1- UN NUEVO HORIZONTE (parte 1)
Casteens
corría apresurada rumbo a un parque cercano al hotel donde vivía, motivada por los gritos de gol y de ánimo de jugadores y espectadores. Vestía su camiseta blanca favorita, y unos shorts rojos. Tenía su largo cabello amarrado con una cola amarilla.
Apenas llegó, uno de los equipos anotó un gol y se escucharon aplausos de los presentes. Era una tarde soleada de finales de septiembre del año 2011. En el parque Dîmes (pronunciado "Dims"), todos los días después del colegio, los chicos acostumbraban a reunirse para jugar partidos informales de fútbol, con reglas de calle.
Casteens se sentó a observar, con la esperanza de unirse también al juego en algún momento. Uno de los chicos presentes, de nombre Germont, la reconoció de la escuela donde iban juntos y la invitó a unirse a ellos para jugar en el siguiente turno. Ella se acercó y se sentó junto a él, aceptando su propuesta con una sonrisa en su rostro.
Las reglas eran simples: El partido se juega a gol de oro (es decir, el que anote primero, gana). El equipo ganador seguiría jugando, mientras que el perdedor sería inmediatamente sustituido por otro grupo de chicos que tenía el siguiente turno de juego.
El siguiente partido no duró mucho. Enseguida el equipo entrante fue derrotado con un gol de una de sus integrantes; una chica de gran velocidad y de una puntería envidiable.
Casteens se levantó junto a sus compañeros para tomar su lugar en la cancha, dirigiéndose a la portería, que era su posición natural.
El otro equipo notó a la portera nueva y uno comentó a su goleadora:
— Oye, Algêns ("alyíns"). No seas tan mala con la chica nueva. Vamos a hacer que dure un poco el juego.
Ella calla y la observa desde la distancia con una mirada desafiante.
— ¿Estás segura de que quieres ser portera? —le preguntó uno de sus compañeros.
— No te preocupes. Yo sé lo que hago. Soy portera desde los nueve años. —respondió Casteens con una expresión confiada.
Su mente fue invadida por recuerdos recientes en el aeropuerto de Sukeën ("Sukén"), capital de Sueq, donde su papá se despedía de ella y de su mamá. En aquel momento, mientras su mamá estaba llamando por teléfono, Casteens le dijo de cerca:
— ¿Cuándo te volveré a ver, papá?
— Tan pronto como tu hermano Sukeels ("súkels") termine de jugar el campeonato internacional de béisbol que va a empezar la semana que viene. Luego nos iremos juntos a Videffe con ustedes.
Él la abrazó y le dijo con una voz suave y tierna:
— Sé que estás nerviosa porque es la primera vez que vas a vivir sola con tu mamá. Es una gran oportunidad para estar juntas y conocerse más. ¿No crees?
Casteens asintió con una mirada cabizbaja y él continuó:
— Además, vas a Anexo, el país que te vio nacer. Sé que no estás acostumbrada, pero recuerda que el propósito de ello es que puedas aumentar tu nivel como jugadora. ¿No decías siempre que soñabas con ser una gran futbolista como tu mamá?
— ¡Sí, papá! Ya verás que voy a entrar al equipo de mi nuevo colegio y a seguir los pasos de mi mamá.
Las voces de ánimo de los asistentes interrumpieron su viaje por sus memorias, devolviéndola nuevamente a la realidad.
El partido dio inicio y rápidamente se acercaron los rivales a la meta de Casteens. Uno de ellos probó a la portera con un remate medianamente fuerte y al ras del suelo, lo cual no generó grandes inconvenientes para ella, quien lo dominó fácilmente.
— Eso fue fácil. —dijo ella.
— Bien hecho, pero no te confíes. —le dice uno de sus compañeros.— Ten cuidado con Algêns y sus tiros.
— ¿Algêns?
— Es la chica rubia del otro equipo.
Conforme el juego avanzó, ambos equipos tuvieron oportunidades de anotar el gol, pero sus respectivos guardametas mantenían el cero en sus porterías.
Algêns recibió el balón cerca del área rival y se giró para rematar. Casteens se preparó para recibir el tiro pensando: «Veamos lo que tienes».
La delantera impactó el balón de pierna diestra, con la parte interna del pie, levantado un tiro que salió disparado como una bala hacia la meta contraria. Casteens lo vio, pero no pudo reaccionar ante semejante remate, quedando casi inmóvil ante la mirada de sus compañeros. El esférico golpeó el travesaño y picó justo en la línea de gol, pero no entró. Algêns frunció los ojos, apretó el puño y se giró, alejándose de allí. Casteens respiró de alivio, pero tenía los ojos bien abiertos de la sorpresa, mientras pensaba: «¿Qué clase de tiro fue ese?».
El partido siguió desarrollándose. Los chicos del equipo contrario comenzaron a patearle con fuerza para intimidarla. Uno de esos remates casi la golpeó en la cara. Los chicos de su equipo les reclamaron por su actitud contra ella. Pero Casteens seguía confiada en sus habilidades.
Más adelante, uno de sus compañeros avanzó con el balón, hasta que se halló rodeado de varios contrarios. Entonces, aprovechó para pasar el balón hacia adelante entre dos de ellos y fue recibido por Germont, quien avanzó a la meta rival. Los demás animaban a los protagonistas del ataque con palabras de aliento.
El portero intentó salir para quitarle el balón, pero él logró divisar a un compañero a su lado, cediéndole el balón para que anotase. Él patea el balón de primera intención, ¡Pero falló el gol increíblemente!
— ¡No puede ser! —dijo Germont con las manos en la cabeza.
El balón quedó suelto y uno de los defensores recuperó el esférico, mandando un pase largo que dejó a un jugador y a Algêns en carrera libre completamente en soledad contra Casteens, quien los esperaba en su área, sintiendo un frío recorrer su cuerpo.
— ¡Tú puedes! —gritaba uno.
— ¡No fallen! —le dijo otro de los jugadores rivales.
Él se acercó al área y Casteens fue forzada a salir a presionarlo; él dio el pase a Algêns a su izquierda, dejando a la portera fuera del camino.
— ¡Noooo! —gritó Germont.
Algêns miraba el balón acercándose con el arco a plena disposición, mientras todas las miradas se centraban en ella.








