we can yo where our eyes can take us // Larry Styl

Summary

Solo Harry haciendo nidos en lugares extraños y Louis siendo un alfa paciente que lo ama mucho.

Genre
Romance/Erotica
Author
Levi
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

—¿Harry? ¿Dónde te metiste, cariño? —Cerró la secadora, aliviado de que no estuviera ahí, con todo su cuerpo recogido apenas pudiendo respirar. La última vez habían discutido solo porque Harry había comenzado a amontonar un montón de ropa dentro del cilindro de la máquina.

—Ni siquiera tu pie va a poder entrar allí, Hazz.

—Cállate.

Harry terminó por desarreglar el apenas comienzo de nido con pucheros en labios y sin dirigirle la palabra a Louis en lo que duró el día.

—¿Harry? —volvió a llamar.

Louis subió las escaleras en dirección hacia su habitación, donde pudo encontrar las sábanas de la cama del nido anterior en un estrecho y apretado guardarropa. Harry no estaba allí.

Harry era un omega excéntrico, testarudo y terco. Un omega como ningún otro. Las últimas semanas había estado desapareciendo del dormitorio y escondiéndose, haciendo nidos en los lugares menos imaginados.

Una tarde cuando Louis volvía de su trabajo, le llamó al estar en la puerta, extrañado de no oírle o recibir algún saludo malhumorado de su parte por cómo el alfa siempre le exigía recibirlo. Harry se la pasaba alegando no ser un omega casero, expresando su sentir de molestia y extrañeza a pesar de que muchas veces recibió a Louis con una cena o se quejó con él sobre los turnos de la colada. De cualquier forma, muy en contra de sus palabras, Harry odiaba salir sin Louis a su costado y, aun así, Harry siempre terminaba por recibirlo con sus piernas enredadas en su cintura, contento de tenerlo de regreso luego de las horas de trabajo del alfa.

Louis, por su parte, era un alfa muy inseguro que realmente no tenía idea de cómo había terminado con Harry como su pareja. Detrás de sus intenciones, estaba la preocupación de que Harry un día simplemente no le recibiera por haberse marchado. Cuando Harry no corrió hacia él, su inquietud lo nubló temporalmente.

Sin embargo, el ruido le calmó el pecho enseguida. Y caminó hasta donde ya sabía que se encontraba su omega; en su oficina.

Apenas abrió la puerta, el olor del omega salió disparado por todos lados. Golpeó el rostro de Louis hasta tenerlo mareado y bobo caminando hacia él. Lo halló debajo del escritorio de su oficina, donde Harry había acomodado otro montón de sábanas por encima y debajo de él. Solo sus rizos castaños se dejaban asomar.

—Mi amor —Le acarició los rizos con movimientos dulces. Harry no demoró en salir, rostro adormilado y ojitos apenas pudiendo abrirse—, ¿qué haces aquí, bebé? ¿No me escuchaste llegar?

Harry negó como pudo, acomodándose hacia el toque de Louis.

—Lou, tengo mucho sueño —balbuceó.

—Lo sé, bebé. ¿No quieres llevar tu nido al dormitorio?

Harry terminó de despertarse y le miró fijo, sus ojos más verdes que nunca y su frente arrugada en un gesto de confusión, tal vez de enfado.

—¿Pero qué dices? —le preguntó sin borrar su rostro—. Yo no anido, qué estupidez.

Louis guardó la risa que amenazaba con salir.

—¿No anidas? —le preguntó con sarcasmo—. Pero hiciste un nido al lado de la lavadora y te enfadaste conmigo cuando te mencioné que no podía dejarte dormir en él. ¿Qué pasó con el nido del armario? ¿Ya no te gusta, hmm?

Las mejillas de Harry no demoraron en pintarse de un rojo cereza, que Louis no pudo apreciar debidamente por cómo Harry se cubrió el rostro apenas supo que había sido pillado.

—Vete si vas a seguir con esas estupideces —le reclamó desde dentro. Louis se sentó mejor sobre el suelo, permitiéndose reír un poco—. Ya te dije que yo no anido. Nunca.

—Vale, vale —Louis acarició su cabeza por encima de su sábana—. ¿Pero cómo explicas el que hayas marcado este sitio con tu olor?

—¡Louis! —chilló fuerte.

—¡Está bien, está bien! —Louis se alejó del omega cuando este lo empujó, aún oculto por debajo de las sábanas—. ¿Vas a quedarte a dormir aquí, precioso? ¿Quieres que te traiga algo mío?

Louis esperó a que Harry se volviera a quejar, pero el omega guardó silencio hasta que se volvió a asomar desde su nido. Louis solo pudo ver sus ojos y parte de su naricita ruborizada.

—¿Podrías traerme tu chaqueta? —preguntó en murmullos.

—¿La azul? —Harry sacudió sus rizos.

—No, la amarilla, por favor.

Louis le sonrió ampliamente antes de agacharse y besarle la frente. Cuando el alfa se colocó de pie, Harry volvió a ocultarse en el cuarto nido que llevaba en la semana.

Louis durmió a lado del nido en su oficina porque Harry se negó a moverse del lugar incluso cuando debía doblar sus piernas para estar cómodo.

El nido no duró dos días. Harry luego estuvo andando por toda la casa, mirando con atención cada rincón del sitio. Louis le miraba de lejos, a sabiendas de que no debía preguntar a menos que quisiera terminar en otra discusión sin sentido.

De cualquier manera, la situación no terminó muy bien cuando Louis regresó del trabajo después; se halló a Harry llorando con enfado sobre el piso de la habitación.

—Bebé —Louis sostuvo su rostro—, ¿pasó algo?

Harry limpió su nariz, sacudiendo su cabello sobre su rostro. Louis tomó una de las colchas que le rodeaban para arropar sus hombros.

—Es una estupidez —susurró con indignación—. Te vas a burlar de mí.

Louis le apartó el cabello del rostro y le limpió sus lágrimas con cuidado.

—No, bebé, juro que no me voy a reír.

Harry formó un puchero antes de gatear hasta el regazo de Louis. Se acurrucó en su cuello con un suspiro y con los brazos de Louis no demorando en envolverlo.

—Quiero poner la cama aquí —murmuró sobre la piel de su cuello—, pero no está quedando como quiero… No hay almohadas suficientes que lo sostengan, Lou, y me enoja mucho porque… porque no me gusta cómo está quedando.

Louis le acarició la espalda con paciencia.

—¿Qué está mal con tu cama, precioso? —Harry se separó de su cuello y señaló el alrededor.

—¡Todo, todo está mal, Lou! —Gruñó ligeramente—. ¡No hay suficientes almohadas ni sábanas! ¡No puedo hacer absolutamente nada!

—Podemos desarmar uno de los nidos, amor.

Harry se giró hacia él violentamente.

—¡No! —exclamó—. ¡Y no es un nido!

—Está bien, amor, lo siento. —Le acarició la espalda con paciencia. Pronto, Harry se calmó y volvió a recostarse sobre su hombro. Louis lo meció hasta que su olor se tornó dulce a su alrededor—. ¿Qué tal si vamos de compras, precioso?

Harry, medio adormilado, asintió con un puchero en sus labios.

—¿Podemos comprar también algunos peluches?

Louis le asintió en respuesta, todavía dedicándole atención a la piel suave de la espalda del omega.

Temprano por la mañana, Harry extrañamente amaneció a su lado en la cama. A sabiendas de que había estado toda una semana durmiendo en los rincones más raros de la casa, Louis no encontró más motivos alentadores que la salida a la tienda. Honestamente, esperó que la idea se fuera de la cabeza a Harry apenas fuera otro día, pero Harry no demoró en lanzarse sobre sus brazos con mejillas hinchadas del rubor y con los labios demasiado tentadores como para que Louis se negara a darle cualquier cosa.

Harry no se apartó de su regazo en todo el día, ni siquiera cuando Louis estuvo manejando hacia el almacén de la ciudad. Louis tuvo que colocarle el cinturón de seguridad y mantenerlo en su lugar con una mano sobre su descubierta rodilla.

Harry había decidido que era buena idea vestir shorts y la camiseta que siempre le colgaba del cuello. La marca brilló bajo los rayos del sol, tan llamativa que Louis pronto se encontró demasiado inquieto por los ojos de los demás que miraban con atención al omega andando de su mano.

—Amor, escucha. —Louis tomó el rostro del eufórico omega entre sus manos. Harry le miró con las cejas en alto y los labios apretados entre sí—. Solo vamos a comprar un par de almohadas y un edredón.

—Cuatro almohadas y dos edredones —Harry negoció enseguida.

Louis rodó los ojos, presionando más sus manos sobre sus mejillas.

—¿Para qué quieres cuatro almohadas? Tomaste todas las de las habitaciones de invitados y las de la sala. Además, no hace frío como para… —Harry hizo un puchero.

Sus manos se entrelazaron en el cuello del alfa.

—Alfa, por favor —suplicó—. Solamente compremos eso y no molestaré más.

Louis fingió pensarlo, pero terminó entrando con Harry a la tienda al poco tiempo.

Harry enseguida recorrió la tienda, aplastando almohadas y revisando las etiquetas de cada una de las sábanas del lugar. Al final, dos edredones terminaron siendo tres y una sábana de landa. Cuatro almohadas se duplicaron.

Los peluches acabaron siendo solo dos, para suerte de Louis.

—¿Has visto esas almohadas de cuerpo entero? —Harry le mencionó antes de que salieran de la tienda.

—Harry…

El omega gimió, tirándose contra sus brazos y restregando su olor contra él.

—No gimas. —Louis dejó una palmada sobre su trasero, pero Harry solo se inclinó más a su toque—. Vas a llamar la atención de otros alfas y me enojaré mucho.

Harry se separó solo lo suficiente como para besarle la barbilla. Le miró con ojos brillantes.

—¿Te vas a enojar conmigo, alfa?

Louis rodó los ojos, descansando su mano sobre el culo de Harry y aprovechando para acariciar la nalga que le había golpeado. Harry ronroneó, volviendo a restregarse contra su cuello.

—Estás muy mimoso últimamente —le murmuró, abrazando su cintura.

Harry se separó de golpe, con la misma energía repentina que llevaba en sí desde que habían salido.

—¡Vamos por helado!

Cuando llegaron a casa, Harry no demoró en abrir y sacar todas las compras de sus empaques. Louis vio al omega irse cargado con todo encima de él, solo sus pies viéndose por cómo las sábanas le cubrían todo. Era un fantasma andante.


(…)

—Cariño. —El omega que estaba acurrucado entre las sábanas apretó el agarre que tenía en la cadera del alfa con su pierna, la única extremidad que se dejaba asomar desde su escondite. Su agarre no era muy firme y Louis sabía que podría apartarlo fácilmente de no ser porque también tenía el peso de la cabeza de Harry en su otro brazo.

—Tengo que levantarme. ¿Podrías dejarme ir? Sé que te sientes muy cómodo con tu alfa cerca, pero…

—Ugh.

Louis sonrió cuando el omega se estremeció debajo de las sábanas, pero accediendo a la petición. Se apartó con pereza, alejando su cabeza y haciéndose una bolita en el otro costado de la cama. Louis, antes de levantarse, besó sobre las sábanas que cubrían al omega donde él creía que estaba su frente o nariz —quizás su boca con mucha suerte—. También lo marcó con su olor para que el omega se mantuviera relajado y dejara de estremecerse tanto por la falta de su presencia.

Marchó directo al baño para prepararse, no tardó mucho tiempo para cuando ya estuvo listo. Cuando volvió a la pieza, el omega mostraba parte de su rostro fuera de las sábanas, somnoliento con su vista fija a la entrada del baño. Cuando sus ojos hicieron contacto, se volvió a meter dentro. Louis evitó reírse porque sabía que aquello le molestaría y, en su lugar, se acercó despacio hacia él para meter sus manos dentro de las sábanas y agarrar su rostro para poder sacarlo.

Lo miró fijo por un momento, el omega viéndose adormilado y algo enojado. Pese a ello, le besó los labios y el omega correspondió enseguida, para su felicidad y tranquilidad.

—Hoy hueles delicioso. —Se apartó ignorando esa aura irritada que Harry empezó a mostrar por sus palabras.

Harry no era muy bueno en controlar sus feromonas, por ello no le gustaba que Louis pudiera olerlo siempre. Por su parte, Harry solo podía olerlo si así Louis lo quería.

—Me estoy yendo, ¿no me vas a despedir? —El omega no se movió de su sitio, pero se le quedó mirando fijamente. Louis sabía que se lo estaba pensando y aquello era suficiente.

Para terminar de convencerlo, le sonrió ampliamente. El omega trató de resistirse, pero terminó sonriéndole de regreso, dejándole admirar sus hoyuelos. Se dijo mentalmente que debía besarlo justo allí apenas volviera, en esos huequitos.

—Ten un buen día —murmuró Harry volviendo a enterrarse dentro de toda la ropa y las sábanas. Louis no buscó sacarlo fuera nuevamente, simplemente siguió su camino de vuelta hacia la puerta.

—Volveré enseguida. Ten cuidado de donde anidas hoy. —Ignoró el gruñido que el omega le hizo y, antes de salir por completo, se detuvo y esparció feromonas en la habitación, muchas, riendo un poco por cómo el omega se sobresaltó cuando lo sintió.

Se movió en la cama con pequeños quejidos; sin embargo, Louis siguió marcando la habitación y, cuando estuvo contento del resultado, se fue cerrando la puerta para que el olor permaneciera dentro. Se fue con la idea de que tal vez así Harry no buscaría un lugar extraño para anidar durante su ausencia.

En un par de minutos, Harry comenzó a sentir demasiado calor. Cotidiano como se oyera, había planeado recibirlo con una cena, ya que había estado particularmente mimoso desde anoche y solo quería hacerlo para recibir más caricias de su parte. Pero sus planes se vieron interrumpidos por sus temblorosas piernas, debido a que desde que Louis había liberado sus feromonas, comenzó a sentirse extraño. El olor le atacaba directamente por todos lados.

Se estremeció cuando su lubricante empezó a humedecer su parte baja. Salió de las sábanas respirando agitadamente cuando ya no pudo soportar más su piel hirviendo. Gruñó molesto y frustrado por no poder ignorar sus sensaciones; sabía qué le pasaba y lo estaba volviendo ansioso.

—Agh… Tonto, Louis. Imbécil —se quejó. Buscó por la cama el suéter amarillo que siempre quería tener cerca, intentó ponérselo en un intento de calmarse, pero no consiguió mucho.

En algún momento, Harry se había dado cuenta de que era muy sensible, pero la forma en la que su cuerpo reaccionaba cuando Louis simplemente liberaba su olor de forma posesiva, controladora, y hasta cuando se encontraba emocionado y en ocasiones muy molesto, era increíble. Perdía el control.

Sabía que Louis había marcado la habitación con su olor por ello, porque Harry se volvía dócil y muy obediente. Lo había hecho para que no dejara la habitación, y lo estaba logrando.

Y allí estaba Harry, atrapado con todo ese olor, agitado, sudando y goteando. El suéter quedó atrapado en su cuello cuando se apresuró a quitárselo junto a sus pantalones, desnudando solo la parte inferior de su cuerpo. Se puso de costado en la esquina izquierda, molesto por tener que hacerlo, enfadado porque no estaba él y al mismo tiempo aliviado porque si Louis estuviera junto a él, hubiera sido un mayor desastre.

Gimió cuando tomó con una de sus manos su pequeño pene erecto y palpitante. Una vez sería suficiente, únicamente se tocaría una vez, porque por suerte su cuerpo no estaba reaccionando totalmente al olor de Louis y porque el alfa no fue demasiado lejos con sus intenciones. Sabía que Louis no era tan despistado y tonto como para no notar su estado al instante; desde que liberó sus feromonas, el omega reaccionó y era poco probable que él no se hubiera dado cuenta.

—Tonto, tonto…—Un gemido ahogado detuvo sus quejidos y se estremeció por completo.

Su mano se movía lento y luego un poco más rápido, con el olor del suéter atacando directamente a su nariz, amarrado todavía en su cuello. Se sentía bien, su propia mano no era suficiente, pero se sentía bien. Llevó sus dedos a la punta de su miembro goteante y se embarró del líquido mientras sentía la humedad deslizarse lentamente.

Sin detener el movimiento, de arriba hacia abajo, lento y un poco más rápido, introdujo uno de sus dedos entre sus nalgas. Gruñó frustrado por llegar a eso, mientras temblaba y se estremecía por lo bien que se sentía, el tocarse y la sensación del olor de su alfa abrazándolo cada vez más. Torpemente, trató de mantener un ritmo en ambas zonas, pero al poco rato se concentró en penetrarse con sus dedos, dos y luego tres, entrando y saliendo, con las piernas temblorosas tratando de sostenerse mientras se extendía. Buscaba en su interior caliente ese punto, deseando algo más sin poder obtenerlo finalmente, pero tratando de que sea suficiente.

Todo su cuerpo se tensó y gimió muy alto, recogiendo los dedos de sus pies, con los latidos de su corazón acelerados y su respiración cortándose tanto que le provocaba hipidos involuntarios, anticipando la sensación que le recorría el cuerpo entero. Se estremecía y temblaba más, imposible de poder seguir los movimientos de sus dedos con su cadera, aunque su pene ya expulsaba el líquido blanquecino y espeso.

—Oh, Louis, eres un gran imbécil… —Rodó sobre su espalda con su pecho subiendo y bajando, agitado, cansado, débil e irritado.

Estiró sus brazos a lo ancho de la cama y cerró sus ojos mientras se calmaba, pensando en lo que acababa de hacer. Tuvo que hacerlo dos veces más, antes de por fin calmarse lo suficientemente como para salir. En la última ocasión, aprisionó entre sus dedos la tela del abrigo de Louis mientras volvía a follarse con sus dedos; cuando la respiración casi se le cortó, se corrió duramente sobre las sábanas. Las caderas le temblaron durante un buen rato.

(…)

—Harry, estoy en casa —habló con un volumen alto y un tono animado, se sacó los zapatos en la entrada de la casa. Harry no apareció.

Agudizó un poco más sus oídos, escuchando de fondo a la lavadora. Extrañado, se acercó a la lavandería.

Encontró al omega en el sofá que le había comprado para aquella habitación por cómo había hecho un nido en la lavandería previamente. Se acercó lentamente a él; estaba acurrucado con el edredón de la cama y algo de ropa. No parecía ser un nido, pero de igual forma Louis guardó su distancia. Sonrió por cómo apenas se le veían sus ojos cerrados. De cerca, pudo notar sus pestañas húmedas y que había tomado un baño.

—Harry. —El omega se comenzó a despertar lentamente y, tan pronto como advirtió a Louis frente a él, le lanzó una mirada furiosa.

Harry decidió ignorarlo, rodándole los ojos y volviendo a cerrarlos.

—Hola —le dijo simplemente, seco y cortante. Louis torció su boca en una sonrisa confusa que Harry no contempló.

Se acercó mucho más a él y se agachó posando sus manos donde estaban sus piernas recogidas.

—¿Por qué estás enojado, cariño? No me tardé demasiado, ¿qué está mal? —El omega se quedó en silencio torciendo su boca en molestia y, como Louis no recibió respuesta alguna ni señal que le advirtiera de la situación, su mente comenzó a reflexionar sobre el malestar en su omega.

Llegó a una solución enseguida. Un error.

—Cierto… Lo siento, no me di cuenta, sé que no te gusta cuando oculto mi olor en casa… Te marcaré. —Se incorporó para tomarlo entre sus brazos y el omega abrió sus ojos, sacando su mano del edredón para evitar que se le acercara, alejándose de un empujón.

Ante este rechazo, Louis se pasmó. Lo miró mucho más confuso, con una expresión un poco herida.

—¿Qué…? Harry, ¿qué sucede?

El omega lo miró ante el sonido de su voz y solo así pudo suavizar su profunda mirada, agachándola a la vez que atraía el cuello del suéter que llevaba puesto a sus labios. El suéter de Louis.

—No me marques. —Hizo una pausa corta, apretando sus labios y, antes de que Louis preguntara más y su angustia aumentara, continuó: —Estoy aún… sensible. Casi… —Se avergonzó un poco y guardó silencio.

—¿Casi? —Interrogó el alfa, aún confuso, pero mucho más calmado. El ambiente pesado comenzaba a disiparse.

Ahora, en el aire se olía dulce, se sentía cálido, justo como Harry. Cuando el omega se sentía abrumado por sus sentimientos, se le volvía imposible de controlar sus feromonas; hacía saber siempre a Louis cómo se sentía con facilidad, no solamente por su olor, sino también con sus mejillas y nariz rojas.

—… Casi me provocas el celo hoy. Si me marcas con tu olor otra vez, puede que esta vez sí suceda… — El omega siguió con su mirada baja.

No podía ver al alfa, pero sabía que Louis estaba sonriendo demasiado, con sus ojos arrugados en los bordes y posiblemente aguantándose las ganas de besarlo.

—¿Y qué tiene eso de malo, precioso?


Harry subió su mirada hacia él. Louis le observaba con una sonrisa torcida, esperando una respuesta verbal, pero Harry lo atrajo con sus piernas y abrazó su cadera con ellas sin que fueran necesarias las palabras, impredecible como lo era usualmente. Cuando estuvieron demasiado cerca, Louis le acarició la pierna en un impulso, esperando una reacción negativa por parte del rizado, pero no hubo una. Entonces, supo que era una luz verde.

—¿Dónde hiciste tu nido esta vez, cariño? Muéstrame.

Para sorpresa de Louis, Harry no renegó a ninguna de sus palabras. Simplemente, alejó sus piernas del alfa, con cuidado se levantó del sofá y le ofreció su mano para que le siguiera; Louis lo hizo con la mente nublada por el olor fuerte que Harry había comenzado a soltar.

—Por favor —Harry susurró bajito mientras le guiaba—, no te vayas a burlar de mí.

Louis se acercó hasta él y le besó el hombro, cerca de la marca. Harry gimió bajo, tambaleando entre las manos de Louis.

—Jamás, mi amor.

Harry lo llevó hasta donde se encontraba la escalera que daba al sótano en el tercer piso. El omega se detuvo, agachó la mirada y comenzó a jugar con sus dedos. Louis pudo observar todo lo que le había comprado a Harry la vez pasada, los peluches uno a uno con uno de los edredones tendidos sobre el suelo. Alrededor de todo, las almohadas formaban un escudo de algodón.

Louis sonrió de costado, sintiéndose demasiado lleno de sentimientos de amor que le provocaron acercarse hacia el cohibido omega y estrecharlo entre sus brazos.

—¿Este es tu nido, bebé? ¿Mm? —Harry asintió, escogiendo un lugar en su cuello para chupar y abrazarse igualmente contra él—. Hmmm, es muy precioso como tú.

Harry se separó de su cuello, orgulloso de la marca que dejó en su alfa. Miró hacia él con ojos cristalinos y una pequeña sonrisita tímida.

—¿Te gusta mucho, alfa? ¡Lo hice para nosotros dos!

Louis le asintió, apartando los rizos de su frente y acomodando su cabello detrás de su oreja. Se inclinó hacia él para besarle los labios, ambas lenguas enredándose y sintiéndose cálidas mutuamente. El sonido de sus besos y de los pequeños gemidos que Harry había comenzado a soltar, frotándose intensamente contra Louis, llenaron el reducido espacio.

—Alfa —Harry se separó con un suspiro profundo y con la voz insistente—, ¿ya me puedo desnudar para ti?

Louis rio ligeramente. Le asintió, y Harry no demoró demasiado en bajar sus pantalones y mostrarle a Louis que no llevaba ropa interior. Se quitó el abrigo amarillo de Louis que llevaba, enredándose en el camino. Louis le ayudó a quitarse la prenda, con su boca llenándose de saliva. De hambre.

En cuanto estuvo desnudo, Harry corrió dentro del nido y se sentó sobre él. Louis comenzó a deshacer los botones de su camisa mientras Harry abría ampliamente sus rodillas para dejar expuesta su linda erección con un brillante glande rosa. Louis se relamió.

Se paró frente a él apenas quitó su ropa interior, y Harry soltó un fuerte sollozo que provocó que los dientes de Louis picaran demasiado. Se arrastró de rodillas hasta el borde del nido y tomó la erección del alfa entre sus fríos dedos.

—Alfa —suplicó mirándole desde lo bajo—, lo quiero en mi boca, por favor.

Louis enredó sus dedos en los rizos de Harry, siseando por el toque de su omega sobre su miembro.

—Precioso —le susurró, tirando de sus cabellos. Harry expuso su cuello con facilidad—, no creo soportar demasiado si lo haces.

—Lou —insistió, sus ojos pegados a su erección. Jugueteo con él, su mano se desplazó hasta su base, donde posteriormente se formaría su nudo—, solo un ratito…

Louis se rindió e inclinó sus caderas hacia él. Harry tomó enseguida su pene entre sus labios, hundiendo su cabeza hacia las caderas del alfa. Se separó de él con un ‘pop’ escapando de sus labios brillantes cuando la punta del pene de su alfa tocó su fondo. Sin embargo, no se rindió cuando volvió a meter la punta en su boca y dejó que su lengua húmeda se delineara alrededor de él cuando lo tuvo completamente en su interior.

—Harry —Louis gruñó, provocando una queja por parte del omega, que abrió más sus muslos para que su lubricante deslizara entre su entrepierna.

Louis tiró su cabeza hacia atrás cuando Harry volvió a introducirlo profundamente. Sentía su lengua moverse a su alrededor y las paredes de su mejilla dándole una bienvenida cálida y resbaladiza; Louis solo pudo comparar el sentir con las paredes internas del omega que le recibían de igual forma cuando lo follaba.

—Amor —Louis gimió. Harry alzó la mirada aún con su miembro entre sus labios. Lo sacó lentamente y ladeó la cabeza esperando una respuesta—. Bebé, no podré aguantar mucho más.

Harry sonrió de lado, asintiendo con demasiada euforia. Le dio una última chupada a su glande antes de retroceder y acostarse sobre la sábana que él mismo había extendido.

—Mi omega obediente —Louis lo halagó, con sus manos inquietas apretando la piel de los muslos de Harry entre sus dedos. El omega le miró con atención, con mejillas rojas y labios demasiado hinchados como para pasar por santo—. Eres tan hermoso, el omega más lindo.

—¿Lo soy, alfa? —Harry cuestionó con ilusión.

Louis asintió al mismo tiempo que se agachaba para besarle sobre el estómago. Aun así, pese a que el alfa había esquivado a propósito su pene erecto contra el ombligo que sostenía un pequeño arete, Harry gimió y alzó su barbilla en alto con la mirada perdida en algún lado. Louis solo siguió un camino de besos que no existía desde su vientre hasta su cuello, donde su marca ya sanada le provocaba dulcemente.

Louis cayó en la tentación y clavó sus dientes sobre el cuello del omega. Lo único que Harry hizo fue soltar un quejido bajito que resonó en la cabeza del alfa, y se corrió sobre su bonita pancita.

—Muy bien, bebé —Louis le besó la mejilla, manchándolo con un rastro ligero de sangre—. ¿Se sintió muy bien?

Harry lo miró con los ojos totalmente verdes. Le asintió, respiración agitada y manos temblorosas sobre su pecho.

—Alfa —volvió a suplicar al poco tiempo, mientras Louis le limpiaba la marca—, ¿vas a llenarme de tus bebés?

Louis se separó. Lo miró por unos instantes antes de presionar su dedo pulgar sobre su lengua. Harry lo chupó con ojos fijos en él, sin su iris asomándose.

—¿Quieres eso, precioso? —Louis besó su mejilla. Con su mano libre, apretó su pene antes de llevarlo hacia la entrada resbaladiza de su omega; Harry alzó sus caderas apenas lo sintió, gimiendo mientras asentía con menos fuerza que antes—. ¿Quieres que te embarace, hmm? Te verías precioso con mis bebés en tu pequeña pancita.

Harry siguió asintiendo. Cuando perdió el dedo de Louis de entre sus labios, se quejó fuertemente con sus ojos no demorando en llenarse de lágrimas. El alfa presionó los dedos alrededor de su cuello.

Se acomodó mejor entre sus piernas. Hundió su glande humedecido por la misma saliva del omega, embriagándose cuando la retiró y observó el lubricante de Harry escaparse y empaparle el miembro. Louis gruñó fuerte, provocando la sumisión de Harry sobre el nido, quien bajó las caderas y se dejó caer como un peso muerto. El alfa presionó un poco más sus dedos sobre el cuello del omega y se introdujo en él lentamente. Harry cerró los ojos despacio, la boca abierta y el pecho agitado, alzándose con sus pezones erectos.

—Mírate —Louis tomó la cadera de Harry—, tan precioso siendo cogido por tu alfa…

—Alfa —Harry suspiró como pudo—. Beso…

Louis se doblegó ante su súplica. Dejó libre su cuello y se entregó a sus labios para besarlo con fuerza. Mientras su lengua se introducía en él, Louis hundió su cadera terminando de entrar en el omega. Lo siguió follando, no saliendo por completo de él, en ningún momento, clavándose con fuerza provocando que incluso el cuerpo de Harry se moviera hacia las almohadas que rodeaban el nido.

Lo dejó respirar después, Harry más acelerado que antes y ya con las lágrimas empapando sus mejillas ruborizadas.

—¡Alfa! —exclamó en gritos.

Louis presionó una de sus manos sobre su pecho, manteniéndolo firme contra el nido y con la mano libre sostuvo su cadera para entrar en él a gusto. Harry solo se dedicó a mantener sus piernas abiertas y temblorosas para él, sollozando con sus manos apretando el antebrazo del alfa.

El alfa se miró a sí mismo entrando en el omega con fascinación, líquido pre seminal mezclándose con perfección junto al lubricante del rizado. Se desplazaba entre las nalgas del omega y Louis podría haber apostado millones a que su nido estaba ya completamente empapado de ambos.

Quiso observar mejor, así que obligó al omega a unir sus piernas por encima de su pecho y las presionó contra él, hacia abajo. Mientras se hundía dentro de él pudo ver la humedad del culo de Harry alrededor de sí mismo, formando un rojo intenso por todas partes.

—Uhm, uhm. —Harry sostuvo sus piernas con sus ojos fuertemente cerrados y mordiendo su labio—. ¡Alfa, voy a…!

Louis lo folló con más velocidad. Presionó su dedo pulgar sobre el borde de su entrada, estirándola hacia arriba para hundirse más profundo en él y encontrar su punto. Lo halló cuando Harry gritó y agitó las caderas violentamente de un lado a otro; Louis lo siguió follando. Lo mantuvo quieto con una mano en su cintura; Harry le miró desde su lugar totalmente ido, con pequeños espasmos cada vez que Louis se volvía a clavar contra él.

—Precioso —Louis gimió entre dientes, observando su nudo ampliándose contra el culo de Harry. Pronto, su base estuvo hinchada chocando contra las mejillas mojadas de Harry.

Solo se detuvo cuando terminó de expandirse y quedó atascado en el interior del omega, cuando tiras de semen se derramaron en el interior de Harry, quien se quejó y estiró sus piernas fuera de su pecho, buscando comodidad. Louis se acercó a él para lamerle las lágrimas que seguía derramando y el omega le abrazó con las piernas sobre su cintura y con las manos sobre los hombros, esperaron que el nudo bajara de esa forma.

Cada uno se sintió afortunado de tenerse mutuamente. Idos en las ondas de sus orgasmos que comenzaban a disiparse, se miraron a los ojos dejando que la profundidad de cada uno estuviera expuesta. Louis, todavía dentro de Harry, se inclinó hacia él para besarle la punta de su nariz. Harry, que nunca borró el sonrojo de sus mejillas, ronroneó como un gatito y lloriqueó cuando los labios de su alfa se alejaron de su piel.

—Alfa —suplicó.

Louis le asintió, limpiando su sudor de su frente.

—Lo sé, mi amor —le susurró con paciencia—. Ya pasará.

Harry negó, apretando más sus piernas sobre su cadera.

—Quiero besos, por favor.

Louis obedeció a su petición sin protestar, besándolo desde sus mejillas hasta llegar a sus labios. El beso fue lento, muy diferente a los que se habían dado mientras sus cuerpos se encontraban entre gemidos elevados, saboreando cada rincón de las bocas mutuas. Sus cuerpos siguieron unidos por un largo rato, donde Louis se dedicó a repasar la marca reabierta de Harry, el omega gemía cuando Louis volvía a correrse en su interior mientras el nudo terminaba de desinflarse. Harry quedó medio dormido cuando acabó.

Louis se separó de él para revisarlo.

—Lou… —lloró con los ojos cerrados. Louis se agachó para besarle su miembro descansando sobre su pancita para calmarlo. Harry se erizó completo, chilló, pero se mantuvo quieto.

—Estoy aquí, precioso —le susurró—, solo quiero mirar.

Harry le asintió y terminó de cerrar completamente los ojos.

Louis llegó hasta la parte baja de su trasero, donde su nudo se había derramado completamente. Harry apenas se quejó cuando le volvió a elevar las piernas contra el pecho; ya se encontraba dormido para entonces.

El alfa, dejándose llevar por su instinto carnal, recogió con dos de sus dedos su corrida huyendo del interior de Harry. Hundió esos dos dedos en su agujero, devolviéndolo a su lugar y pudiendo sentir la cálida bienvenida que su pene había aprovechado, rodeado de su propia corrida acumulada dentro de su omega. Solo tanteó un poco, metiendo sus dedos más profundo en Harry, quien se removió entre las sábanas debido a la intrusión.

—Sensible —susurró apenas.

—Lo siento, bebé —Louis realmente no lo lamentó, volviendo a hacer el movimiento para que su semen se quedara en el punto donde pertenecía.

No logró mucho cuando retiró sus dedos del interior del omega, puesto que volvió a ver cómo su culo expulsaba la corrida de su nudo sin pena alguna. Una tira blanquecina que se desplazó entre sus nalgas hasta caer sobre el nido, manchándolo más de lo que ya se encontraba. Al final, Louis se dio por vencido luego de sentirse medianamente complacido por la imagen que observó, y regresó hasta donde Harry ya había caído dormido por fin.

Lo acomodó entre sus brazos, le besó la frente y lo dejó descansar contra su pecho, donde el omega se acurrucó complacido.

(…)

El Omega apareció corriendo frente a la entrada de la puerta donde Louis estaba comenzando a quitarse los zapatos, llegando luego de un día largo de trabajo.

—Ya llegué, mi amor.

Harry se acercó a él y le rodeó el cuello con sus brazos al mismo tiempo que se impulsaba para rodearle la cintura con sus piernas. Louis lo agarró tambaleándose, ya que apenas había comenzado a quitarse el otro zapato. Cuando acabó, sostuvo mejor al omega que se aferraba a él sin querer soltarlo.

—Bienvenido, alfa —le murmuró mientras aspiraba su olor profundamente. Louis comenzó a dar pasos lentos hacia el interior por la poca movilidad.

No demoró en hallar otro nido que Harry había hecho en medio de la sala, donde antes había dicho que quería hacerlo. Harry lo había estado acomodando mejor antes de que el alfa llegara y le robara la atención

Dejó al omega en el nido, sobre todos los edredones y la ropa, y esperó a que Harry le invitara. El omega lo hizo con un gesto dulce para que se sentara a su lado; le tendió su mano y lo jaló hasta donde él ya se encontraba. Harry no demoró en subirse encima del alfa apenas se ajustó contra las almohadas en una esquina, y se sentó en su regazo abrazándole la cintura con sus extremidades inferiores mientras hundía su nariz en su cuello, cerca de su zona de olor. Louis sonrió viendo más atentamente hacia el hermoso nido; era un poco más grande que el que había hecho hacía un par de días al pie de las escaleras.

Acarició suavemente la espalda del omega con las yemas de sus dedos, notando cómo Harry se estremecía cuando sus dedos llegaban hasta su parte baja y volvían a subir hasta rozarle sutilmente su marca. Cuando se cansó de ello, dedicó su atención directa hacia su cuello, donde lamió repetidamente mientras un Harry se deshacía entre sus brazos, perdiendo la fuerza de todo su cuerpo, dócil y sumiso. Movió su cabeza a un lado dejando su cuello más expuesto para el alfa.

—Hiciste el nido más grande —mencionó luego de unos segundos, alejando sus labios del cuello de Harry. El omega se movió rápidamente para mirarlo y, cuando sus ojos verdes se conectaron con los azules de Louis, el alfa le dio una sonrisa inocente a su mirada furiosa. Le acarició una de sus mejillas y le besó en los labios—. ¿Hay alguna razón para esto?

—No es un nido —siguió insistiendo Harry en un ahogado quejido, ya no muy seguro de sus palabras—, pero ya sé.

—¿Qué sabes, cariño?

—El porqué lo hago… —Miró a su alrededor, sin saber cómo llamarle al lugar donde estaban echados. No había sabido antes por qué los hacía, qué nombres ponerles que no lo llenaran de pena.

—¿Los nidos? —terminó de decir el alfa por él, sonriendo a un Harry que ya estaba listo para renegar, pero Louis le volvió a besar sus labios suaves, un corto pico que lo calló por completo —. ¿Por qué los haces? Cuéntame.

Harry apartó su mirada, buscando esconder nuevamente su cabeza en el cuello de Louis. Respiró su olor profundamente para hallar fuerzas para declararlo, y se mantuvo así un par de segundos hasta que acercó su boca a la oreja del alfa para ya no callar más.


—Busco un sitio adecuado para tener a mi bebé —le susurró muy bajito.