Café by Ery at Inkitt
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Café

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Summary

"Efímero: algo que no perdura, que solo dura un corto período de tiempo"

Genre
Romance/Drama
Author
Ery
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Café

Las gotas de lluvia resbalaban por la ventana con suma lentitud.

La habitación se encuentra sumida en un profundo silencio, uno que ninguno de los dos se atrevía a romper.

Me apoyo sobre el respaldo de la cama, moviendo cada músculo con torpeza y dificultad. Observo a John, quien evita a toda costa mirarme, pero eso no quita, que vea el dolor en sus ojos y es por eso, que decido romper el silencio en el que nos encontramos sumidos.

–Hace diez años conocí a Alisson, –mi voz salió áspera y entrecortada y John lo notó, solo que fingió no haberse percatado de nada. –era la persona más risueña y optimista que había conocido en esos treinta y cuatro años de vida–, Continué hablando con la vista perdida–. Era una tarde como esta. –Desvío la mirada al cielo, al sentir los ojos de John escuadriñándome.

Por un momento, siento como viajo en el tiempo, como los días y los años retroceden, hasta llegar al punto, en el que la persona que fui una década atrás y la persona que soy ahora, vuelven a ser una.

–Había empezado mi primer día de trabajo en aquella cafetería, el local ya estaba algo vacío por lo que pude tomarme un descanso. Entonces, la vi entrar y sentarse junto a la ventana, pese a que quise hacerlo yo, Ángela, mi compañera, fue quien se acercó a ella a tomar su pedido. Ella lo esperó mientras veía su móvil, el cual consiguió sacarle una sonrisa.

Quise acercarme a ella, algo me empujaba a hacerlo, pero no pude, ya que el local comenzó a llenarse.

Pasaron las semanas y ella seguía yendo a esa cafetería cada tarde.

Un día, sin planearlo siquiera, me acerqué a entregarle su pedido y hablé con ella, una conversación corta, sin importancia, pero que para mí, lo significó todo.

Desde el primer día, había pasado semanas imaginado cómo iniciar una conversación con ella, semanas en las que era Ángela quien la atendía, incluso había pensado y practicado temas de conversación, por si me quedaba en blanco. Por lo que días más tarde, nada más verla, me armé de valor y me acerqué lentamente a ella, con un café mientras ensayaba lo que diría.

El pánico me invadió cuando estuve allí, quise huir, pero mis piernas y mi voz cobraron vida propia.


Mi voz salió suave, después de colocar el café frente a ella, pero perfectamente audible. Ella despegó la vista de su móvil comprobando que me dirigía a ella.


Su ceño se frunció de manera en que sus cejas, quedaban como una única línea, entonces, quise huir, pero todas mis capacidades motoras se congelaron, cuando sonrió.


Todo el vacío que no sabía que sentía en mi alma, se llenó con su sonrisa.


Pese a que fue una conversación corta, casi sin importancia, su recuerdo no abandonó mi mente en lo que restó de día.


Al día siguiente, la volví a ver allí, sentada en el mismo sitio que solía ocupar, por lo que dejando atrás todo el pánico y la inseguridad que invadía mi cuerpo, me acerqué a ella y le hablé.


Le pregunté el motivo por el cual iba a aquella cafetería todos los días. Ella sólo sonrió, sin darme una respuesta.


Seguía sin saber su nombre, aunque realmente no habíamos llegado a intercambiar demasiadas palabras.


Los días pasaron y ella seguía yendo diariamente a la cafetería, llegando al punto, en el que ya había dejado de tomarle el pedido cuando ella entraba e iba directamente a dejarle su café sobre la mesa.


Y un día simplemente surgió, la pregunta salió por mi boca sin previo aviso.


Alisson, su nombre se repetía en mi mente una y otra vez, ese día también me había dejado su número en una servilleta y no dudé en llamarla.


Quedamos el domingo, mi día de descanso, para vernos fuera de la cafetería y como cada vez que estaba cerca de ella, me sentí nervioso.


Me arrastró hasta un parque de atracciones, mis nervios desaparecieron y sólo quedó la adrenalina.


Ese día que empezó siendo como un día normal jamás desaparecerá de mi mente ya que ese día, la confianza, entre Ally y yo, se hizo más grande ya que a partir de ese momento, no paramos de vernos.


Alisson siempre sonreía, estaba seguro de que su sonrisa enamoraría a cualquiera, tal y como lo había hecho conmigo.


Pasado un tiempo ya confiaba ciegamente en ella, pues sabía que, pasara lo que pasara, ella estaría ahí, con un abrazo y un consejo.


Un día me invitó al cine, y no dudé antes de ir. Me despidieron de mi trabajo, pero no me importó, realmente odiaba trabajar allí, a diferencia de Ally, yo odiaba el café y su olor.


Por primera vez en años, me sentí libre de volver a empezar, de buscar algo que realmente me llenara por dentro y sé que mi nueva libertad se la debía a Alisson.


Recuerdo que un día íbamos a salir, pero empezó a llover, eso no pareció importarle en lo absoluto, ya que me sacó de casa y bailamos bajo la lluvia, si no hubiera sido por ella yo me habría quedado en casa, no me hubiera atrevido a salir, pero allí estaba ella empujándome siempre a vivir nuevas experiencias, que aunque empezaran pareciendo buena idea, no siempre acababan bien y esa no fue la excepción.


Recuerdo haber cerrado los ojos, justo antes de dejarme llevar, sentí como las gotas de lluvia recorrían cada parte de mi cuerpo regalándome esa libertad que hasta entonces no sabía que existía.


En un momento llegué a abrir los ojos y la ví ahí, eran tan sólo unos centímetros lo que nos separaban el uno del otro. Estábamos tan cerca que podía sentir su respiración.


Ella también fue consciente de eso, y fue Ally quien tuvo el valor de hacer, lo que yo no me atreví, se acercó lentamente a mi rostro, dándome tiempo para alejarme, pero acabé siendo yo quien unió nuestros labios.


Al día siguiente, pasamos el día en cama con un horrible resfriado. Ese fue el día en que te conocí, Alisson te llamó para que nos trajeras algo de la farmacia, pero acabaste trayéndonos también, una sopa para cada uno.


Pasaron alrededor de tres días, a diferencia de Alisson, yo ya me estaba recuperando. Quedaba menos de una semana para San Valentín y aún no sabía qué regalarle.


Mientras ella dormía, salí de su casa, donde solía quedarme, a decir verdad, pasaba más tiempo en su casa que en la mía.


Recorrí todas las calles, todas las tiendas de la ciudad, pero seguía sin encontrar el regalo perfecto, hasta que lo ví en aquella tienda, fue como una escena de película, donde aquello que andabas buscando, aparece así, de la nada, quedando todo lo demás difuminado y en un segundo plano, justo cuando estabas pensando en rendirte.


Confieso que hasta el día de hoy, esos, fueron los doscientos dólares mejor invertidos.


Pero cuando estaba a un solo día de San Valentín, dudé en si le iba a gustar el collar y en si había sido en la elección correcta. Pasé toda la noche dándole vueltas, imaginando mil maneras en las que podía reaccionar.


Al día siguiente, le di aquel collar, sus palabras y sonrisa evaporaron toda la preocupación de mi cuerpo.


Por la noche, salimos a cenar y a dar un paseo. Caminamos tomados de la mano, era una sensación cálida y reconfortante.


No sé si lo recuerdas, pero ese fue el día en que nos presentaron, al principio confieso que fue incómodo, sobre todo cuando Ally se detuvo en mitad de la calle para saludarte y presentarnos, no sé si para ti también lo fue, seguía sin comprender el por qué Alisson lo hizo.


Cuando me hablaba de ti no entendía el cómo habíais acabado siendo amigos. No me malinterpretes, es decir, a simple vista parecíais demasiado distintos como para soportaros siquiera.


Pero ese día, entendí a lo que se refería Alisson, ella siempre me había repetido que eras un gran amigo y lo que más admiraba de ti, era tu capacidad para escuchar y dar consejos.


Cada año que pasé junto a ella me enamoraba aún más, y cuando la idea de proponerle matrimonio pasó por mi mente, se fue haciendo más sólida cada día. No lo pensé mucho, tan sólo me levanté esa mañana y fui a la joyería, donde compré el anillo más bonito que pude encontrar.


Se lo iba a preguntar esa misma noche, no podía seguir esperando a empezar a vivir el resto de mi vida con ella.


Pero no lo hice, no fui capaz de proponérselo aquella noche, el miedo me frenaba a dar el paso y así fueron pasando los días, esperé alrededor de un mes, concretamente hasta el día de nuestro primer aniversario.


Dijo que sí, ¿te lo puedes creer? todo el restaurante aplaudió y me sentí idiota por haber tenido dudas.


Fuiste el padrino de nuestra boda y ahí fue cuando entendí, que no sólo había conocido al amor de mi vida, sino que también, había conocido a mi mejor amigo.


La Luna de miel, empezó en un avión con destino: al resto de nuestras vidas. Deseaba que llegara ya ese momento, quería compartir con ella cada experiencia, cada momento, bueno y malo. Quería hacerle saber que no había lugar en el que quisiera estar en ese momento, porque ahí estaba ella, y eso era todo lo que quería.

Pero jamás pudimos visitar la Torre Eiffel, estuvimos a sólo media hora de llegar, pero el avión tuvo una avería y acabó estrellándose.

Mi mayor miedo se hizo realidad ese día, al ver cómo perdía a la persona a la que amaba, sin poder hacer nada para evitarlo.

Caos y dolor, eso fue lo que acabó siendo, el que iba a ser, el viaje más bonito de nuestras vidas.

No hubo sobrevivientes, todos los pasajeros que viajaban abordo murieron, y una parte de mí, murió ese día con ella.– Terminé el relato.

–Pero entonces, ¿cómo sobreviviste tú? –preguntó el padrino de mi boda con la voz rota. Me tomé un momento para responder, dejando mi mirada perderse en alguna parte de aquella habitación.

–Porque eso nunca pasó, cuando la conocí en esa cafetería, no tuve el valor de hablar con ella y en lugar de acercarme, me puse mi abrigo y salí. Nunca volví a verla, por lo que jamás llegué a conocerla, ni a ella, ni a ti–. Terminé de contarle a la nada.

~Ery 🗝



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