Años de Amor ||KaiSoo||

Summary

Parte II: Unexpected Heirs. En otro tiempo había huido de aquel rancho... pero ahora era su propietario  Hacía trece años, Kim JongIn había estado a punto de casarse con Do Kyungsoo, pero la boda había sido suspendida repentinamente. Obligado a marcharse de la ciudad por el poderoso padre de Kyungsoo, JongIn había prometido volver para vengarse del chico que él creía que lo había traicionado. Ahora una inesperada herencia había convertido a JongIn en el propietario de un rancho de Kansas... y en el jefe de Kyungsoo. Por fin podría vengarse, pero antes quería satisfacer otros deseos, para lo cual tendría que seducir a Kyungsoo...   -A D A P T A C I O N.

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Complete
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10
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18+

01

De Lee Yonhye, Propietaria y presidente de Lee, S.A.

A: Mi ayudante personal, Kang Chungho.

Ref. Mi nieto, Kim JongIn.

Mi nieto, JongIn, se marchará a Kansas a finales de semana para dirigir el rancho Lee. Te advierto que no le hará ninguna gracia descubrir que el capataz del rancho es el chico con el que, supuestamente, iba a casarse hace trece años. Para asegurar el éxito de mi plan y ahorrarme sus iras, te ruego que no me pases ninguna llamada de JongIn hasta posterior aviso.

Como siempre, confío en tu completa discreción.

Atentamente, Lee Yonhye.



-Suelta ese rollo de alambre y apártate de la camioneta.

Kim JongIn respiró profundamente, intentando controlar el escalofrío que lo recorría de pies a cabeza. Habían pasado trece años desde la última vez que oyó esa voz tan suave. Pero aunque viviera hasta los cien años le reconocería en cualquier sitio.

Aquel melódico sonido lo había perseguido en sueños durante demasiadas noches como para que pudiese olvidar.

-Te he dicho que sueltes el rollo de alambre y te alejes de la camioneta.

Al oír que cargaba el rifle, JongIn soltó el alambre de espino y levantó las manos enguantadas. Luego, volviéndose para enfrentarse con la razón por la que se fue de Kansas con la ley pisándole los talones, sonrió, irónico.

-Ha pasado mucho tiempo, Kyungsoo.

Do Kyungsoo abrió mucho los ojos y el cañón de su rifle se movió un poco hacia abajo. Pero ésa fue la única indicación de que estaba sorprendido.

-No sé qué estás haciendo aquí, Kim JongIn, pero te aconsejo que subas a tu camioneta y te vayas por dónde has venido. Si no, llamaré al comisario.

Él suspiró. Estaba más hermoso ahora que cuando tenía dieciséis años. Su pelo negro y sus ojos negros.

JongIn tuvo que tragar saliva mientras bajaba la mirada.

-Llama al comisario. Que yo sepa, no es un delito que un hombre arregle su cerca en su propiedad.

-Este rancho no es de tu propiedad. Es de la empresa Lee y esto es un allanamiento...

-No, no lo es -lo interrumpió JongIn, dando un paso hacia él.

-Si das un paso más, te pego un tiro.

-Eso no sería muy amable por tu parte, cariño.

-No me llames así.

-Antes te gustaba -replicó él.

-Eso es historia pasada. Y ahora, sube a tu camioneta y lárgate de aquí como hiciste hace trece años.

-¿Por qué iba a hacer eso? Ésta es mi casa.

Con el cañón del rifle apuntando a su corazón, sería mejor no decirle que su padre fue el culpable de aquella huida trece años antes o que estaba harto de que un Do intentase echarlo de sus tierras.

-No sé si recuerdas que el rancho Lee ha pertenecido a mi familia durante ciento veinticinco años.

-Y no sé si tú recuerdas que renunciaste a tus derechos sobre estas tierras hace mucho tiempo.

¿Había una nota de amargura en su voz?

-Ahí es donde te equivocas, Kyungsoo -dijo él, dando un paso adelante. Ya casi podía tocar el cañón del rifle -. Sigo siendo el propietario de este rancho y... -JongIn agarró el rifle con una mano y se lo colocó a la espalda, mientras con la otra le tomaba por la cintura.

-¡Suéltame! -gritó Kyungsoo.

-No hasta que hayamos aclarado un par de cosas. - le dijo -Cuando apuntes a un hombre con un rifle deberías estar preparado para disparar, cariño.

-Lo estaba -Kyungsoo parecía sin aliento y JongIn tuvo la impresión de que temblaba, pero debía ser eso, una impresión. Do Kyungsoo era dinamita.

-Los dos sabemos que no podrías pegarme un tiro.

-Devuélveme el rifle y ya veremos.

-No hasta que te calmes.

Sus jadeos le recordaron los cambios que había experimentado su cuerpo desde la última vez que lo vio. A los dieciséis años, Do Kyungsoo tenía una figura que alteraba sus hormonas, pero entonces sólo era un crío...

Cuando lo que había entre sus piernas empezó a molestarlo, masculló una maldición. Ya no era un crío de dieciocho años. Era un hombre de treinta y uno y debería saber controlarse.

-Suéltame.

JongIn lo soltó, pero se quedó con el rifle.

-Me quedaré con esto un ratito más.

-Como quieras - Kyungsoo sacó el móvil que llevaba en el cinturón-. De todas maneras, voy a llamar al comisario Wang para que te detenga.

-Muy bien, hazlo.

-¿No te preocupa que te detengan?

-¿Por qué iba a preocuparme? Soy el dueño de este rancho -JongIn dejó el rifle en la parte trasera de su camioneta y se quitó los guantes, que enganchó en su cinturón -. Eres tú quien está en mis tierras.

No le dijo que, aquella vez, al comisario y a su padre iba a resultarles muy difícil echarlo de allí.

-¿Yo? - Kyungsoo se apartó un mechón de pelo de la frente-. Lee, S.A. es la multinacional que compró el rancho cuando se fueron tu madre y tú.

-¿Y cómo sabes tú eso?

-Porque soy el capataz del rancho. ¿No crees que debería saber quién es mi jefe?

JongIn no podía creerlo. ¿El padre de Kyungsoo, el juez de la ciudad, permitía que su precioso hijo trabajara? ¿Y en un trabajo donde tendría que ensuciarse las manos? Qué interesante.

Aparentemente, Lee Yonhye había omitido un par de detalles importantes cuando, después de contarle que era su abuela, le devolvió el rancho. Le había explicado por qué le pidió a su madre que firmara un documento por el que no podía revelar la identidad del padre de su hijo hasta que ella lo decidiera. Incluso había resuelto el misterio de quién había avisado a su madre la noche que el comisario iba a detenerlo porque, por lo visto, un investigador privado le había seguido los pasos desde el día que nació.

Pero no le había dicho que Do Kyungsoo fuera el capataz del rancho. Y en cuanto volviera a casa pensaba llamar a Kansas para enterarse de qué otras sorpresas le tenía preparadas.

-Sé que esto es una sorpresa para ti, pero soy el dueño del rancho insistió.

Kyungsoo palideció, pero siguió negando con la cabeza.

-No te creo. Cuando Kang Chungho me llamó la semana pasada para hablar del informe trimestral, no me dijo que hubieran vendido el rancho.

A JongIn no le sorprendió oír el nombre del ayudante y mano derecha de Yonhye. Su abuela confiaba absolutamente en aquel hombre, que era la conexión entre ella y los directores de todas sus empresas.

-¿Por qué no vuelves al rancho de tu padre y llamas a Chungho? - sugirió JongIn, quitando las balas al rifle antes de devolvérselo.

-Eso es lo que voy a hacer.

-Después, volveremos a hablar -JongIn volvió a ponerse los guantes para seguir arreglando la cerca -. Te espero mañana en mi casa a las nueve.

-¿Por qué?

No parecía muy contento de tener que volver a verlo. Y estaba seguro de que no creía su historia.

-Porque tendremos que discutir los términos de tu contrato. Además, tengo entendido que lo más normal es que el propietario de un rancho y su capataz trabajen hombro con hombro.

Kyungsoo lo fulminó con la mirada antes de volverse hacia su camioneta.

JongIn lo observaba, sin poder apartar los ojos de su trasero. Seguía dejándolo sin aliento y con un mero roce podía ponerlo duro como una piedra.

Pero debería recordar que su padre era el juez Do Jaeyoon, el ser más iracundo y odioso que había sobre la faz de la tierra. Un hombre que tenía a la mitad de los policías de la ciudad en el bolsillo y a la otra mitad muertos de miedo.

Si Do se hubiera salido con la suya, él estaría en la cárcel simplemente porque había intentado casarse con su hijo.


♡♡♡

A la mañana siguiente, Kyungsoo recorrió los diez kilómetros que separaban el rancho, preguntándose por enésima vez qué iba a hacer.

Kang Chungho le había confirmado todo lo que dijo JongIn y, sintiendo como si su mundo hubiera vuelto a ponerse patas arriba, no pudo pegar ojo en toda la noche, reviviendo el pasado y preguntándose qué le depararía el futuro.

Había tardado años en olvidar a JongIn después de que éste se fuera del pueblo sin mirar atrás, y verlo después de tanto tiempo la había perturbado más de lo que hubiera podido imaginar.

Y cuando le tomó por la cintura para quitarle el rifle... Kyungsoo no podía creer que un escalofrío de emoción lo hubiese recorrido entero al sentirse aplastado contra su torso. Eso lo asustó y él no era de los que se dejaban asustar.

Cuando era un crío estaba convencido de que JongIn era el hombre de su vida. Él tenía dos años más que él y era el chico más guapo del pueblo. Con su pelo castaño, su altura y su encantadora sonrisa, era el sueño de todas las adolescentes y la pesadilla de todos los padres. Se le aceleró el pulso al recordar lo que había sentido la primera vez que JongIn clavó en él sus ojos de color marrones. Se había enamorado de él al instante.

Pero su padre estaba en contra de esa relación. Le dijo que aquel chico era problemático, que no le convenía... Nunca le había explicado por qué pero, desgraciadamente, pronto descubrió que su padre tenía razón.

Cuando el comisario y él evitaron que se casaran durante las vacaciones de verano, JongIn desapareció. Él había esperado durante meses una llamada, una carta, que se pusiera en contacto de alguna forma para explicar su repentina desaparición...

Pero no fue así, y llegó a la conclusión de que su padre estaba en lo cierto. JongIn ni siquiera había tenido valor para decirle a la cara que lo suyo había terminado.

Pero ahora estaba de vuelta. Y era su jefe. ¿Cómo podía ser el destino tan cruel?

Era una situación imposible.

Cuando llamó a Wichita, esperaba que el señor Kang le dijese que todo era mentira y le diera su bendición para echarlo del rancho. Pero, sin dar detalles, Kang Chungho confirmó que ahora Kim JongIn era el propietario del Rancho y que, según su contrato, tendría que trabajar para él durante los próximos cuatro años.

Después de aparcar la camioneta tras la enorme casa, Kyungsoo tragó saliva. No se había atrevido a contarle nada a su padre. No se encontraba bien, y saber que JongIn estaba de vuelta seguramente agravaría su condición. Y hasta que decidiera qué iba a hacer no tenía sentido darle un disgusto. Además, él ya estaba suficientemente estresado por los dos.

Tomando el sobre que había dejado sobre el asiento del pasajero, Kyungsoo bajó de la camioneta, rezando para que ocurriese un milagro. Porque en aquel momento su única esperanza era una intervención divina.

Kyungsoo subió los escalones de la casa y llamó a la puerta. Pero no abrió JongIn, sino una mujer de unos sesenta años.

-Tú debes de ser Do Kyungsoo -lo saludó-. Yo soy Hyun Jyuni. Mi marido, Chiyeon, y yo llevamos años cuidando de esta casa, pero no habíamos tenido el placer de conocerte.

No le sorprendía. Antes de que JongIn se fuera del pueblo, su padre le había prohibido acercarse a ese rancho. Y cuando se convirtió en capataz, seis años antes, no había ido a la casa de los Kim porque le recordaba sus sueños rotos.

Debería haber sido el esposo de JongIn, debería haber vivido en aquella gran casa con él y con su madre. Mientras él dirigía el rancho, él, supuestamente, iba a dar clases y juntos iban a criar un montón de niños, a vivir felices.

Kyungsoo sacudió la cabeza para apartar esos pensamientos.


He hablado con Chiyeon por teléfono muchas veces, pero nunca había estado aquí.

-Bueno, pues ahora que has venido, espero que lo hagas más veces sonrió Jyuni, señalando una puerta -. JongIn está esperándote en la oficina. ¿Quieres tomar algo? Acabo de sacar un pastel de manzana del horno y tengo café recién hecho.

-No, gracias, muy amable -contestó Kyungsoo -. Espero que esta reunión no dure mucho. Tengo que ir al almacén de Joobin a comprar suministros.

Aparentemente satisfecha con esa explicación, Jyuni asintió.

-Si cambias de opinión, estaré en la cocina. - Mientras la mujer se alejaba, Kyungsoo intentó componerse un poco antes de llamar. Lo último que deseaba era mantener aquella reunión, pero no podía evitarlo.

Antes de que pudiera cambiar de opinión, llamó a la puerta y asomó la cabeza.

-¿JongIn?

Él estaba sentado tras un escritorio de roble, hablando por teléfono.

-Me alegro de que Luhan y tú lo pasaran bien en Italia -él le hizo un gesto para que se sentara-. Llámame cuando sepas algo de Chanyeol. Hasta luego, Sehun.

Cuando colgó el teléfono y levantó la mirada, su sonriente expresión había desaparecido.

-Supongo que has hablado con Kang Chungho.

Nervioso, Kyungsoo se sentó al borde del sillón y dejó el sobre en la mesa. El señor Kang me ha confirmado que eres el propietario del rancho y que debo discutir los términos de mi contrato contigo.

JongIn lo miró con una expresión indescifrable antes de abrir el sobre.

Kyungsoo esperaba, nervioso. Cuando firmó el contrato, el señor Kang le aseguró que los términos se tratarían con la máxima discreción y que sólo un puñado de personas sabría por qué había aceptado trabajar para ellos durante diez años.

Cuando JongIn lo miró por fin, con expresión interrogante, Kyungsoo quiso que se la tragara la tierra.

-¿Te importaría explicarme esto?

Humillado, tuvo que morderse los labios para disimular el temblor. Pero luego levantó la cabeza, orgulloso.

-Me parece que está bien claro. No sólo eres el propietario de este rancho, también eres el propietario del rancho de mi padre.