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La invitación me llegó cuando habían pasado tres semanas desde la muerte de Jimin.
Para entonces, intentaba reconstruir los restos que un suicidio inesperado frente a mis ojos podía causar. Pero no me veía capaz de superarlo en algún momento. Y Jimin solo volvió para empeorar todo aún más.
Era el último viernes de septiembre: el día de revisión de casilleros. No soy alguien que disfrute la idea de que nuestros espacios personales sean invadidos, pero los profesores venían haciendo un control mensual exhaustivo, ya que les preocupaba la idea de que algún alumno no estuviera cumpliendo con el reglamento. Aunque, a decir verdad, había cosas mucho más importantes a las que poner atención que a un chico de segundo año usando su celular durante la clase de educación física.
ㅡAlumno Kim Taehyung, abra su casillero.
Jung Hoseok, el profesor de química, se ubicó tras mío con una bolsa negra en manos. Me dispuse a colocar la combinación de mi candado para que se llevara hasta febrero todos los objetos que, bajo su criterio, no deberían estar en el compartimiento de un estudiante.
Todo estaba en orden, salvo por una cosa, un sobre rojo que se deslizó tras mi rejilla y aterrizó entre mis pies. Quizás fue el instinto propio el que me incitó a recogerlo aún sin saber de qué se trataba y me hice a un costado.
Hubiera deseado que fuera la información sobre la última actividad extracurricular a la que me inscribí o, incluso, una declaración de amor a pesar de que éste fuera un colegio únicamente de hombres. Pero era capaz de reconocer esas letras chuecas en cualquier parte y, desde que vi el nombre de Jimin como remitente, supe que todo estaba por irse a la mierda.
Salvo por aquella carta que le dio treinta y tres vueltas a mi estómago, estaba seguro de que el profesor Jung no iba a encontrar nada que valiera la pena decomisar. Necesitaba alejarme de ahí lo más rápido posible porque con el tiempo aprendes que siempre hay alguien observando. Así que no lo pensé mucho cuando guardé la carta debajo de mi uniforme y escapé de los pasillos.
Jimin regresó. De alguna manera encontró la forma de seguir en nuestras vidas, aún después de quitarse la vida, y la simple idea no dejaba a mi cuerpo trabajar como debía. ¿Me dejó una nota de despedida? Todo ese tiempo pensé que nunca lo hizo, cosa que era mentira. Jimin estaba aquí para despedirse, pero no estaba listo para leerlo, no aún.
La primera vez que entendí que las palabras tenían poder fue cuando se suicidó. Al inicio era ignorante respecto a todo lo que me rodeaba, pero a medida que crecí, me fui dando cuenta de algunas cosas. Y entendí muy tarde que las palabras eran más que simples sonidos; eran todo aquello que podíamos transmitir, para bien o para mal. Eran capaces de crear y destruir, herir o sanar. Todo dependía de la forma en que fueran usadas, y Jimin fue víctima de su poder.
Lo conocí durante las vacaciones de Seollal¹, cuando retorné a mi pueblo natal en Busan para pasar las fiestas junto a mi familia materna ㅡlas vacaciones de Chuseok² quedaban para el lado paterno, ya lo habíamos acordado años atrásㅡ y él llegó a nuestra casa con bulgogi³ para compartir. Recuerdo verlo dispuesto a permanecer en la puerta a pesar de que la nieve caía sin parar sobre su hanbok⁴ y su nariz adquirió un color carmesí. Él le regaló una sonrisa sutil a mi abuela y ella le agradeció con una invitación a pasar, claro que, Jimin hizo todo lo posible por negarse, pero a mi abuela le resultó mucho más encantador su educación.
En ese momento no entendí la presencia de aquel chico que era capaz de dejar que la nieve manchara su atuendo con tal de visitarnos, hasta que me enteré que nuestras abuelas fueron buenas amigas desde la secundaria. La señora Park solía hablar de un nieto que tenía en Seúl, el cual siempre quiso presentar a su amiga, pero el cáncer fue más rápido y se la llevó a ella. Nunca tuvo la oportunidad de traerlo, hasta ese día.
Esa fue la primera vez que vi a Jimin, pero no fue hasta mediados de julio cuando nos volvimos cercanos. Siempre lo recordé como una luz electrizante y llamativa. Quien amaba a los gatos a pesar de ser alérgico a ellos, quien tenía el humor más roto del mundo y siempre encontraba la ocasión para hacer chistes sobre química. Jimin era luz, la más hermosa que alguna vez fue vista, pero que otros se encargaron de consumir hasta que perdiera todo su destello y calidez.
ㅡPodríamos ser amigos.
Fueron unas de las últimas palabras que me dirigió, tres días antes de lanzarse a las vías de un tren. Desde entonces, cambié por completo mi ruta de viaje y dejé la tarjeta del metro en algún cajón de mi habitación acumulando capas de polvo. Todo era un recuerdo nítido de él, tan doloroso que incluso odiaba recordarlo.
Era por eso que no me sentía listo para leer lo que quería decirme. Tenía miedo de volver a sumergirme en el profundo dolor que su ausencia me dejó. Quería olvidarme de él. ¿Sería yo una mala persona por pensar de esa manera? Esperaba que Jimin me perdone.
Durante todo el día intenté muchas veces abrir el sobre, realmente lo intenté, pero había un muro invisible que me impedía acercarme hacia mi mochila. Y no fue hasta que cayó la noche y me encontré en la seguridad de mi habitación, cuando decidí abrirlo y darle el debido descanso que se merecía. O eso pensaba.
Park Jimin. Yaksu-dong, Jung-gu, Seúl.
Jueves 6 de septiembre, 2012.
Hola. Esto será un poco largo, así que puedes tomar asiento y leer con calma. No estoy muy seguro de cuándo te llegue esta carta, pero sé que será a finales de septiembre, así que te deseo un feliz Chuseok (por adelantado o atrasado), dependiendo de qué día sea para ti, porque para mí no habrá más.
No podía seguir leyendo, las lágrimas ya amenazaban con brotar de mis ojos. Era como una sensación de soledad, injusticia o frustración... No sabía bien qué estaba sintiendo.
Sé que lo normal hubiera sido recibir esta carta pocos días después de mi muerte, en caso de que ustedes fueran alguien especial para mí y de que quisiera dejar una nota de despedida. Pero en definitiva este no es el caso.
¿Ustedes? Pero qué carajo. ¿A cuántas personas Jimin le envió esto? Mi mirada empezó a correr por las líneas como si fueran a desaparecer en cualquier momento.
Porque si ahora estoy muerto, en parte fue su culpa, y es por eso que esta carta les deberá estar llegando a dos semanas de mi cumpleaños.
Dejé de respirar. ¿Yo fui el causante de la muerte de Jimin? ¿Cómo podía ser eso si quiera posible? Mencionó que había otros. ¿Yo y quiénes más? ¿Serían quiénes estaba pensando? Debía ser una terrible broma. Me acomodé en la silla y leí más rápido.
No quiero que crean que fui un psicópata que se lanzó a las vías de un tren sin ninguna razón. Y sé lo que deben estar pensando. ¿Quién tuvo tanto tiempo para hacer esta broma? No fue Seokjin, se los puedo asegurar, porque a él también le llegará esta carta.
Kim Seokjin, era el mejor amigo de Jimin, antes de que el infierno comenzara.
Conocí a Seokjin a la distancia y por los rumores que se extendían por los pasillos. Sarcástico, presuntuoso, fanfarrón de lo que tenía y con un gusto obsesivo por ocultar sus burlas en críticas constructivas. Claro que, nunca nadie se creyó eso, porque lo que hacía era implantar inseguridades sobre los demás. Y Jimin fue el único que se salvó, hasta que dio un paso en falso y todo se empezó a derrumbar.
Pero siempre habrá un por qué y el mío es bastante simple. Quiero que experimenten lo mismo que yo sentí, el pánico, la desesperación, lo que es clamar por piedad... Incluso lo que es morir.
Paré de leer. Estaba a punto de vomitar. Cualquier rastro de llanto en mi rostro desapareció y fue reemplazado por el terror. Miré hacia mi escritorio, donde sabía de ante mano que en el último de mis cajones estaría mi tarjeta del metro, enterrada en lo más profundo de mis cosas, como un recordatorio de lo que hice.
¿Alguna vez han jugado Hangman? Les daré una pista, no es de origen coreano, por si la estructura gramatical los confunde. ¿No pueden saber de dónde es? ¿Ya se rindieron? Es irónico que sea yo quien diga esto, porque el motivo de esta carta es justamente porque me rendí. Pero retomando lo anterior, su origen se remonta a la época victoriana y, de hecho, la palabra está en inglés. Pueden sacar sus propias conclusiones de hacia dónde nos dirigimos desde aquí.
Hay muchas versiones de cómo surgió, pero mi favorita es la historia de una mujer que le confesó a su esposo que ya no lo amaba, y de cómo esas palabras lo mataron. Literalmente, porque se ahorcó.
Una lágrima corrió por mi rostro. Me pregunté cuánto habría soportado Jimin.
Las películas o series nacionales ni siquiera estaban cerca de retratar con realismo el acoso escolar, porque era incluso peor de lo que podían mostrar. Han Eunji, golpeada con botellas de soju⁵ en el rostro hasta volverla irreconocible; Kim Jihoon, a quien le quemaron la cara con cigarros o Song Hyori, abusada y humillada en los baños de su colegio. Y esos eran apenas los casos más sutiles que los centros educativos no pudieron evitar que salieran a la luz, porque lo peor quedaba para quienes eran diferentes, personas como Jimin, de quien nadie contó su historia ya que tuvieron la oportunidad de esconderlo.
Si nunca han jugado Hangman no hay problema, de todos modos, presiento que ya lo han hecho antes y perdieron. Ustedes eligieron las palabras incorrectas y alguien sufrió las consecuencias. Ahora es su turno de jugar, pero desde otra perspectiva.
Los adultos tenían la tendencia de ignorarlo. Pensaban en ello solamente como niños peleándose, pero los problemas más grandes venían después, cuando se quitaban la vida. Y, en caso de otros, cuando decidían tomar venganza.
¿Saben qué es lo primero que experimenta alguien que ha sufrido acoso? Quizás no lo sepan si siempre han estado del otro lado de la moneda, pero esta vez haremos las cosas un poco diferentes.
Pánico, eso fue lo que experimentó Jimin. Y lo recuerdo perfectamente porque me lo dijo mientras yo me encargaba de limpiar una de sus heridas.
Hace un tiempo hubiera dicho “pánico”, pero sin dudas es “terror” el término que lo describe con exactitud, porque sabes que no se van a detener nunca. Porque nunca hubo nadie que los detuviera a ustedes.
Imposible. Jimin me estaba culpando de ser uno de sus agresores...
Así que para hacer esto más divertido, decidí que tendrán cuarenta y ocho horas para esconderse antes de que los atrape, si lo logran habrán pasado la primera prueba sin mayor problema, pero, de no ser así, los estaré esperando.
Si se acostumbran a esa sensación de terror, creo que estarán listos para el juego principal.
Pueden ir con la policía (aunque dudo que los tomen en serio), pueden mostrarle esto a sus padres o incluso subirlo a internet para que todos se burlen de la carta de un desquiciado. Sería muy gracioso, ¿verdad, Jongseong?
Park Jongseong... También era alguien a quien Jimin culpaba de su suicidio. Sabía que ambos asistían al mismo hagwon⁶ y que fue Jongseong quien subió aquel hilo sobre Jimin a Twitter, un hilo que fue redactado de la manera más... No sabía cómo describirlo. Fue impactante, al menos para mí. Y fuera de eso, no estaba al tanto si tuvieron más encuentros. Al fin y al cabo, no fui alguien unido a Jimin como para saber todo lo que hacía. Pero realmente me hubiera gustado serlo, porque todo esto se podría haber evitado. ¿Mi amistad habría bastado para salvarlo? No tenía forma de saberlo.
Me pregunté quiénes más recibieron la carta. ¿También estarían aterrados o no creerían que era real? Ni siquiera podía juzgarlos, yo también me sentía perdido.
O pueden simplemente tirarlo a la basura pensando que esta broma ya se puso muy seria para ser de su gusto. Pueden creer o no, pero dentro de cuarenta y ocho horas todos ustedes estarán en el metro con rumbo a Ilsan. No me pregunten cómo lo sé, de todas formas, ya estoy muerto.
Una pesadilla. Eso era para lo que Jimin volvió. ¿Qué buscaba? ¿Realmente su único propósito era matar a uno de nosotros? ¿Y por qué me estaba creyendo todo esto? Por supuesto que debía ser falso.
Quería dejar de leer, quería quemar esa hoja y maldecir a quien sea que me la hubiera enviado. Pero mi impulso de curiosidad, o quizás culpa, fue más fuerte y me obligó a leer las últimas palabras de Park.
El juego inicia dónde todo terminó para mí. Deben saber de qué lugar hablo porque han pasado por ahí miles de veces y, en caso de otros, estuvieron presentes cuando decidí quitarme la vida. O al menos eso creo.
Están invitados este domingo 30 de septiembre a jugar Hangman, estación Anguk a las 23:00 horas, la última parada del día. No me hagan esperar. Este fue Park Jimin y uno de ustedes está por morir.
¿Y si no estaba jugando? Porque existía la posibilidad de que esa carta si la hubiera escrito Jimin y de que yo fuera uno de los culpables.
¹ (Seollal): Día festivo, Año Nuevo Lunar.
² (Chuseok): Día festivo, como el Día de Acción de Gracias coreano.
³ (Bulgogi): Plato típico coreano.
⁴ (Hanbok): Vestimenta tradicional coreana.
⁵ (Soju): Licor que quema, bebida alcohólica.
⁶ (Hagwon): Escuela intensiva privada.
Datos:
- Actualmente, la gran mayoría de metros en Corea tienen mamparas de cristal en los andenes, esto para evitar que la gente se suicide en las vías.
-El bullying es un caso muy serio en Corea y que ha cobrado muchas vidas, uno de los motivos es la presión a la que se someten los estudiantes desde muy pequeños.
-El hagwon es una escuela intensiva a la cual los estudiantes asisten incluso desde preescolar. Allí refuerzan materias que quieren mejorar y se imparten las lecciones fuera del horario escolar normal.
Advertencia de contenido sensible: bullying, suicidio, abuso sexual y muerte.