Dear doctor, touch me (l.s.)

Summary

Louis siente la humedad del omega en sus dedos y evita lanzarse sobre este, conteniendo sus impulsos por hacerlo suyo sobre la camilla del consultorio. O. Un AU de la época victoriana, donde los omegas asisten al doctor para curar su histeria.

Genre
Erotica/Romance
Author
noe
Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
5.0 12 reviews
Age Rating
18+

Uno


Harry lleva semanas sin poder conciliar el sueño, despertando a altas horas de la noche y permaneciendo de ese modo hasta que el sol sale de nuevo.

Él ha intentado todo, acudir al viejo doctor de la familia por recetas médicas, o beber té con leche y toques de miel como le han recomendado sus tías para poder dormir profundamente; pero nada, absolutamente nada, ha tenido efectos en su sistema. Y si el omega debe ser sincero, él está sumamente cansado.

—Joven, Harry —su ama de llaves lo trae de nuevo a la realidad cuando se presenta frente a él.

El omega mira a la beta con una ceja levantada y una mueca de aburrimiento en su rostro.

—¿Sí, Valerie?

—Su madre pregunta si está listo para ir al médico.

—¿Al médico de nuevo? —él pregunta sin comprender, hace menos de dos días tuvieron una consulta.

—Sí, joven. Su madre ha conseguido un médico nuevo por recomendación del Doctor Huber.

Y bueno, eso es nuevo.

Por lo general, la familia Styles concurre con el mismo anciano de siempre, el Doctor Huber Keys, y así ha sido desde siempre; y Harry nunca ha visto a nadie más que a aquel alfa hasta ahora, aparentemente.

—Dile a mi madre que estaré con ella en un minuto.

La beta asiente y se retira de la habitación del omega. Y Harry peina un poco su cabello antes de tomar su sombrero y salir del lugar rumbo al carruaje que lo espera frente a su casa.

—Madre —saluda Harry cuando toma asiento frente a la omega de cabello corto—. Valerie me ha dicho que vamos de visita al médico.

—Así es cachorro. Tu tía me comentó sobre un tratamiento que una de las hijas de sus amigas está siguiendo en Londres, y se lo dije al Doctor Huber ayer que asistimos al baile de los Malik —Jena mira por la ventana mientras los caballos se abren paso por la ciudad—. Él me recomendó este nuevo doctor que llegó hace poco de la capital y trae consigo la vanguardia de la medicina.

—¿Crees que él pueda curarme? Odio estar como lo he estado últimamente —el omega se queja—. Y en menos de medio año será mi debut y no quiero verme como lo hago ahora.

Y él toca con su índice las ojeras que han empezado a aparecer bajo sus ojos. Otra de las cosas que Harry odia de no poder dormir como solía hacer son las consecuencias que esto ha acarreado a su cuerpo.

En primer lugar, él ya no luce como antes, su rostro ya no tiene ese rubor natural ni la frescura que lo caracterizaban; ahora, los rasgos de Harry sólo están cubiertos por el cansancio de las malas noches.

En segundo lugar, el dormir menos de seis horas lleva a Harry a un estado de irritabilidad absoluta y constante, lo que a su vez conlleva que él padezca de fuertes dolores de cabeza que nada ha conseguido aliviar. No está demás decir que, su madre detesta ver a su pequeño cachorro sufrir de las dolencias sin remedio, Jena espera que este nuevo doctor pueda curar a su hijo.

—No te preocupes por eso aún, cachorro. Estoy segura de que encontraremos una solución para tu padecimiento —Jena intenta consolar a su hijo y este asiente.

Cuando los cabellos se detienen frente a un gran edificio, los omegas bajan del carruaje e ingresan a la infraestructura.

Una recepcionista les da un vistazo rápido y les sonríe cuando llegan hasta ella.

—Buenos días —ella asiente en su dirección y pregunta—: ¿Tienen una cita agendada o desean una?

—Buenos días. El Doctor Huber me comentó sobre el médico nuevo que vino de Londres y me dijo que viniese, él hizo la cita a nombre de Jena Styles.

La recepcionista mira la lista de nombres y se pone de pie.

—Permítame un segundo, por favor. Voy a confirmar los registros y le diré al Doctor Tomlinson que están aquí.

—Por supuesto. Muchas gracias.

Y la omega desaparece por el pasillo de la derecha, con los registros de la cita de Jena en sus manos.

Dos minutos después, cuando Harry y Jena han decidido tomar asiento en la recepción, la omega regresa con una sonrisa en su rostro.

—El Doctor Tomlinson dice que pueden pasar. Los está esperando en la habitación al final de ese pasillo —ella señala por dónde acaba de caminar.

—Muchas gracias —dicen los omegas y ambos parten hacia donde se les ha indicado.

Harry camina detrás de su madre, con temor de lo que sea que el médico pueda decir sobre su condición. Él espera que haya una solución a su malestar.

Cuando están frente a la puerta, Jena toca y un leve “pase”, amortiguado por la madera, se escucha.

El par de omegas se miran y la madre de Harry se encarga de abrir la puerta.

Lo que primero llama la atención de Harry no es el imponente alfa que se encuentra sentado detrás del escritorio, sino el fuerte y cautivador olor de café molido que baña todo el consultorio. Harry se encuentra fascinado por el aroma, y su omega se vuelve loco en cuanto lo detecta; sin embargo, él lo ignora y trata de calmarse a sí mismo para no ridiculizarse de alguna manera.

En cuanto el alfa los mira, con una sonrisa de amabilidad en su rostro, Harry deduce que no debe tener más de veinte y cuatro años, y que se ve demasiado bien con esa fina capa de barba cubriendo su mandíbula.

El doctor es realmente atractivo, mucho más que los alfas que su madre ha elegido para su cortejo después de su presentación a la sociedad como un omega listo para formar una familia; Harry espera que el alfa frente a él esté disponible y se sume a quienes desean tenerlo.

—Buenos días —saluda el doctor mientras se pone de pie y se acerca a ellos—. Usted debe ser Jena Styles, mucho gusto. Huber me habló sobre usted y su hijo.

El alfa mira hacia Harry cuando lo dice y las mejillas del omega se ruborizan.

—Buenos días, Doctor…

—Tomlinson. Louis Tomlinson —completa él por Jena.

—Un gusto señor Tomlinson —ella asiente en su dirección—. Espero que Huber haya dicho sólo cosas buenas sobre nosotros.

—Nada más que bueno —el alfa bromea, sin quitarle los ojos de encima a Harry—. Por favor, tomen asiento e iniciemos con la consulta.

Y los tres se dirigen al escritorio de Louis. Los omegas se sientan uno a lado del otro en las sillas, y Louis frente a ellos con el mueble de madera poniendo distancia.

—Bien. Por favor, cuéntenme lo que está sucediendo —él les sonríe y toma una ficha de registro—. Me sabrán disculpar, pero Huber no me comentó del todo lo que sucedía, tan sólo me dijo que necesitan la visión de otro especialista.

Jena arregla la falda de su vestido y suspira.

—Sí, desgraciadamente, es cierto —ella coloca una mano sobre el brazo de Harry—. Mi cachorro, mi pequeño Harry, ha tenido muchos malestares durante las últimas semanas y estoy realmente preocupada por eso.

Louis asiente y mira hacia el omega.

—Bien. Harry, ¿cierto? —él asiente—. ¿Podrías describir tus dolores, por favor?

Él traga saliva y hace un recuento de sus afecciones.

—Como mi madre le ha dicho, he tenido varios —Harry se sienta correctamente en la silla, enderezando su espalda para verse mayor—. Desde el insomnio, ¡apenas duermo algo durante la noche! Hasta este terrible dolor de cabeza que no se va en ningún momento y, por el cual, soy víctima de la irritabilidad.

Louis mira fijamente cómo la boca del omega se mueve mientras este explica todo lo que lo ha atacado a su sistema. Las fosas nasales del alfa se dilatan un tanto cuando distingue el tierno olor de rosas que desprende el omega. Él carraspea cuando ha hilado lo que puede sufrir Harry.

—Sepan disculpar mi siguiente pregunta, pero.. —el par de omegas lo escuchan con atención— ¿Harry tiene alfa?

Las mejillas rojas de Harry son suficiente respuesta para él, pero la madre del omega habla en voz alta.

—¡Claro que no! ¡Apenas tendrá su presentación dentro de unos meses!

Entonces, tiene diecisiete. Piensa Louis cuando se da cuenta de la realidad.

—Disculpe mi atrevimiento —él intenta calmar a la omega que lo mira como si quisiera matarlo por la pregunta—. Pero era un dato sumamente importante que necesitaba conocer, debido a que, creo saber que es lo que afecta a Harry.

El nombrado mira con curiosidad lo que el alfa tiene por decir. ¡Al fin regresará a la normalidad!

—Entonces, explíquese, doctor —dice Jena sin sutileza, exigiendo la información.

—Se han realizado un par de estudios en Londres, y otros países de Europa, y todos los expertos en el área han concluido que muchos omegas están sufriendo actualmente de, lo que han decidido denominar, “Histeria Omega”.

Tanto Jena como Harry miran con horror al médico, con sus ojos abiertos y sus bocas en línea recta, al desconocer el significado de las palabras.

—¡Dios mío! —exclama la omega—. ¿Qué es eso, Doctor? ¿Es algo malo? ¿Mi cachorro no se recuperará nunca?

Louis niega, sin embargo, adopta su pose de doctor, colocando sus manos cruzadas sobre el escritorio.

—No sucederá nada malo con Harry —él mira al omega que no se ha movido en absoluto de su lugar—. De acuerdo a los estudios que se han hecho en la capital, los principales médicos de la ciudad han determinado una serie de síntomas para este padecimiento, entre ellos los que ha descrito su hijo. Muchos omegas en Londres están sufriendo de fuertes dolores de cabeza, insomnio, retención de fluidos —él extrae de un cajón de su escritorio un pequeño libro que empieza a leer—, pesadez abdominal, irritabilidad, pérdida de apetito y tendencias a causar problemas, algo que no caracteriza a su casta —Jena asiente ante eso, porque siempre ha sido partidaria a las buenas costumbres y comportamientos en la sociedad—. Según este libro, la condición de Harry ataca a los omegas que han enviudado, son monjas o vírgenes, y como se sabe, estos últimos se caracterizan por no tener alfas con quienes copular.

Jena asiente y presta suma atención a la explicación de Louis.

—¿Hay alguna cura para lo que siento, Doctor? —Harry se anima a preguntar cuando ve las lágrimas en los ojos preocupados de su madre.

—Sí —él asiente en su dirección y nota el ligero ceño fruncido en la frente del omega—. Como he mencionado, las investigaciones sobre la “Histeria Omega” se han desarrollado en Londres y, por lo tanto, la cura también.

—¡Alabado sea el Señor! —Jane dice en voz alta. Los nervios le han ganado la carrera al pensar que Harry pasaría enfermo toda su vida—. ¿Qué debemos hacer para que Harry se recupere, Doctor?

—Bien —él traga—. Según este libro, el método más eficaz para combatir la afección es, realizar masajes a lo largo de la pelvis del omega para que los “paroxismos histéricos” se decanten en su sistema —Louis extiende el libro hacia la familia, y ellos miran con atención las imágenes explicativas sobre el tratamiento médico—. Los estudios han demostrado que, una vez que los omegas se someten a ellos, sus síntomas disminuyen, ¡y en los casos más severos, prácticamente desaparecen!

—¿Desde cuándo podemos empezar? —Jena interrumpe, quiere que Harry se recupere de inmediato. Tal vez así, las posibilidades de su hijo de encontrar un alfa no caigan al piso.

—Permítame un momento —pide Louis, extrayendo una libreta de uno de los cajones de su escritorio—. Estoy disponible para llevar a cabo el procedimiento el jueves por la tarde, ¿eso está bien para ustedes?

—¡Es perfecto! —celebra Jena sin dejar que Harry responda—. Traeré a Harry en tres días, entonces. ¿Necesito comprar algo para mi cachorro?

—No, señora —Louis le sonríe y registra la nueva cita médica de Harry—. Por lo que entiendo, y sepan disculpar mi poco conocimiento sobre el tema puesto que esta sería mi primera intervención con la Histeria Omega, no necesitamos nada más que al paciente y a mí.

Jena luce radiante cuando se dirige de nuevo al médico.

—De acuerdo, Doctor. Yo misma me encargaré de traer a Harry a su consulta a partir de las dos de la tarde.

—Perfecto. Si tienen alguna duda pueden decirme ahora.

El omega toma una honda respiración antes de preguntar.

—¿El procedimiento me dolerá?

Louis mira con cautela cómo sus mejillas se pintan de rojo.

—No, para nada —él reconforta al omega con su negación—. Lo que menos sentirás es dolor.

Y Harry quiere preguntar a qué se refiere, pero su madre prefiere despedirse y dar por terminada la cita médica.

—Muchas gracias por su tiempo, señor Tomlinson —ella extiende su mano y Louis la toma—. Lo veremos el jueves.

—Un placer, señora Styles. Hasta pronto, Harry.

El alfa clava sus ojos en el omega e intenta ignorar la manera en que su alfa rasga su pecho. Sabe que no debería atender a este omega, a su omega, por la Histeria Omega debido a cómo se desarrolla el tratamiento; pero Louis no piensa permitir que ningún otro alfa ponga las manos sobre Harry y lo cure.

—Hasta pronto, Doctor —murmura el omega mientras es arrastrado por el torbellino de energía que es su madre.

Y la puerta del consultorio se cierra, dejando a un alfa ansioso por ver de nuevo a su omega.