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61 Days with you

Summary

Baekhyun lo vio. Vio la muerte de ese hombre mientras los gritos, la tragedia y el dolor lo abrumaban. Pero, a pesar de lo atroz de la escena, él ya estaba acostumbrado a eso. Era una persona más, una simple visión, un destino que él no tenía siquiera el derecho de pensar en cambiar. Sin embargo, cuando el protagonista de sus visiones se plantó frente a él y dispersó la nube gris en la que estaba sumada su vida, se negó a que ese fuera su final, y permitió que ese hombre entrara a iluminar su corazón. … Aunque, al final, eso no fuera a durar más de sesenta y un días.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo: Día 14

A pesar del calor del verano entrante, tenía frío.


El cielo nocturno se había envuelto en un manto gris desolador que se deshacía en una lluvia torrencial que empapaba su cuerpo; las grandes gotas de agua atravesaban sus ropas, y se encajaban en los poros de su piel como si fuese agujas.


La melancolía también invadía su pecho, y sentía que el dolor que penetraba su corazón podría matarlo en cualquier momento.


Esto no puede estar ocurriendo, pensó.


Todo a su alrededor era difuso. Aun así, fue capaz de verse de rodillas sobre el pavimento teñido en carmesí, mientras que una de sus manos aferraba a aquella que temblaba sin parar.


Él mismo también tiritaba, y mucho más ante la visión devastadora de los fierros retorcidos de esa moto, los vehículos, así como los gemidos agonizantes y el llanto que anunciaba la tragedia ocurrida.


Quería irse de ahí, pero Baekhyun no pudo hacerlo porque no podía abandonarlo, tenía que estar con él, sólo para él…


Por favor, tienes que resistir, pronto llegará la ayuda — su voz salió entrecortada debido al llanto, mientras se inclinaba a rozar los labios del otro a la par que su mano libre acariciaba los cabellos oscuros—. Todo estará bien, esto pasará y estarás junto a mí…


Un suspiro tembloroso lo abandonó mientras veía los orbes cafés.


No quiero morir… — el miedo de aquella voz penetró su alma—. No quiero dejarte, no quiero dejar de verte… No ahora que me he enamorado de ti…


Apretó aquella mano entre la suya, y una exhalación de pánico seguido de un grito desgarrador fue su respuesta al dejar de sentir la fuerza que lo aferraba, su aliento, y el brillo en aquella mirada castaña que comenzó a opacarse.


Lo había perdido.








— ¡No! — gritó, abrió sus ojos de golpe y giró su cuerpo con brusquedad sobre el colchón hasta que llegó a la orilla, y no pudo evitar caer de lleno contra el duro suelo de madera.


Se quejó en voz baja por el golpe que recibió en su espalda baja, pero también gimoteó, jadeó, y percibió el sudor recorrer su cuerpo junto aquella sensación de vacío y dolor en su pecho por lo que había visto.


Le encantaría decir que aquello sólo había sido una pesadilla, pero Baekhyun sabía que no era así, era mucho más que eso.


Una premonición.


— Maldición, es la décima vez que veo esto, me voy a volver loco — masculló entre dientes, mientras se sentaba en el suelo y limpiaba su rostro: no del sudor, sino de las lágrimas que habían empapado sus mejillas durante el sueño—. ¿Quién eres, y por qué no has muerto para dejarme de molestar ya?


Dijo con completa frustración, y se puso de pie para ir a su pequeño baño y lavarse la cara.


Cuando lo hizo se secó con una toalla, y encendió la luz para mirarse en el espejo: lo único que podía ver ahí, era un completo desastre de cabellos rojos y ojeras bajo los ojos. Esa visión de él era muy deprimente, así que apagó el foco, y salió de ahí para ir directo a la ventana.


Al llegar corrió las cortinas, y cerró sus párpados de golpe al sentir los primeros rayos del amanecer dar con su rostro: se quejó por ello, pero luego de unos segundos se acostumbró a la luz y abrió sus ojos, sólo para toparse con el paisaje deteriorado de ese sector de la ciudad que comenzaba a despertar a la rutina de un nuevo día laboral y ajetreado.


No para Baekhyun, ya que ese era su día libre en el bar de Yixing y Junmyeon. Para su desgracia, prefería mil veces estar ahí haciendo cualquier cosa, a estar desperdiciando su día pensando en aquellos sueños que lo atormentaban, o tratando de dormir para recuperarse un poco del cansancio; pero no lo haría, porque sabía que podría volver a tener esas visiones.


De tan sólo recordarlas, su corazón se contrajo.


Todo comenzó la noche de su cumpleaños número veintiséis, cuando se fue a dormir después de una larga celebración. Primero se había sumado en imágenes difusas, pero, conforme el tiempo transcurría y aquellos sueños se seguían repitiendo noche tras noche, más detalles surgían, más emociones se involucraban y más angustiado, enojado y desesperado se sentía.


Era horrible, aunque, de alguna manera, él ya debería estar acostumbrado a ello.


Si intentaba recordarlo, no podía dar con la fecha exacta. No obstante, apenas tuvo uso de razón, descubrió que él no era como otras personas.


Al principio no había comprendido qué era lo que veía en sus sueños, pero conforme el tiempo pasaba y se percataba de que estos se hacían realidad, fue entendiéndolo: eran premociones.


Descubrir aquello fue excitante, pues era muy divertido y emocionante apostar con Jongdae en las horas libres en el orfanato acerca de qué equipo de fútbol ganaría la final de la copa nacional.


Pero conforme fue creciendo y fue más consciente de todo lo que él era capaz de ver mientras dormía, aquello fue perdiendo la diversión y hubo un claro antes y después cuando Daehyun, su compañero y uno de sus mejores amigos de la casa de acogida, murió al golpearse la cabeza al caer de un árbol. Él lo había soñado, había tratado de evitar que ocurriera, pero no lo logró.


Darse cuenta de que no era capaz de cambiar el rumbo de sus visiones lo había marcado de por vida.


Por eso ahora tan sólo los ignoraba, jamás interfería y trataba de tener una vida normal, si es que eso era posible. Solamente metía sus manos cuando se trataba de sus amigos, o cuando eran cosas buenas y no le causaban dolor. Lo demás lo olvidaba y arrumbaba en alguna parte de su mente, o junto a las botellas de alcohol que ocupaban buen espacio de su pequeño frigorífico.


Así es como había regido su vida en los últimos años… O al menos había sido así hasta hace casi dos semanas atrás.


Suspiró hondo, y caminó hacia una esquina de su habitación donde tenía un escritorio, un calendario y una pizarra de corcho anclada a la pared que estaba llena de puros post-in de colores.


Rascó su nuca despeinando más sus cabellos, y fue al almanaque tachando un día más, siendo un total de catorce desde que había comenzado a soñar con eso. Luego observó la pizarra y leyó los detalles escritos, las frases, las sensaciones, las referencias y cualquier cosa que había visto en sus últimas premoniciones que giraban en torno a una única persona.


Y no lo comprendía, ¿por qué? ¿Por qué seguía soñando con ese hombre? Si él jamás había tenido visiones de un mismo hecho más de una vez en su vida.


¿Qué tenía de especial esa persona como para seguir viéndolo mientras dormía? ¿Acaso era una señal para que hiciera algo al respecto?


¡Baekhyun! — pegó un brinco por lo repentino de la voz al otro lado de la puerta de su habitación—. ¿Estásdespierto?


Frotó sus sienes, y caminó hasta su cama donde se dejó caer en la orilla, antes de tomar una profunda respiración.


— ¡Sí! — respondió de una, mirando hacia la puerta para encontrarse con un Jongdae que venía muy sonriente.


— ¡Perfecto Baek! Quiero que conozcas a alguien — dijo animado, entrando a su habitación para sentarse a su lado—. Encontré al indicado.


Se cruzó de brazos al pecho, y miró a su mejor amigo con una ceja arqueada. Este seguía sonriendo, y aún vestía la ropa de calle que le había visto la noche anterior, lo que le dejaba muy en claro que apenas regresaba al apartamento.


Por ello no pudo evitar resoplar, pero al final rió un poco, pues fue capaz de recordar que un día tuvo una premonición en la que Jongdae, quien era como su hermano, había encontrado a su futuro esposo en un bar.


Desde ese día, el menor por meses no había dejado de andar de local en local buscando a ese dichoso hombre.


— ¿Qué te dije? No puedes forzar el destino — señaló, mirando la pizarra de nuevo—. Lo que tiene que ocurrir, ocurrirá de todas maneras, no necesitas forzar las cosas para que sucedan.


Jongdae le miró, y después volteó hacía la pizarra que veía en la lejanía.


Fue entonces que él suspiró, y se giró a verlo para encararlo.


— ¿Volviste a soñar con él?


Asintió, apoyando sus manos en el colchón mientras se sentaba cruzando sus piernas, sintiendo que el cuello de su gran pijama se corría por un hombro dejando al descubierto uno de sus tantos tatuajes.


— Sí, puntual como siempre — soltó un poco sarcástico—. Sólo que ahora pude escuchar su voz y sostener su mano ensangrentada. No se sintió muy bien, créeme.


El menor se movió sobre la cama, hasta que no hubo distancia entre los dos y lo abrazó por la cintura dejando caer su mentón sobre su hombro. Baekhyun entonces recargó su cabeza sobre la contraria, dejando que sus cabellos rojizos se mezclaran con los rubios.


— Todo estará bien, ¿sí? Verás que este sueño pasará — murmuró su amigo, pero él no estuvo muy seguro de que fuera ser así—. Siempre pasan.


Aunque era cierto, esa vez sentía que no sería así. Había algo diferente en esto y, para confirmarlo, todo parecía indicar que se liaría con ese hombre desconocido.


— Espero tengas razón Jongdae, o me volveré loco — rió desganado, y tomó una profunda respiración—. Mejor dejemos este tema de lado, ¿sí? Vayamos con tu conquista, que se cansará de esperarnos y se irá.


Se levantó de la cama, y Jongdae lo siguió con fuerzas renovadas y quejidos acerca de por qué no se iba a cambiar el pijama. Pero Baekhyun no lo haría, si aquel iba a formar parte de la vida de su mejor amigo, más vale que fuera conociéndolo tal y como era.


— Lo asustaras luciendo así — él se alzó de hombros.


— Tengo que gustarle tal como soy, si no, no te conviene — mordió su labio inferior con un poco de diversión, pero después tomó la muñeca de su amigo, justo cuando estaban cruzando el marco de la puerta de su habitación—. ¿Sabes? Estoy un poco curioso —comentó—. A pesar de que siempre sales a conocer gente para encontrar a esa persona, esta es la primera vez que traes a alguien a casa — este le miró, y se sintió más interesado—. ¿Qué es diferente esta vez? Lo acabas de conocer, ¿cómo sabes que es el indicado?


El rubio sonrió, y aferró su mano con cariño.


— Porque es la persona que he estado esperando. Cuando lo veas, lo entenderás.


Con aquella explicación quedó muy intrigado. Así que no tardó, y siguió a su mejor amigo por el pasillo hasta que llegaron al área común de su apartamento, donde la cocina y sala compartían un mismo espacio.


Ahí, curioseando frente a la pared donde Jongdae y él colgaban sus retratos estaba Minseok, quien había sido prometido de la hermana adoptiva de su amigo.


Y Baekhyun no tuvo que verlo más de dos veces para darse cuenta de que sí, era él, era el hombre de aquella vieja premonición.


El futuro esposo de Jongdae.


— Hola, pudiste con tu amigo — el hombre los miró, y sonrió amplio caminando hacia ellos.


— Sí, la fiera Byun ya estaba despierta, así que mi vida no corrió peligro— el rubio sonrió, y él refunfuñó al haber sido llamado así.


Sin embargo, no pudo evitar también sonreír un poco satisfecho cuando el chico llegó a Jongdae, y le dio un pequeño golpecito represivo en su estómago por haberlo llamado de esa manera.


Bien, desde ya, Minseok le caía bien.


— Vaya, quien diría que sería testigo de esta escena — dijo el pelirrojo, colocando sus manos sobre sus caderas y mostrando una expresión un tanto traviesa y divertida—. No tienes idea de cuánto lloró Jongdae cuando supo de tu compromiso con su hermana, parecía un bebé o un adolescente deprimido que ahogaba sus penas con dramas y un gran bote de helado.


Jongdae de inmediato cubrió su boca, riñéndolo y con sus mejillas un poco sonrojadas ya que eso era cien por ciento cierto. Por eso disfrutó de la escena, y en su mente se dijo que ya estaban empatados.


— ¿Podrías callarte, Baek? — su amigo lo soltó, luciendo un poco abochornado—. Te traje para presentarte a Minseok, no para que dijeras esas cosas.


— Que son ciertas, por cierto — remató el pelirrojo, y el rubio estuvo a punto de echársele encima.


Pero antes de poder hacer eso Minseok tomó la mano de Jongdae, y lo atrajo a él con una sonrisa que de inmediato tranquilizó al otro.


— Mucho gusto, Baekhyun — se presentó el pelinegro, por lo que estrechó su mano—. Jongdae me ha contado mucho sobre ti, me da gusto poder conocerte en persona y no sólo por fotos.


Estrechó la mano por unos segundos más, hasta que la mirada medianamente amenazante de su amigo recayó en él, por lo que se vio en la necesidad de soltarlo.


— Lo mismo digo, Minseok — correspondió el gesto, no dejando de intercalar su mirada entre ellos—. Es un alivio tenerte aquí, por fin podré dormir bien en las noches sin tener que escuchar el llanto de Jongdae.


El nombrado entrecerró sus ojos, pero ya no hizo siquiera el intento de callarlo.


— Estoy comenzando a pensar que no fue buena idea presentártelo, tengo el presentimiento de que ustedes se llevaran muy bien, tanto, que es probable que los dos tomen partido en mi contra — masculló el otro, pero en lugar de tener un gesto derrotado, su rostro mostraba una suave sonrisa—. En fin, creo que vale la pena con tal de que estés conmigo, Min.


Jongdae miró al hombre, y Baekhyun no pudo estar más feliz por él.


— ¿Cómo fue que se reencontraron?


— Hace una semana en el bar — contestó Minseok—. Yo acababa de llegar de Canadá, y salí con mis amigos a beber en un convivio de bienvenida. Fue ahí donde nos encontramos — sonrió más el pelinegro, mirando a su mejor amigo—. Nunca creí que volvería a verte.


— Ni yo a ti — respondió Jongdae—. Y menos después de que mi familia se enterara de lo que sentía por ti, y de que Yura se fuera también a Canadá. Se fue sin despedirse y sin decirme que habían roto su compromiso. Creo que después de todo siguen odiándome y aun no me perdonan por haber puesto mis ojos en ti.


— Quizá te odiaban desde poco antes porque ellos supieron que tú fuiste la razón por la que no me quise casar — dijo de la nada Minseok, haciendo que su amigo se avergonzara más. Y él no podía más que disfrutar, pues era un deleite verlo así—. Pero tenía que alejarme un poco antes de tomar cualquier otra decisión.


Jongdae asintió, comprensivo.


— Aunque sufrí, fue lo mejor. Míranos, estamos juntos ahora.


Un asentimiento por parte del pelinegro confirmó las palabras de su mejor amigo, y él supo en el momento que se besaron, que ese era el instante en el que debía marcharse y darles su privacidad.


— Me da gusto que todo saliera bien para ustedes, chicos — habló, llamando la atención de los dos—. Felicidades y, Minseok, espero que tengas la paciencia para soportar a este troglodita.


— Gracias, la tendré — rió ante la respuesta del contrario, viendo después la expresión del rubio que no estaba tan contento con aquel apodo—. Por cierto, saldremos a almorzar, ¿quieres venir con nosotros?


Miró al par, y con algo de pena negó.


— Recordé que Luhan me pidió que pasara a su florería a tomar fotos para un nuevo catálogo, así que será para la próxima, gracias de todas formas.


Sonrió agradecido, y se despidió con un agitar de manos para darse media vuelta y así regresar a su habitación.


Pero una vez dentro y en su camino al baño, sintió como Jongdae fue tras él. Baekhyun se giró, y lo interceptó viendo la duda en su mirada.


Y él sabía perfectamente de qué se trataba.


— No te diré si es él o no, pero tú ya debes saber la respuesta — dio un par de palmaditas al rostro de un ilusionado Jongdae.


Su amigo se fue, y él tan sólo quiso concentrarse en la felicidad que sentía por ese hombre, tratando de ignorar lo más que podía aquel pequeño vacío que permanecía en su corazón y que jamás había sido capaz de llenar.






(*)






— ¡No, Baekhyun! Te dije que me trajeras las orquídeas lilas y estas claramente son moradas. Además, ¡ni siquiera son orquídeas! ¿Viniste a ayudarme, o sólo a darme más trabajo?


El pelirrojo resopló, y miró aquellas flores que traía entre sus manos no sabiendo cuál era la diferencia: eran lo mismo. Eso, sin añadir el hecho que para él ese era el color correcto que Luhan le había pedido y, por sobre todas las cosas, creía que estas quedaban muy bien con el ramo blanco de novia que su amigo estaba haciendo.


— Para mí todas lucen igual — abultó sus labios, y dejó el pequeño ramito en la mesa de trabajo del castaño—. Y vine aquí porque me pediste que tomara fotos para tu nuevo catálogo, pero ni siquiera tienes listos los arreglos — cruzó sus brazos al pecho, y se sentó sobre un banquillo alto viendo a su amigo alejarse de su mesa de trabajo para ir por el local y así tomar las flores correctas, dejando las que no en su lugar—. A parte me has tenido muy abandonado estos días. Te extraño, ¿sabes?


Infló sus mejillas en una inocencia que sabía ya no poseía, pero aun así funcionó, e hizo que Luhan girara a verlo con un poco de culpabilidad en su mirada y, a la vez, una pequeña sonrisa en sus labios.


— ¿Acaso el Gran Vidente Byun ha aceptado que me extraña y me quiere? — chasqueó la lengua, y agregó un “sólo te extraño” sintiéndose un pelo de molesto por ese nefasto sobrenombre que le había puesto el mayor en una noche de borrachera—. Yo también te quiero y te he extrañado mucho, no sabes cuánto ansío que salgamos todos a beber, el trabajo me tiene al límite, necesito un tiempo para mí.


El castaño caminó hacia él, y lo abrazó por el cuello besando su mejilla en grilla. Baekhyun se limpió al instante, lo que hizo reír al otro.


— No te puedes quejar, ahora tienes más trabajo y tu florería es más conocida desde que aceptaste trabajar con la empresa de eventos Oh — dijo Baekhyun, alzando su rostro para ver a Luhan—. Además, el joven CEO quedó muy impresionado con tu buen gusto. Es todo un privilegio Lu y, acá entre nos, creo que le gustaste.


Su amigo resopló, y le soltó para después lanzarle uno de sus guantes de jardinería una vez llegó a su mesa; eso lo hizo reír aún más provocando la ira del mayor, quien tuvo que tragarse su sentir cuando la campanilla del local sonó ante la llegada de un nuevo cliente, el cual de inmediato fue atendido por Seulgi.


— Sehun tiene su fama, así que ni se te ocurra involucrarnos ni mezclar nuestros nombres en la misma oración, por favor— pidió Luhan, cortando con un poco más de fuerza necesaria los tallos—. Nuestro trato es sólo profesional, no hay nada más.


— Nunca digas nunca, Lu, o puede que caigas más pronto de lo que te imaginas — alzó sus pies sobre la mesa, ganándose una mirada por parte del mayor.


— ¿Sabes algo que yo no? — de inmediato negó, reprimiendo una sonrisa—. De acuerdo, entonces mejor ve y tráeme más de estas orquídeas en lugar de estar holgazaneando y diciendo cosas sin sentido.


Luhan apartó sus pies de la mesa y casi cayó, pero ni eso quitó la sonrisa de sus labios que desesperó al otro. Por eso mejor se bajó del banquillo, y caminó al otro extremo del local que estaba lleno de una gran variedad de flores que los clientes podían tomar para armar sus propios arreglos.


Al estar frente a ellas miró con atención, y se agachó cuando encontró las indicadas estirando una de sus manos para tomar el jarrón que llevaría con el castaño para que él escogiera la cantidad que necesitaba.


Y aunque estaba haciendo algo muy diferente a lo que se suponía fue a ese lugar, no pudo evitar sentirse mucho más relajado, contento y descansado que al despertar. Luhan lo había hecho sentir mejor, y estaba agradecido por esos momentos de paz.


— Muchas gracias por su compra doctor, ¡vuelva pronto! — se puso de pie con la jarra de las flores en sus manos, escuchando la voz en extremo contenta de Seulgi.


En ocasiones, se preguntaba cómo una persona podía ser así de alegre.


— Al contrario, gracias a ti. Espero que el arreglo le llegue puntual como siempre, por favor.


Cuando escuchó aquellas palabras, su corazón se aceleró y su mirada se perdió entre los pétalos carmesí.


Esa voz, dijo Baekhyun a sus adentros, prestando atención al tono masculino de ese cliente al que le daba la espalda.


Era la primera vez que la escuchaba en su vida, pero sabía, sabía que la conocía de un lugar. Su tono profundo, grave, rasposo y a la vez dulce lo trasladó a sus sueños, a sus visiones, a todos sus temores, a su muerte.


Intentó estar tranquilo, pero el temblor llegó a su cuerpo ocasionando que el jarrón se resbalara de sus manos y se rompiera entre sus pies: no reaccionó, sólo hasta que Luhan llegó a él y lo tomó de los hombros para sacudirlo.


— ¡Baekhyun! ¿Estás bien? ¿Te lastimaste? — abrió y cerró sus párpados un par de veces, hasta que salió del trance y observó a su amigo preocupado—. Te pusiste pálido, ¿qué te ocurre?


Giró su rostro hacia atrás. El aire le faltaba, pero aun así tenía que verlo con sus propios ojos.


Sin embargo, cuando paseó su mirada por toda la florería y lo único que vio fue a los trabajadores y un par de mujeres más, fue cuando supo que él ya no estaba ahí.


¿Quizá alucinó?


— Lo escuché — murmuró desconcertado, mirando los ojos de Luhan—. Lo escuché, Lu.


— ¿Qué escuchaste? ¿De qué hablas? — el mayor miró sobre su hombro, buscando quizá lo mismo que él—. Espera, ¿en dónde está Seulgi?


Baekhyun miró a su alrededor y se dio cuenta de que era cierto, la chica no estaba. Pero cuando apenas se estaba preguntando acerca de a dónde pudo haber ido, ella entró al local resoplando, y extendiendo su mano hacia Luhan mostrando una cartera.


— El doctor Park es un hombre muy atractivo y amable, pero también muy distraído — dijo la chica, teniendo ahora una pequeña sonrisa frustrada en sus labios—. Traté de alcanzarlo, pero lo perdí de vista.


El mayor tomó la cartera y suspiró, para al final cruzarse de brazos y lanzar una pequeña risilla.


— Es casi una tradición que siempre la olvide aquí — negó un poco divertido—. Gracias Seulgi, se la haré llegar. De nuevo.


— No es nada — se alzó de hombros—. Pero en verdad, a veces me preocupa que sea tan descuidado.


Completamente de acuerdo, añadió Luhan, y Seulgi fue de vuelta a su lugar tras la caja registradora.


Y Baekhyun entonces observó aquella cartera, cayendo en cuenta de que la chica dijo que esta pertenecía a un doctor y, si no estaba mal, ella misma había despedido a ese hombre llamándole doctor.


— Dámela — dijo de la nada, desconcertando a Luhan—. Dame la cartera, yo se la llevaré.


Alzó su rostro, encontrándose con la mirada confundida de su amigo.


— ¿Estás seguro? Ni siquiera lo conoces.


Quizá era así, pero era muy probable que sus caminos se cruzaran en un futuro. No lo quería, pero si eso tenía que ocurrir, entonces él no podía hacer nada más que estar prevenido.


— Lo sé, pero quiero salir y despejarme — comentó, sin querer decir nada de sus sospechas—. Dámela, así no tienes que llevarla al salir.


Luhan le miró dudoso, pero al final su argumento lo convenció, por lo que le entregó la cartera.


Él la tomó y guardó en el bolsillo de su chamarra de mezclilla, dispuesto a irse después de despedirse.


No obstante, su amigo aferró mano y le miró preocupado.


— ¿Estás bien? Lo digo por lo de hace rato.


Baekhyun tardó un par de segundos, pero al final asintió, y apretó la mano contraria antes de soltarla e ir a la mesa de trabajo en donde estaba el maletín de su cámara.


— Estoy bien, me disculpo por eso, no fue nada. Tan sólo estoy un poco loco — sonrió, dirigiéndose a la puerta del local—. Más tarde te llamo, ¿vale? Para ponernos de acuerdo para las fotos cuando tengas los arreglos y, sobre todo, para esa salida a beber.


Quien era mayor que él suspiró, pero al final asintió y le devolvió la sonrisa en una promesa de que sería así. No tener más cuestionamientos lo hizo sentir tranquilo, por lo que salió de la florería y caminó por la acera sacando la cartera de su chamarra para ver dentro de ella.


— Park Chanyeol — murmuró bajo, viendo la identificación del hospital.


Era médico de emergencias y, para su suerte, la clínica quedaba tan cerca de ahí que incluso podría ir caminando.


Así y, aun dudando de su decisión, guardó el objeto de vuelta en su ropa y reanudó sus pasos hacia ese lugar con su corazón latiendo errante, y con las imágenes de aquel sueño que nublaban siempre sus días como si fuesen cenizas cayendo sobre él.




(*)




Si había una cosa que a Baekhyun no le gustaba además de sus visiones, los pepinillos y los gritos que Jongdae soltaba siempre que quería molestarlo, eran los hospitales.


Los odiaba.


Varias veces había terminado ahí por riñas, o acompañando a personas queridas en momentos difíciles y, de cierta manera, eso hizo que en su mente se creará una gran aversión a esos lugares, sin contar la carga de energía que sentía en su pecho cada vez que entraba a uno.


Esos lugares encerraban dolor y muerte, y eso no es algo que a él le gustaba sentir.


Pero Baekhyun tenía que estar ahí, tenía que comprobar si ese era el hombre de sus sueños porque, de ser así, entonces debía alejarse de inmediato de él para que su premonición no se cumpliera.


Aunque quizá eso no cambiaría nada, pero era lo único que se le podía ocurrir en ese momento.


— Buenos días — llegó al departamento de emergencias, y se acercó a la recepción para dirigirse a una de las enfermeras—. Vengo a entregar esto.


La chica volteó a verlo, y él sacó la cartera de su chamarra que mostró a ella. Ésta, al descubrir lo que traía en su mano rodó los ojos, y cogió el teléfono presionando las teclas.


Baekhyun por un instante no supo lo que pasaba, pero, cuando ella habló, lo entendió.


— Doctor Park, alguien ha venido a entregarle su cartera que perdió, de nuevo, por quinta vez en esta semana — el pelirrojo abrió un poco más sus ojos en sorpresa, y la enfermera le sonrió un poco, asintiendo y dándole la razón a lo que sea que él estuviera pensando—. No, yo no la puedo recibir para llevársela, estoy ocupada, así que tendrá que venir usted.


Sin cruzar más palabras la chica colgó, y colocó sus codos sobre el mesón para apoyar su mentón sobre sus manos y así dirigirse a él.


— En un momento vendrá el doctor, si quieres puedes tomar asiento en la sala de espera.


La chica señaló a sus espaldas y él miró hacia atrás, asintiendo; luego la miró de regreso, y le sonrió con cortesía.


— Gracias — hizo una leve inclinación, y caminó a dicha sala tomando asiento en la última fila.


Y estaba nervioso.


A pesar de que una parte de Baekhyun no quería estar ahí, se sintiera molesto por sus sueños y, de alguna manera aborrecía a ese hombre que lo perturbaba en cada noche, la otra sabía que era correcto lo que estaba haciendo. Además, también tenía curiosidad de saber quién era esa persona, y quería descubrir si en verdad sus vidas se enlazarían a un punto tal, que él quedaría destrozado con su muerte.


¿Qué serás para mí? Se cuestionó, con su pie golpeando el suelo con impaciencia ante la tardanza del médico, siendo justo eso lo que le hizo pensar y cuestionarse qué era lo que estaba haciendo en ese momento.


— No Baek, tú dijiste que no te involucrarías en esto — se dijo en un susurro y se levantó de su silla dispuesto a dejar la cartera con la enfermera.


Pero cuando estuvo a medio camino vio como un alto médico de cabello azabache se acercó a la recepción, y giró hacia él cuando la mujer con la que había interactuado lo señaló.


El hombre, al verlo, de inmediato le sonrió y se dirigió a él con la mejor actitud del mundo. Baekhyun, en cambio, estuvo consciente del gesto no muy educado que hizo, así como esas crecientes ganas de huir y desaparecer de su vista.


Pero no lo hizo, y permaneció ahí hasta que el doctor llegó frente a él y, aunque le costara aceptarlo, su cuerpo se estremeció cuando respiró y le llegó su aroma.


— ¡Hola! — dijo el médico un poco agitado como si hubiera corrido, y el corazón de Baekhyun latió a toda prisa cuando comprobó sus sospechas: era la misma voz de sus sueños—. Vine lo más rápido que pude cuando Wendy me llamó y dijo que tenías mi cartera — añadió un poco apenado, rascándose su nuca—. No sabes cuánto te lo agradezco, traigo documentos importantes y sería muy tedioso tener que darlos de baja para sacar otros nuevos.


El de cabellos rojos asintió, mas no fue capaz de decir algo.


En lugar de eso frunció su entrecejo, y miró al alto de pies a cabeza en completo silencio, percibiendo que sus manos comenzaban a temblar, su corazón a latir aún más, y su estómago a revolverse cuando alzó el rostro hasta sus labios, recordando que en su última visión él los había rozado con los propios.


Y ese hombre le había dicho que estaba enamorándose de él.


Era algo surreal tenerlo frente a él sabiendo lo que deparaba su futuro.


— La dejaste en la florería de mi amigo Luhan — habló por fin, topándose con un ceño también fruncido en el rostro del médico, el cual por su identificación sabía que llevaba por nombre Park Chanyeol—. Creo que deberías ser un poco más cuidadoso, quizá a la próxima ya no la tengas de vuelta.


Tendió la cartera a Chanyeol, quien no tardó en tomarla con sus manos. Después de eso Baekhyun estuvo más que dispuesto a irse, por lo que sólo hizo un asentimiento de cabeza y se dio media vuelta.


Sin embargo, cuando dio un par de pasos su mano fue sostenida por la contraria, descubriendo que esta era mucho más grande que la suya y que, por sobre todas las cosas, la sensación que fue entregada a su piel era la misma de las visiones.


Cuando él aferraba la suya que estaba ensangrentada.


— Espera un momento — giró un poco su cuerpo, y el médico lo soltó para abrir su cartera y tenderle varios billetes de diez mil wons—. Aquí tienes. No es mucho, pero es en gratitud por haberla regresado.


Inmediatamente negó con su cabeza, y alejó sus manos cuando el alto quiso tomarlas para colocar el dinero entre ellas.


— No, no lo aceptaré — dijo—. Vine aquí para hacerle el favor a Luhan ya que tiene mucho trabajo —añadió, aunque eso no era tan cierto—. No es nada, me quedaba de paso de todas formas.


Insistió, pero el pelinegro no pareció estar a gusto con ello.


— Entonces deja que te invite un café — negó suave reacomodando la correa del estuche de su cámara sobre su hombro, y el alto pareció más desanimado que antes—. ¿A comer?


Volvió a negar, retrocediendo un poco para alejarse de él.


— Gracias, pero no — fue más firme en su respuesta—. No me debes nada, así está bien — se dio media vuelta para irse; sin embargo, antes de siquiera dar un paso, giró de nuevo a verlo—. Chanyeol, ¿cierto? — el médico asintió—. De casualidad… ¿Tienes una motocicleta?


Rezó y rogó porque la respuesta fuera un no.


— Sí, ¿por qué?


Mordió su labio inferior con fuerza, y metió las manos a los bolsillos de su chamarra. Sabía que lo más probable es que nada cambiaría si él interfería en sus visiones.


No obstante, lo haría porque sabía que no podría estar a gusto si se quedaba callado.


— No la uses.


— ¿Perdón? — preguntó el hombre, desconcertado.


— No uses tu moto.


Aquel arrugó su frente, y se cruzó de brazos pareciendo confundido.


— Oye, en verdad estoy agradecido de que trajeras mi cartera — inició el otro, pareciendo ahora un poco incómodo—. Pero, aunque seas amigo de Luhan no puedes venir aquí y decirme que debo o no hacer.


Baekhyun miró sus ojos y asintió, mostrando al final una sonrisa un poco resignada.


— Lo sé, y quizá pienses que soy entrometido y, en verdad, tal vez lo soy un poco — se alzó de hombros, intentando que el temblor en sus manos no se delatara a través de su chamarra—. No te conozco y es tu vida. Sin embargo, me siento obligado a decírtelo.


Chanyeol ladeó su rostro, llevando su mano cerca del bolsillo de su bata con la intención de guardar ahí su cartera.


— ¿Decirme qué?


Tomó una profunda bocanada de aire, y se colocó de frente al otro.


— A decirte que morirás si sigues usándola.


La cartera cayó de la mano del pelinegro, quien quedó desconcertado y paralizado por un momento ante las palabras dichas.


El pelirrojo se temía una reacción así, por lo que sólo suspiró, y bajó su mirada hacia el suelo viendo ésta en el piso.


Ante eso tuvo el impulso de sonreír un poco, pero resistió, y se agachó para tomar la billetera que guardó en el bolsillo de la bata del doctor que aún no era capaz de decirle algo.


Y quizá era mejor así.


— Cuídate Chanyeol, y, aunque tú y yo no nos conozcamos, reza porque no volvamos a vernos.


El médico pareció reaccionar con lo último, pero, para cuando fue así, Baekhyun ya se había alejado de él lo suficiente como para no ser alcanzado.


Aun así, apuró el paso y sacó su móvil para llamar a Luhan.


Cuando este respondió la llamada, Baekhyun sacó todo el aire de sus pulmones.


— Trata de terminar rápido tu trabajo, Lu, en verdad necesito ese trago

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