Prólogo
Julio del 2018
Buenos Aires, Argentina
Azucena habĆa llegado de la facultad pasadas las siete de la tarde a su casa por culpa de un profesor que habĆa comenzado la Ćŗltima clase del dĆa desfasada de horario, tal fue la coincidencia de su llegada a la casa que compartió el arribo con alguien mĆ”s que acababa de aparcar frente a su vivienda.
Antes de abrir la reja con la llave que llevaba consigo, se giró para mirar con atención el coche de color negro con vidrios oscuros que frenó allĆ.
Cuando abrieron la puerta del conductor se llevó la sorpresa de su vida. El estómago se apretujó de nervios y la boca se le puso espesa.
VestĆa con colores sobrios y tenĆa encima un sobretodo negro de paƱo terminando con una bufanda del mismo color alrededor de su cuello. Era invierno y el frĆo en Buenos Aires calaba los huesos.
El hombre comenzó a caminar en su dirección hasta plantarse frente a ella. La joven clavó los ojos en los suyos cuando levantó la cabeza por la alta estatura que tenĆa el individuo. La argentina tragó saliva con dificultad al verlo de nuevo, jamĆ”s se lo habrĆa esperado. No tenĆa ni la mĆ”s remota idea que volverĆa a pisar suelo bonaerense.
āBuenas noches, ragazza (chica) āemitió con una sonrisa.
El acento europeo e indiscutible que tuvo al hablarle y llamarla de aquella manera, fue como si a Azucena la habrĆa envuelto en un seductor terciopelo.
Milano, el mejor amigo de Benicio, su hermano. El sinvergüenza que en cada oportunidad la invitaba a salir en el tiempo en que su hermano y él estudiaban juntos.
El italiano era el prototipo de hombre que odiaba Azucena por su manera de ser, tan arrogante y fanfarrón. Y era la clase de hombre que querĆa evitar y alejar de ella tambiĆ©n.
āMilano... tanto tiempo... ācontestó con sequedad y abrió la rejaā, ĀæquĆ© te trae por aquĆ? āarqueó una ceja sin mirarlo del todo a la cara.
āUna cena con tu familia āsonrió al decĆrseloā, supongo que todavĆa no me puedes tolerar ācasi rio ante su propio comentario.
āSupones bien āescupió sin vueltasā. Entra āfue lo Ćŗnico que le volvió a decir.
Ćl esperó por ella mientras que la joven cerraba la reja con llave de nuevo, sentĆa la mirada clavada en su nuca. El cuero cabelludo le cosquilleó de tal manera que apretó los dientes por inercia y porque tampoco podĆa creer que le produjera aquello. Lo peor habĆa sido en el transcurso de la acción en caminar pocos pasos para cerrar la entrada, el aire fresco se vició con el perfume masculino de Milano y a Azucena la envolvió una vez mĆ”s. Aroma a maderas, pulcritud y a algo mĆ”s profundo y misterioso fue lo que percibió en el aire que la rodeaba.
āĀæAcabas de volver de la universidad? āquiso saber.
āSĆ āacotó con tirantez y abrió la puerta principal dejĆ”ndolo pasar.
Apenas la muchacha cerró la entrada tanto sus padres como Benicio lo saludaron con efusividad. Revoleó los ojos y dejó la mochila sobre el sillón y colgó su abrigo en el perchero amurado a la pared detrÔs de la puerta.
De inmediato fue a la cocina para prepararse el mate porque sentĆa frĆo y querĆa calentarse con un rico mate reciĆ©n hecho. El hombre apareció por la cocina junto a su hermano que se reĆan por alguna cosa que se habĆan contado entre ellos.
āĀæPor quĆ© no nos reĆmos todos? āpreguntó con burla para ambos.
āLlegó la estirada de mi hermana con sus frasecitas āexpresó con algo de sarcasmo.
āLo estirado dĆ©jaselo a tu amigo ādijo entre dientes al tiempo que succionaba del sorbete de acero inoxidable.
El italiano la escuchó con claridad y le clavó la mirada.
āĀæMe convidas con un mate? āinquirió Milano sin ninguna clase de tono de voz.
Azucena quedó perpleja ante la pregunta.
āĀæEstĆ”s seguro? āarqueó una ceja.
āClaro, viajo mucho y me gusta probar cosas de cada paĆs, hace tiempo que bebo mate, incluso tengo un equipo de mate en donde vivo ācomentó con seriedad.
Y ahĆ salió de nuevo su forma de hacerles saber a los demĆ”s que tenĆa dinero y mucho āpensó la joven.
āBueno... en ese caso te darĆ© uno āhablóā, pero con azĆŗcar porque el que estoy bebiendo es amargo.
La muchacha se giró en sus talones y buscó dentro de la alacena el frasco que contenĆa la sal. Sonrió sin que ninguno de los dos la viera. Le echó bastante y escondió el recipiente detrĆ”s de un adorno sobre la mesada. Volvió hacia ellos y echó agua caliente del termo hermĆ©tico. Enseguida se lo ofreció a Milano.
āGracias ācontestó sujetĆ”ndolo en una mano.
Cuando le dio el primer sorbo, el italiano casi se descompone de lo salado que estaba.
āĀæRico? āinquirió con sorna.
āNi te lo imaginas... ācasi ni pudo articular una palabra porque la sal le habĆa quemado la garganta.
Benicio entrecerró los ojos pero no dijo nada, salió de allĆ para ir con sus padres para acomodar la mesa donde irĆan a preparar la cena. Dentro de la cocina, ambos se mantuvieron callados.
āĀæNo quieres otro? āformuló con ironĆa.
āDime algo... ĀæquĆ© te he hecho para que me hagas esto de reciĆ©n? ācuestionó tajante y mirĆ”ndola directamente a los ojos.
Azucena se quedó petrificada ante su interrogación.
āTus maneras de actuar frente a mĆ es lo que me hacen sentir asco por ti āescupió con seriedadā, te pavoneas como el macho alfa de turno solo para intentar impresionarme, no lo conseguirĆ”s āsonrió de lado mientras lo miraba.
āQue tenga dinero y que comente cosas de los viajes que hago no quiere decir que te estĆ© restregando en la cara algo de lo que tĆŗ al parecer odias āexpresóā, las invitaciones que te hacĆa en el tiempo que duró mi perfeccionamiento aquĆ, Āæte parecieron asquerosas? Que yo recuerde, jamĆ”s te dije cosas subidas de tono āconfesó con seriedadā. Y si te invitaba era porque me gustabas āreplicó.
La argentina se mordió el labio inferior y volvió a hablarle.
āEras un imbĆ©cil en aquel tiempo, peor lo potenciabas cuando estabas con Benicio āadmitióā, tu manera de ser dista de un hombre comĆŗn y corriente.
āTĆŗ tampoco aceptaste una de mis citas para conocerme mejor ārespondió.
āTu mundo y el mĆo no se mezclan Milano āmanifestó.
Antes que el italiano intentara responder a su comentario, la madre de los hermanos entró a la cocina para verificar la comida del horno.
Cuando tuvo la oportunidad, la joven salió de allà y subió las escaleras hacia su cuarto.
En la cena la cosa estaba rara y el hombre creyó haberse dado cuenta de las relaciones afectivas que tenĆan sus padres y Benicio hacia Azucena. Peor se habĆa puesto la situación cuando la madre de los hermanos acotó algo un poco fuera de lugar.
āAhora que mi hija tiene unos dĆas libres en la facultad y si tĆŗ te quedas por algunos dĆas āobservó al amigo de Benā, pueden salir juntos o que mi hija acepte una de tus tantas citas que le habĆas propuesto con anterioridad āsugirió la mujer.
La muchacha abrió los ojos con desmedida mientras miraba su plato, cerró los mismos y apretó con los dientes superiores el labio inferior. No podĆa creer que su madre tuviera la desfachatez de decirle aquello, se puso de mil colores mĆ”s no levantó la cabeza del plato.
āCreo que estĆ”s incomodando a la niƱa, Marina ācontestó el padre.
āQue va... desde que recuerdo que Milano la invitó a salir y ella nunca lo aceptó, no hay que hacerse la estrecha cariƱo, no todos los dĆas se te ofrece la oportunidad de tener una cita semejante āaseguró con Ć©nfasis y tanto Azucena como Milano observaron a la mujer.
āNo seas desubicada ārespondió la joven con enojo en su vozā. Nos estĆ”s incomodando a Ć©l y a mĆ.
āPues no he dicho nada malo o desagradable, es la verdad āratificóā, siempre te invitó a salir pero tĆŗ preferĆas estudiar āadmitió.
āNo le veo lo malo en estudiar, Marina āesta vez fue el italiano quien hablóā. Cuando ella quiera aceptarĆ” una cita mĆa, de lo contrario no āla miró a los ojosā, y de no aceptar la entenderĆ© tambiĆ©n.
Azucena lo observó con fijeza porque nunca se habrĆa imaginado que Milano dijera aquellas palabras. Unas palabras que en verdad las habĆa sentido honestas.
El italiano supo bien que aquella familia era rara y que posiblemente la Ćŗnica que no entraba en la misma bolsa era la joven porque tal parecĆa que no le hacĆa caso a su madre y a sus palabras fuera de contexto. Incluso, no parecĆan familiares directos porque en cuanto a pensamientos eran totalmente diferentes.
Solo esperaba que la propuesta que le ofrecerĆa a Azucena cambiara el panorama de la muchacha y su forma de vida.









excelente