Visita / ZhuiYi.

Summary

Después de pasar por muchas cosas en su vida, se enferma de gravedad. Pero no dice nada, deja que la enfermedad lo vaya consumiendo poco a poco. Las alegrías en su vida se han acabado, y su familia está lejos y ni siquiera la conoce. Una tarde, después de la visita de la única persona que se ha preocupado por él, una fuerte tos lo ataca, hasta ver sangre en la manga de su pijama. Ya no le ve tanta importancia y se duerme, despertando en otro lugar... Un paraje al que se parece a las series de dramas de épocas que ha grabado.

Genre
Adventure/Other
Author
zhu
Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
16+

01: Un paraje desconocido.


... Fama, fortuna, alegrías momentáneas, depresión, problemas alimenticios, odio, ansiedad, dolor, lágrimas, sudor, más odio, más alegrías momentáneas, más fama, más depresión, subir y bajar de peso... Y el ciclo se repetía cada vez más fuerte. Al punto de que el alcohol fue más indispensable que cajones de comida instantáneas. Qué refrescos sanos y vitaminas. El humo de los cigarros en cubriéndose por el aroma de las fragancias de los costosos perfumes. De toneladas de maquillaje en el rostro para parecer menos demacrado. De vestir ropa más grande y mascarillas negras, evitar utilizar el teléfono y ver las redes sociales. Entrar a Weibo y WeChat para leer y responder a su fandom y a su familia que solamente le arrojaba más carga.

¿Desde cuándo la vida que siempre quiso comenzó a desmoronarse? Su mánager, un imbécil que hablaba bien delante de él, pero a su espalda, arrojaba palabras ofensivas y hasta crueles de su carrera como cantante y actor. Su motivo de que se cargue con más trabajos y nunca se detenga de generar ganancias para la empresa y las marcas que patrocinan. De tomarse una pausa para respirar y no aparentar en las redes sociales de que está comiendo bien, que se mantiene fortalecido y que su mente es impenetrable con los constantes mensajes de odio y las amenazas que son desconocidas por la empresa a la que trabaja. A menos que su fandom los presione y tomen cartas en el asunto.

—Me estás comenzando a preocupar. ¿Has visto un médico en estos días?

Incluso a veces pierde los sentidos y se queda admirando el mismo horizonte de la ventana de su habitación hasta el ocaso. Olvidándose que es un ser humano débil que requiere consumir alimentos y asearse. Dedicarse un tiempo a solas y disfrutar de las pequeñeces. Pero...

—JingYi, ¿me oyes?

—... Sí. —se limitó a responder. Sin apartar los ojos del horizonte que le mostraba la ventana de esta mañana.

Era diez de julio.

—¿Estás seguro?

—No te preocupes. Ya no volveré a tragar pastillas. —despidió cada palabra con un suspiro. Ojalá fuera tan fácil dejar este mundo. Pensó, decidiendo acostarse en la cama y abrigarse con la sábana.

—Te voy a dejar. Vendré mañana a visitarte. Sabes que cualquier cosa, puedes llamarme.

No hubo respuesta. Y el único eco en la habitación fue del pestillo de la puerta. Era tan aburrido pasar en la cama todo el día. Pero era más aburrido si solamente se ponía en pie y caminaba por la residencia, sin encontrar a su gato blanco con parches negros.

Tosió con fuerza, esta vez siendo más prolongada y llevándose la mano a la boca. Tosió tanto, que cuando retiró su mano y vio un rastro carmesí en la manga de la pijama, solo lo observó. Sin decirle a nadie. No quería alarmar más a la única persona que lo visitaba. Y que, al menos, sí demostraba su honesta preocupación.

Llamó a los abogados que tenía, preguntó cómo les estaba yendo con la tarea que solicitó. Ellos sólo respondieron con un tono muy serio. «Como usted lo dejó el Sr. Lan».

—Espero que me perdones. —tosió con más fuerza, sintiendo como la cabeza le empezó a aguijar con dolor. Y la sangre ya no era tan líquida al salir de sus labios. Tuvo que cambiar su pijama.

Cuando cerró los ojos de nuevo, ya no sintió que tosía demasiado, o que su cuerpo se sentía mal de salud. No existía el dolor, y mucho menos los escalofríos en sus piernas y brazos. Ni los dolores de cabeza o de garganta. Solo se sintió extraño, como si el colchón fuera más delgado y las sábanas no eran tan calurosas como lo figuró. Se sentía otro. No enfermo, y sin ganas de levantarse y decirles a su fandom: ¡Estoy vivo!

Para cuando volvió a abrir los párpados, su cuerpo se congeló.

Se arrastró por las cobijas y se sentó, moviendo la cabeza con una expresión de sorpresa y preocupación. ¿En dónde estaba? El interior de la residencia parecía a esos lugares que había visto en los set de grabaciones para los dramas de épocas. Llenos de runas por las paredes, muebles y vestimenta. Podía sentir la prestigiosa «oleada de energía» por todo su cuerpo. La calidez en cada extremidad, sanando cualquier herida o enfermedad en sus órganos. No parecía ser cualquier cultivador de esos dramas a los que participaba, sabía que había grados de cultivación y poderes. De los que tenían una memoria eidética para aprender a dibujar runas, hechizos, invocaciones, tratos, talismanes y los movimientos de peleas y encuentros de espadas. No sabía si se lo estaba tomando muy tranquilamente, pero este cuerpo parecía tener un par de años menos que su antiguo cuerpo.

—¿JingYi te has despertado? Estamos llegando un poco más tarde. Nos castigaran.

La voz y la silueta de la persona se reflejaron en el papel de arroz grueso de las puertas corredizas. Al ponerse de pie, noto la estatura que tenía, parecía estar entre los dieciséis o diecisiete años. Tocó su cabello largo, negro y lacio, el cual le llegaba hasta la cintura. Parecía que la persona en este cuerpo cuidaba muy bien de este.

—Espera, ya salgo. —se atrevió a responder, escuchando el mismo tono de voz en su cuerpo. Lo que hizo que buscara un espejo de cobre por la habitación. Cuando el espejo de forma redonda estuvo en sus manos, casi se cae. Era el mismo rostro que tenía a la edad de diecisiete años en aquel entonces. Solo que esta vez parecía un poco más maduro de sus facciones por la expresión que tenía. Se revisó el cuerpo al empezar a desnudarse, buscando sus conocidos lunares en la cadera y muslos. El que tenía una forma de un cuarto de luna en la línea de su espalda y el último y menos odioso de todos el que tenía en uno de sus dedos de la mano derecha.

Desnudo buscó ropa en el armario de aspecto delicado y muy bien tallado en madera de pino con pequeñas decoraciones de bambú. Encontró únicamente túnicas blancas con bordes celestes en las bocamangas y pantalones, un cinturón en colores celeste que tiene bordados finos de un hilo con hechizos de protección, o al menos eso quería entender. Y al final de la túnica superior se encuentra un patrón representativo de la secta. En un cofre de madera encontró una cinta aproximadamente el ancho de su dedo que parecía ir en su frente.

Mirándose fijamente en el espejo, parecía que iba a un funeral.

Para cuando brotó de la habitación, observó el patio interior de la residencia, se maravillo por la blanca nieve cayendo en donde debería haber un pasto tan verde con florecillas de colores. Pero solamente habitaba un gran árbol ancho y sin hojas. Las galerías conducían a cuatro diferentes direcciones, y se preguntó a cuál debería ir.

—Aquí estás.

Lan JingYi se asustó por la mano en su antebrazo, sabía que había alguien esperándolo pero se perdió unos segundos en notar el entorno.

—¿Mn? —el joven que apretó su agarre se interpuso en su campo de visión, mirándolo como si estuviera escudriñando su alma. —Parece que hoy estás distraído, ¿No dormiste bien?

—Eso parece. —respondió suavemente, llevándose la mano a sus ojos. Para no mirar al joven que vestía las mismas túnicas que él. Aunque su voz era amable, podía apreciar la fuerza en su agarre y el grado alto en su cultivación con solo el toque.

—¿Quieres ir a la enfermería? —el cambio de tono en su voz distrajo a JingYi, que alejó su mano y negó.

—Es mejor que vayamos a clases, para eso estás aquí. ¿Verdad? —JingYi dijo, sin mirar el semblante del joven que entrecerró los ojos hacia él.

—Si, ven.

Caminaron a las galerías del punto Sur, pasando por otras habitaciones de supuestos compañeros de clases y entrenamientos. Hasta llegar a un marco gigante que señalaba ser el «Pabellón Azul». El joven a su lado lo asió de la muñeca, indicando que se apresurara, ya que el maestro parecía haberse detenido en algún pasillo de los pabellones. Penetraron la «aula» de clases, Lan JingYi observó las mesas y los pinceles sobre esta, el papel pergamino y la piedra a la que debía de pasar a raspar la barra de tinta negra. El cojín que tendría que utilizar de asiento y la postura que mantendría durante la jornada. No hizo caso a ninguna mirada de reproche de sus demás compañeros por los cinco minutos atrasados. Se fue a sentar adelante, sin notar las expresiones de sorpresa de sus compañeros ni la del joven que lo acompañó.

El erudito que entró dos minutos después de su llegada enmudeció cuando vio a Lan JingYi en los asiento de adelante, en los cuales la mayoría de las veces evitaba y escogía los del centro. No dijo nada, simplemente se acercó al estrado para impartir las clases sin mencionar su tardanza. Les enseñó el libro que tenían en manos y habló de la historia de sus ancestros y del viejo Lan An. Prestando cuidadosamente atención a Lan JingYi que lo miró y escuchó en todo momento. Sin más interrupciones durante la jornada, despachó a los discípulos.

—Lan SiZhui, espera. Tengo que hablar contigo.

Lan JingYi notó que el joven que siempre lo estuvo acompañando se llamaba «Lan SiZhui» O al menos debería de ser su nombre cortesía, ya que su verdadero nombre no era tampoco «JingYi» sino «Yun». Pero prefería más su nombre de cortesía que el de pila. Al salir del Pabellón Azul, se dirigió a lo que suponía ser la zona en que todos se alimentaban y merendaban. En pasos suaves, y sin perder de vista nada, se sumergió a imitar a los demás para tomar el desayuno. Una sopa de aspecto tenebroso y verde, papilla y verduras sancochadas con un tazón de té de hierbas. Escogió la mesa más apartada del pabellón, y se sentó, comiendo un poco de todo lo que tenía en la charola.

—Shixiong. *

*Shixiong: 师兄, fig. “hermano mayor marcial”.


El susurro fue lo suficientemente alto para Lan JingYi que tenía un oído más claro y desarrollado, girándose al par de discípulos que tomaron asiento frente a él.

—Shixiong, ¿Por qué pareces tan distraído? —preguntó el joven que parece tener su misma complexión, solo que ambos parecen tener más estatura que él.

—¿De qué hablas? —les siguió el juego, aparentando estar comiendo en silencio para no molestar al resto de discípulos. Aunque, por esa misma razón se había sentado en una mesa lejana.

—No pareces ser el mismo este día. Te miras tan pensativo y etéreo como HanGuang-Jun cuando no habla. —respondió el discípulo número dos.

—Tal vez sea porque dormí mal. —se excusó, preguntándose quién era HanGuang-Jun.

—No lo creo. Has dormido en peores ocasiones cuando estamos en las cacerías grupales con otros compañeros de sectas. Es como si te hubieran cambiado de la noche a la mañana. —trato de no reírse, el discípulo número uno.

Lan JingYi apretó los labios, asintiendo con una tenue sonrisa. Bajando la mirada a la papilla que estaba por terminarse. A esta edad, recuerda igualmente haber sido un joven con mucha vigorosidad y muy extrovertido. Divertirse con sus «amigos» en salidas a los centros comerciales, a las discotecas a probar alcohol a escondidas de sus padres estrictos y saber que su familia siempre estuvo apartada de ellos. A meterse en líos y reírse de todo, sin preocuparse por nada. Hasta que audicionó para una empresa y su felicidad se fue acortando con la agenda apretada de entrevistas, de marcas a patrocinar sus productos, de asistir a premios y grabar hasta en las madrugadas algunas series durante el año. A llenar estadios con el grupo al que era vocalista, a llevar una vida de altibajos cuando no supo en qué momento se descontrolo todo.

—¿JingYi?

Nuevamente, la voz de Lan SiZhui lo trajo a la tierra. Disipando las memorias de su vida «aparentemente» antigua.

—Regresaste. —sonrió tenue, observando también los semblantes de los discípulos número uno y dos.

—Mn. ¿Qué hablabas con Zihao Shidi * y Jon Shidi? —preguntó amigablemente, sacándole una sonrisa muy tenue a los nombrados con los que Lan JingYi había perdido conexión en la conversación. Y que de paso supo sus nombres.


*Shidi: 师弟, fig. “hermano menor marcial”.


—Dicen que se extrañan verme muy silencioso. —rio suavemente, sabiendo que no podía alzar la voz. Había pasado al lado de una gran roca frente a la montaña, al muro de las reglas. Sorprendiéndose de encontrar más de tres mil reglas talladas. Y no solo eso, sino que vio a alguien tallando una más al final.





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