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Red || hopev os.

Summary

«Donde Taehyung es engañado por su esposo y decide vengarse, seduciendo a su suegro». ➤ Historia original. ➤ Hoseok top / Taehyung bottom. ➤ Género: smut. ➤ Inspirada en la canción "I see red" - Everybody Loves an Outlaw. ➤ Prohibida la Copia/Adaptación. ➤ Publicado: 10/08/22

Genre
Erotica
Author
hiarvi_13
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

En medio de la noche, mientras la oscuridad me envuelve en sus brazos, mientras las botellas de vino van consumiéndose hasta enloquecerme por completo, como si se tratara un rito necesario para olvidarme de mi dolor, mientras paseo los dedos por mi cuerpo, a la espera de ser deseado por alguien más, puedo sentir perfectamente el fuego ardiente de la venganza navegando por mi piel de manera vertiginosa. Nunca he deseado tanto algo en mi vida, ni siquiera cuando era un crío consentido que solo buscaba cumplir con sus caprichos. Nada sentido anteriormente se asemejaba a mis ansias de venganza, ni siquiera el recuerdo de haber sido feliz en algún momento de nuestras vidas compartidas.

Aquella noche, cuando ingresé a mi habitación a la espera de unos fuertes brazos tomándome de la cintura como cada día, fui testigo de que el amor alguna vez jurado no era tan eterno como me hubiese gustado que sucediese. Mientras yo me hundía en ilusiones y planes a futuro, mi amado esposo solo pensaba en su egoísmo, en ese éxtasis que había dejado de ser compartido conmigo para brindárselo a otro hombre, a uno que conocía perfectamente, pues había trabajado a mi lado meses antes de aquel incidente.

Fue casi innecesario decir alguna palabra cuando los vi amándose en nuestra cama matrimonial, no tenía mucho para decir, no tenía nada que reclamarle, solo podía llorar en silencio, mientras me preguntaba qué había hecho mal para recibir ese castigo de su parte. En ese momento de debilidad, me culpé a mí mismo por no haber sido lo suficientemente bueno para retener a mi esposo, pero, cuando lo medité mejor, terminé percatándome de que el único culpable había sido él, solo él, por tener un amante mientras vivía conmigo, por pensar en otros mientras me abrazaba, por siquiera pronunciar nombres ajenos cuando yo no estaba a su lado. Él era el único culpable. Y, por eso, él merecía pagar por todo lo que había causado. Solo él. Solo mi adorado ex esposo.

Jung Jiseok había sido mi novio durante dos años. En aquel entonces, era demasiado joven e imprudente para pensar en mis decisiones, por lo que decidí casarme rápidamente. No pude negarme a su propuesta de matrimonio. No, cuando se trataba de una cita en uno de los restaurantes más lujosos de Seúl, acompañado de un camino de flores y un anillo de diamantes que resplandecía en mi mano cada vez que hacía un ligero movimiento. Por supuesto, a mis 22 años y estando enamorado como estaba, no vi por el dinero que poseía, sino por el amor que me profesaba cada día de nuestra relación. Fue de esa manera que acepté atar mi vida a la suya, casándonos meses después en una ceremonia tan hermosa que todavía conservo recuerdos de aquel día. Nuestra vida matrimonial no fue mala. Tuvimos un par de años llenos de felicidad, algunos desacuerdos por hábitos diferentes, peleas como toda pareja y separaciones que no llegaban tan lejos. Todo iba en buen camino hasta entonces. Pero, cuando cumplimos cinco años de casados, todo comenzó a cambiar.

Me percaté de sus cambios de humor, de sus mensajes a medias, de sus horas extensas en el trabajo de su padre, de sus escasas demostraciones de amor, de su lujuria apagada y de sus olvidados “te amo”. Me percaté de todo ello, pero decidí ignorarlo, porque no deseaba terminar con lo nuestro de manera tan abrupta. Tuve paciencia, como cualquier persona enamorada que intenta salvar su relación; pero, ni siquiera eso lo hizo cambiar de actitud. Las señales habían estado allí desde siempre y yo no quise verlas. Hasta que lo vi por mí mismo junto a otro hombre y supe que todo había terminado.

La separación fue tormentosa, pues él alegaba que no debíamos divorciarnos por algo tan “minúsculo” como una infidelidad; pero, yo estaba tan cansado de todo que no me detuve hasta pelear por mi libertad.

En un inicio, me sentí destrozado con el proceso, por supuesto, pero si me puedo permitir ser sincero conmigo mismo por primera vez en mi vida, debo confesar que no fue tan doloroso como lo hubiese querido. Incluso cuando lo llegué a amar más que a mí mismo, no me dolió su traición en el grado que me hubiese dolido cuando tenía 22 años. ¿La razón? No es un qué, sino más bien un quién.

Jung Hoseok. Aquel hombre ingresó a mi vida de manera inadvertida. Por supuesto, tenía que hacerlo. Después de todo es el padre de mi aún esposo.

Mi suegro, el dueño de toda la fortuna que alguna vez se me fue compartida, el hombre que podría quitarme del camino si lo deseaba. Aquel hombre de apenas poco menos de veinte años mayor que yo ha sido la única razón por la que me he negado a firmar los papeles de divorcio hasta ahora. Él ha sido la única razón por la que he permitido que mi esposo visite mi hogar en un intento de recuperar nuestra relación, pues en sus visitas no solo intenta convencerme de volver con él, sino que mantiene a su padre al lado para que yo pueda sentirme intimidado con su poder y, de esa manera, pueda acceder a sus peticiones. Por supuesto que me ha intimidado, pero no de la manera que a Jiseok le gustaría saber.

El señor Jung, como me gusta decirle desde siempre, me trató bien desde el primer día que nos vimos. Nunca pude negar que era un hombre apuesto, pero antes no me detenía a observarle detenidamente. Ahora, sin embargo, puedo admitir que no solo es apuesto, también es muy galante, reservado y caliente. Sobre todo, caliente. Solo basta observarle un momento para saber que no podría resistirme a cualquier petición que me diese. Solo basta una sonrisa suya para tenerme a sus pies.

Tal hechizo me ha lanzado Jung Hoseok, y necesito que sea él quien me muestre la cura a esta pasión que siento.

Justamente hoy es cuando deseo que me lo brinde. Hoy que mi esposo ha sido visto con uno de sus amantes, en una cafetería del centro de la ciudad, aun cuando me prometía amor solo a mí. Hoy necesito desquitarme de alguna manera. No con palabras, ni con intentos absurdos de arruinarle la noche. No. Lo que necesito para que sienta lo que mi ingenuo yo de hace meses sintió es pagarle de la misma manera. Necesito hacer que se arrepienta de haber jugado conmigo. Necesito que descubra que ha dejado de ser importante para mí. Necesito que sepa que alguien más me tiene en sus manos y que ya lo he olvidado. Necesito que le duela horriblemente el haberme traicionado de esa manera. Y qué mejor que siendo con su padre con quien yo decida traicionarlo.

Solo imaginar el rostro desencajado de Jiseok al verme con su padre me causa satisfacción. Solo imaginar su enojo en ese momento me hace desear más que sean las ocho de la noche para que el señor Jung ingrese por esa puerta, tan galante como siempre, acudiendo a mi auxilio como ha hecho últimamente.

Solo bastó una llamada y una actuación impecable de tristeza para que el hombre dejara todo en su oficina y viniese a mí, intentando consolarme, después del “dolor” que me causó su hijo una vez más al mostrarse frente a todos con otro hombre.

No ha pasado ni siquiera veinte minutos desde mi llamada cuando siento el timbre de mi casa siendo tocado. No debo ver al exterior para saber que se trata de mi ardiente suegro, por lo que dejo ir los primeros botones de mi camisa, me acomodo el pañuelo que llevo atado en el cuello, me observo al espejo una última vez y abro la puerta después del segundo llamado.

―Buenas noches, Taehyung.

Su voz normalmente es calmada, incluso alegre, pero esta noche es todo lo contrario. Puedo sentir cierto enojo en el tono de su voz, se escucha más grave, un poco más ronco de lo normal, pero eso no hace más que emocionarme. Puedo sentir su mirada navegando a través de mí, no sé si lo hace porque está preocupado de que haya hecho algo malo o por el simple placer de admirarme de pies a cabeza, pero se siente bien tener su completa atención por unos simples minutos.

―Buenas noches, señor Jung.

Por supuesto, tuve que cambiar el tono de mi voz para que fuese más creíble mi historia. El hombre frente a mí me observa detenidamente, puedo ver un atisbo de preocupación en su mirada, puedo sentir la fragancia de su perfume a solo metros, la calidez de su cuerpo incluso estando lejos y sus ansias por ingresar de inmediato, solo para sentirse próximo a mí. Puedo ver sus intenciones, pero es tan correcto que jamás admitiría sentir algo por mí, ni siquiera por simple juego.

―Lamento haberlo llamado, señor Jung ―volví a decir, fingiendo mi poco ánimo perfectamente―. Debió ser molesto para usted tener que atender la llamada de un yerno que no puede manejar sus problemas solo.

Él negó, mientras daba un paso adelante, adentrándose poco a poco en mi hogar.

―No digas algo como eso, Taehyung ―pidió―, eres la pareja de mi hijo; por supuesto que te ayudaré si puedo hacerlo.

―Dejamos de ser pareja hace tiempo, señor Jung ―dije―. No creo que exista alguna manera de hacer que lo nuestro funcione, no después de lo que hizo.

Le sonreí apenas, con intención de que se reflejara cierta tristeza en mi rostro. Él acercó su mano con timidez, pidiendo permiso en silencio para que pudiese tocarme, luciendo casi indefenso por no saber cómo manejar una situación semejante. Le permití hacerlo, por supuesto, solo porque deseaba sentir sus dedos acariciando mi rostro con esa delicadeza cautivante que me ayuda a tomar el coraje de mantenerle la mirada. Si el hombre frente a mí ha hecho esto con alguien más, no me interesa en absoluto en este momento. Solo quiero que continúe ingresando a mi hogar para consolarme con sus abrazos y su inquietante tranquilidad.

―Lamento lo que ha hecho mi hijo ―volvió a tomar la palabra, cohibiéndose un poco por haber acariciado mi rostro segundos antes―. Jiseok no es un mal hombre, él solo…

―¿Se cansó de mí? ―inquirí, sarcástico―. Es lo que he llegado a pensar desde que nos separamos.

Le permití el acceso a mi hogar después de decir aquello. Hoseok parecía un poco desencajado por lo que había dicho, tal vez por la franqueza de mis palabras; se adentró por completo en el salón, después de dejar su abrigo en la entrada, y tomó asiento en el sillón más grande, el mismo en el que había estado recostado minutos antes de su llegada. Mis emociones estaban incrementando con cada una de sus acciones, pero fui capaz de mantenerme sereno frente a él, para que no sospechase mis verdaderas intenciones.

―Debes saber que hablaré con él en cuanto llegue a verme ―informó, su atención estaba completamente en mí, a pesar de estar de espaldas, sirviéndonos un poco de vino―. Lo que hizo esta noche no… es algo que deba aplaudirle.

―No tiene caso hacerlo, señor Jung ―respondí―. No creo que algo vaya a cambiar, incluso si usted habla con él.

―Taehyung…

―Nosotros estamos a un paso de divorciarnos. Este período de guerra fría entre nosotros solo fue un capricho mío, para decidirme si debía firmar el divorcio o brindarle otra oportunidad. Pero, dado el caso, no creo que me vaya a inclinar por la segunda opción.

Pude ver cierta desesperación en su mirada, cuando me acerqué al sillón para brindarle una copa de vino. Tal vez se debía a los problemas mediáticos que surgirían después de nuestra separación o a su deseo oculto por conservar la comunicación conmigo. No lo comprendía del todo, pero me gustó sentir el fuerte agarre en la copa de vino y la frustración plasmada en su rostro. Me gustó saber que no deseaba tenerme tan lejos como pensaba.

―Comprendo que te ha lastimado, pero si tú pudieras darle una oportunidad más… estoy seguro de que dejaría todo ese mal comportamiento de lado.

Bebí un poco de vino antes de soltar una risa ligera. Hoseok solo me observó, desde la inclinación de la copa entre mis dedos hasta la sonrisa que quedó tras mi acción.

―¿Por qué siquiera está aquí tratando de defenderlo, señor Jung? ―cuestioné―. Lo que cualquier padre haría en su lugar, sería apoyar la infidelidad de su hijo.

―La infidelidad no es algo que debería aplaudirse. Jiseok obró mal y debería disculparse.

―Entonces, ¿por qué es usted quien pide perdón en su lugar? ¿Por qué está aquí tratando de convencerme de volver con su hijo?

Hoseok no supo qué decir, se quedó sin palabras tras mi pregunta directa. Bebió rápidamente de su copa de vino antes de arreglarse el nudo de la corbata por la incomodidad que sentía. Yo solo reí internamente por ello, pues había comprendido sus verdaderas razones.

―Has sido un compañero bueno durante todo este tiempo ―dijo, después de unos segundos en silencio―. Gracias a ti, Jiseok aceptó el trabajo que le ofrecí desde que salió de la universidad, porque deseaba impresionarte en aquel entonces. Fue portándose mejor desde entonces, y creo que si lo abandonas… todo ese progreso terminará.

―No soy alguna especie de centro de rehabilitación, señor Jung.

―No, por supuesto que no ―dijo de inmediato―. Pero, sé que contigo, él tendrá una mejor vida.

Adoraba su honestidad, incluso cuando me estaba colocando como el encargado de mejorar la actitud de su hijo. Si él me veía como algo más que su yerno, no lo tenía claro. No tenía claro nada, en realidad, porque él me observaba como si significara algo más, pero sus palabras dictaban todo lo contrario. Crucé mis piernas con elegancia, mientras evaluaba lo que tenía para decirle. Hoseok se dio cuenta de ello y siguió mis acciones con la mirada, esta vez se hallaba un poco más evidente que antes, debido al vino consumido momentos antes.

―Lo que pasa, señor Jung, es que… he perdido el completo interés por su hijo.

―¿Eh?

Me acerqué a él un poco más, lo suficiente para que nuestros muslos rozaran. Hoseok tragó saliva por un momento, nervioso por mi presencia.

―Amé a su hijo con todo mi corazón en su momento ―dije en voz baja, mientras paseaba mis dedos con cautela por su muslo―; pero, últimamente, he pensado mucho en otra persona, alguien que no es Jiseok.

Me incliné un poco hacia él con la intención de que nuestras miradas conectasen por más tiempo. Hoseok lucía nervioso por mi cercanía, pero no me apartó en absoluto, solo retrocedió un poco por la sorpresa y se quedó en silencio.

―Me gustaría que fuera franco, señor Jung ―volví a decir―. ¿Quiere retenerme en su familia por el bien de su hijo… o por su propio bien?

Él me tomó de la mano suavemente, mientras me alejaba de su cuerpo por un momento. Tenía cierta guerra consigo mismo para decidir si debía mantenerme cerca o lejos, pero eso no crispó sus pensamientos. Me mantuvo a una distancia prudente, lo suficiente para que mi perfume no nublara su cordura y para que la razón hablara a través de él.

―No sé qué estás intentando hacer, Taehyung, pero…

―¿Por qué no es sincero conmigo? ―dije, manteniendo mi sonrisa seductora―. Me he percatado muchas veces de la manera en que me observa cuando estamos en la misma habitación. Puedo sentir siempre su mirada penetrante, la envidia que oculta cuando su hijo me agarra de la cintura y me presenta ante todos. Incluso en la fiesta de su hija, donde toda la atención recayó en ella esa noche, no apartó sus ojos de mí.

―Eso no…

―Incluso ahora, puedo sentir como se esfuerza por continuar aferrado a sus principios ―lo interrumpí―. Dejaré pronto de ser el esposo de su hijo, no tiene que pensar en esto como un acto inmoral.

Hoseok era mucho más consciente que yo, por supuesto. Tenía más edad y había vivido mucho más, por eso no podía simplemente lanzarse a la lujuria en el primer momento. Incluso cuando lo pienso detenidamente, sé que involucrarme con el padre de mi esposo es totalmente deshonroso, pero no puedo sentirme en un plan moralista cuando el hombre frente a mí ha envuelto mi juicio a su merced por completo. No me importa ser tachado como alguien inmoral si esto llegase a enterarse o ser echado de esa familia de manera inmediata, no me importa en absoluto algo de ello, mientras tenga la oportunidad de conseguir mi venganza y disfrutar de un momento íntimo con este hombre.

Hoseok me empujó ligeramente (pues nunca se atrevería a ser rudo conmigo en ese aspecto) y me apartó por completo de su lado. Se puso de pie, se arregló la corbata y buscó las palabras indicadas para intentar frenarme:

―No sé qué estás planeando, Taehyung, pero debes saber que no caeré en tus engaños. Si intentas vengarte de esta manera tan baja de mi hijo, entonces debo decir que me equivoqué al juzgarte la primera vez.

Sentí cierta punzada en el pecho al escucharlo decir aquellas palabras, pues siempre había intentado quedar bien frente a él, ya sea porque me gustara o no, Hoseok siempre me pareció alguien correcto a quien no debía defraudar. Y, por eso, siempre intenté ser el yerno perfecto para él. Esa, tal vez, fue la razón por la que su confianza hacia mí incrementó en todo ese tiempo, al igual que sus constantes atenciones.

Ahora que lo tenía frente a mí, sin necesidad de lucir como el yerno perfecto que solo deseaba caerle mejor, teniendo más claro mi deseo verdadero respecto a él, no podía dejarlo ir tan fácilmente. No podía dejar que cruzara esa puerta porque estaba seguro de que tardaría en volver y lo que menos deseaba en este momento era esperar.

Me puse de pie de igual manera y me permití sujetar su brazo, a pesar de que él retrocedió unos pasos cuando me le acerqué, intentando retenerlo un poco más.

―No busco algún tipo de venganza en contra de su hijo, señor Jung ―le dije, mientras sujetaba fuertemente su manga―; Jiseok ha dejado de importarme desde hace un tiempo. Él destruyó mi corazón y, como castigo, decidí olvidarlo por completo.

Me acerqué un poco más a él, volví a sujetar su corbata con suavidad, tanteando el terreno para que no me alejara de manera cruel, y volví a subir la mirada.

―Solo estoy intentando brindarnos algo que hemos estado deseando desde hace un tiempo… algo con lo que hemos soñado.

―Estás equivocado, Taehyung ―insistió―. Yo jamás te vi con otros ojos. Tú eres el esposo de mi hijo y yo jamás…

Impedí que hablara y continuara lanzando mentiras respecto a sus deseos. Colocando mi dedo índice en sus labios, me di el placer de pegar nuestros cuerpos por un momento, sus manos sudaron en cuanto mi pecho rozó con el suyo, su respiración se descontroló y su mirada se oscureció de una manera que incluso yo sentí su excitación.

―Si no es como lo dice, entonces, apárteme, señor Jung ―reté, mientras acerqué mis labios a su mandíbula―. No corresponda a mis besos y váyase… si en verdad no me desea tanto como yo lo deseo a usted.

Mis palabras parecieron hipnotizarlo paulatinamente, pues no me detuvo cuando me acerqué a sus labios y lo besé. Hoseok se mantuvo por un momento estático, tratando de entender a su propio cuerpo por las reacciones ocasionadas con un simple beso. Estuvo así durante unos segundos, hasta que el frágil muro de fingida moral se desvaneció por completo y lo sentí abrazando mi cintura con una posesividad increíble. De pronto no eran solo mis labios moviéndose a través de los suyos, era su correspondencia la que se materializaba con pasión y goce, eran sus manos acariciando mi espalda con desesperación, era su entrepierna rozando la mía en movimientos lentos para que yo supiera lo duro que se encontraba.

Hoseok sonrió durante el beso cuando me vio ruborizado por sus acciones, pero no se detuvo. Tomó de mí cuanto pudo y me dejó caer sobre el sofá, el mismo que habíamos compartido minutos antes, mientras su lengua abandonaba mis labios para humedecer la piel de mi cuello. Sentí sus mordidas en cuanto me recostó sobre el sofá, y sentí como luchaba para tenerme mucho más cerca. Sus brazos se encerraron por completo en mi cuerpo, incapacitando cualquier intención de alejamiento. No quería apartarme esta vez, solo deseaba mantenerme allí, recluido por completo, a merced de sus fantasías.

―Eres un demonio, Taehyung… ―susurró―, un demonio que debería ignorar.

Sentí mi propio miembro duro cuando lo escuché hablar con esa voz ronca cargada de excitación con la que muchas veces soñé. Todo en él gritaba hastío y placer. Hastío por haber soportado todas mis palabras y acciones descaradas sin que pudiese hacer algo para enseñarme una lección y placer por toda la escena que nos habíamos montado en mi sala. Él estaba sobre mí, quitándome la camisa con una desesperación embriagante, mientras yo solo podía sonreírle con arrogancia y gemía en voz alta cuando su lengua acariciaba mis pezones o cuando sus manos sujetaban mis caderas con fuerza al momento de simular embestidas. Era caótico, placentero y peligroso. Todo lo que estábamos haciendo era completamente inmoral, pero teniéndolo sobre mí, regalándome marcas de pasión que no iban a borrarse fácilmente de mi piel, no podía permitirme pensar en si estaba bien o si estaba mal.

―Señor Jung…

―Maldigo el momento en el que te apareciste en mi vida ―dijo él, mientras se quitaba la corbata con molestia―. Arruinaste mi tranquilidad desde el momento en que me miraste con esos ojos inocentes y te presentaste como el novio de mi hijo.

Sus manos, fuertes y grandes, se dirigieron a mi rostro, me sostuvieron con enojo, con posesión, con un sinfín de emociones que no pude describir en ese instante.

―¿Tienes alguna idea de lo mucho que he intentado alejar mis manos de ti para no ser un mal padre? ―mencionó, mientras hacía presión en su agarre―. Todas las veces que pensé en mandar lejos a mi hijo solo para no tenerlo alrededor tuyo… me molestaba el simple hecho de verlo junto a ti.

Intenté detenerlo por un segundo, no quería que continuara hablando de esa manera, porque me estaba sintiendo verdaderamente estúpido por haber caído enamorado de ese idiota, en lugar de este ardiente y atractivo hombre. Era absurdo incluso para mí pensar en todo lo que me hubiese ahorrado si llegaba a su cama antes de conocer a Jiseok, pero sé que no hubiese terminado bien para ninguno de los dos en ese entonces, porque él se hallaba casado en ese momento.

―Fue por eso que usted…

Hoseok asintió, sin verse culpable o algo parecido.

―Por eso me divorcié ―murmuró―, porque no podía tener un buen matrimonio si todo el tiempo codiciaba al esposo de mi hijo.

La declaración fue mucho más de lo que imaginé. No pude ni siquiera procesar lo que dijo o sentirme satisfecho de saber que había estado en su mente desde hacía mucho tiempo, porque volví a sucumbir en el éxtasis cuando volvió a besarme y me desvistió por completo. Sus brazos me rodearon, me acarició con ternura en los muslos, me besó las palmas de las manos, me observó, lleno de placer, y finalmente acarició mi sexo.

Hoseok acarició mi pene con manos expertas, bombeó paulatinamente mientras yo me sentía pequeño frente a su mirada. No necesitaba de mucho para tenerme gimiendo bajo él, no necesitaba decir alguna palabra sucia para excitarme, solo bastaba con acariciar alguna parte de mi cuerpo para sentir el fuego ardiente del deseo en mi interior, solo bastaba con observarme de esa manera para tenerme a su merced. Hoseok era un completo experto en la tarea de enloquecer a una persona hasta que se olvidara de su propio nombre.

―Me encantas, Taehyung… ―volvió a decir―, solo mírate ahora mismo… ¿te veías así de caliente cuando lo hacías con mi hijo?

Negué de inmediato. Dudaba mucho de eso, pues los juegos previos con Jiseok no se comparaban a este momento vivido.

Hoseok sonrió con victoria, se inclinó hacia mí y volvió a besarme. Aproveché el beso para abrazarlo por el cuello y sentir la desnudez de su torso sobre mi piel. La sensación fue abrumadora, me sentí hechizado por un momento, solo con el simple baile de nuestras lenguas y las manos de Hoseok descendiendo peligrosamente hasta mi entrada. Me volvió a llenar de besos el rostro, volvió a jugar con mi miembro, rehízo todo, una vez más y, cuando se vio cansado de todo aquel juego, me susurró:

―Voltéate, Taehyung… déjame ver aquello de lo que tanto me he privado este tiempo.

Me resultó imposible desobedecerle. Me acomodé mejor en el sofá, rodé hasta quedar boca abajo y me sostuve de mis brazos para que mi culo quedara a la altura que él deseaba. Pude sentir la satisfacción de Hoseok frente a ello, solo bastaba con observarlo a través del reflejo de la mesa de decoración para saberlo. Él estaba tan deseoso de esto como yo lo estaba de su tacto. Pasó la yema de sus dedos por mis costillas, descendió hasta sujetar mis caderas, se divirtió jugando con mi culo por un momento y, finalmente, paseó sus dígitos por mi entrada. El primer roce inadvertido me sorprendió. La segunda caricia me mantuvo todavía en la cordura. Y en su tercera acción, me volví loco.

Ya no eran los dedos de Jung los que me tocaban, era su lengua la cual acariciaba mi agujero de manera experta, causando gemidos en mis labios y debilitando mis brazos en cuestión de segundos.

Si podía ser sincero, no necesitaba algún tipo de preparación, pues me había lubricado por mí mismo antes de que llegara, conociendo perfectamente el éxito de mi plan; pero él se esmeraba en prepararme por sí mismo, se esmeraba por hacer que su lengua se moviera de maneras circulares en mi interior para que yo fuese capaz de pedir más, más, cada vez más a lo que hacía.

Mis brazos no pudieron sostenerse por mucho tiempo y caí sobre el sofá antes de empezar. Hoseok volvió a ingresar su lengua, se divirtió un poco con mi sensible agujero y le puso fin a su juego con una palmada sonora en mi trasero. Su mano golpeó directamente mi culo antes de volver a masajearlo con insistencia.

―Señor Jung, por favor… ―rogué.

Hoseok soltó una risa grave, excitada, demasiado oscura para mi gusto.

―Eso es, cariño… ruégame ―dijo―, ruégame de manera que yo pueda disfrutar de este culo con mayor placer.

―Por favor… fóllame, señor Jung…

Giré mi rostro por un momento, solo para conocer su verdadero estado. Él tenía una sonrisa sarcástica en el rostro, su cabello se hallaba húmedo, dejando atrás el peinado uniforme de un inicio para ofrecerle un look que lo hacía lucir mucho más joven. No tenía camisa alguna que me privara de ver su torso marcado y sus ojos se veían más oscuros que en un inicio. Agradecí por haber planeado esa venganza en contra de mi esposo, porque sin ello no hubiese podido vivir tan intenso acto.

Hoseok me sonrió coquetamente antes de enterrar mi rostro en el sofá, bajó su propia bragueta, dejó caer su pantalón la altura suficiente y abrió el condón con sus dientes. Pude sentirlo prepararse para disfrutar de mí, pude sentir la anticipación de tenerlo jodiéndome de manera fuerte, pude entender sus propios sentimientos. Todo se volvió silencio durante un segundo y, al segundo siguiente, lo sentí ingresar profundamente en mí.

Gemí al sentir como su pene ingresaba poco a poco en mi interior. Hoseok estaba teniendo cuidado en no lastimarme, pero seguía enloqueciéndome con sus actos. Cuando toda su polla ingresó en mi agujero, me sentí completamente lleno. Ese hombre era tan bueno que incluso en un caos como este seguía siendo perfecto. Su polla era tan gruesa y tan grande que deseaba sentirla constantemente en mi interior.

―Señor Jung…. Usted es tan…

Hoseok no permitió que acabara la oración. En cuanto salió de mi interior, volvió a ingresar y continuó de esa manera, subiendo la velocidad cada cierto tiempo. No era nada suave en sus embestidas. Era fuerte, rudo, frenético. No podía seguirle el ritmo una vez que decidió ir más rápido. No podía quejarme del dolor de mis caderas cuando sus dedos hicieron presión sobre mi piel, ni pude articular alguna frase coherente. De mis labios solo salían gemidos llenos de satisfacción, combinados con su nombre y con mi pedido de que fuera más rápido. Podía sentir como su sexo chocaba contra mi culo, podía escuchar los sonidos morbosos que hacía, podía sentir como mi piel ardía mientras me jodía sin intención de detenerse. Podía percibir nuestras emociones combinadas y no existió mejor escenario que ese.

Si pudiera describir con palabras lo bueno que era a la hora de cogerme, tal vez no terminaría de hacerlo. Por esa razón, solo me dediqué a sentir, me dediqué a disfrutar de la manera en que me destruía por completo y me volvía a reconstruir para seguir sintiéndolo. Mi propio pene dolía, mis caderas dolían, mi culo dolía. Pero, a veces, el dolor es mucho más placentero que el propio acto y, en ese momento lo supe.

―Dios, eres mucho más perfecto de lo que pensaba… ―dijo para sí mismo―… tu culo es mucho más apretado de lo que imaginaba.

Sentí mi rostro húmedo, las lágrimas comenzaron a descender, confundiéndose con mi sudor de inmediato. Yo debía verme como un desastre para él, pero continuaba halagándome de una u otra manera, continuaba jodiéndome como si no quisiese parar, continuaba abrazándome en medio del acto, como si quisiera obligarme a resistir su trato. Hoseok era bueno en lo que hacía, pero era mucho mejor en las palabras. No podía dejar de embriagarme en sus palabras, aquellas que eran usadas con astucia para tenerme bajo su control.

Mi cuerpo no resistiría mucho más si continuábamos a este ritmo. Me sentí cansado, mis piernas se sintieron cansadas, mi garganta ardió a causa de mis jadeos y gemidos recurrentes, mis brazos habían perdido fuerza hace mucho, pero él parecía no estar cansado en absoluto. En un momento dado, cuando escondí mi rostro en el sofá, Hoseok internó su brazo por mi pecho y ascendió hasta cerrar su fuerte y grande mano en mi cuello. Levantó mi rostro sin mucha resistencia, hasta que me vi a mí mismo en el reflejo del ventanal, donde pude percatarme de la caliente imagen que ambos habíamos formado en esta.

―¿Puedes verte? ―susurró sobre mi oído―. Estás tan gustoso por tener mi polla en tu interior que eres un completo desastre. ¿Acaso mi hijo no te jodía tan bien como yo lo estoy haciendo ahora?

―Señor Jung…

―¿Era esto lo que querías cuando me llamaste esta noche? ¿Era de esta manera como planeabas tenerme?

Hoseok paseó su otra mano por mi pecho, pellizcó mis pezones fugazmente y descendió hasta tomar mi polla entre sus manos. Fue masajeándolo mientras sus embestidas reiniciaron de manera lenta. Yo gemí, mientras observaba nuestros reflejos. Él sonrió en medio de sus acciones y aumentó la velocidad. Sus dedos presionaron mi cuello, me obligó a llevar la cabeza hacia atrás y, tras unos segundos de esa sobreestimulación, el orgasmo me abrazó por completo, haciéndome expulsar hilos nacarados de semen que terminaron ensuciando su mano.

Hoseok continuó jodiéndome un rato más, hasta que salió de mi interior y me giró sobre el sofá. Se quitó el condón de manera rápida y comenzó a bombear su propia polla frente a mí. Supe lo que deseaba, por lo que saqué mi lengua cuando acercó su pene a mi boca y disfruté de su orgasmo segundos después. Su semen bañó mi lengua y parte de mi rostro, lo que le causó satisfacción, pues me sonrió perezosamente desde arriba antes de acariciar mi rostro con ternura.

Dejé que mi respiración se regulara un poco mientras me acomodaba mejor en el sofá. Hoseok, por su lado, caminó, desnudo, por mi casa hasta hallar una caja con pañuelos que le sirvió para limpiar mi rostro.

En ese momento no podía pensar en nada más que en la sensual noche que tuve junto a Jung Hoseok. No podía arrepentirme, no podía pensar en mi venganza, no podía hacer mucho. Estaba en blanco. Demasiado cohibido con la sesión ardiente de sexo que había tenido. Hoseok estaba igual que yo, al parecer, porque no dijo nada después de ello, solo se colocó el pantalón nuevamente y se sentó a mi lado, a la espera de que dijese algo.

―Todo lo que dijo hace un momento… ―dije―, ¿era cierto?

Jung evadió mi mirada. Pareciera que recién se percataba de lo que dijo mientras tenía sexo, pareciera arrepentirse de haberse expuesto a sí mismo de esa manera, ahora que todo había culminado. No dijo nada por un buen tiempo y eso solo me confirmó que estaba en lo cierto.

―Usted…

―No debí haber dicho esas cosas ―mencionó―, ni siquiera debí haberte tocado más allá de lo permitido.

Me acerqué a él, tomé su rostro entre mis manos durante un momento y volví a besarlo, esta vez un poco más calmado que antes.

―Solo hizo lo que deseaba hacer hace mucho, señor Jung.

―No es correcto, Taehyung ―insistió―, eres el esposo de mi hijo y yo no puedo codiciarte de esa manera.

Por supuesto, él seguía teniendo sus dudas respecto a esto, pero no iba a permitir que esto culminase de manera abrupta. Aun cuando el mayor parecía desear irse lo más pronto posible, me senté sobre su regazo, estando todavía desnudo, y lo observé directamente.

―Lo mío con Jiseok terminó hace mucho ―mencioné―. Estamos a punto de divorciarnos, él no será un problema.

―Aun así…

―Al único que deseo es a usted, señor Jung. Deseo que me toque más tiempo, deseo besarlo como lo hice hoy, deseo que sea usted quien me tome hasta que no pueda pensar en nada. Solo usted.

Acerqué mi rostro al suyo, él tomó mi cintura con la misma fuerza de antes, nuestras miradas volvieron a unirse y nuestros labios se rozaron una vez más. Era obvio que me deseaba, lo había confesado minutos atrás, pero seguía negándose por su hijo.

―Eres demasiado tentador…

―No se prive de esto, señor Jung ―murmuré―. No se prive de tocarme, por favor. Nunca nadie me había tocado de la misma manera, nunca había deseado tanto a alguien como lo deseo a usted. Jiseok es un completo novato a su lado. Solo usted puede enloquecerme a tal grado.

Pude ver la sombra de una sonrisa orgullosa en medio de nuestros besos y eso me alegró, porque sabía que estaba convenciéndolo a seguir con esto. Hoseok era muy correcto, pero seguía siendo un hombre orgulloso y competidor.

Sus manos descendieron hasta mis caderas y me sostuvo de esa manera un momento más.

―¿Cómo fue capaz de engañarte? ―susurró, refiriéndose a su hijo―. Cuando eres tan delicioso de probar.

Él volvió a besarme. Toqué su pecho desnudo mientras él masajeaba mi culo una vez más. El ambiente volvió a tornarse caliente para ambos, volví a sentir como mi polla vibraba por sentirlo una vez más. Hoseok sintió lo mismo que yo, por lo que se bajó los pantalones nuevamente y se masturbó a sí mismo una vez más. Toqué mi agujero con los dedos, percatándome de que estaba lo suficientemente extendida para recibirlo de nuevo. Hoseok no tardó mucho en alinear su pene con mi entrada y volvió a ingresar. La pose era diferente, pero se sentía igual de placentera que hace un momento. Esta vez fui yo quien tuvo que esforzarse en tomar aquello que deseaba.

Hoseok me sostuvo de la cadera, atrapó mis pezones en sus labios y disfrutó de mis movimientos circulares. Me moví de manera circular sobre su pene, subí y bajé, mientras él marcaba el ritmo. Gemí su nombre en innumerables ocasiones y volví a sentir el orgasmo abrazador del placer. Hoseok era demasiado bueno para alguien con tan poca experiencia como yo. Sabía muy bien como enloquecerme, sabía muy bien como tomarme para que pudiera sentirme satisfecho. Lo sabía tan bien que cuando acabó de follarme por segunda vez, me robó el aliento a través de sus besos.

―No continúes seduciéndome de esa manera, Taehyung, porque no creo que pueda mantenerme lejos de ti por mucho tiempo.

―No lo haga ―pedí―, no se aleje más de mí. Lo necesito a mi lado.

―Taehyung…

―Mi divorcio saldrá pronto. No tiene que darle explicaciones a nadie, solo debe permanecer conmigo.

Hoseok no parecía convencido del todo, pero accedió de igual manera.

―Nadie debe enterarse de esto…

―No lo harán.

Sonreí en mis adentros cuando Jung se creyó mis palabras de inmediato. Dejé que me cargara por un momento para continuar con nuestro encuentro en la privacidad de mi alcoba.

Me aferré a su cuello mientras él caminaba hacia el interior de mi habitación y volví a sonreír cuando observé, sobre su hombro, mi móvil que descansaba sobre la mesa de decoración.

Nadie se iba a enterar, claro.

Nadie ajeno a Jiseok, por supuesto.

Con todo lo grabado, me preguntaba cuál sería su reacción cuando se enterara de que su padre me había otorgado la noche más placentera de mi vida.

No tuve respuesta en ese momento.

Porque en lo único que podía pensar era en lo bien que me la pasaría destruyendo a esa familia para que Jung Hoseok fuese mío. Solo mío.



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Good Writing

7

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Compelling Plot

3

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Great Character

4

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Strong Dialog

5

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sin duda esta es mi historia favorita

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