Capitulo 5
Un par de sirvientes se acercaron a los jóvenes con una bandeja en mano.
— Majestad - le miraron — Disculpe la interrupción pero nos pidieron traer el postre.
— Está bien, gracias - les acomodaron en una mesa del jardín y sirvieron.
— Pueden retirar esta tarta de piña de aquí, no lo soporto - dijo la joven.
— ¡Esperen! - dijo el joven — Ese es para mí - la chica miro un tanto asqueada.
— Bueno, supongo que puedo tolerarlo si a ti te gustan - dijo sonriente. El príncipe comió enseguida su deliciosa tarta de piña que era su favorita.
Al terminar los jóvenes decidieron entrar al palacio para ir con sus padres.
— Supongo que cuando vivíamos juntos, tendré que acostumbrarme al olor de ese postre - rió. Rayfahand le regaló una sonrisa.
— En un momento te alcanzo, voy a buscar algo.
— Bien - la chica le dió un beso la mejilla y se alejo de inmediato. El joven algo confundido por el beso, se quedó pensativo. Casi de inmediato su mente olvidó eso al sentir un cosquilleo por todo su cuerpo.
— Esto es extraño..- se apoyo en la pared. Sentía náuseas, su cabeza daba vueltas y apenas si mantenía en pie. Débilmente llegó hasta su habitación y se derrumbó en la orilla de la cama un tanto aturdido y con la cabeza dando vueltas aún, en ese momento solo tenía visiones de aquella cabaña siniestra. Con un leve suspiro finalmente resbalo de dónde estaba y se quedó en piso, inconsciente.
Melanie probó apenas bocado, la abuela se levantó de la mesa y se fue rumbo a la habitación de Melissa.
— Espero que le diga a la abuela lo que está pasando, de lo contrario yo se lo diré, ¡si! - miro al gato.
— ¡Melanie! - la joven se levantó de golpe y corrió a dónde su abuela.
— ¿Qué pasa?
— Melissa, no está..mira la hora que es, no está por ningún lado.
— ¿Ya busco bien?
— Si, no está aquí, no la encuentro por ningún lado..- Melanie salió a buscar afuera. La abuela comenzó a revisar cada rincón de su cuarto, para su sorpresa sus cosas tampoco estaban.
— ¡¡MELISSA!! - la chica gritaba a todo pulmón mientras corría buscando a su hermana en algún sitio del patio.
Sin éxito alguno, la joven regreso minutos después a dónde su abuela, está estaba en la orilla de la cama y sostenía un papel en sus manos. La mujer levanto la mirada con lágrimas en los ojos, Melanie corrió de inmediato a los brazos de su abuela, estás dejaron salir sus lágrimas de profunda tristeza.
Poco a poco la luz se había más clara ante la vista de Rayfahand. Abriendo sus ojos hasta acostumbrarse a la luz de nuevo.
— ¿Dónde estoy? - abrió los ojos de golpe — ¿¡Qué está pasando!? - dijo mirando todo a su alrededor con asombro — ¡Por qué todo es más grande que yo! - el joven se incorporó de nuevo, levanto sus manos con gran susto para pegar un grito que apenas si alguien podía escuchar. Aturdido, confundido, asustado, corrió hacia el espejo más cercano para darse cuenta de que se había convertido en un anfibio verde. Rayfahand en su negación, se lanzo de la ventana de su habitación, el príncipe ya hacia sobre el césped, mirando con horror su triste realidad, mientras su adolorido y pequeño cuerpo temblaba.
Melanie abrigo a su abuela con una manta, está se había quedado dormida en la habitación de Melissa. La chica tomo la carta y con una mezcla de emociones negativas, la arrugó y la lanzo al fuego. Mosquetero se quedó en la puerta trasera de la casa, mirando desde ahí a Melanie, quien para intentar olvidar un poco, salió a hacerse compañía con los animales.
Esa noche parecía eterna, era como si no pensara amanecer de nuevo.
— No la necesitamos, yo cuidare de la abuela y de nuestro patrimonio - miro a un cabrito y le dió unas palmaditas sobre su cabeza -
El aterrador maullido del gato, alertó a la chica quien tomo un rastrillo y fue a dónde su amigo — ¡Mosquetero! - miro a todos lados - casi de inmediato el gato apareció saltando encima de la chica, mojado y asustado.
— ¿¡Qué te paso!? - le miro angustiada. La chica levanto la vista a dónde el aguaje.
Melanie tomo de nuevo su arma defensora y se aproximó a dónde el peligro.
— ¿Viste alguna serpiente? - el gato aterrado se quedó a lejanas de su dueña. Pronto la mirada de la chica se poso en una rana bastante extraña a su parecer.
— Oh, solo eres tú - respiro aliviada — ¡No hay nada que temer Mosquetero! - le llamo
— Ven aquí pequeño, te ves muy raro y bastante maltratado - se acercó para tomarlo.
— No te acerque más por favor.
— ¿Qué? - la chica se congelo ante la respuesta del anfibio.
— ¡Estoy perdido! - dijo con desesperación. Melanie pegó un fuerte grito, Mosquetero se asustó de nuevo y corrió a resguardarse en la casa.
— ¿¡Tú hablas!? - dijo con asombro mientras se agarraba el pecho.
— No soy una rana señorita, soy un humano..bueno, hace unos minutos lo era - Melanie le miraba sorprendida, pensaba que podría estar alucinando — No puedo volver a mi hogar, y presentarme así, me matarán cuando me vean, no tendré oportunidad de decir nada, estoy perdido.
— ¿Cómo llegaste aquí?
— Ni yo mismo sé, solo se que salí huyendo, y después decidí pasar la noche aquí, no tengo a dónde ir, no se a dónde ir - dijo con tristeza y preocupación. Melanie le tomo con las manos y le miro a sus redondos y cristalinos ojos.
— Puedes quedarte conmigo si quieres, al menos hasta que averigüemos cómo sacarte de este cuerpo.
— ¿Lo dice en serio?
— Si - sonrió — Me llamo Melanie Diren.
— Un placer, yo soy Rayfahand Aftussa, para servirle.
— Rayfahand, ¿El príncipe? - miro anonadada.
— Si, o ese fui alguna vez.
— Sigues siendo un príncipe, solo que en menor tamaño y diferente apariencia - rió.
— Que alivio.
— No sufras Rayfahand, pronto encontraremos una solución a tu problema.
— ¿Cómo? - Melanie lo coloco en su hombro.
— Ya verás - La chica de inmediato regreso a la comodidad de su hogar.








