0. Prefacio
—Juro ser parte de el y serle fiel hasta mi muerte.
Hubo un silencio sepulcral por unos momentos. Yo tenía mi vista fija en sus ahora, negros ojos, intentando ser firme ante cualquier duda que me hiciera querer pasar.
Ella se alejo de mi, solto mi mano y al ver su espalda lo entendí, entendí por qué dijo el «y sobre todo, a mi», era ella, en su espalda, bordada una peonía dorada.
Ella era la mafiosa que debía espiar, traicionar y arrestar.
Y yo hace unos momentos estaba a sus pies, y no literalmente.
De una esquina del escenario avanzo un hombre, igual de fornido que los demás, empujando algo cubierto por una tela negra. La mujer se volteo, apunto con un arma mis piernas y me ordeno que me levantará, así que eso hice.
Ella tiene el arma, ella tiene el poder.
El mismo hombre que empujaba la cosa con la tela negra la quitó para dar lugar a una carreola, en la que yacía perfectamente dormido un bebé. La mujer le apunto con el arma y luego hacia mi, volteando el gatillo a mi dirección, como si esperara a que lo tomara.
—¿Quieres ser parte de mi grupo? —preguntó—, entonces mata a esa bebé.