él; formándose así una rebelión. La táctica de Kim era someter al pueblo a un terror extremo, haciéndolos mansos, sabiendo que así ninguno se iría en su contra, por otro lado, entrenaba a gente joven por si en algún momento se diera una guerra con otro pueblo, de esa forma su ejército sería más grande y más fuerte. Kim Kibum tenía miles de enemigos y ningún amigo.

—Escuché por ahí que harán una coreografía para el rey, ¿eso es verdad? —preguntó su madre entrando en el reducido espacio y tomando asiento.

—Dicen que Kim Kibum está enfermo, posiblemente muera y antes de eso quiere coronar a su hijo... La coreografía es para hacerle un homenaje. —comentó el Park más joven, desganado.

—Debería morirse ese viejo apestoso.

—¡KyungSoo! —chilló Sora, sorprendida, pero sin quitar la sonrisa de sus labios. Ella quería reírse. —¡Por los Dioses! Venga, siéntate de una vez.

El desayuno pasó rápidamente, ChanYeol se quedó sentado mientras su mamá se paraba para ir asearse, KyungSoo limpiaba los trastes y su papá permaneció en su sitio; la cabecera.

—Soo, retírate un momento, por favor.

El nombrado dejó el vaso y el trapo que tenía en mano sobre la mesa y se fue.

Pero no del todo. Permaneció oculto tras la pared.

—¿Algo malo pasa, papá?

—Toda nuestra existencia, hijo. —La mirada de su padre estaba perdida. —Lamento tanto la situación, seguro estás más que incómodo teniendo que ir a darle un homenaje al zoquete ese.

—Más que incómodo, estoy enojado. —ChanYeol miró a su padre con pena. —Sigo sin entender qué paso. Si Jieun dijo que escaparás, ¿por qué solo te buscó cuando supo que mamá estaba embarazada? ¿¡Cómo supo que mamá estaba embarazada!?

—Jieun siempre fue una caja de sorpresas. Habrá tenido su motivo para no cumplir con su promesa.

—Nosotros seríamos la familia Real. —ChanYeol apretó en su puño un tenedor que estaba cerca de él.

—Lo seríamos. —Afirmó Jung Soo. —No hagas nada irracional, Yeol. —advirtió.

Solo ahí su padre lo miró, pero ChanYeol veía llamas de ira en los ojos de Jung Soo, veía que su padre estaba hasta más enojado que él. Probablemente su padre se sintiera inútil, él iba a ser el rey porque sabían que Kibum no calificaba, pero las cartas no jugaron a su favor y Kibum llegó al poder en un abrir y cerrar de ojos.

Jung Soo se levantó y con un paso más lento que una tortuga se dirigió a su dormitorio.

KyungSoo aprovechó para entrar de nuevo a la cocina.

—¿Quieres ir al pueblo?

El más bajo abrió los ojos y asintió.

Inocencia.

Pureza.

KyungSoo sabía porqué estaba en la tierra, su deber era cuidar de Park ChanYeol, muchos en el cielo cuestionaron si el debilucho KyungSoo podría con una tarea tan complicada, pues todos pensaban que aquel ángel que bajara debería ser todo un guerrero, menos Jieun, ella no creyó eso.

—Para derrotar a una fuerza maligna, solo necesitamos una benigna.

Fue todo un revuelo en los cielos, pero al final, como siempre, la chica se salió con la suya.


—¿Estás seguro que no pasará nada si llegas tarde al ensayo?

—Unos cuantos azotes no me matarán.

—A mí me mataría verte sufrir, Yeol.

ChanYeol rió. —Tú no puedes morir, Soosie.

Park tomó la suave manita del más bajo y siguieron recorriendo el colorido y abarrotado mercado. Teniendo de excusa la pronta llegada del invierno, salieron bien tapados e irreconocibles. A ChanYeol le gustaba eso; no ser conocido. Le encantaba ser alguien más del montón, alguien a quien no juzgaran siempre con la mirada, alguien a quien al pasar no susurraran su nombre o el de su padre.

Miro su mano, sus dedos y los de Soo estaban entrelazados. Su corazón se calentó y todo él se estremeció. Llevaba cargando con esos sentimientos ¡22 años!, bueno, quizá un poco menos. ChanYeol sabía qué clase de unión tenía con KyungSoo; solo era de protección. Soo era un ángel de la guarda y solo cuidaba de ChanYeol, no estaba destinado a enamorarse de él.

Pero ChanYeol no le importaba eso. A KyungSoo nunca lo vio únicamente como un ángel protector. En realidad, ni siquiera sabía de qué males KyungSoo lo cuidaba. Lo único verídico era que KyungSoo siempre había estado a su lado, queriéndolo; queriéndose mutuamente.

—¿Te gusta algo de aquí? —preguntó Chan, dando un apretón a la manito de Soo.

Kyung negó. —Mejor compremos verduras, frutas o carnes.

ChanYeol reconoció el tono triste de KyungSoo. Después de todo, el menor usaba su ropa y le quedaba un poco grande. Park comenzó a observar cada tienda, hasta que con su vista de halcón logro ver una tienda de telas. Quizá no podía comprar ropa, pero podrían comprar el material para hacerla.

—Ven. —Sacó de la ensoñación a Soo y se dirigieron para allá. —Elige una tela, seguro mi madre puede hacerte algo bonito.

KyungSoo se sonrojó. —Ya te dije que no me importa.

—Pero a mí sí. —Insistió el mayor. —Por favor, Soo.

Kyung era débil ante el más alto, su deber era hacer feliz a Park ChanYeol y si Park ChanYeol quería comprarle telas, entonces lo dejaría. Soo soltó la mano del alto y empezó a ver las telas con detenimiento, cada una de un color más bonito que el anterior y con diferentes patrones. KyungSoo extrañó en ese momento el cielo, ahí tenías todo lo que quisieras, aquí, en la tierra, dependía mucho quien eras para darte lujos y si eras Park Jung Soo, Kang Sora o Park ChanYeol, era un hecho que no había lujos.

KyungSoo caminaba de forma lateral, y en unos de sus pasos sus pies se enredaron y cayó. No tocó el piso, unos fuertes brazos lo sostenían, subió la mirada, pero solo se encontró un rostro tapado con tela negra y unos bellos ojos dorados que parecieron brillar al verlo.

—¿Estás bien? —preguntó el desconocido, aun sujetándolo por la cintura.

KyungSoo no sabría cómo explicar lo que sintió, porque fue totalmente nuevo para él... o quizá no fue tan nuevo.

—Uh, vámonos ya o pensarán que te asesiné.

KyungSoo dirigió sus ojos hacia otra persona que tenía casi su estatura. El chico estaba igual de cubierto que el que lo ayudó.

—Muchas gracias. —Fue todo lo que KyungSoo pudo pronunciar cuando el segundo sujeto que visualizó cogió del antebrazo al joven que lo ayudó y ambos partieron de ahí.

—Eso fue extraño. —Escuchó detrás de él. ChanYeol pasó sus manos por su cintura, pero la sensación no era la misma que le produjo el chico de ojos dorados.

KyungSoo eligió una tela celeste, y aunque le sonrió a ChanYeol, su mente seguía pensando en el extraño que vio hace instantes.

—Ahora sí, vamos a la práctica. —ChanYeol tomó la mano de KyungSoo con toda confianza del mundo, le sonrió con amor y caminaron. —Oh, la coreografía la armaremos en el Palacio Real.

KyungSoo le había devuelto la sonrisa con cariño. KyungSoo tenía un corazón puro, pero había estudiado bastante sobre los corazones humanos y sus sentimientos enredados que tenían. KyungSoo suponía que ChanYeol estaba experimentando “enamoramiento”, había dos opciones: la feliz y la triste. En la feliz, él le correspondía a ChanYeol y, en la triste él rechazaba a ChanYeol. Sin embargo, ninguna opción parecía factible. Un ángel no puede estar con un humano y KyungSoo no quería lastimar a quien se le encargó cuidar.


—Te recuerdo que salimos del palacio por ti. —susurró el chico de ojos dorados. —Tú y tu impulsividad...

—¡Lù Hán me engañó! ¿Cómo querías que reaccioné?

—¡De una manera normal! Eres el único que convierte a su amante en serpiente. —Movió el bolso que traía en mano. —No veo en este mercado a alguien que nos ayude.

MinSeok levantó sus hombros queriendo decir “No me importa”.

—La familia Lù lo buscará, Min.

—¿Desde cuándo eres tan considerado con los demás?

JongIn le dio un codazo en la costilla.

—¡No es mi culpa ser hijos de chamanes!

—Tu culpa es ser un impulsivo. —JongIn subió la vista, mirando sobre el mercado, a lo lejos se observaba el gran y sombrío Palacio Real. —Volvamos de una vez, luego buscamos como solucionamos esto. —Volvió a sacudir el bolso con la serpiente dentro.

Kim MinSeok suspiró, tragándose las palabras que estaban en la punta de su lengua. Siempre era preferible no hacer enojar a JongIn. Sí, Kim JongIn hijo de Kim Kibum. Sí, el mismo tirano Kim Kibum. Sí, Kim JongIn quien pronto sería coronado rey.

El retorno al Palacio fue rápido. JongIn no tenía permitido salir y juntarse con la plebe, en realidad, JongIn no tenía permiso de acercarse a nadie, sin embargo, eso no le había impedido, años atrás, conocer a MinSeok, hijo de los chamanes amigos de su padre. La familia ligada a la magia vivía en el palacio y el rey Kibum les da siempre lo mejor, los trataba como sus iguales, lo cual, en un inicio desconcertó a los sirvientes antiguos del palacio que nunca habían visto en Kibum un ápice de bondad.

Solo una de las sirvientas supo la verdad detrás de ese trato especial. Nadie más se enteró porque Kibum se encargó de ella.

Lo que más atrajo a JongIn fue la vida libertina que MinSeok tenía. Le gustaba como el más bajo podía ver todo desmoronarse y ardiendo con una tranquilidad asombrosa. MinSeok no se quemaba, MinSeok veía a los demás quemándose. MinSeok, aparte de venir de una familia de chamanes, tenía el don. Su relación con los espíritus, ancestros y Dioses era la más poderosa. JongIn creía que ese era el único motivo por el cual su padre cada vez que lo veía con Min se hacía el de la vista gorda, su padre pensaba que esa relación amistosa sería beneficiosa para él tarde o temprano.

—¡Joven Kim! —gritó su antigua nodriza cuando lo vio llegar. —Ya me había asustado...

—Perdón, Joohyun. —JongIn hizo una leve inclinación. —Acompañé a Min al pueblo.

Ella asintió, sonriendo. —Vayan ambos al salón principal, sus padres se encuentran ahí y quieren hablar con ustedes. —Ella vio como ambos chicos palidecieron. —¡No es nada grave! Ni siquiera saben que ustedes han salido, tan solo hace unos minutos me pidieron que los buscara. —El color volvió a sus jóvenes cuerpos y fueron corriendo hacia sus progenitores.

Al entrar en el inmenso y frío salón se podía palpar la tensión.

—¡JongIn! ¿Tanto te demoras en llegar? —Reganó su padre con voz hosca. —¡Vengan! ¡Apúrense, tomen asiento! Esto es importante.

No importaba cuanto tiempo pasara o si la vida se le estuviera yendo, Kim Kibum seguía siendo un ser desagradable y vil, incluso con su propio hijo.

Los adolescentes se miraron, dudando un poco sobre la situación. Se sentaron uno al lado del otro y ambos frente al rey Kibum, quien asintió con la cabeza para que sus chamanes favoritos hablasen.

—MinSeok, necesitamos que mires esto. —Le entregaron un tazón negro con alguna sustancia verde dentro. —Estábamos comunicándonos con Yeonma y solo nos dio una advertencia, dijo que algo malo sucedería, pero no sabemos qué será o a quiénes exactamente afectará.

Al agarrar el tazón, algo recorrió el cuerpo delgado de MinSeok, sus ojos se pusieron plomos y su cabello se sacudió ligeramente. Concentrado, miró fijamente la sustancia verdosa, sacudió un poco bol viendo cosas que nadie más ahí podía ver. JongIn vio la sustancia y le resultó asquerosa.

—Hay una fuerza poderosa despertando —susurró el hijo de los chamanes. —Una más fuerte de la que hay aquí, su majestad.

—¿Qué es?

—Un enviado de Sang-je... Es alguien ¿joven? —MinSeok metió uno de sus dedos al tazón y jugo con la sustancia.

La mano con la que MinSeok sujetaba el tazón comenzó a temblar, sus ojos parpadeaban con fuerza y velocidad indescriptible, el color de sus mejillas desapareció y JongIn se asustó. El hijo del rey golpeó el tazón su mano causando que cayera y derramará su contenido.

—¡JongIn!

—¿Estás bien, Min? —preguntó, preocupado.

MinSeok se sostuvo de JongIn, veía a todos girando, pero sabía que solo eran mareos. —Sí, lo estoy.

Luego de una larga reprimenda y miles de gritos inconexos del rey Kim Kibum todos pudieron abandonar el gran salón.

—Hay algo que no le conté a tu padre. —susurró Min, mientras caminaban por los largos y oscuros pasillos, ya bastante lejos de donde habían dejado al rey.

—¿Qué? —JongIn se detuvo.

Antes que MinSeok pudiera hablar se escucharon unas voces dentro del salón prohibido.

JongIn no miró a MinSeok cuando lo esquivó y entró en el salón que estaba en penumbras. En el salón prohibido nadie entraba más que dos sirvientas; Joohyun y Seungwan. Kim caminó con sigilo hasta divisar un cuerpo menudo al final, parecía un chico menor que él. JongIn giró mirando detrás de él la enorme pared dorada y viendo en el centro a una joven colgando gracias a las cadenas de oro. Según su padre, ella era una traicionera, pero no era una opción asesinarla o dejarla libre.

JongIn se preguntaba qué hacía un desconocido ahí.

MinSeok lo alcanzó y caminaron hasta el anónimo que no se había inmutado en lo absoluto.

Cuando llegaron frente a él, JongIn se dio cuenta que era el chico que ayudo en la mañana. MinSeok sintió unas vibras peculiares viniendo del más bajo.

JongIn no podía despegar sus ojos de la belleza delante de él.

—¿Quién eres? —JongIn habló calmado, dejándose llevar por sus deseos.

—KyungSoo.

—KyungSoo. —Repitió, saboreando el nombre y saboreando con sus ojos la figura esbelta. —¿Qué haces aquí, KyungSoo?

—Homenaje. —Soltó rápidamente. —Yo... voy a participar de su homenaje por su coronación, príncipe...

JongIn elevó una ceja, dudando de la veracidad de las palabras del hermoso ser parado frente a él. Estiró su mano esperando ser correspondido por KyungSoo, sin embargo, MinSeok se opuso.

—No sabemos realmente quien es.

JongIn se acercó a KyungSoo, quedando sumamente cerca de él.

—Lo quiero a él conmigo. —Ordenó como niño pequeño. Llevó sus manos a la bolsa que todavía llevaba, sacó con cuidado a la majestuosa serpiente, recordando como MinSeok solo acudió a él, no por haber convertido a su amante en serpiente, sino porque la serpiente tenía cualidades mágicas como la hipnotización.

JongIn cargó a la serpiente y está se deslizo por su brazo, la serpiente quedó mirando fijamente a KyungSoo. JongIn sonrió y dijo:

—Sátse ojab sim senedró aroha.

Las pupilas de KyungSoo se dilataron y parecía embobado. JongIn le tiró la serpiente a MinSeok ordenándole volverla a meter al bolso, luego se giró hacia KyungSoo, quien le sonreía con dulzura, JongIn estiró su mano y KyungSoo la tomó de inmediato.

Salieron los tres de ahí, listos para perderse en el inmenso Palacio Real.


ChanYeol quería gritar de furia cuando entró al Palacio Real, quería gritar de dolor mientras lo castigaban por llegar tarde, quería gritar de horror cuando encontró a Jieun colgada en un gran y lóbrego salón, quería gritar de celos cuando vio a KyungSoo marcharse de la mano de otro hombre y, ese hombre no era cualquiera.

Era el jodido Kim JongIn.

ChanYeol, en realidad había ido con otras intenciones al Palacio y cuando vio el primer momento para escapar, lo hizo. Se escabulló con KyungSoo por los pasillos, tocaron todo lo que estaba al alcance y se escondían de los guardias. En un intento de esconderse, terminaron entrando en un salón totalmente oscuro, por lo cual, era realmente difícil ver. KyungSoo lo guio por la sala, hasta que se giraron y vieron a alguien colgándolo. ChanYeol se asustó, pues el rostro no se veía bien. Caminaron sobre sus pasos y gracias a un tragaluz chiquito que se encontraba cerca de la encadenada pudieron notar que era Jieun.

—¿Está muerta? —preguntó Yeol, horrorizado.

—Un ángel solo puede morir a manos de otro, de un Dios o de un demonio. —KyungSoo quería acercarse a verla, pero le daba miedo descubrir la verdad.

ChanYeol le dio un apretón, tratando de transmitirle un poco de fuerza. Entonces, KyungSoo se soltó de su agarre, caminó hasta quedar debajo de la chica, cerró los ojos y cuando los volvió a abrir, de su espalda habían brotados dos hermosas y níveas alas que lo ayudaron a volar y quedar frente a Jieun. Le tocó el rostro y ella abrió los parpados, debajo de ellos no había ojos, solo un oscuro vacío.

—Jieun... Soy KyungSoo, guardián de ChanYeol, ¿me recuerdas?

La chica asintió levemente.

—¿Qué te sucedió?

—Hay seres malos aquí, Soo. Debes tener cuidado, camúflate bien como un humano más. —habló bajito, sin fuerzas.

—¿Ellos te dejaron así?

—Lo hicieron. —Jieun iba a agregar algo más, pero gracias a que sus demás sentidos habían evolucionado por estar encerrada ahí, escuchó a la perfección la odiosa voz del príncipe y alguien más. —Vete. Rápido.

KyungSoo obedeció y cuando la puerta se abrió, empujó a ChanYeol detrás de un antiguo armario. ChanYeol supo que no debía actuar, pero quería jalar a KyungSoo a su lado y protegerlo; irónico.

Park escuchó todo y solo asomó la cabeza cuando unas palabras extrañas fueron dichas, viendo como KyungSoo quedaba hipnotizado y bajo el encanto de un patán. Sin embargo, no podía solo salir y ponerse a pelear porque era lógico que él perdería.

Cuando la puerta se cerró y se hubieron llevado a KyungSoo con ellos, ChanYeol corrió hacia Jieun. La chica había oído todo desde las alturas. Ella ahora era débil, porque no solo le arrancaron los ojos sino también su fuerza de voluntad. Y eso que escuchó, solo le aseguraba haber perdido una guerra de años. Se sintió miserable, después de todo lo que ocasionó.

En primer lugar, estaba el hacer un completo desdichado a Park Jung Soo. En segundo lugar, no haber podido cuidar del resto de sirvientes (que sí, eran ángeles), solo unas cuantas llegaron a salvarse y solo por jurarle fidelidad al rey. En tercer lugar, por haber presenciado la masacre de cientos de humanos y no haber podido defenderlos. En cuarto lugar, haber acusado un revuelo en el cielo que en el futuro no serviría de nada y prácticamente había llevado a KyungSoo a un cruel destino. En quinto lugar, ahora tenía a ChanYeol viéndola esperanzado y ella solo le rompería el corazón respondiéndole que tampoco sabía qué hacer.

—Vete.

—Olvídate de él.

—No actúes lleno de enojo.

—Quizá JongIn no sea como su padre.

ChanYeol recordaba las palabras de ella. Rogándole que terminara con los sucesos destructivos. Que se olvide de todo y se adapte a vivir así, pero él no podía y no lo haría.

A su familia le quitaron todo, ahora era su turno de quitar todo.

—Estás demente. —dijo Oh SeHun, un muchacho con el cual había intercambiado un par de palabras en los entrenamientos cuando nadie veía.

—Si yo llegara a ser rey, dejaría que vivieras aquí con tu hermana, ya no sufrirías ni pasarías alguna penuria.

SeHun lo miró, incrédulo. —Tú y yo contra un enorme ejército. Nos matarán.

—Tú, yo y miles de ángeles.

Oh quiso reír. —¿Ángeles? Dioses, realmente estás demente.

—¿Nunca has escuchado que este pueblo surgió gracias a unos ángeles?

—Esos son cuentos para niños.

—Son reales y puedo probártelo.

—Bien, Park, solo tienes una oportunidad.

Mientras los demás jóvenes e instructores partían luego de armar una coreografía básica con las banderas, los arcos y flechas, un par de trucos y unas varas largas de madera, Oh SeHun y Park ChanYeol se escabullían por el Palacio Real, queriendo llegar a la parte trasera donde antes, con Soo, había descubierto la vivienda de unos chamanes, ¿qué hacían ahí? Se había preguntado, ahora se daba una idea.

Se escondieron detrás de un muro al sentir una voz despotricando contra alguien. ChanYeol se asomó y vio al joven que estaba con el príncipe. El chico tenía la bolsa de donde habían sacado la serpiente, ChanYeol jaló a SeHun y le susurró el plan, que solo tenía un paso: abalánzate contra ese chico y nos lo llevamos a un lugar más privado.

Esa había sido una experiencia inolvidable, porque más allá que el chico forcejeara, ese chico lanzaba hechizos contra ellos... o al menos lo intentaba. MinSeok aún seguía fallando en conjuros básicos y si no fuera por poseer el don, él sería una desgracia para su familia de chamanes.

SeHun tenía al chico en una llave, impidiéndole moverse o hablar. ChanYeol tenía la serpiente en su brazo tal cual JongIn la había sujetado en el salón prohibido.

—Nos ayudarás. —Demandó. —Y si te niegas, la serpiente intervendrá.

MinSeok quería reírse, ¿qué iban a saber tipos como ellos sobre hechicería?

Parecía que Park leyó sus pensamientos cuando dijo:

—Las serpientes tienen colmillos y veneno... No necesito embrujarte cuando puedo matarte.

Min abrió sus ojos no solo por la sorpresa sino también por la falta de aire.

—Suéltalo.

Seok cayó al suelo de rodillas. Jadeando, levantó su mirada sin un ápice de rebeldía, parecía un cachorrito que había sido regañado por su dueño.

—Necesito que contactes a alguien...


MinSeok regresó al Palacio Real entrada la noche, su corazón palpitaba rápidamente, y se moría de los nervios, pero todo eso se daba en su interior, en el exterior se mostraba sereno.

Llegó al cuarto de JongIn y abrió la puerta corrediza. Su amigo estaba durmiendo abrazado a ese valioso ángel que había hurtado. Min negó con la cabeza y cerró la puerta.

Se dirigía a su pequeña casa cuando escuchó un fuerte grito seguido de un golpe que hizo temblar el piso. Seok comenzó a correr, solo necesitaba estar con su familia, hacer un campo de fuerza y ninguno saldría herido. Todo estaría bien para los suyos.

No podía saber que pasaba en el patio delantero, pero suponía que los guerreros del rey ya se habrían dado cuenta de la emboscada. Cogió la manija, abrió la puerta y se encerró. Al subir la mirada vio a sus padres que parecían despertar por los ruidos.

—Necesitamos proteger la casa.

En un dos por tres una barrera mágica se había formado alrededor de la pequeña vivienda. Nada les haría daño, sin embargo, podían escuchar claramente toda la bulla procedente de afuera. MinSeok evitó responder las preguntas y se echó en su cama, tapándose con sus mantas, convenciéndose a sí mismo que no había traicionado a su mejor amigo.

¡Ese ángel le traería puros males!

Kim JongIn era terco como una mula.


JongIn había despertado sobresaltado cuando KyungSoo lo sacudió.

—Algo está pasando afuera, amo.

Amo.

JongIn amaba esa palabra, incluso si solo la había estado escuchando desde la tarde.

—Ya se encargarán, durmamos. —JongIn paso su brazo por los hombros de Soo para echarlo con él, pero de un segundo a otro el más bajo lo había empujado de la cama. Y en el piso pudo observar como una gran bola de fuego destrozaba ese lado de su habitación y probablemente los pisos de abajo y de arriba.

KyungSoo lo abrazo, ayudándolo a pararse con cuidado de no pisar en falso y resbalar, salieron de lo que quedaba del cuarto hasta un pasillo destruido.

Miraron hacia el patio delantero y vieron ahí se desataba una guerra entre personas de sabrá Dios de donde salieron y los guerreros Reales.

JongIn tomó la mano de KyungSoo y corrieron entre los escombros, lograron bajar al primer piso y llegar a una habitación llena de armamento. JongIn se vistió con la armadura y luego ayudó a KyungSoo.

—Te mantendrás a mi lado. —Ordenó.

JongIn le dio un beso en la frente a Soo. Ese chico le transmitía una paz increíble. Kim cogió una espada y se la tendió a KyungSoo, luego cogió una espada Khopesh y salieron apresurados de ahí.

Llegaron al campo de batalla y JongIn se acercó a un herido Kim JongDae.

—¿Qué está sucediendo? —preguntó agachándose y viendo la herida en la pierna del guerrero.

—Atacan el Palacio, príncipe. Son miles de personas, hace un momento lograron tumbar la entrada. —JongDae dirigió su vista al batallón. —Será mejor que se vaya a refugiar.

JongIn negó con la cabeza. —Soo, necesito que ayudes a JongDae y- —Antes de seguir hablando, vio como KyungSoo se agachó y puso sus manos sobre la sangrante herida, la dejó ahí unos segundos y cuando retiró su mano, la herida estaba cerrada.

JongIn quedó impresionado. Sin embargo, JongDae lo empujó cuando vio como una flecha iba hacia ellos. La flecha se clavó en el suelo.

JongDae se paró y se unió al resto del pelotón. JongIn por su lado, cogió la mano de KyungSoo y lo hizo caminar delante de él.

—Así que eres un ángel, ¿no?

KyungSoo ladeó su cabeza para poder verlo por el rabillo del ojo. —Te demoraste mucho en averiguarlo.

—Pelearás para mí. —Ordenó.

KyungSoo asintió.

Para JongIn descubrir la identidad de un ángel no era impactante, él estaba acostumbrado a convivir con criaturas mágicas. Unas cuantas sirvientas, como su antigua nodriza, eran ángeles, varios de los guerreros eran seres demoníacos.

JongIn recordaba a la perfección como su padre se auto-victoreaba denominándose un campeón. Kim Kibum contaba que cuando partió del Palacio Real hace varios años, se cruzó con los padres de MinSeok quienes, a cambio de una buena vida, le prometían ayudarlo a volver al poder. Los chamanes cumplieron su palabra, le dieron un enorme ejército de demonios que poseían apariencia humana. Volvió al Palacio Real con ellos y reclamó su trono.

Cuando JongIn clavó la espada en alguien del equipo contrario cayó en cuenta que no luchaba con humanos. La espada no le causaba nada a la persona frente a él. Ángeles.

JongIn se había preguntado durante su infancia y adolescencia por qué su padre recibió ayuda del infierno y no del cielo. La respuesta era sencilla, los ángeles preferían a otra persona, preferían a Park Jung Soo, el que originalmente asumiría el poder.

—¡Ángeles! —gritó. —¡Viertan sus armas en el veneno!

El ejército de su padre estaba conformado por humanos y demonios, para los seres infernales era fácil luchar contra ángeles pues ambos tenían poderes sobre naturales, sin embargo, para un humano luchar contra cualquiera de las dos especies era casi imposible. No obstante, Kim Kibum era inteligente y había tomado medidas preventivas en caso de una guerra contra ángeles, sus amigos los chamanes crearon un veneno para matar criaturas fuera del mundo terrenal. Esa sustancia solo la usarían los humanos contra ángeles porque había un pacto de paz con los demonios, pero eso no significaba que el veneno fuera inofensivo para los llegados del inframundo.

JongIn reconoció a quien parecía ser el líder de esa rebelión. En una esquina protegido por otro chico, había un hombre hablándole a su ex nodriza. El hombre no parecía peligroso, pero si desesperado por algo. JongIn, enfierecido caminó con KyungSoo hasta allá, lo cual, les tomó tiempo pues para llegar debían de pasar por varios de enemigos. Algunos eran humanos con los que JongIn pudo acabar, otros eran ángeles que veían confundidos a KyungSoo antes de que los atacara.

—Tú encárgate de tu guardaespaldas.

KyungSoo pasó los dedos por su espada y corrió a luchar contra el humano. JongIn pasó por su costado, y empujó al sujeto que amenazaba a Joohyun. Luego, levantó su espada listo para clavársela.

—¡KyungSoo! —gritó ChanYeol cuando lo vio luchando con SeHun. —¡KyungSoo!

El pelinegro volteó y por su descuido, el arma de SeHun le cortó el hombro, sin embargo, solo aparecía una marca.

JongIn gruñó y sujetó a ChanYeol por el cuello, sin preocuparse mucho por KyungSoo.

—¿Tú no eres el sujeto que estaba con él en el mercado está tarde?

—Lo soy.

JongIn sonrió con burla. —¿Qué haces acá?

—Soy Park ChanYeol, hijo de Park Jung Soo y he venido a recuperar lo que es de mi familia. —No importaba si estaba siendo ahorcado, levantó con furia su puño y golpeó a JongIn en el rostro.

Como una reacción, JongIn llevó su mano a su mejilla, la retiró, movió su mandíbula adolorida y sus ojos dorados resplandecieron por enojo. —No es mi culpa que tu padre haya sido débil.

Las espadas de ambos se encontraron a medio camino, chocando y haciéndolas sonar. ChanYeol retrocedía un paso y JongIn avanzaba otro, ninguno bajaba la guardia.

La espada de JongIn se alzó en gracia y cayó, ChanYeol salvándose solo por unos centímetros de haber sido cortado por ella. Habían olvidado al resto, solo eran ellos dos en ese momento luchando por lo que cada uno creía. Uno luchaba por lo que le pertenecía y el otro simplemente por defender lo que sería suyo pronto.

JongIn logró hacerle un corte en la pierna a ChanYeol, quien se cayó, pero desde el piso seguía defendiéndose. JongIn se acercó y con una patada mandó a volar la espada del más alto, luego lo empujó y piso con fuerza su mano derecha.

—¡KyungSoo, ven aquí! —bramó Kim.

ChanYeol dirigió su mirada a su prometido ángel guardián, ChanYeol vio como KyungSoo clavaba la espada en la pierna de SeHun y la dejaba ahí al escuchar el grito de quien lo había embrujado.

Cuando KyungSoo estuvo al lado del moreno, éste le dio su espada y lo encaminó a ChanYeol.

—Mátalo, Soo.

Park no podía aguantar sus lágrimas que caían una seguida de otra. Vio como KyungSoo levantaba la filosa espada ya manchada con su sangre.

—¡Soo! ¡Soy yo! —gritó, asustado. —¡Park ChanYeol! Eres mi ángel guardián.

Pero KyungSoo parecía no reaccionar a sus palabras. KyungSoo dobló sus rodillas un poco para que la espada pudiera llegar a ChanYeol sentado en el piso, Soo movió su mano agachándose, Yeol cerró los ojos esperando su final en manos de su amado. Cuando volvió a abrir los ojos con temor, sintiendo la sangre recorrer su pierna se dio con la sorpresa que KyungSoo había herido a JongIn, en las piernas y éste había caído de rodillas.

—Ninguna fuerza puede contra la de un ángel.

KyungSoo flexionó su codo, y llevó su brazo hacia atrás para después acercarlo al cuerpo de JongIn y clavarle la espada en el pecho, justo en el corazón.


Sonrieron mutuamente cuando vieron en las cabezas del otro una enorme corona.

Después del asesinato a JongIn, KyungSoo ayudó a ChanYeol llegar hasta Kim Kibum y matarlo también. Con la muerte del rey, los demonios no tenían una razón por la cual seguir peleando, el trato había sido “ayudar y servir al rey”, sino había rey y no era de la línea de sangre de Kibum, no tenían a quien defender. Ellos abandonaron la guerra, volviendo a su hogar y esperando ser llamados por otra persona con sed de sangre y poder.

Se le ofreció la corona a Park Jung Soo, sin embargo, declinó y nominó a su hijo quien fue aceptado de inmediato. El pueblo salió a festejar ese acontecimiento pues habían estado viviendo bajo terror y ahora esperaban que con un nuevo reinado todo eso acabara.

Cuando lograron bajar a Jieun, ella decidió vendarse los que vendrían a ser sus ojos, y decidió permanecer en el Palacio Real. Los Dioses querían llevársela a los cielos, pero ella no cedió, así que, decidieron transformar sus alas blancas en unas doradas. Sus alas eran las hermosas y demostraban entre los ángeles que ella era de un nivel superior y exclusivo, ángeles que habían dado todo para proteger.

En cuanto a KyungSoo, se le dio a elegir si quería volver al cielo o permanecer en la tierra, su respuesta impresionó un poco a los Dioses. KyungSoo pidió ser humano. Eso era un hecho nuevo, ningún ángel pedía convertirse en humano porque perdería sus dotes mágicos, sin embargo, a KyungSoo eso no le interesaba. Luego de una ardua charla en el consejo de los cielos se llegó a la conclusión que lo dejarían ir, después de todo él también había ganado la guerra.

ChanYeol, al enterarse que sería coronado, pidió otra corona para dársela a KyungSoo, en un inicio solo sería una corona simbólica, pero luego que el menor correspondiera a sus sentimientos, esa corona significa que ambos eran reyes de la dinastía Joseon.

—He estado enamorado de ti desde hace muchos años.

KyungSoo le había sonreído y había saltado a sus brazos para luego besarlo, tal como lo estaba haciendo ahora, delante de un sinfín de personas que habían acudido a la gran y mágica boda Real.

“Podemos negar que nuestros ángeles existen. Convencernos de que no son reales. Pero de todas formas aparecen. En lugares extraños. Gritarán a través de demonios si es necesario. Retándonos, desafiándonos a pelear.”

FIN.


Holi

Este OS fue escrito para el concurso piscis (editorial zodiaco), el cual, se basaba en escribir basándote en un prompt.

El prompt que elegí fue: Una historia de género épico sobre un ángel. Debe incluir una serpiente y la frase "he estado enamorado/a de ti desde hace muchos años". BONUS: muerte de algún personaje.

El género épico es una narración sobre un episodio heroico en la historia de un pueblo. Para el Os elegí, la creación de la dinastía Joseon, el nombre “Kim Taejo” es el nombre original del fundador y, también el hijo de los ministros se convirtió en el rey, ahí le hice un cambio, haciendo que sus hijos fueran los que se enfrentaran.

Si les gustó, me gustaría que me apoyen con estrellitas<3

También me gustaría leer sus comentarios (ɔ◔‿◔)ɔ ♥.

Gracias por leer ʕ•́ᴥ•̀ʔっ

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