Prólogo.
“Las personas que más amas, son la que más daño te hacen”
[12/09/2013]
Chris se levantó temprano como de costumbre, acomodó su cama, miró el calendario, sonriendo de oreja a oreja, salió de su habitación esperando ver a su madre haciendo el desayuno, pero no fue así, no había nadie, todas las luces apagadas y ni un rastro de su madre o su padre, su expresión paso de estas alegre y sonriente a una de decepción y tristeza.
Caminó a la habitación de sus padres y toco varias veces, esperó por varios segundos y no recibió respuesta alguna, ¿Se habían ido? Pero, ¿Por qué se irían sin él? Es su cumpleaños, se supone que la pasarían juntos, pensó.
Volvió a tocar y al no recibir respuesta, abrió la puerta lentamente, cuando esta estuvo totalmente abierta no vio nada, todo estaba oscuro al igual que la sala y cocina, se acercó a la pared y con su mano buscó el interruptor y al encontrarlo presionó el botón, esperando que el cuarto se iluminará.
—Mamá pagó la luz recientemente, ¿Por qué no prendé? — Habló para si mismo.
Se adentro un poco más al cuarto, cuando sintió un toque en su hombro que lo hizo dar un brinco, se dio la vuelta y pudo ver a su padre, este apestaba a alcohol y sus ojos estaban rojos.
—Prometiste no beber el día de mi cumpleaños. — Dijo el pequeño decepcionado de su padre.
— ¿Tú quién eres? — Habló el mayor con torpeza.
— ¿Cómo qué quién soy? Soy tu hijo. — Respondió Chris mientras las lágrimas salían de sus ojos.
—Yo no tengo hijos, ¿Cómo te atreves a mentirme? — Agarró al pequeño por el brazo con fuerza y lo tiró al suelo.
— ¿Por qué haces esto? ¿Por qué actuas cómo si no me conocieras? Soy tu hijo, no tengo motivos para mentirte.
— Pequeño, mentir es malo, muy malo y tiene sus consecuencia. — Se acercó a él, lo levantó apretando su brazo fuertemente mientrás lo llevaba a la habitación.
— ¡Suéltame! ¡Me estás lastimando! — Le gritó intentando zafarse del agarre.
— ¡Cierra la boca! — Al llegar a la habitación del niño, lo tiró en la cama y empezó a quitarse la correa.
—Papá, ¿Qué haces? —Preguntó el pequeño asustado y aún llorando.
—Te castigaré. — Respondió aquel señor.
—Pero no he hecho nada malo. — Se movió hacía la esquina de su cama asustado.
—No te preocupes, será rápido, si no te resistes. — Le dijo al niño, mientras se acercaba a la cama.
— ¡No! — Gritó y agarró una cajita que se hallaba en su mesita de noche, lanzandola hacia el mayor con todas sus fuerzas, para luego saliir corriendo a la habitación de sus padres, cerrando la puerta con seguro.
Buscó una silla poriendola en el pomo de la puerta, intento nuevamente prender la luz de la habitación, pero el resultado fue el mismo, por lo que decidió buscar la lámpara en la mesita de noche; camino cuidadosamente tocando lo que se atravesará con sus mano hasta llegar a la mesita prendiendo la lámpara, logrando ver el teléfono de su madre; apenas lo agarró este comenzo a vibrar, lo que hizo que el niño se sobrexaltará y dejará caer incosientemente el aparato, este al impactar con el suelo se desarmó.
El pequeño inmediatamente se agachó recogiendo las partes del celular dandonsé cuenta en unas pisadas de unos zapatos grandes y otros más pequeños que parecían ser suyos.
« ¿Cómo manche el suelo si no he salido de la casa? Pero, esto no es barro.»
Se levanto poniendo el celular en la mesita, volteo y camino un poco viendo que había un charco de lo que parecía ser sangre que llegaba hasta el baño de la habitación, por su mente pasaron algunas imagenes horribles y las lágrimas salieron sin previo aviso, se acercó hasta la puerta del baño, agarró el pomo, tomo aire abriendo la puerta de golpe.
—No — Sus piernas perdieron la fuerza y cayó al suelo.
Derepente se escucho un golpe muy fuerte, el pequeño aún en trance no noto aquel sonido hasta que sintio que lo agarraron por el brazo con fuerza, su mirada fue hacía el contrario luego a la puerta encontrandola totalmente rota.
— ¿Pensaste qué te escaparías de mi? — Sonrió.
— Dejame, por favor. — suplico.
— ¡Callate! — Gritó.
— Papá no, por favor. — Hablaba entré sollozos.
— ¡Que te calles te dije! — Apretó más el brazo del chico y lo lanzó a la cama con brusquedad.
— ¿Por qué me haces esto? — Preguntó tratando de formular las palabras correctamente.
— ¡Que cierres la boca de una puta vez! — Lo golpeó.
El señor buscó un tirro que estaba en un cajón al lado de la cama poniendo un pedazo en la boca del pequeño, Chris intento quitarselo de encima, pero su padre lo volvió a golpear mientras inmovilizaba sus manos con el tirro, el niño ya había perdido las fuerzas debido a los golpes, su vista se volvió borrosa y balbuceaba, sintió un dolor terrible en la parte baja de su cuerpo lo que provocó que perdiera la conciencia por completo.