Toda historia tiene un inicio
—¿Cómo te llamas? —la persona en la sombra no responde. El latigazo silba en el aire antes de cortar su piel negra en partes. Sonríe y no responde— ¿Cuál es tu nombre?
Segundo latigazo. Escupe antes de reír en carcajadas, su cuerpo al temblar parece una vieja toalla que el viento no se demora en manejarla como una hoja podrida. El militante de la (NAP) Nueva America Poderosa levanta su mano y le da una bofetada que le hubiera podido costar unos dientes.
De su garganta sale un grito que daría miedo hasta a los villanos de las películas de horror los más tenebrosos y miedosos. Los pájaros del bosque que crecieron en Central Parc respondieron a su grito, pero ninguno podía sentir su dolor al igual que el pajarito azul, amarillo y negro silencioso.
—¿Quién mierda eres?
Esta vez, levanta la cabeza, los hace un guiño con su único ojo válido, y después hecha un vistazo al pajarito silencioso que se instaló unos minutos antes sobre los barros de hierros que condenan a la ventana y que mirá con interés la escena.
—Pues... toda historia tiene un comienzo y, claramente, el mío, qué es y quedará sempiterna, no empieza con érase una vez… sino...
El militante levanta su pecho orgulloso de ser él que llevará los secretos a su general diciéndose que su prisionero debe tener un gran ego para pensar que su historia se contará siempre y que sus glorias nunca se acabarán. Pide una silla y se sienta esperando la historia.
El pajarito abre los picos y deja salir el sonido melancólico de la tristeza al ver llegar a su puerta la muerte que tantas veces estuvo escondiendo. Nadie le hizo caso. Si en aquel preciso instante sabían… si solo sabían...
*Meses atrás*
—¡Al ataque! —grita el Coronel.
Todos los soldados presentes se quedaron detrás del esqueleto de los muros de lo que fue el superedificio de Google años antes de la séptima guerra mundial que ahora les sirve de escondite.
—¡Mi Coronel! ¡Ya no nos quedan municiones!
El Coronel gira la cabeza para mirar al soldado que le lleva una tan mala noticia.
—¿¡Cómo diablo podéis quedar sin munición!? —pregunta enojado el Coronel.
Quedarse sin municiones es lo peor que puede llegar a un grupo de soldados en plena guerra y aún más cuando tienen a un Coronel con un carácter de los más despreciables a veces.
Mira los ojos de cada uno de sus soldados y ve la resignación, el descontrol y aún peor, el miedo. Su carácter cambia como si había puesto de lado a su furia.
—¡Nos vamos a salir de aquí! ¿Estáis conmigo?
Confiando en su Coronel, los hombres se armaron de valentía cogiendo las últimas pistolas que en ese caso no les sirvieron de gran ayuda. Son soldados, si tienen que morir, deben morir en soldados.
—¡Sí mi Coronel!
El sonido de las balas perforando las paredes fantasmales del edificio combinado con el de los explosivos haciéndose suyo el suelo, forman una música melancólica que el viento lleva a las almas de los porteros que no pudieron llegar más lejos sin dejar detrás lo que otra vez llamaban "mi cuerpo".
Un barbecue de brazos y piernas lejos de las cabezas que podían acariciar una vida antes, unos cuellos sin cuerpo para sostenerse. Los únicos animales presentes son algunas voraces volantes intrépidos que el viento invitó a cenar bajó el sonido provocativo de las armas mortales.
—Puede que dejamos de vivir hoy... puede que dejamos una parte de nuestro cuerpo o de nuestro equipo —cada vez que habla, el Coronel mirá a su alrededor esperando tocar los corazones que ya se dejaron llevar por la debilidad o el miedo—... Puede que no tengamos municiones... Pero...
Los hombres se quedan esperando el fin del ánimo del Coronel. En su mente, no había esperanza, pero tienen que salir de allí, sino, tendrán que saborear a la muerte o lo que hacen a los prisioneros de guerra. De ninguna manera les gustaría pasar por una u otra. Llegaron a ser soldados, y si deben morir, morirán soldados.
—El peor está detrás de nosotros. Ahí en la frontera, hay una ciudad llena de nuestros enemigos y sobre todo de comida, de vestido y más cosas que hace años que no habéis podido tocar —vocifera el Coronel.
—¿Cuál es tu orden Coronel? —pregunta un ojizarco quién no parece temer nada.
—Teniente Adlof, teniente Karel, teniente Vladlįč... —cita el Coronel.
Los citados avanzan a sus alturas. Cada uno de ellos es diferente del otro: el teniente Adlof mide 1,90 m, con ojos marrones oscuros, lleva el pelo cortado en uno de esos estilos que se veían en la prehistoria, en realidad ninguno tiene el pelo corto porque ninguno de ellos tiene tiempo para darse un respiro.
El teniente Karel mide 1,80,con ojos grises claros y una mirada lejana aunque está fijando a un punto precisamente.
El teniente Vladįč mide 1,70, un ojizarco que años antes seducía a las mujeres las más fuertes y famosas de Hollywood.
—Me voy a rendirme... —termina diciendo el Coronel.
—¡Mi Coronel! —todos gritaron su indignación al escuchar esas palabras salir de los labios del Coronel.
Ninguno de ellos esperaba que esa fuese su idea. El Coronel, con una simple mirada, les hace sentir que su decisión es irreversible.
—Yo soy vuestro Coronel, es mi deber preparar vuestro camino —empiezan a entender el plan del Coronel. Los citados se pusieron a su lado. Cado uno de ellos tienen una actuación que poner en marcha—. No volveremos... les abriremos esas benditas puertas de libertad corporal.
Todos los hombres pusieron los gritos de ánimo para el Coronel y los tres tenientes citados. Cogieron unos sacos y otras cosas que pusieron dentro de los sacos.
—Lo vamos a jugar versión antigua —dice el Coronel poniéndose en marcha con sus hombres.
En el camino, se ponen a pensar en cómo era el mundo antes de la guerra. Los Chinos habían llegado a ser los más poderosos, técnicamente, solo les faltaba el apoyo militar.
Los estados unidos se pusieron furiosos cuando la Rusia soviética se puso al lado de China y que ella tuvo el apoyo del presidente de Cuba, por eso asesinaron a la mayoría del pueblo Cubano. El asesinato de esos Cubanos fué la llama que prendió el fuego.
El Japón, milagrosamente, se alió con China para desapoderar a los militantes Americanos. Otros países dieron sus apoyos, pero los Estados unidos pudieron mantenerlos lejos de sus tierras y posesiones. Durante tres años fue así, mucha gente de ambos países murió.
Sin pedir permiso, los Americanos entraron en México e hicieron esclavos a algunos rebeldes, mataron a su presidente y se apoderaron del lugar para instalar sus bases militares. El camino iluminado de Santa Lucía de Monterrey cambio en el camino de la luz muerta. Y un día todo cambió...
Todo cambió por culpa de una mujer estúpida que ganó el acuerdo de su gobierno para ser propietaria del famoso "Môle Saint Nicolas". Cuando los hombres de la altura supieron eso, mandaron una carta a la mujer proponiéndole más riquezas, islas y otras vanidades.
Ella respondió a sus mensajes mandando el mismo portero que ellos mandaron:
"Es por gente como ustedes que hice todo para apropiarme del "Môle Saint Nicolas". Si ustedes no habían vuelto con la guerra por un motivo estúpido, no hubiera tenido que luchar contra viento y marea para llegar hasta aquí.
¿Qué se puede esperar más de vosotros que maltratan a su propia gente?
¿Cuántos de nuestros hermanos Haitianos conocieron la misma desgracia que los Cubanos y los Mexicanos?
¿Quiénes serán los últimos?
¿Nosotros?
¡Les esperamos!
Pero no vengan si no están preparados porque aquí os espera vuestra peor pesadilla."
Unos dos meses después, la misma mujer mandó una carta que fue leída en la radio internacional. Los celulares ya no podían funcionar, no había red, las compañías celulares cerraron sus puertas, pero ellas fueron reabiertas para servir de alojamiento a cientos de familias que se vieron obligados a abandonar sus casas, sus bienes. Los únicos privilegiados eran ciertamente los ricos o más comúnmente llamado desde aquel tiempo "Los de Las Alturas" y algunos amantes.
La carta decía:
"Estuve durmiendo cuando sentí sus manos en mi cuello. Inmediatamente abrí los ojos, cogiendo el cuchillo que siempre llevo en un escondite. Corté las venas del brazo derecho del que me sostenía y después sentí mi mejilla derecha perder vida cuando la mano del segundo tipo me abofeteó.
Dos militares americanos entraron en mi casa, violaron a mis hermanas y pusieron faldas en sus bocas para que no gritaran. Hicieron la misma cosa a mis sobrinas y forzaron a los cuñados a coger las suegras.
Este acto de bestia solo para llegar a mi cuarto, intentar la misma cosa conmigo para apoderarse del Môle. ¡Sois unos incapaces! Deberían mandarme todos porque al contrario de mi familia, yo siempre estoy preparada para un posible combate.
¿Queréis saber lo que hice con esos dos violadores que llevan consigo orgullosamente la bandeja de los Estados Unidos?
Les dejé a las personas que violaron, se les cortaron los miembros y los brazos de la misma manera que hicieron para los cuñados que no protegieron a su familia. No están muertos, los hemos curado para que no se mueran tan fácilmente...
Pasamos a cosas serías, queridos Americanos que son también víctimas de los de Las Alturas, es momento de tomar las armas que están pudriendo en sus armarios y luchar para la liberación de su querida América.
A nosotros nos aprendieron que "Depi nan ginen nèg te konn trayi nèg" y no es cierto que los negros siempre traicionaron a sus pares y no os dejáis zombificar por sus lindas palabras.
¿Dónde están cuando los soldados os ponen fuera de vuestra casa, de vuestra zona?
¿Acaso no sois también Americanos?
¿Vuestros padres no lo fueron?
¿No habéis nacido en esa tierra que os abandona?
¿Por qué pusieron sus centrales en medio de New York?
Enviaron dos soldados violar, maltratar, forzar a una jovencita de 21 años; si tienen miedo de mí que no es tan sabía ni fuerte, ¿cuál será sus reacciones si vosotros lucháis por vuestra libertad?
¡Liberación para Cuba!
¡Liberación para México!
¡Liberación! "
El mismo día en la tarde, el periodista quién leyó la publicación fué encontrado muerto delante de la puerta de su estudio. Como prueba de que su muerte fué un asesinato y no un suicidio como lo dejaron creer, había grabado lo qué pasó con el nuevo dispositivo de seguridad, una planta cámaras que apenas había recibido de un admirador de su radio. Su hijo lo encontró y lo publicó, desde entonces, él también está en la larga lista de jóvenes desaparecidos.
Los de Las Alturas no tardaron en responder a la jovencita mandando un comando de quinientos soldados invadir la isla de Haití.
Muchos Haitianos que se decían "Sen Toma, se lè yo wè ya kwè" murieron sin ver para creer. Pero también hay los que por fin utilizaron sus armas para matar a los "kouto de bò", los traicioneros, los que les dieron armas par aterrorizar el pueblo cuando ellos pedían comida y techo.
Los que fueron terroristas en su mismo hogar se unieron con el ejército nacional para no solamente vengar los muertos, sino también para hacerle acordarse que aquel suelo que están tocando sus piernas malditas es la tierra por el cual se combatió "Jean Jacques Dessalines, Capoix, Fleure Heureuse" y tantas otras personas.
No hubo honor, ni medalla ni felicitaciones, la guerra no hace que empezar. Haití se juntó con los otros países y la mujer dio su acuerdo para que utilicen la posición geográfica del Môle para la guerra contra los de Las Alturas.
El 17 de julio del año 2090, la mujer o mejor dicho la jovencita fué declarada desaparecida. Tras aquella noticia, los americanos víctimas de Las Alturas se unieron y pusieron mano a la obra.
Lucharon casi un año entero antes de poder adquirirse totalmente tres ciudades, tal: "Florida, Boston, Manhattan"; hicieron una elección en la cual votaron al unísono el precedente presidente que los de Las Alturas habían puesto fuera de la casa blanca.
El presidente y su familia se instaló en una casita al igual que las de su gente. Sus palabras cuando le pidieron ponerse en una casa presidencial fueron: "¿Qué hay más en Las Alturas que ya no vimos?"








