Capítulo Único
La calidez y suavidad de las sábanas envolvía en una perfecta caricia el delicado cuerpo desnudo entre ellas, cubriendo solo las zonas que se considerarían prohibidas.
Una delicada y a la misma vez tonificada pierna, sin rastro de vello alguno, se dejaba ver descansando plácidamente sobre el mullido colchón.
Subiendo por esta, unos pronunciados hoyuelos de venus hacían su aparición, adornando esa sexy espalda baja que anteponía a tan delicada y estrecha cintura.
Una blanquecina espalda, cuyos vellitos comenzaban a erizarse debido al frío de la mañana. Brazos delgados pero firmes, yacían bajo la almohada dónde cabellos rosados fantasía descansaban por la blanca almohada.
Cabeza ladeada a la izquierda, ojos pequeños cerrados, nariz de botón, mejillas abultadas y labios tan rosados como su cabello. Ceño que comenzaba a fruncirse conforme abandonaba los brazos de Morfeo.
Un gemido perezoso escapó de sus gruesos labios cuando comenzó a moverse, enredándose aún más en las suaves sábanas y sintiendo como la suavidad de estás acariciaba su piel desnuda.
Unas brillantes perlas de la más pura miel aparecieron al momento que el precioso chico abrió los ojos para observar la hora en su reloj despertador.
5:55 de la mañana, como todas las mañanas antes de ir al trabajo. Odiaba intensamente su reloj interno que no podía darle una tregua. Este parecía siempre estar en una competencia con su despertador y para su mala suerte, este siempre le ganaba, despertándolo a veces hasta 20 minutos antes de las 6:00 am.
Perezoso desactivo la alarma antes de que comenzara con su irritante sonido y abandonó su muy calentita y cómoda cama para iniciar un nuevo día.
No fue hasta que comenzó a caminar hacia el baño que notó su cotidiana erección matutina. Se había acostumbrado a ver su pene erecto solo en horario vespertino. Su deseo sexual estaba igual de dormido que su lobo.
Y es que él era un Omega que era casi siempre confundido con un Beta.
Jimin había tomado la decisión de usar supresores toda su vida, desde que se presentó como Omega y su delicioso olor, combinado con su belleza innata, era la razón de múltiples acosos, desde Betas tratando de llevárselo a la cama hasta Alfas que intentaban marcarlo y poseerlo a la fuerza.
Sólo una vez había tenido su celo después de comenzar a tomar los supresores. Un fatídico día que había olvidado tomar la píldora y el celo lo arrasó más fuerte que nunca. Su suerte había sido tanta que se encontraba en casa para entonces, pero eso no quita el sufrimiento que tuvo que pasar por haberlo contenido tanto tiempo y sin tener un Alfa que lo ayudara.
Eso había sido hace dos años… Dos años en los que su lobo ha estado invernando en su interior hasta la llegada de su compañero.
Compañero que era muy difícil de encontrar cuando tu olfato era casi nulo y tu olor no era más que una esencia que se desvanecía en el aire.
Pero eso era mejor que ser acosado ¿Cierto?
Una vez su cuerpo estuvo cubierto con la suave tela de su traje negro, que resaltaba perfectamente su curvilínea figura, se acercó hasta la pequeña mesita de noche y abrió la primera de las gavetas. Varias cajas de supresores le dieron la bienvenida y solo tuvo que tomar una que ya estaba abierta para sacar una pequeña pastilla.
Miró a todos lados buscando el vaso de agua que siempre trae consigo en la noche antes de acostarse, pero no lo encontró. Frunció el seño recordando que anoche había estado tan cansado que toda su rutina nocturna fue dejada de lado.
Con un suspiro dejó la pastilla sobre la caja y se encaminó hasta la cocina. Tomó una pequeña botella de agua y se recordó a sí mismo hacer las compras, su refrigerador solo tenía agua y una que otra fruta.
Debía comenzar a comer más en casa, pero es que odiaba cocinar y era mucho más fácil ir a cualquier café y pedir un desayuno, un almuerzo, una cena. Así tampoco tendría que lavar los platos.
Abrió la botella de agua y dio un pequeño sorbo. De repente el sonido de su celular llegó a sus oídos, este reposaba encendido encima del sofá indicando una llamada entrante.
– ¡Jimin-ah~! – una voz femenina lo saludo desde el otro lado.
– ¡Mamá! – respondió entusiasmado – ¿Cómo estás? ¿Está todo bien?
– Claro que sí mi pequeño pollito. Sólo quería saber compuesta mi adorado y hermoso hijito.
– Estoy bien mamá – sonrió feliz – De hecho estaba apunto de salir al trabajo.
– Ay mi bebé, deberías dejar de trabajar tanto, no es bueno para tu salud. Sabes que puedes regresar a la casa, te prepararé tus comidas favoritas y te hornearé de esas deliciosas galletas que tanto te gustan.
– No empieces mamá – una carcajada escapó de sus labios – Ya te dije que estoy bien, me gusta mucho mi trabajo. Te visitaré pronto, lo prometo.
– Está bien mi precioso pollito – un suspiro se escuchó – ¡Ya que sé que estás bien te pasaré con tu hermano, tiene excelentes noticias que contarte!
La mujer chilló emocionada y Jimin no pudo evitar contagiarse, deseando saber cuáles eras las buenas nuevas.
– Minie~ – una voz gruesa se escuchó entusiasmada.
– ¡Hyung! – contestó feliz de hablar con su hermano.
– ¡Lisa está embarazada! ¡Voy a ser papá! – gritó emocionado el Alfa al otro lado de la línea.
Chillidos de alegría escaparon de los labios del Omega, entusiasmado porque su hermano tendría un pequeño cachorro que se uniría a la familia.
Muchas felicitaciones y promesas de ir pronto a visitarlos le siguieron hasta que la llamada terminó, pero la felicidad y la sonrisa en el rostro del pelirrosa no se iba.
¡Iba a ser tío! Tenía que ir inmediatamente a comprar regalos que llevaría con su visita. Vio la hora en el reloj de su muñeca y se dio cuenta que sus compras tendrían que esperar.
Iba muy tarde al trabajo.
Guardó el celular en el bolsillo interno de su saco y tomó el pequeño maletín que descansaba en la encimera de la cocina. Dio un último sorbo a la botella de agua abierta y con las llaves en mano, salió de su departamento.
Presionó el botón del ascensor que no tardó más de un minuto en llegar. Su pequeño y acogedor hogar se ubicaba en el octavo piso, acompañado solo por tres departamentos más. El lugar era tranquilo, las personas eran tranquilas, se podría decir que fue lo mejor que pudo haber conseguido.
Con un pequeño pitido, las puertas del ascensor se abrieron dejando ver un espacio vacío. Entró sin dudarlo y marcó el botón que lo llevaría al sótano, lugar donde su auto estaba aparcado.
– ¡Detengan el ascensor por favor! – gritaron a lo lejos.
El omega rápidamente presionó un botón y las puertas se detuvieron para comenzar a abrirse de nuevo. Lo siguiente que vio fue una cabellera azabache y un cuerpo más grande y fornido entraba rápidamente al pequeño espacio.
– ¡Gracias! – agradeció sin darse cuenta de quien se encontraba en el ascensor, concentrado únicamente en intentar atar su desastrosa corbata.
– D-De nada… – susurró el pequeño omega con un ligero sonrojo en las mejillas.
Si algo le hacía a su lobo removerse inquieto entre sueños era definitivamente el Alfa a su lado. Eran muy pocas veces las que lo había tenido lo suficientemente cerca como para poder captar ese delicioso aroma a madera y pino que lo ponía extremadamente nervioso y tímido.
– Oh... buenos días – saludó con la timidez característica que siempre se presentaba cuando estaba cerca del pelirrosa.
Y es que desde que el más bajo se mudó al departamento de enfrente no ha podido dejar de pensar en él. Mucho menos el primer día que habían coincidido en ese ascensor junto con tres personas más, el espacio fue tan reducido que estuvo lo suficientemente cerca como para oler ese delicioso aroma a coco y vainilla que volvió loco a su lobo en cuestión de segundos.
Fue ahí cuando lo supo, el chico era un omega. Su omega.
Pero al igual que en esta oportunidad, Jungkook estaba tan nervioso por la cercanía del contrario que le era muy difícil formular más que un simple saludo. Quería hablarle, quería acercarse, quería decirle que su lobo gritaba que era su compañero, pero tenía tanto miedo… miedo a ser rechazado, miedo a que el contrario lo acusara de acosador por haber descubierto que era un omega.
Es que no era muy difícil darse cuenta que el más bajo escondía su aroma a propósito y Jungkook como el buen alfa que era, respetaba la decisión que las otras personas tomaban sobre su cuerpo.
– Buenos días, Jungkook – saludó de vuelta con una pequeña sonrisa, disimulando sus nervios y como sus piernas comenzaban a perder la fuerza para mantenerlo.
De repente el ascensor se detuvo a mitad del piso dos, según marcaba el tablero. Ambos chicos ni se inmutaron, acostumbrados a que el ascensor fallara de vez en cuando.
Oh sí, fue lo mejor que pudo haber conseguido, pero con el inconveniente de que el ascensor parecía tener mil años...
Fueron largos segundos donde ambos se sintieron intimidados por la presencia ajena. El omega sentiría que se volvería loco con el poco olor que lograba captar del contrario y el Alfa intentaba con todas sus fuerzas no comenzar a liberar feromonas por la cercanía del omega.
Pasado casi un minuto el ascensor pareció reaccionar y comenzó a bajar de nuevo.
– Parece que tuvimos suerte esta vez – dijo el azabache recordando aquella vez que se quedó encerrado casi por 15 minutos. Era una historia que conocía todo el edificio.
Las puertas del ascensor se abrieron dejándolos a ambos en el sótano que era utilizado como estacionamiento.
– Creo que deberíamos comenzar a utilizarlo solo para subir – aconsejó Jimin con leve sonrojo en las mejillas.
Ambos se despidieron con sonrisas tímidas. Jungkook caminó hacia su auto sintiendo a su lobo rasgando su pecho desesperado por mantenerse más tiempo al lado del omega, olfateando el aire en busca de más de ese delicioso aroma que tanto le gustaba, para luego terminar llorando al no poder sentir a su compañero.
Jimin por otro lado se subía a su auto con la respiración acelerada y el corazón latiendo como si hubiera corrido un maratón entero, sentía sus piernas débiles y casi que podría jurar que escuchó al lobo de Jungkook llamarlo… pero eso era imposible, su lobo estaba dormido a causa de los supresores que tomaba a diario.
Se encogió de hombros pensando que había sido a causa de lo nervioso que le ponía el contrario y encendió su auto para ir a su trabajo. Esperaba poder salir hoy un poco más temprano para poder comprar un montón de regalos para su nuevo sobrino o sobrina.
[...]
Eran aproximadamente las cuatro de la tarde cuando gruesas gotas de sudor bajaban por la piel perlada del rostro de Jimin. Sentado en la soledad de su oficina, sus dedos no dejaban de moverse ágiles por el teclado, intentando terminar con todo el trabajo que tenía acumulado.
Había encendido el aire acondicionado al máximo, pero su cuerpo no dejaba de sentir un fuerte calor, haciéndolo sudar tanto como lo estaba haciendo ahora. Era muy extraño. La temperatura en el exterior no pasaba de los 25 grados. El clima afuera era fresco y a su oficina le faltaba poco para comenzar a crear copos de nieve. Pero su cuerpo no dejaba de sentirse caliente.
Su respiración se sentía pesada y su piel se comenzaba a sentir sensible con cada rose de sus prendas.
¿Qué estaba sucediendo?
– ¡Jiminnie~! Ya tengo los informes que me pediste.
El Omega de cabello castaño claro se detuvo justo después de abrir la puerta. Una oleada de feromonas y olor extremadamente dulce de vainilla lo golpeó en el rostro. Rápidamente cerró la puerta tras de sí y la aseguró con pasador. Gracias a la luna que él no era un alfa, sino ya estaría segado de deseo por complacer al Omega que estaba entrando en celo.
– ¡Minie qué demonios estás haciendo aquí!
– ¿Eh? – levantó la mirada de su ordenador y preguntó confundido – ¿No ves que tengo mucho trabajo acumulado TaeTae? Dame los informes, los necesito para terminar.
El rubio estiró la mano a su amigo que lo miraba con la boca abierta sin saber qué decir ¿Es que acaso el Omega no se daba cuenta de su condición?
– ¡No vas a terminar nada! – exclamó exaltado y preocupado al mismo tiempo – Tienes que irte a casa inmediatamente. ¡Es más, yo te llevaré! Compraremos provisiones en el camino.
El castaño comenzó a apilar a toda prisa todas las carpetas sobre el escritorio del rubio. Ya vería qué haría durante la semana en la que su mejor amigo y socio estaría ausente.
– ¿Pero TaeTae qué haces? – chilló – ¡No voy a ir a ningún lado hasta que termine todo esto! – dijo abriendo de nuevo las carpetas.
– ¡Jimin estás entrando en celo! – gritó para que el otro se detuviera y así lo hizo.
– ¿Eh?
– ¿Qué no te das cuenta?
–¿Eh?
– Está oficina parece un congelador y tú estás sudando a mares…
– ¿Eh?
– Además, tu olor es demasiado fuerte y no dejas de soltar feromonas de apareamiento.
– ¿Eh?
El castaño se llevó la mano al rostro en un gesto de frustración total, tenía un amigo demasiado despistado y eso era mucho decir viniendo de él. Jimin lo miraba como si estuviera loco, pero su rostro luego comenzó a palidecer de a poco.
– ¿Tomaste tus supresores hoy? – preguntó luego de soltar un largo suspiro.
Jimin abrió los ojos en grande y su boca se abrió formando una linda “o”. Las imágenes de esta mañana pasaban a velocidad luz frente a él.
Se levantó, se bañó, se vistió, se tomó sus supresores y salió de la casa… No, esa era su rutina diaria, pero algo no encajaba con el día de hoy. Así que su cerebro regresó al principio.
Se levantó, se bañó, se vistió, se tomó sus supresores… no… no tenía agua así que fue a la cocina por una botella, recibió una llamada, era su madre y su hermano con excelentes noticias, su nuevo sobrino o sobrina, colgó y salió de la casa…
Su pastilla había quedado en su mesa de noche…
– ¡NO PUEDE SER! – chilló completamente aterrado con el rostro más blanco que una hoja de papel.
El rubio se levantó tan rápido que la silla pareció quemarle. De un lado a otro caminaba dentro de la oficina con sus manos sosteniendo fuertemente sus dorados cabellos, murmurando maldiciones y palabras sin sentido.
– Cálmate Jimin…
– ¡¿Que me calme?! – gritó asustando al contrario – ¡No puedo entrar en celo, han sido dos putos años maldición!
– Ven siéntate – el castaño lo arrastró hasta un pequeño sofá y se encaminó de nuevo al escritorio del rubio donde sabía que este guardaba supresores – Toma esto – pidió tendiendo una pequeña pastilla y una botella de agua que reposaba sobre el minibar.
– Sabes que no servirá de nada – aún así, con un trago de agua se tomó la pequeña pastilla – Ya no puedo detenerlo una vez que comenzó.
– Lo sé, pero eso disminuirá tu olor un poco y nos dará tiempo de llevarte a tu casa para que estés a salvo.
– No podemos ausentarnos los dos Tae, esos informes hay que entregarlos hoy – afirmó señalando los documentos encima del escritorio – Sino perderemos el proyecto.
El castaño se mordió los labios porque su amigo tenía razón, habían estado trabajando día y noche sin descanso para tener el proyecto listo. Faltaba tan poco.
– Estaré bien – aseguró el rubio con una sonrisa – Ya me siento un poco mejor. Me iré ahora.
Jimin se levantó, se colocó su saco y tomó las llaves de su auto. Necesitaba llegar a su casa y lo necesitaba ahora. Si se iba ahora posiblemente llegaría en unos 20 minutos, la jornada laboral aún no terminaba y eso le daba cierta ventaja en cuanto al tráfico, la mayoría de las personas estaría aún en sus trabajos.
Con ayuda del castaño logró llegar al estacionamiento. No pudo dejar de sonreír en todo el trayecto cuando su mejor amigo que le gruñía y mostraba los dientes a los Alfas que lo miraban con ojos rojos, atraídos por su dulce olor. Aunque había disminuido mucho, pero era inevitable ocultar el hecho de que pronto entraría en celo.
– ¿Estarás bien?
– Jimin, soy yo quien debería preguntar eso – sonrió por lo considerado que era su amigo – Iré a verte en cuanto pueda ¿Está bien? – aseguró cerrando la puerta del auto.
Jimin asintió con una sonrisa y encendió el auto. Tenía que darse prisa, podía sentir a su lobo despertando de a poco.
– No te preocupes por nada y ve directo a tu casa. Cuando salga de aquí llevaré provisiones.
– Gracias TaeTae. Eres el mejor. – admitió con una enorme sonrisa y arrancó el auto.
Como lo había predicho, las calles estaban descongestionadas y no le tomó más de 25 minutos cuando ya estaba estacionando su auto en el sótano del edificio donde vivía.
Para su suerte estaba vacío, sin muchos autos y sin personas alrededor. Era una suerte de que apenas fueran las 4 de la tarde.
Cuando se bajó y cerró la puerta de su auto, un fuerte dolor atacó su vientre bajo, haciendo que se doblara en su lugar gimiendo adolorido sosteniéndose del auto para no caer. El sudor comenzó a correr por su frente y su cuerpo temblaba.
Pudo escuchar como un auto estaba entrando al estacionamiento y asustado corrió hasta el ascensor, necesitaba llegar a su casa ¡Ahora!
Su vista comenzaba a nublarse mientras esperaba que las puertas se abrieran. Estaba en una lucha constante por mantener a su lobo dormido el tiempo necesario para llegar a la seguridad de su hogar.
Las puertas se abrieron y rápidamente ingresó en ellas cuando otra oleada de dolor lo atacó. Llevó sus brazos abrazándose la zona dolorida de su vientre bajo, pudo sentir como su pene estaba totalmente erecto y comenzaba a palpitar en su prisión de tela, llorando por un poco de atención.
Las puertas se cerraron pero Jimin no pudo marcar el piso, concentrado en todas las sensaciones que recorrían su cuerpo.
Con un leve pitido las puertas se volvieron a abrir y alguien ingresó. Jimin quedó estático, encorvado en su lugar. Aguantando la respiración como si de ese modo el otro tampoco pudiera olerlo. No quería saber quién era, tenía tanto miedo, estaba tan vulnerable.
De repente las puertas se cerraron otra vez y pudo sentir como el ascensor comenzó a subir. Lentamente levantó el rostro hacia el tablero y vio el piso número 8 marcado. Desvió su vista al costado y en la otra esquina del ascensor se encontraba su azabache vecino con los ojos fuertemente cerrados y con su cuerpo completamente pegado a la pared como si quisiera volverse uno con esta y así mantenerse lo más alejado de él, tanto como el pequeño espacio se lo permitiera.
Cuando su pecho comenzó a quemar, resintiendo la falta de oxígeno fue cuando Jimin se acordó que necesitaba respirar. Exhalo todo el aire contenido y respiró.
Muy mala idea, su nariz y pulmones se llenaron del más exquisito olor a madera y pino que hizo que sus piernas temblaran y cayera al suelo soltando un gemido combinado entre el dolor y el placer.
– ¡Jimin! – el azabache dejó su lugar “seguro” y se acercó al rubio.
Mala idea, el dulce olor de Jimin lo abrazó de tal manera que su cuerpo se tensó y pareció quedarse estático en el lugar. Dentro de él, Jungkook luchaba porque su Alfa no tomara posesión de su cuerpo. Ese alfa que pedía tomar al Omega de una y mil formas, ese alfa que le gritara que hiciera suyo al Omega frente a él, que ayudara a su compañero.
Y la luna sabía que Jungkook también quería lo mismo que su lobo, pero su mente racional aún dominaba la situación y por ningún motivo le pondría un dedo encima a Jimin si él así no lo quería.
Por otro lado Jimin era un desastre. Un jadeo involuntario salió de sus labios al escuchar esa voz ronca hablarle, el aroma del Alfa se hacía más fuerte en respuesta a sus feromonas de celo y la cabeza de Jimin estaba dando vueltas, sus ojos se humedecieron de lujuria, su piel ardía y su dolor aumentaba.
Levantó su rostro y vio la cara preocupada del azabache, combinada con un perfecto par de perlas color carmín que brillaban como la más pura y hermosa joya. Su vientre bajo se apretó, su adolorida erección se contrajo en su prisión y un fuerte jadeo escapó de sus labios.
– Jung… Jungkook…
– Tranquilo Jimin, ya casi llegamos – animó refiriéndose al piso donde se encontraba el departamento de ambos.
Justo en ese momento el ascensor se detuvo, pero no porque haya llegado al piso, sino que de nuevo dejó de funcionar. Dejándolos atrapados en una trampa de feromonas.
– ¡Maldición! – gritó Jungkook presionando torpemente los botones con la esperanza de que el ascensor respondiera.
Jimin se mantenía en el suelo con los ojos fuertemente cerrados y sus dientes apresando su labio inferior para evitar soltar cualquier gemido o jadeo indecente.
No sabía cuánto tiempo iba a aguantar. El dolor se estaba haciendo insoportable y su lobo estaba por despertar completamente atraído por el delicioso olor a madera y excitación que desprendía el alfa junto a él.
– No te preocupes Jimin de seguro serán sólo unos minutos como esta mañana.
Y Jimin se aferraba necesitado a esa pequeña esperanza. Sabía todo lo que alfa estaba soportando, cuánto se estaba controlando a sí mismo para no dejarse llevar por sus instintos más salvajes. Podía verlo en sus ojos rojos y el sudor escurriendo por su frente. Incluso si miraba un poco más abajo podía ver la dura erección del azabache creando un imponente bulto entre sus pantalones.
Jadeo necesitado por la imagen de un Jungkook sin ropa apresando su cuerpo contra el suave colchón de una cama. Su pene se contrajo y su agujero estuviera lubricando litros de esa sustancia resbaladiza si su lobo no estuviera medio dormido todavía.
Un jadeo escapó de la boca del azabache cuando una nueva ola más potente del dulce olor a coco y vainilla llegó a su nariz. Apretó fuertemente los puños. Podía sentir sus colmillos presionar contra su labio inferior. Necesitaba salir de ahí y dejar a Jimin sano y salvo en su casa.
– D-Duele… – gimoteó el rubio moviéndose incómodo en el suelo.
Jungkook se agachó para estar a la altura del mayor y con el pequeño pañuelo que llevaba en el bolsillo de su saco comenzó a limpiar el sudor del rostro de Jimin.
– Lo sé pequeño – susurró con cierto cariño en su voz – Estarás bien, aguanta un poco más. Solo serán unos minutos. Lo prometo.
Jimin gimió por el contacto de la suave tela con su caliente piel. Abrió los ojos, dejando escapar pequeñas lágrimas de estos y observó difícilmente el rostro que lo observaba con adoración. Su vista estaba nublada y su respiración entrecortada.
Los minutos pasaban y el ascensor ni siquiera se movía. Jungkook había pedido ayuda un par de veces pero el edificio parecía estar completamente vacío. El aroma de Jimin se hacía más fuerte conforme estaban allí y sus feromonas le estaban nublado la vista.
– Jungkook~ D-Duele mu… ugh.. mucho…
Jungkook que se había mantenido a cierta distancia del rubio para evitar una catástrofe, no podía seguir ignorando el inmenso dolor que estaba seguro el rubio estaba sintiendo. No conocía mucho sobre el celo de los omegas, pero sabía que Jimin aún mantenía su conciencia y no había sido dominado por su lobo aún. Sus ojos mantenían ese color miel tan hermoso de siempre.
Se odiaba por lo que estaba apunto de hacer, pero no podía dejar que Jimin siguiera de esa manera. Lo ayudaría solo hasta que pudieran salir de ese maldito ascensor.
– Ven aquí pequeño…
Jungkook se sentó en el suelo y apoyó su espalda en la fría pared del ascensor, con las piernas abiertas para dejarle espacio al Omega, ayudó a Jimin a posicionarse entre estas y apoyar su delicada espalda contra su pecho.
Ambos jadearon por el contacto, aunque mantuvieras la ropa intacta en su lugar, el calor de sus cuerpos traspasaba toda prenda existente.
Con su mano derecha apoyó la cabeza de Jimin sobre su hombro, logrando quitar los cabellos húmedos de la frente del rubio. Con su mano izquierda comenzó a pasar el pañuelo por su húmeda y blanquecina piel.
La respiración de ambos era errática. Jimin con los ojos cerrados perdido en las suaves caricias de la tela contra su piel. Jungkook con los ojos fijos en la blanquecina piel del cuello ajeno.
Sus rojos ojos brillaron como rubíes. Sus colmillos dolieron por rozar la piel ajena, justo en el lugar donde el olor a coco y vainilla era más fuerte.
Perdido en sí mismo y guiado por lo que su lobo quería, bajó lentamente su rostro, rozando delicadamente con su nariz el cuello ajeno, llenándose de su aroma y soltando involuntariamente sus feromonas para marcar por completo con su aroma al Omega.
Jimin gimió gustoso al sentirse rodeado por el aroma de Alfa y un jadeo más fuerte escapó de su boca al sentir los labios ajenos rozar con su zona más erógena. Su cuello.
– Ughm… Jungkook…
– Tócate Jimin – ordenó con voz ronca.
– ¿Q-Qué…?
Para ese momento los ojos de Jimin bailaban entre un débil ámbar y un celeste cielo.
– Sólo así se irá el dolor pequeño – susurró en su oído.
– N-No… No puedo.. ahg… – aseguró Jimin aferrándose a la poca conciencia y pudor que le quedaba.
– Sí puedes – alentó el Alfa rozando su nariz con el lóbulo de la oreja de Jimin. – Hazlo para tu Alfa – su voz salió tan ronca que el Omega no pudo resistirse.
Con un jadeo, seguido de un leve asentimiento de cabeza. Jimin llevó sus temblorosas manos al comienzo de sus pantalones para comenzar a desabrocharlos.
Jungkook seguía cada movimiento de esas pequeñas pero al parecer hábiles manos. En unos segundos el pantalón de Jimin estaba abierto dejando ver su oscura ropa interior y el bulto bajo esta, pero sus manos temblaban incapaces de hacer algo más.
– Sé que quieres liberar tu erección – gruñó bajo en su oído, ganándose un gemido ahogado – Hazlo bebé, mete la mano y saca tu dura erección para tu Alfa.
– Alfa~ – gimió agudo sacando un gruñido del pecho de Jungkook.
Cuando el hinchado pene del rubio estuvo afuera, apresando entre la mano temblorosa de Jimin, a Jungkook se le hizo la boca agua y sus ojos se mantenían fijos en esa rosada cabeza que brillaba por la humedad que la recorría. El fuerte olor a excitación del alfa hizo lloriquear al Omega, que con su mano izquierda se aferraba fuertemente al muslo de Jungkook.
– Eso es… – Jungkook ya no podía reconocer su propia voz – Mueve tu mano lentamente.
Jimin obedeció casi de inmediato y su mano fue desde la base de su pene hasta la cabeza en un lento y tortuoso movimiento, para después bajar y repetir una y otra vez.
La respiración de Jimin era cada vez más pesada, entregándose al placer que sus propias manos le estaban ofreciendo y que tanto necesitaba.
Todo rastro de pudor había sido enterrado por el fuerte aroma a madera y pino. Su conciencia había sido sometida por el caliente cuerpo que rodeaba el suyo y su lujuria había sido encendida por esa ronca voz en su oído.
– !Agh! A-Alfa~ Por… ugh… por favor…
– ¿Quieres ir más rápido bebé?
Jimin asintió mordiéndose el labio para callar los lascivos sonidos que escapaban de su boca. Pero no pudo sostenerlos por mucho tiempo cuando sintió la caliente lengua de Jungkook deslizándose por su sensible cuello.
– Más rápido cariño – ordenó para luego encerrar una porción de esa deliciosa piel entre sus labios, succionando a su antojo.
Jimin gimió alto por las sensaciones que estaba experimentando, su cuello estaba siendo atacado por húmedas succiones que enviaban corrientes placenteras directo a su pene que estaba siendo bombeado con movimientos rápidos y erráticos de su mano.
– Voy… ¡Ahg! Voy a ve-venirme, Alfa~
– No hasta que yo te lo diga – ordenó con su ronca voz, mordiendo ahora el lóbulo de la oreja del Omega.
Jimin lloriqueó por la sobre estimulación, su cuerpo se sentía demasiado sensible, sus duros pezones eran cruelmente estimulados por el rose de su camisa, sus ojos estaban siendo dominados por el celeste y su piel se erizaba sin contemplaciones.
–Por… uhmm… por favor…
La mano de Jimin seguía moviéndose por su ahora roja erección, estaba tan hinchada, tan sensible, tan húmeda que no sabía si podía resistir por mucho más.
– Que buen Omega eres – ronroneó acariciando sus cabellos ganándose un hermoso gemido – Tan perfecto – lamió el lóbulo de la oreja y sintió el cuerpo de Jimin estremecerse – Córrete para tu Alfa – dijo para después morder suavemente el cuello ajeno.
– ¡ALFA! ~
Hilos nacarados de caliente esperma acompañaron rítmicamente el fuerte grito de placer que escapó de los labios del más bajo. Su cuerpo sufría de leves espasmos mientras su orgasmo era extendido por una habilidosa lengua que acariciaba su muy sensible cuello.
Su mente había quedado fuertemente atontada por el potente orgasmo. Mientras trataba de regular su respiración pude sentir como era gentilmente limpiado por otras manos.
Fue allí donde su conciencia pareció despertar y sus ojos completamente ámbar se abrieron como platos.
¿Qué mierda acababa de hacer?
Abrochó velozmente sus pantalones y se separó del fornido y caliente cuerpo a sus espaldas con un fuerte sonrojo que pintaba todo su rostro.
– ¿Estás mejor? – la pregunta fue hecha con una voz tan suave y dulce que sólo hizo poner más rojo al Omega.
– Lo… Lo si-siento.
Segundos después y de manera brusca, el ascensor pareció reiniciarse y comenzar a subir nuevamente. En un abrir y cerrar de ojos, las puertas se estaban abriendo en el piso número ocho.
Jimin intentó levantarse para correr lejos de tan embarazosa situación, pero sus piernas parecían no estar de acuerdo. Tan rápido como se levantó, se cayó de nuevo, aún mareado.
Entonces sintió como unos fuertes brazos lo acunaban para después levantarlo al estilo princesa. Asustado y emitiendo un lindo chillido, se aferró fuertemente al cuello del contrario
– ¿Q-Qué haces? – intentó no tartamudear y mucho menos soltar un jadeo, pero fue imposible cuando se vio nuevamente tan cerca del Alfa.
– No puedes caminar, te llevaré a tu casa – aseguró con una hermosa sonrisa de conejito que derritió el corazón del rubio.
– Gracias…
Las mejillas de Jimin eran una fiesta del más puro rojo. Su corazón palpitaba tan rápido y tan fuerte que por un segundo temió que el otro lo escuchara. Se sentía tan calido rodeado del fuerte olor de Jungkook que no pudo evitar esconder su rostro en el cuello contrario y frotar su mejilla en este.
– Ji-Jimin… Necesito las llaves para abrir la puerta.
Jungkook tragó grueso. Su alfa saltaba de un lado al otro, moviendo la cola feliz porque su Omega buscaba en él una marca de olor.
Como un acto reflejo apretó al Omega más hacia sí mismo. Jimin gimió, las feromonas del alfa estaban haciendo estragos en su cabeza otra vez y no podía permitirlo.
Con las mejillas encendidas, sacó de su bolsillo el juego de llaves y abrió la puerta aún en los fuertes brazos del contrario. Jungkook no perdió más tiempo y entró, cerrando la puerta tras de sí.
La distribución del departamento era exactamente igual al suyo, así que no le tomó demasiado encontrar la habitación del mayor. El olor de Jimin estaba por todos lados y le encantaba, sentía a su lobo comenzando a relajarse rodeado de tan dulce y maravilloso olor.
Una vez entró a la habitación, dejó al rubio sobre la cama. Debía salir inmediatamente del lugar, podía oler la excitación de Jimin comenzando a crecer y su aroma haciéndose aún más fuerte, en poco tiempo entraría completamente en celo y Jungkook no podría manejarlo.
– Esp-Espera – pidió bajito sujetando la muñeca del azabache.
– Debo irme Jimin, no puedo estar aquí cuando entres en celo.
– No te vayas… – susurró con las mejillas encendidas.
– ¿Eh? – preguntó el azabache con una ceja levantada y completamente confundido.
– Ayúdame…
– ¿Eh?
– Quiero que me ayudes en mi celo.
– ¡¿Eh?!
Jimin emitió una leve y bajita risa divertida. No podía creer Jungkook y él se parecieran tanto en algunas reacciones. El azabache por otro lado no lo tomó muy bien y frunciendo el ceño pensó que el rubio se estaba burlando de él.
– Estás jugando ¿No es así? – molestia en su voz – No me necesitas, es tu celo hablando por ti. Sólo usa algunos juguetes.
Se soltó del agarre de esas pequeñas manos e intentó salir de la habitación, pero de nuevo fue detenido por Jimin.
– Tú no entiendes Jungkook – sollozó – Tengo miedo… Han pasado dos años desde que no tengo mi celo – sorbió su nariz – Será muy doloroso si no tengo un alfa conmigo y… tú eres el único en quién confío. Además… – se sonrojó – Quiero que seas tú…
Jimin bajó la cabeza avergonzado, con un fuerte color rojo que llegaba hasta sus orejas. No quería que el otro se enterase de esta manera de la atracción que sentía por él, pero ya que, su cerebro no podía pensar al estar rodeado por el aroma del Alfa.
Jungkook tragó grueso, su lobo arañando su pecho para que aceptara de una jodida vez. Sus feromonas se dispararon haciendo jadear al omega y sus ojos se tiñeron del más puro rojo acompañando sus muy dilatadas pupilas.
– Tengo que hacer unas llamadas – si iba a estar una semana aproximadamente complaciendo a su omega, tenía que avisar a su trabajo.
Su omega… Jungkook no pudo evitar que la comisura de sus labios de levantaran formando una dulce sonrisa que no pasó desapercibida por el pelirrosa. Aunque Jimin sólo lo necesitará para pasar su celo, el azabache se sentía el Alfa más afortunado del mundo.
Mientras Jungkook hacia las llamadas pertinentes fuera de la habitación, Jimin como pudo logró comunicarse con su mejor amigo y avisarle que había llegado bien y que no se preocupara por ir a cuidarlo porque ya tenía compañía. Taehyung pareció casi enloquecer y al pelirosa no le quedó de otra que prometerle que le contaría todos los detalles cuando regresara al trabajo.
La llamada del pelinegro tardó aproximadamente 10 eternos minutos, donde tuvo que explicarle a su jefe Namjoon por qué faltaría al trabajo por una semana entera. Aunque este pareció alegrarse cuando le dijo que tomaría los días para estar con su omega. Felicitaciones no dejaron de llover haciendo sonreír aún más al azabache.
Frente a la puerta de la habitación, el Alfa respiró profundo y trató de calmar sus nervios. Su lobo no dejaba de dar vueltas en su interior y de mover su cola feliz porque al fin podrá unirse con su Omega. Jungkook tragó grueso y abrió los ojos como platos. Él no podía hacer esto, no sabía si iba a poder resistir los deseos de su lobo en marcar a Jimin… ¿Y si lo hacía? Por supuesto que nada lo haría más feliz que hacer de Jimin su compañero, pero ¿Y si Jimin no quería lo mismo? Se vería obligado a estar con él por una marca que nunca quiso.
Por la luna, debo salir de aquí.
Entraría a la habitación y le pediría disculpas al pelirrosa por no poder ayudarlo y saldría corriendo de allí lo más lejos que pudiera. Quizás se iría unos días a la casa de su amigo Hoseok, sí, eso haría aunque su lobo estuviera gruñéndole ahora mismo.
Parecía un plan que no podría fallar, hasta que una ola de feromonas de excitación bloqueó todos sus sentidos cuando abrió la puerta. Pero como si eso no fuera suficiente para volverlo completamente loco, lo primero que vio al entrar a la habitación fue a Jimin completamente desnudo sobre la cama.
La ardiente imagen junto al concentrado olor a vainilla y coco frió todas las neuronas de su cerebro.
Jimin estaba boca abajo sobre la cama con una almohada debajo de sus caderas, las cuales mantenían un suave vaivén. Su cabeza estaba ladeada en su dirección, pero sus ojos se mantenían fuertemente cerrados, su boca estaba abierta emitiendo suaves gemidos agudos que fueron a parar directamente en el pene del azabache, creando un enorme bulto en sus pantalones.
A la altura de sus hombros se encontraba su mano formando un pequeño puño con el que se mantenía aferrado a las sabanas. Su piel era más brillante debido al sudor y sus caderas se levantaban para volver a bajar en un erotico movimiento que dejó babeando al azabache.
Jungkook pensó que no había nadie más hermoso y erotico que Jimin.
Su lobo aulló en su interior llamando a su omega y el pelirrosa abrió los ojos inmediatamente. Ojos que eran de un hermoso celeste y que estaban vidriosos de la más pura lujuria.
– ¡Alfa! – respondió al llamado.
Jungkook pareció por unos momentos sucumbir ante su lobo cuando Jimin se sentó sobre sus tobillos permitiéndole apreciar la hermosa curvatura de su espalda y como su dura erección se levantaba sobre la almohada debajo de él, conectándose por un delgado y brillante hilo de pre-semen.
Un exquisito olor llegó a sus fosas nasales, logrando que sus ojos centellearan en un potente rojo. Olía a lubricante, el omega frente a él había despertado por completo, emanando cantidades razonables de lubricante, preparándose para recibir a su alfa.
– Parece que alguien comenzó a divertirse sin su Alfa – un pequeño gruñido escapó de su garganta haciendo temblar de placer al pequeño omega – ¿Tan desesperado estabas, pequeño travieso?
– Alfa⁓
Para ese momento Jungkook había sido dominado completamente por su Alfa, sus ojos brillaban en un potente rojo, combinando perfectamente con los azules cielo del omega. Su dura erección palpitaba en sus pantalones, deseosa de ser liberada y adentrarse entre las húmedas paredes del pelirosa.
Cuatro pasos fue lo que necesitó para estar junto al omega, tomar su barbilla y fundirse en sus gruesos labios en un beso demandante que dejó a ambos sin aliento. Sus labios encajaban a la perfección, los gruesos de Jimin, los finos de Jungkook, simplemente eran como dos piezas de un rompecabezas perfecto.
Las pequeñas manitos de Jimin se aferraron a la camisa de Jungkook, liberando cortos gemidos y dulces chillidos placenteros que eran tragados por la veracidad del beso. El olor a vainilla y coco se intensificó a la par que más lubricante escurría de la rosada entrada del pelirrosa.
– Mi dulce y perfecto omega – gruñó cuando se separó.
– Alfa⁓ – gimoteó con lágrimas en los ojos.
– Aquí estoy bebé, Alfa se hará cargo de ti, mi lindo y sexy omega…
Entonces Jimin se lanzó a los labios de su Alfa, en otro lujurioso y necesitado contacto de sus labios. Sus ojos azul celeste brillaban como dos faros, atrayendo a su alfa hasta las orillas del más exquisito de los placeres carnales. Tantos años dormido, tantos años privado de los placeres carnales y de su oportunidad para concebir crías.
Su excitación era igual o mayor a todos los años que no le fue permitido pasar un celo. Su agujero no dejaba de emanar lubricante de exquisito olor, que tenía al Alfa respirando dificultosamente.
La necesidad era aplastante en esos dos cuerpos sobre la cama. Jimin había enrollado sus brazos en el cuello de su alfa y lo había traído consigo hasta que su espalda estaba apoyada sobre la superficie del mullido colchón. Sus piernas abiertas, recibiendo la calidez del cuerpo del azabache entre ellas.
El beso fue roto cuando Jimin sintió la necesidad de gemir alto al tener las caderas de Jungkook simulando embestidas sobre su sensible erección. El bulto en los pantalones del castaño friccionando su goteante pene. Necesitaba más, necesitaba sentirlo.
– Alfa… – lloriqueó por más.
Jungkook ignoró las súplicas de su omega, concentrado en probar toda su piel primero. Los besos bajaron desde su mentón hasta su manzana de adán, dejando leves mordeduras con sus colmillos. Jimin se estremeció debajo de él y sonrió complacido.
Su omega estaba tan sensible.
Sus movimientos fueron guiados por el exquisito olor que desprendía el área que conectaba su cuello con sus hombros. La vainilla mezclando perfectamente con el coco, llamándolo, invitando a sumergirse en las profundidades del pecado. Su lengua, roja y húmeda, escapó de su boca para delinear un camino por toda la suave piel, hasta llegar a la glándula del característico olor de omega.
Sus colmillos pellizcaron el lugar y su omega liberó un glorioso gemido, acompañado por temblores en todo su cuerpo. La calidez y humedad que sintió en su entrepierna le avisó que el pelirrosa se había corrido.
Maldición ¿Podía ser más perfecto?
Continuó simulando embestidas, alargando el delicioso orgasmo que atravesaba el cuerpo contrario, haciéndolo sollozar por la sobreestimulación. Jimin seguía erecto y Jungkook sabía que su omega no se había saciado en lo absoluto, no hasta tener su nudo presionando contra sus paredes.
El pensamiento hizo sacudir el pene del Alfa y Jimin gimió gustoso al sentir el movimiento sobre la suya propia.
– Alfa… – gimoteaba Jimin con los ojos cerrados, la boca de Jungkook bajando por su pecho, dejando un recorrido húmedo.
La voz aguda de Jimin llamando a su Alfa lo tenía en las nubes. En un rápido movimiento, se separó del cálido cuerpo que gruñó en protesta, pero que se relajó al notar como su Alfa se desprendía de esa molesta ropa que los separaba.
Sus ojos se ensancharon, tan azules como el cielo, su boca se hizo agua y su pene se contrajo dolorosamente, al mismo tiempo que su entrada se cerró a la nada. Su alfa estaba frente a él, completamente desnudo y luciendo su llorosa erección con orgullo. Era enorme, venosa y estaba húmeda por el líquido preseminal que escurría de la roja y brillante cabeza.
Con su cuerpo tembloroso, el omega gateo hasta estar a la orilla de la cama, sentándose sobre sus talones y levantando sus tupidas pestañas en una silenciosa súplica.
– ¿Quieres probar a tu Alfa? – preguntó con voz pastosa.
El pelirrosa sólo pudo asentir con desesperación, relamiéndose los labios dejándolos brillantes para recibir la longitud de su Alfa. Su lengua picaba por recoger esa perlada gota de líquido que se deslizaba por el pene del contrario. Sus pupilas dilatadas fijas en el gran trozo de carne.
– Date gusto, bebé…
Era todo lo que Jimin necesitaba. Sus manos subieron temblorosas hasta sostener la gruesa erección entre sus dedos. Su alfa jadeó entrecortado y gustoso, alimentando su confianza. Como sediento ante agua fresca, llevó sus húmedos y pomposos labios hasta cerrarlos sobre la brillosa cabeza, dando pequeños lamidas y recogiendo todo rastro de lubricante.
Jungkook gruñó, ante la imagen lasciva frente a sus ojos. Jimin lamía todo su pene como si de una paleta se tratara, sus pequeñas manos sosteniendo en su lugar, evitando que escapara de su boca con cada sacudida. Tenía los ojos cerrados, concentrado en su labor mientras que sus rosados cabellos se pegaban a su frente perlada.
– Vamos bebé, no hagas esperar a tu Alfa – gruñó con sus ojos totalmente rojos.
Los azules conectaron con sus rubíes mientras que lentamente iba introduciendo toda su longitud en su boca. La inocente mirada, las mejillas ahuecadas, la calidez y humedad de su boca y los labios hinchados envolviendo su piel caliente hicieron que su pene saltara complacido, chocando con la garganta del más bajo.
– ¡Maldición, Jimin!
Jungkook tuvo que sostenerse de los cabellos fantasía cuando Jimin gimió con su pene aún en la boca, las vibraciones de su garganta casi hacen que logre correrse. Su omega lo estaba volviendo loco. Sus bolas se contraían adoloridas y su erección palpitaba dentro de la cavidad bucal de Jimin.
Con otro tortuoso movimiento y respirando por la nariz, Jimin empujó su cabeza hacia atrás, separándose lentamente hasta que con un muy lascivo “pop” dejó ir por completo la palpitante carne.
Jimin tenía los labios hinchados y las mejillas sonrojadas, todo su delgado cuerpo perlado en sudor, la humedad que corría entre sus glúteos humedecía las sábanas bajo suyo. Su rosado pene erguido majestuosamente sobre su abdomen. Dios, Jungkook quería tanto enterrarse en él, su alfa lo demandaba.
– Sobre tus codos y rodillas, piernas abiertas – gruñó las órdenes en tono bajo y vibrante, siendo su alfa quien hablaba por él – Preséntate ante tu Alfa.
El cuerpo del omega se estremeció debido a las placenteras corrientes que lo atravesaron al escuchar la voz de Alfa de Jungkook, jadeando ronco. En pocos segundos acató la orden, con una ligera modificación que sabía a su alfa le encantaría.
Sí estaba sobre sus rodillas, pero su mejilla era la que descansaba sobre la suaves sábanas de su cama, sus manos habían tomado una dirección diferente, subiendo su empinado culo, separando sus blancas nalgas para mostrar su apretada, fruncida y muy lubricada entrada en todo su esplendor.
Presentándose ante su Alfa.
– A-Alfa… Uhhhmm… – gimió descarado al sentir la calidez del aliento de Jungkook por cerca de su necesitada abertura.
Jungkook posicionó sus propias manos sobre las pequeñas del omega, amasando la llena piel y separando aún más la carne. Sus papilas gustativas vibraron en anticipación, deseosas por percibir el placer que su olfato estaba recibiendo. Coco y vainilla, la más exquisita de las combinaciones.
Su ávida lengua dio la primera lamida y el glorioso sonido de un agudo gemido lo apremió. Sus oscuros y rojos ojos observaban como el músculo se contrae a la nada y Jungkook no pudo dejar de imaginar esas rosadas paredes apretando su longitud. Su pene saltó adolorido, suplicando un poco de atención.
Una segunda lamida y el dulce sabor lo hizo ver estrellas, de un momento a otro, su rostro ya estaba completamente sumergido en la cálida piel, su lengua penetrando la estrecha cavidad que apretaba su músculo deliciosamente.
Tuvo que sostener las caderas del omega en un vago intento de calmar sus temblores.
– ¡ahhhgg! – sus gemidos eran la gloria – Alfa… uhhgg…
– Sabes tan bien, pequeño omega – dijo con voz ronca, separándose un poco para dejar paso a sus dedos – Eres tan delicioso y tan mío.
Jimin se dejó ir por segunda vez gritando el nombre de su alfa al sentir dos de los dedos de Jungkook penetrando su interior y la gruesa voz acariciando sus oídos. No era más que un cuerpo tembloroso que se sujetaba fuertemente de las sabanas y dejaba escapar gruesas lágrimas de placer. Su polla aún se mantenía erguida, brillante y húmeda.
Quería a su Alfa, no, necesitaba a su Alfa.
– P-Por f-favor… – gimoteaba moviendo sus caderas – Alfa… te ne-necesito⁓
Necesitaba calmar el fuego abrasador en su bajo vientre, necesitaba calmar la tensión en sus músculos, necesitaba desgarrar su garganta en gemidos, necesitaba ser llenado por su Alfa…
En un rápido movimiento, su cuerpo hecho temblores fue girado sobre la cama y sus piernas abiertas hasta el límite. Un jadeo entrecortado escapó de sus gruesos labios y su polla saltó adolorida al conectar con esos profundos y brillantes ojos color carmín.
La nariz de su alfa se ensanchaba con cada inhalación, como si no pudiera obtener suficiente de sus aromas mezclados. Sus colmillos se dejaban ver un poco entre sus labios y Jimin podía jurar que escuchaba la vibración en el pecho de su Alfa.
El hilo de sus pensamientos se cortó cuando sintió la erección de Jungkook empujar contra su estrecha entrada. Su espalda se arqueó majestuosamente y sus desparramados cabellos color rosa siguieron el movimiento de su cabeza.
– Ahhhhgg… – gimió agudo al ser llenado.
– Mierda, estás tan apretado bebé…
Jungkook mantenía los dientes apretados, consolándose a sí mismo de embestir como un animal al cuerpo debajo suyo. No quería lastimar a su omega. La calidez de sus paredes lo rodeaban tan exquisitamente que luces brillantes comenzaron a parpadear en sus parpados cerrados.
– Alfa, mi Alfa… – jadeó el omega al sentirse completamente lleno y cálido por dentro.
– Mi omega – gruñó Jungkook escondiendo su rostro en el cuello del contrario, lamiendo, chupando y mordiendo a su antojo – Sólo mío.
La primera embestida llegó y ambos gimieron al unísono. Jimin llevó sus manos a la ancha espalda del contrario, aferrándose a este y acercándolo más a su cuerpo. El Alfa no podía mantener las manos en un sólo lugar, recorrer el cuerpo del chico debajo suyo era su nuevo pasatiempo favorito.
Pellizcaba sus suaves y erectos pezones rosados, acariciaba la suave piel de su pecho, estómago, caderas, muslos, sus sedosos cabellos y el níveo rostro de porcelana. Sus caderas se movían magistralmente, penetrando esa húmeda cavidad como si su vida dependiera de ello.
Sus finos labios se encontraron de nuevo con esos rojos y abultados. Mordiendo, chupando y tragando cada uno de los gloriosos gemidos. Sus dedos limpiaban las finas lágrimas del rostro de su omega, lágrimas que indicaban el inmenso placer que estaba sintiendo.
Sus caderas se movían circularmente con cada estocada, intentando encontrar el punto de placer máximo de su pequeño omega.
Una fuerte estocada y un grito de puro placer le indicaron que lo había encontrado.
– ¡AHÍ, ALFA! – gimió descarado su pequeño omega.
Sus caderas tomaron velocidad y su torso se irguió completamente para alcanzar profundidad. Tomó al tembloroso omega por la cintura y comenzó a embestirlo sin piedad, llegando cada vez más profundo y torturando exquisitamente ese punto en su interior.
Jimin era un mar de gemidos y a Jungkook le encantaba.
Sus ojos rojos observando fijamente el desastre bajo suyo. Cabello desparramado por todo el colchón, ojos fuertemente cerrados y ceño fruncido, perdido en la lujuria. Labios pomposos y abiertos para dejar escapar gemidos y jadeos. Cuerpo brillante y cubierto en sudor, pezones erectos y mordisqueados por Jungkook. Su erección se sacudía preciosamente con cada embestida, conectada por un hilo de liquido pre-seminal a su abdomen.
Sus delicadas y a la vez fuertes piernas abiertas para él a cada lado de su cuerpo, y su muy apretada entrada tragándose toda su longitud y aprisionando deliciosamente.
La vista lo estaba matando.
– Mierda – gruñó al sentir las paredes del omega apretándolo cada vez más.
Aceleró sus movimientos, moviendo con maestría sus caderas adelante y atrás. Él estaba cerca, Jimin estaba cerca. Gruñidos, jadeos y gemidos se combinaban perfectamente con el sonido lascivo de pieles sudorosas chocando entre sí, creando la melodía más exquisita de todas.
Su nudo estaba creciendo entre las apretadas paredes y los gemidos de Jimin se hicieron aún más agudos y altos. Sus colmillos picando por profanar la piel del cuello de su omega, hacerlo suyo, para siempre, pero la poca lucidez que aún quedaba en él le decía que era una muy mala idea. No había discutido eso con Jimin, él era sólo un compañero para pasar su celo.
Su lobo aulló en protesta.
Pero aún así mordió con fuerza su labio inferior.
Su orgasmo estaba tan cerca y su plan era salir antes de que su nudo se formara completamente, pero justo antes de poder hacerlo Jimin gritó y lloriqueó.
– ¡NO! – se sujetó con manos temblorosas a los brazos tensos de Jungkook y enrolló sus piernas a la cintura contraria, evitando que este escapara.
– ¡Mierda! – gruñó Jungkook empujándose, en una última estocada certera, dentro de su omega.
– ¡Alfa! – Jimin gimió en alto al sentir sus paredes expandirse al máximo, dándole el nudo de su alfa.
Un potente y devastador orgasmo lo arrasó, nada comparado a los anteriores. Su respiración se trabó y su corazón latió desenfrenado. Sus músculos se tensaron y su pene liberó toda la excitación y placer en forma de hilos nacarados del más blanco semen. Su garganta ardía y sus ojos húmedos no dejaban de derramar lágrimas.
Por otro lado, Jungkook podía sentir su pene vibrando en el interior del omega, liberando toda su semilla. Su cuerpo temblaba ligeramente y sentía un cosquilleo placentero en todo su cuerpo. El sudor cayendo de sus húmedos y oscuros cabellos. La bruma del placer aún imposibilitándole la vista.
Se dejó caer sobre el pequeño cuerpo del omega, aún tembloroso por las réplicas de su reciente orgasmo. Escuchando suaves jadeos en respuesta a cada uno de los besos que dejaba sobre la cálida piel.
Levantó la mirada y Jimin lo miraba con párpados caídos y sus mejillas pintadas en un rojo furioso, sus ojos ya no eran azules, eran del más hermoso color avellana. Jungkook no se cansaría nunca de verlos.
Entonces Jimin sonrió hermosa y ampliamente, llevando sus pequeñas manos al rostro de Jungkook, acunándolo.
– Mi omega ya escogió a su Alfa – dijo suavemente y el corazón del azabache retumbó en su pecho, su lobo aulló en felicidad, uniéndose a la dicha y al llamado de su omega.
– Mi Alfa siempre supo que tú serías su Omega – añadió con una sonrisa que mostraba sus hermosos dientes delanteros y formaba pequeñas arrugas a cada lado de sus ojos.
Sus palabras fueron selladas con la unión de sus labios. Permitiendo que la calidez de sus cuerpos unidos los envolviera una vez más, inflando ese sentimiento que comenzaba a crecer en sus pechos, guiados por nada más y nada menos que sus lobos. Un sentimiento que no entiende de razones, que solo sabe que existe un hilo invisible que los une y los ata para siempre.
Porque al final de cuentas, los lobos sólo se emparejan una vez en la vida.
Y el lobo de Jimin tuvo la suerte de encontrar a su Alfa cuando más lo necesitaba.








