PRÓLOGO
—He tomado una decisión sobre el futuro de Luhan — Byun Myung anunció a su esposa e hijo—. Aunque a un Byun nunca le gusta admitir la derrota, no podemos hacer caso omiso de la realidad.
—¿Qué realidad es esa, padre? —preguntó Luhan.
—Tú no estás hecho para la nobleza británica —frunció el ceño, y añadió—, o quizás la nobleza británica no esta hecha para ti. La rentabilidad de mi inversión en la búsqueda de marido para ti es mala, ¿sabes qué significa eso, Luhan?
—¿Que soy una inversión que ha rendido menos de lo esperado? —adivinó.
Uno nunca supondría que Luhan era un joven de veintidós años. Pequeño, delgado, y de pelo oscuro, todavía tenía la agilidad y la euforia de un niño cuando otros jóvenes a su edad ya eran jóvenes casados y sobrios. Cuando se sentaba doblando las rodillas, parecía un muñeco de porcelana abandonado en la esquina del sofá. Molestó al señor Byun ver a su hijo prestar atención al libro en su regazo con un dedo atascado entre sus páginas. Obviamente apenas podía esperar a que él terminara para reanudar la lectura
—Deja eso.
—Si, padre. —Sigilosamente, Luhan abrió el libro, para verificar el número de la página y señalarlo, con el fin de continuar después. Hasta ese pequeño ademán molestaba a su padre. Libros, libros... La simple visión de uno había llegado a representar el fracaso vergonzoso de su hijo en el mercado matrimonial.
Mientras fumaba su gran cigarro, el señor Byun estaba sentado en una silla acolchada en el salón de la suite de hotel que habían habitado durante más de dos años. Victoria, su esposa se sentó como un bastón larguirucho cerca de él. Byun era como la cerveza negra de barril, tan intenso en sus dimensiones físicas como en su temperamento. Aunque era calvo, poseía un espeso bigote, como si toda la energía requerida por el pelo sobre su cabeza para crecer, hubiera sido desviada a su labio superior.
Victoria se unió en matrimonio siendo una joven extraordinariamente esbelta y se había vuelto aún más esbelta a través de los años, de la misma manera que una pastilla de jabón que se va gastando gradualmente. Su pelo negro y suave estaba peinado sobriamente, las mangas de su vestido se ajustaban a unas muñecas tan diminutas que el señor Byun podría romperlas de la misma manera que a ramitas de abedul. Incluso cuando estaba perfectamente sentada, como ahora, Victoria transmitía una energía nerviosa.
Byun nunca había lamentado escoger a Victoria como esposa, su dura ambición correspondía perfectamente con la suya. Era una mujer implacable, de instintos afilados, luchando siempre por tener un lugar para los Byun en la sociedad. Fue Victoria quien había insistido en que, debido a que no podían ser aceptados en la alta sociedad de Nueva York, trajeran a los niños a Inglaterra.
“Buscaremos pretendientes con un titulo”, había dicho con determinación. Y sin duda, habían tenido éxito con su hijo mayor Baekhyun.
Baekhyun se las había arreglado para coger el premio más grande de todos, lord Park, cuyo pedigrí era oro puro. El conde había sido una adquisición segura para la familia. Pero ahora Byun estaba impaciente por regresar a América. Si Luhan fuera a conseguir un marido con titulo lo habría hecho ya. Era tiempo de acortar sus pérdidas.
Reflexionando sobre sus cinco hijos, Byun se preguntaba cómo podía ser que tuvieran tan poco de él. Él y Victoria habían producido tres hijos varones pasivos, que aceptaban las cosas como eran, seguros de que todo lo que querían simplemente caería en sus manos como fruta madura de un árbol. Baekhyun era el único que había heredado algo del espíritu agresivo de los Byun... Pero era un joven y por lo tanto era un desperdicio completo.
Y luego estaba Luhan. De todos sus hijos, Luhan había sido el que menos parecía un Byun, ni entendía a su padre cuando hablaba de negocios, ni parecía absorber nada de lo que él decía. Cuando le había explicado por qué debían poner su capital en acciones de deuda pública inversionistas que querían rentabilidades de poco riesgo y regulares, Luhan lo había interrumpido preguntando: “Padre, ¿no sería estupendo si los colibríes tuvieran servicio de té y fuéramos lo bastante pequeños para ser invitados?”.
A través de los años, los esfuerzos de su padre por cambiar a Luhan habían obtenido una firme resistencia. Luhan era obstinado, se sentía a gusto con su manera de ser y por lo tanto tratar de cambiarla era como provocar a un enjambre de abejas.
Puesto que Byun conocía la naturaleza imprevisible de su hijo, no le sorprendió en absoluto la carencia de pretendientes que quisieran tomarlo por esposo, ¿que clase de “madre” sería él? Parloteando sobre hadas que vuelan bajo el arco iris, en lugar de inculcar reglas sobre el decoro en sus hijos.
Victoria intervino en la conversación, su voz tensa por la consternación.
—Querido señor Byun, la temporada está lejos de terminar aún, creo que Luhan ha hecho excelentes progresos. Lord Park lo ha presentado a varios caballeros prometedores, quiénes están muy interesados en la perspectiva de tener al conde como cuñado.
—Estimo —dijo Byun sombrío—, que es precisamente ese el interés de tales caballeros, el tener a Park como cuñado, y no a Luhan como esposo. —Fijó en Luhan una mirada dura—. ¿Va a proponerte matrimonio alguno de esos caballeros?
—¿Cómo puede saberlo él? —protestó Victoria.
—Los jóvenes siempre saben esas cosas —señaló—. Contéstame Luhan, ¿existe alguna posibilidad de llevar a alguno de esos caballeros ante el altar?
Su hijo vaciló, y una expresión de preocupación apareció en sus ojos oscuros.
—No, padre —admitió con sinceridad finalmente.
—Como me temía —Byun cruzó sus gruesos dedos sobre le estomago y miró a los dos con severidad—. Tu carencia de éxito se ha vuelto un inconveniente, hijo, me molesta el despilfarro en trajes y baratijas, me molesta que sea un negocio improductivo, más que eso, estoy sumamente molesto porque este asunto me ha retenido en Inglaterra cuando me necesitan en Nueva York, por lo tanto he decidido ser yo quien escoja marido para ti.
Luhan miró a su padre sin comprender.
—¿A quien tiene en mente, padre?
—Oh Sehun.
Luhan le miró fijamente como si se hubiera vuelto loco.
Victoria hizo una rápida inspiración.
—¡Eso no tiene ningún sentido, señor Byun! No habría ninguna ventaja para nosotros o para Luhan con tal unión, el señor Oh no pertenece a la nobleza, ni su linaje es de importancia alguna.
—Pertenece a los Oh de Boston —contradijo Byun—, una de las familias más antiguas y distinguidas de la ciudad. Puede sentirse orgulloso de su sangre y su nombre, y lo más importante, trabaja para mí, y posee una de las mentes con más capacidad para los negocios que he visto jamás. Lo quiero como yerno. Quiero que él herede mi compañía cuando sea el momento.
—¡Usted tiene tres herederos legítimos! —exclamó Victoria ultrajada.
—Ninguno de ellos sirve para llevar la empresa, no tienen instinto para los negocios. —La idea de que fuera Oh SeHun su heredero, lo reconfortaba, se había formado bajo su tutela durante casi diez años, cuando pensaba en él, sentía una punzada de orgullo, el muchacho era más un Byun que cualquiera de sus descendientes—. Ninguno de ellos tiene la ambición y la frialdad de Oh—continuó el señor Byun—. Lo haré el padre de mis herederos.
—¡Ha perdido usted el juicio! —exclamó Victoria con indignación.
Luhan habló con un tono tranquilo ante la desfachatez de su padre.
—Creo que mi cooperación es necesaria en este asunto, especialmente si hablamos de herederos, y le aseguro que ninguna energía en la tierra me obligará a tener hijos de un hombre que ni siquiera me gusta.
—Hijo, pensé que desearías ser útil para algo —gruñó el señor Byun. Estaba en su naturaleza frenar cualquier asomo de rebelión de manera drástica—. Creí que desearías un marido y tu propio hogar en lugar de continuar tu existencia parásita.
Luhan se estremeció como si lo hubiera abofeteado.
—No soy un parásito.
—¿No? Entonces explícame en que se ha beneficiado el mundo de contar con tu presencia. ¿Qué has hecho por alguien alguna vez?
Encontrando injusta la tarea de justificar su existencia Luhan lo miró fijamente en silencio.
—Este es mi ultimátum —dijo Byun—. Encuentra un marido apropiado, tienes de plazo hasta final de mayo, o te casarás con Oh.
Tras tres temporadas en Londres buscando esposo, el padre de Byun Luhan le comunica a su hijo en términos inequívocos que debe encontrar marido ya. Y si Luhan no es capaz de atrapar a un pretendiente adecuado, se casará con el hombre que él elija... el tosco y distante Oh Sehun.
Luhan se queda horrorizado ante semejante posibilidad. Un Byun jamás admite la derrota, y decide hacer lo que sea necesario para casarse con alguien, con cualquiera que no sea Sehun. Pero con lo que él no contaba es con el inesperado encanto de Sehun, o con la arrebatadora sensualidad que pronto surge y sobrepasa todo límite. Y Luhan descubre que el hombre al que siempre ha odiado podría resultar ser el hombre de sus sueños.
Pero en el preciso momento de la dulce rendición, se desvela un escandaloso secreto... Un secreto que podría destruir a Sehun y un amor más apasionado e irresistible de lo que Luhan se atrevió a soñar jamás.