I
La hipótesis del fracaso
La tierra, los demás planetas, las estrellas, las galaxias, el espacio que los rodea y la energía que producen forman parte de lo que llamamos universo. La mayoría de los astrónomos creen que se formó entre 8 y 16 mil millones de años atrás, tras la enorme explosión del conocido Big Bang o gran estallido
Aunque sucedió hace mucho tiempo atrás, el Big Bang cumplió la mayor parte de sus propósitos en un plazo muy breve y las galaxias no tardaron en formarse de grandes esferas de gas caliente brillando en el firmamento.
Así empezó la breve introducción de, la aclamada doctora en su rango de astronomía e ingeniera en astrofísica, Andrómeda Sullivan.
Dando media vuelta sobre sus tacones de punta alta, se presentó ante el comité de ingeniería aero espacial de la NASA, que tomaba nota a detalle de cada una de las palabras que vocalizaba la doctora Sullivan.
—Como sabrán caballeros, a día de hoy sólo conocemos una cuarta parte de lo que es el universo en realidad. Estamos tan lejos de llegar al fondo que tratamos de llegar con simples vistazos fugaces de lo que, suponemos, podría ser arriesgado, cuando lo que de verdad necesitamos es la nave que nos impulse a las profundidades.
Las palabras brotaban de ella con una absoluta seguridad, si algo había tenido en claro que hacía falta en reuniones como aquella era la seguridad, en ella, en su trabajo, y en su investigación.
—Creímos que tenía para nosotros un prototipo de telescopio, doctora, no un transbordador a escala media —se mofó el científico a cargo, Walter Fitwell.
Andrómeda evitó arquear una ceja ante la mofa del anciano. Que un hombre como él mostrara burla sobre ella era buen indicio, según ella, trataba de opacar lo extraordinario sin saber que ella ya tenía previsto reacciones como aquella.
Se amoldó al ambiente.
—Y justo eso es lo que estoy a punto de enseñarles, doctor Fitwell. —Se giró hacia la lona que resguardaba el fruto de años y años de investigación astronómica—. Una pequeña muestra de lo que será nuestra nave para llegar al verdadero origen de nuestras raíces, la llave al cofre de los secretos del universo, la clave de la existencia misma, pueden llamarlo como quieran...
Un puñado de asistentes en uniformes revelaron lo que se escondía debajo de la lona.
—...Yo lo llamo Mitvig —añadió.
El par de reflectores que apuntaban hacia el artefacto obligaron a los presentes a posar su atención sobre el Mega Telescopio Visor de Galaxias de Andrómeda Sullivan.
MITVIG según sus siglas.
Andrómeda volvió a centrarse en el comité.
—Les presento, caballeros, el Mega telescopio visor de galaxias, el futuro que antes era una fantasía nunca antes había sido tan visible ante los ojos de la humanidad —aseguró con voz firme.
—¿Qué lo hace tan diferente a comparación de nuestros telescopios actuales? —cuestionó el general Peters, sin mostrarse impresionado con tal proyecto.
—No sólo capta imágenes a una definición más detallada que nuestros actuales telescopios, posee la misma funcionalidad de un telescopio refractor y un telescopio catadióptrico, todo en uno, incluyendo un mayor rango de habilidad en comparación con un observatorio espacial.
»Con 900 mm de apertura y 3.630 mm de focal, resguarda una razón focal igual a 100; diámetro de 2000" pulgadas, ocular de 500 mm de focal, brinda mil veces más aumentos que un telescopio de 50 aumentos por (50x)...
—Doctora Sullivan, disculpe la interrupción —habló el jefe del departamento de astronomía del Caltech— pero, ¿cómo planea sustentar de energía a un aparato que, es evidente, consume cien veces más de energía que un observatorio espacial?
Ante aquella pregunta tan fácil pero a la vez difícil de responder, todos los miembros del comité se inclinaron levemente hacia el frente a la espera de la respuesta de Andrómeda, desde el general Peters hasta el jefe de personal de la NASA.
La valentía de Andrómeda se había tambaleado por un segundo pero rápidamente se recompuso a su postura inicial y habló con la verdad.
—Necesita una cantidad de 500 kg de Plutonio 238 para un sólo viaje.
El doctor Fitwell escupió el sorbo de café que apenas estaba llevándose a la boca mientras el resto del comité alucinaba y despotricaba por dicha cantidad tan elevada. Fitwell, una vez recuperado de su ahogo, no dudó en mostrar su justificado punto de vista.
—¿Se ha vuelto loca? Si a duras penas los reactores de neutrones más rápidos de la central nuclear de Beloyarsk en Rusia producen hasta 100 kg de Plutonio 238 al año.
—Me parece una cantidad exagerada, por no decir imprudente y poco analizada —reclamó Jhon Steinhardt, director jubilado del Comité Nobel
Andrómeda impuso orden en cuanto, uno por uno, los líderes comenzaban a dar su punto de vista hostil.
—Caballeros, comprendo sus dudas en este momento en cuanto al funcionamiento del prototipo...
—No son dudas señorita Sullivan, es una opinión unánime, y hemos llegado a una proposición concluyente —interrumpió Steinhardt sin dejarla explicarse.
La seguridad de Andrómeda se tambaleó. Estaba negada a escuchar en voz alta aquella susodicha proposición concluyente.
—Confiscaremos su prototipo y queda terminantemente vetada de participar en más investigaciones con relación al tema —finalizó con gallardía Fitwell tratando de reprimir la sonrisa de insuficiencia que amenazaba con esbozar.
Su ira no pudo reprimirse por más tiempo.
—¡No tienen ningún derecho! Es mi proyecto.
—Usted es simplemente socia del 40%, el 60% restante le pertenece a su equipo y socia de trabajo, la señorita Archer.
Los orbes de Andrómeda se cristalizaron, apenas conseguía sacar fuerzas para mantenerse de pie y reprimir las lágrimas dentro de sus cuencas orbitales. A pesar de estar totalmente en estado de shock, logró inhalar con dureza y luego ladear una torcida sonrisa tensa.
—Discúlpenme —murmuró antes de salir a grandes zancadas del salón.
Tuvo que parpadear dos veces antes de que sus ojos se acostumbraran a la luz fuera del salón, y ya recompuesta emprendió camino hacia la oficina de su mejor amiga, la ingeniera Hellen Archer.
Mientras practicaba las explicaciones que le exigiría al llegar, Andrómeda recordó con dolor en el corazón las noches y madrugadas que, junto a ella, pasaba en el laboratorio. La estructura del telescopio, el lente ocular, la idea de Andrómeda de hacerlo de tamaño promedio para que su función no fuera de avance prolongado, las opiniones y consejos de Hellen en cuanto a su diseño y mecanismo.
"¿Cómo fue capaz?" pensó con horror momentos antes de abrir bruscamente la puerta de la oficina de Hellen. Para su sorpresa, o más bien desgracia, aquella oficina estaba completamente vacía. Hellen había huido en el instante en que Andrómeda entró en el salón, aún teniendo en cuenta de que ya no eran dueñas de la investigación, no tuvo el decoro de explicárselo a su colega antes de que se presentara ante un comité de alto rango por miedo a su reacción.
Así lo había explicado en una nota que Andrómeda halló pegada a la desnuda pared blanca de la oficina, se justificaba con argumentos vacíos y manipuladores cuando la verdad es que se había aprovechado de la mente de Andrómeda para conseguir su objetivo de huir con el dinero que recibiría por la investigación.
La mente de Andrómeda trabajaba a mil por hora. Ya no era dueña de su propio prototipo, estaba atada de pies y manos, su colega le había tendido una trampa en complot con su equipo, y los diecisiete años invertidos en su investigación se perdieron en dos segundos.
Había dado todo de sí, incluso los años invertidos en aquella innovación de la ciencia le habían pasado factura a través del tiempo. De pronto ya nada tenía sentido, sin su proyecto. Ya no era nada. O eso es lo que ella creía.
Nada más lejos de la realidad.
En tanto la agonía de Andrómeda escalaba lenta pero segura a una crisis. En el salón de reuniones se debatía una conjunta perfectamente planeada y reservada únicamente para ese momento. Y todos los comensales se hicieron a un lado cuando un grupo de
hombres
enmascarados y rodeados de un aura oscura hicieron acto de presencia en el lugar.
Dirigidos por uno de ellos que iba a la cabeza del grupo se dirigieron a paso seguro al
Mitvig
. El líder se detuvo a pocos pasos del telescopio y con un simple giro de cabeza ordenó en silencio mantener distancia.
¿Qué extraño suceso estaba ocurriendo en aquel momento?
La respuesta se dio a conocer cuando, en un acto mítico y fantástico ante los ojos del comité, una fuerza energética sacudió la zona y seguido de eso fue como si se conectara con el prototipo pero ¿y si no era un prototipo? ¿Qué tal si la doctora Sullivan previó lo que podía ocurrir y tomó medidas con antelación?
Aquello no se podía llevar a cabo, no allí, no en ese momento. Se dijo así mismo el líder antes de que, con un solo movimiento de sus manos en círculos se abriera una grieta en el espacio que desvaneció la materia a los pies del experimento y este mismo fuera transportado lentamente y dirigido a un espacio secreto por una fuerza desconocida.
—Es posible que necesitemos a la doctora —había comentado el líder con voz mecánica a los miembros del comité.
—El proyecto ya está en nuestra manos —se opuso Fitwell.
Mientras las intrigantes figuras macabras que conformaban el equipo vestido de negro descendían por la grieta, el líder no pudo evitar girar la cabeza de manera casi anormal hacia el opositor que cuestionaba sus órdenes.
—Necesitamos a la Doctora Sullivan —impuso con voz atronadora antes de dirigirse hacia la grieta a un paso casi levitativo.
Hay una hipótesis científica y modelo fundamental de física teórica que dicta que las partículas subatómicas son en realidad estados vibracionales de un objeto extendido más básico llamado cuerda o filamento. Esta teoría propone que el espacio - tiempo tiene muchas más dimensiones de las que podemos percibir y que las cuerdas fundamentales pueden vibrar de muchos modos en todas estas dimensiones.
La teoría de cuerdas.
Una teoría que sostiene la unificación de todas las leyes de la física, desde la relatividad general hasta la mecánica cuántica a través de la idea de que las partículas fundamentales no son puntos si no cuerdas en vibración.
Si es comprobada dicha teoría ¿quiere decir que son manipulables las vibraciones de estas cuerdas? ¿Se puede manejar con antojo las cuerdas fundamentales en el espacio - tiempo de las dimensiones?
Si llegara a ser acertado eso explicaría el poder que el líder poseía por encima de las leyes de la ciencia.
La mente tiene poder eso es cierto, pero el poder de igual modo poseé el mismo dominio sobre la mente.
Y aquel ser que aseguraba ser
humano
tenía más poder en el control de esa dimensión que en su propia mente plagada de misterios.
Los acontecimientos del salón se dieron a un bajo perfil para evitar investigaciones más a fondo, a los ojos del mundo, la doctora Andrómeda Sullivan vendió al comité aeroespacial su proyecto más codiciado.
Criticada por muchos y alabada por otros, no encontró más alternativa que volver al único lugar en el mundo donde al menos podía explotar sus ingenios astronómicos.
Andrómeda había sido impulsada a lo largo de su existencia a ser la mejor en su rango, tal vez no era la mejor atleta, ni la mejor artista o poseía algún talento más allá de lo intelectual pero ella era una ser las pocas personas en el mundo que se dejó a sí misma:
"Si eres bueno en una sola cosa entonces explota tu potencial en ello y sé el mejor en hacer lo único que sabes hacer"
Pero ahora aquello no le iba a ser de gran ayuda. La astronomía estaba infravalorada en la actualidad y las personas se tomaban más el tiempo mirando hacia abajo absortos en aparatos tecnológicos que observando la inmensidad del espacio sobre ellos. Esa y otras eran las razones de por qué no existían muchas opciones viables para que Andrómeda no terminara en la calle.
Decidió hacer lo que mejor hacia, seguir adelante, de nada le serviría quedarse en medio de una crisis, no haría buen uso de su mente e invertiría neuronas y energía en ello.
"Los inteligentes resuelven un problema pero los sabios los esquivan" tratando de citar a su ídolo Albert Einstein se dijo aquello a sí misma mientras dejaba sus maletas a un lado de la entrada del laboratorio de sus padres.
Los padres de Andrómeda, a diferencia de ella, en vida habían sido unos geólogos de bajo perfil que se dedicaron toda su carrera en investigaciones, en su mayoría, en la Antártida.
Andrómeda nunca había comprendido cómo sus difuntos padres con tremendo potencial científico, incluso más elevado que el suyo, invirtieron tanto trabajo y esfuerzo en, según ellos, la búsqueda de una civilización desconocida y oculta en uno de los lugares más peculiares del mundo.
Pero ahora en aquel momento, bajo aquellas circunstancias y en su prieta situación actual agradeció en silencio que sus padres estuvieran tan obsesionados con sus investigaciones que tuvieron la ingeniosa idea de establecer un laboratorio secreto oculto bajo el ojo del gobierno para evitar encuentros con los que se oponían a que siguieran explorando las inóspitas zonas de aquel desierto glaciar.
Momentos después de su llegada, optó por no dedicarse a escanear el lugar. Había estado desolado desde hace más de siete años y hacerlo sólo acarrearía que se desmoronara. Más que el proyecto, sus padres fueron las figuras más influyentes en su vida y el día que fallecieron fue uno de los más tórridos para Andrómeda.
—Andrómeda es una de las galaxias más grandes de nuestro grupo local, la principal galaxia en espiral más cercana nosotros y está a 2.5 millones de años luz a distancia —narró alguna vez su padre mientras ella yacía en su cama buscando conciliar el sueño.
—¿Y por qué me llamo así? —preguntó ella en su inocente curiosidad propia de una niña de su edad.
—Bueno, tu madre se había decidido por Star, pero yo sabía que no eras sólo una estrella, eras mucho más que una esfera de gas. Eres una gran colección de estrellas en constante movimiento y no había mejor nombre para ti que el de una galaxia tan fascinante como lo es Andrómeda —explicó él acariciando su cabello con cariño, provocando que poco a poco nuestra pequeña Andrómeda cerrara los ojos y soñara con una inmensa galaxia espiral llena de polvo, gas y una gran colección de estrellas todo unido a la gravedad.
El pasado era una de las pocas cosas que nuestra heroína buscaba evitar, aunque habían momentos del ayer que aún le gustaba rememorar por lo especial que habían llegado a ser en su momento y la marca que consiguieron sellar en su corazón y su mente. Aquel recuerdo era uno de ellos.
Mientras los buenos recuerdos de noches y días con sus padres en aquel desolado laboratorio llovían en sus memorias, comenzó de a poco a establecerse para su comodidad. Lo primero era trazar un perímetro libre en el exterior y, con un poco de suerte, en la mañana comenzaría a hacer lo que llevaba años buscando evitar, reabrir la investigación de sus padres.
Al final terminó como siempre lo imaginó y como muchos le habían advertido: sola y a la mitad de la nada con una investigación que, esperaba, fuera su boleto de vuelta a la comunidad científica, sin embargo, eso último lo dudaba, así que mejor enfocó su objetivo en la verdad. Era lo que sus padres buscaban, la verdad, y ahora era su hora de seguir con ello.
Estaba buscando entre los archivos de su madre sobre el campo magnético del subsuelo de la zona cuando giró rápidamente y, por accidente, una de sus mochilas de viaje había ido a parar al suelo. Inmediatamente levantó la mochila y verificó que lo que allí había no se hubiera visto afectado por la caída.
Algo peculiar es que se le vio más preocupada de lo usual por una simple caída accidental de una mochila ¿acaso nuestra heroína ocultaba algo? ¿O algo le preocupaba en exceso?
Andrómeda volvió en sí después de asegurarse de que todas sus pertenencias estuvieran intactas pero al incorporarse para seguir trabajando, no pudo evitar sentir un roce fugaz en la nuca que la congeló en su lugar antes ser darse cuenta que estaba bajo ataque.
La estaban atacando y lo primero que hizo por instinto fue tomar la mochila que momentos antes se había caído y apretados contra su pecho cuando la puerta del laboratorio salió volando por una explosión.
Su vista se vio perjudicada por una visión borrosa y a duras penas consiguió reunir fuerzas para levantarse luego de sufrir un tremendo impacto contra un estante de archivos. Aturdida, confundida y con el miedo corriendo por sus venas más que la serotonina en su cerebro, ni siquiera logró distinguir entre el humo la figura enmascarada que se acercaba a paso lento pero seguro hacia ella.
—Doctora Andrómeda Sullivan —habló el líder con su inconfundible voz mecánica—. Quisiera presentarme pero ya habrá tiempo para eso después.
—¿Q-qué... qué está pasando? —balbuceó ella con dolor.
—No ha cometido ningún delito doctora, ni siquiera la necesitamos a usted específicamente. —Se detuvo a unos cuantos pasos de ella—. Sólo necesito una cosa de usted.
Su cuerpo se estremeció ante el miedo que aquella voz le provocaba, sintió náuseas y ganas de gritar por ayuda, pero al percatarse del arma que éste cargaba en un cinturón de nuevo sintió cómo se congelaba.
—¿Dónde está? —exigió.
—¿Qué?
—La fuente de energía —aclaró antes de volver a acercarse de forma amenazante—. No hace falta que se lo explique ¿o si?
Respiró profundo, de pronto la energía tan pesada que el líder transmitía empezó a afectar a Andrómeda, y como consecuencia de su cercanía de pronto se dio cuenta de que en realidad, sin tocarla, le estaba quitando el aire.
La asfixiada sólo con su mente ¿cómo era eso posible? Alucinó en medio de la agonía.
—No... no sé d-de qué...
—Te quedan dos minutos de vida, medio como mucho, así que aprovéchalos bien y dime dónde está, —amenazó— o esto va a seguir una y otra y otra vez.
Andrómeda gritó al caer al piso cuando... Otra vez estaba pasando, una energía volvía a sacudir el lugar pero esta vez no había sido el líder el que la había causado. Era otra cosa. Era... alguien más.
Una grieta se abrió a los pies del líder y, antes de que pudiera reaccionar, no pudo evitar el descenso involuntario que lo llevó a caer dentro de ella.
Todo fluyó deprisa para Andrómeda en ese momento, no estaba entendiendo nada de lo que estaba pasando pero al ver cómo la amenazaba desaparecía bajo una extraña grieta en el espacio, no dudó en tomar su mochila y correr lejos del laboratorio.
Dominada por el miedo, huyó con dificultad entre la nieve tratando de escapar de la serie de eventos míticos que habían ocurrido frente a sus ojos pero que aún así se negaba a creer.
"No es real. No está pasando. No es posible" repetía en voz alta para convencerse así misma de sus palabras.
No obstante, de nuevo el universo volvía a decirle que se equivocaba cuando de nuevo volvía a sentir las fuertes vibraciones que la hicieron caer sobre la nieve, otra grieta se abría justo debajo de ella y fue arrastrada en caída libre hacia la grieta por una fuerza desconocida.