Dos Mundos

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Summary

Eliot asistiría a otra escuela, para su mala fortuna. Una en donde sabía que todos eran adinerados, excepto él, un simple muchacho normal. ¿Qué tendría que afrontar ahí, aparte de los almunos altaneros? Quizá la bonita e insoportable rubia que llamó su atención desde el primer día lo sabría. El universo guarda muchos secretos.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Un chico de cabello castaño y ojos marrón se movió de un lado a otro, apresurándose para ir a su nueva escuela. Se puso frente al espejo y la corbata se le enredaba en los dedos por el apuro.

Pensaba en lo extraño que era eso, pues su antiguo uniforme no comprendía esa prenda. También pensaba en que ahora tendría que soportar a nuevas personas y no a sus antiguos amigos.

Tomó el saco y se lo puso, éste tenía el escudo emblema del colegio en el bolsillo izquierdo, uno de los más caros y prestigiosos, y sabía que no encajaría ahí. Se miró, alzó una ceja y sonrió levemente al darse cuenta de que, al menos, se veía elegante.

Tomó desayuno como pudo y se fue corriendo. Por un momento se puso a observar los detalles de las calles. Era una nueva casa, nuevos vecinos, nuevo lugar, muchos árboles y el viento soplaba fresco. Desde que su padre había ido a trabajar al extranjero, había empezado a mandar más dinero, algo que les había mejorado el estilo de vida notoriamente.

De pronto chocó con alguien y ambos cayeron. Sacudio la cabeza y la vio.

Era una chica. Ella se sobaba el costado y acomodó sus mechones rubios. Quedó sorprendido al ver lo linda que era. Quiso ayudarla a ponerse de pie y vio el escudo del mismo colegio en su saco.

Ella alzó la vista y quedó pasmada, mientras él obserbava mejor sus facciones. Tenía unos penetrantes ojos verdes. Para lo que él había estado acostumbrado a ver en su día a día en una escuela nacional, la chica era una completa rareza para él.

—Perdón, no me fije...

—¡TORPE! —gritó ella, tan de repente, que lo espantó—. ¡¿POR QUÉ NO TE FIJAS POR DONDE VAS?!

Él parpadeó repetidas veces. ¿Esa chica tan elegante acababa de gritar?

—¡Oye! Ya te dije que lo siento...

—Deja de hacerte el tonto, Gabriel, ¡¿crees que con cambiarte el color de cabello no te iba a reconocer?!

La situación era cada vez más rara, pero no importaba, estaba empezando a ofenderse.

—¡No me llamo Gabriel!

Ella se detuvo a mirarlo. Entrecerró los ojos y abrió la boca al darse cuenta. Pareció avergonzada un segundo, pero cruzó los brazos, cambiando de expresión enseguida a una de altanería.

—Es verdad. Gabriel debería tener mejor porte.

Y se alejó con aire de superioridad, levantando el rostro apenas. Eliot quedó con la boca abierta.

Vaya. Si así eran todos unos creídos en esa nueva escuela, no iba a soportar ni un día.

Al llegar al colegio, se perdió por lo grande que era éste y empezó a correr de nuevo. Encontró a varios alumnos dirigiéndose a las aulas, así que trató suerte y le habló al que parecía menos alzado de todos.

—Por favor, necesito ayuda.

El chico de ojos azules le sonrió.

—Ya sé, te has perdido. ¿A qué salón vas?

—Al cinco “A”.

—Yo también voy allá, soy Ditmar... —Se puso algo incómodo—. Pregúntale a mi madre por qué rayos me puso ese nombre, mucho gusto. —Sonrió.

—Yo soy Eliot.

Se sintió aliviado de haber encontrado a alguien normal. Esperaba nunca volverse a topar con aquella chica grosera.

Dejó de pensar en ella cuando entraron al aula. Era enorme, bien iluminada, con portones hacia una pista de carreras con pasto verde. La escuela tenía buena infraestructura, como su triste antiguo colegio estatal.

Era gracias a ser buen alumno y mantener buenas notas, que le habían otorgado una beca en ese distinguido colegio. Aun así, sentía que eso era lo que hacía que todos lo miraran.

Cuando el profesor entró al aula, volteó a verlo también.

—Ah. Ponte de pie —le dijo, poniéndolo nervioso—. Presentate ante tus compañeros. Tenemos un nuevo alumno. Está aquí gracias al nuevo programa de becas.

Eso causó leves murmullos, cosa que lo puso más incómodo. Se puso de pie para presentarse, pero alguien que llegaba tarde, interrumpió.

—Ah. Pase, señorita.

La chica rubia dio un paso adentro y se quedó mirándolo a él, que estaba de pie.

A él se le enfrió más el cuerpo al notar el ceño fruncido con el que ella lo miraba. Lo traspasó con los ojos y siguió de largo hacia su asiento.

Perfecto. Lo que faltaba.

Luego de decir su nombre, se sentó.

—Ahí está esa chica —se lamentó en susurro.

Se había decidido sentar junto a Ditmar.

—¿Jadi?

—Sí, eso. Es una pesada.

—Veo que ya tuviste el placer de conocerla —se burló.

—Sí, y me confundió con un tal Gabriel.

El pelinegro se inclinó un poco, observándole el rostro. Entrecerró los ojos.

—Oye sí, ahora que te veo bien... te le pareces en algo.

—¡Ah! Genial, ahora tú también.

—No, en serio. Aunque él era medio rubio.

—Ugh.

El chico miró rápidamente hacia atrás y luego se inclinó hacia Eliot para susurrarle algo.

—Era su novio, creo. Él se fue de la ciudad y ella, como era de esperarse, se volvió más amargada que suegra. Ya hace tres años que pasó. No tiene amigos por eso.

—Pero yo veo a una chica... —murmuró y la señaló con disimulo—. Esa de rizos que la está mirando y le habla a veces...

Se sentaban juntas, así que asumió que eran amigas.

—Ella es María, pero no le gusta ese nombre. Se llama a sí misma: “Mary”, dice que es su nombre inglés para no parecer de la prole. Vaya rara... Por cierto —agregó asustado—, Jadi no deja de mirarte.

—Debe ser por mi parecido con el tal Gabriel, qué incómodo.

—Déjala, es loca.

—Sí, ya me he dado cuenta.

—¡Ya los escuché! —gritó Jadi desde su sitio.

Eliot se sorprendió.

—¿Qué pasó?

—Sin duda, está muy atenta a lo que dices —le explicó el pelinegro.

El profesor, de lo que había estado escribiendo algo, volteó.

—Van dos faltas, señorita.

Jadi cruzó los brazos. Su amiga Mary estaba dándose cuenta de la tensión.

—¿Qué pasa Jadi? —le preguntó—. ¿No te llevas bien con el chico nuevo? ¿Te está fastidiando?

—Sí. No es más que un mal educado. —Suspiró. No aguanto verlo.

—Está lindo de todas formas. —La chica apoyó el rostro en una mano—. ¿Viene de un colegio nacional? Debería pedirle hacer cositas…

Pero Jadi le dio un golpe en la nuca para que dejara de decir esas cosas.

***

En la hora de receso, Eliot aprovechó en conocer la escuela. Logró ver que Jadi se había quedado en el aula, mirándolo con desprecio, pero luego había desaparecido del lugar. Ditmar le dijo que de seguro se había ido a quitarle la comida a algún niño pequeño, así que Eliot decidió buscarla.

A pesar de todo, la chica rara y mal humorada le causaba curiosidad. Caminó por los jardines, hasta que, por la zona de juegos de primaria, encontró una niña llorando, así que se acercó a ella.

—Hey... ¿Qué pasó?

—La bruja me quitó mi pan —sollozaba.

Eliot se preguntaba a qué bruja se refería. Al alzar la vista vio a Jadi sentada en un columpio comiendo un pan. Ella, al verlo, se erizó.

El chico cruzó los brazos, arqueando una ceja.

—Vaya, quién lo diría, con esa cara bonita, pero eres una salvaje —le recriminó él.

Ella se puso de pie.

—Deja de aparecer así de repente frente a mí, ¡me asustas! —reclamó, dispuesta a alejarse.

—Y tú deja de abusar de los niños pequeños.

—Adiós.

Él suspiró y dejó caer los brazos.

—Oye… creo que empezamos mal. Mira, no necesitamos hablarnos, pero al menos…

—¿Qué? —se burló ella—. ¿Crees que me interesa hacer las paces con un chico que viene de una escuela estatal?

Eliot respiró hondo, sintiendo la ofensa. Ella avanzó.

—Sí —murmuró él—. Estoy tonto como para creer que podía razonar con energúmenos.

Jadi volteó, enfadada, pero él ya se estaba yendo siendo seguido por la niña.

—¡Anda, niñero!

Bufó y le sacó la lengua. Nunca la habían insultado de forma tan elegante, sin embargo.

***

Ya en la tarde, luego de que el día transcurriera lleno de miradas de odio entre la rubia y el castaño, Mary vio a su amiga y se le acercó. Ya todos se habían dado cuenta de la tirria que se profesaban los dos.

—Cielos, se nota que ustedes se detestan... —le murmuró, intentando sonar casual—. ¿Es porque se parece a Gabriel?

—¡No! —habló Jadi enseguida, trató de ocultar una cierta tristeza—. No es por eso.

María se despidió y subió a un auto que la estaba esperando y Jadi también. Eliot, que las vio, negó en silencio y se fue a casa a pie.

Al llegar, estaba pensativo, apenas notó a su mamá.

—¿Cómo te fue?, ¿cómo son tus compañeros?

Eliot estaba levemente molesto.

—Si los vieras, tienen de todo, y encima creídos y además...

Su mamá le interrumpió.

—Vamos, no debe ser tan malo, no creo que todos sean así, verás que pronto todos te querrán.

—Bueno, sí... creo que hice un amigo, pero, de todos modos, ¿quién estaría interesado en hacer amistad conmigo? Si no soy de su “nivel social” según ellos... Me siento como un lunar...

—Verás que sí, tú eres encantador, lo sé.

Él sonrió. Madres y su exeso de amor.

***

Al día siguiente, se le hizo tarde de nuevo y, para su mala suerte, se encontró con Jadi en la puerta del colegio. Tenía las manos hacia atrás. Se acercó, la rubia no le intimidaría más.

—¿Qué quieres? —le preguntó.

—¡Esto!

Le enseñó las manos cubiertas de pintura roja y le manchó la camisa del uniforme sin perder un segundo más. Él se angustió.

—¡Oye!

—¡JA! ¡A ver cómo le haces para estar así todo el día!

Eliot ya no podía regresar a su casa, tardaría mucho, tuvo que entrar así al colegio.

Soportó las burlas y miradas despectivas de los alumnos y hasta de algunos profesores. Asco de gente, pensaba él.

Cuando salieron al recreo, se sentía de pésimo humor.

—Eliot... no sé si te has dado cuenta... —le decía Mary—, pero tienes una enorme mancha en la camisa.

—¡SÍ, YA LO HE NOTADO, GRACIAS!

—Eh... bien... —La chica se fue espantada.

Ditmar empezó a reír. Le dio un par de palmadas en el hombro.

—Es increíble. Mala suerte, hermano.

—Alguien debería darle una lección a Jadi, ya no tiene cinco años —renegaba el castaño.

Iba a confrontarla, sin embargo, las clases de la tarde pasaron, y la rubia no apareció.

Decepcionado, resopló. El colegio ya estaba quedando vacío y ella no había salido. Fue a buscar por los jardines, solo por si acaso, pero solo encontró un uniforme de chica en unos matorrales.

Eso era raro. Lo tomó y lo guardó.

Continuó recorriendo el gran colegio hasta que vio a alguien esconderse detrás de unos arbustos. Se acercó más y vio a Jadi asomarse, al parecer sólo estaba en ropa interior.

—¿J-Jadi? —Quedó con los ojos muy abiertos.

El rostro de la chica se puso completamente rojo.

—¡Deja de mirar y ayúdame!

Eliot, de pronto, sintió que tenía el control finalmente.

—Oh, la gran Jadi, la que manchó mi uniforme, me está pidiendo ayuda... Seh, creo que no.

—¡Por favor! —soltó ella, casi sin poder evitarlo—. Ayúdame...

Él apretó los labios. No podía dejarla ahí, a pesar de lo molestosa que era, y mal educada también. Quizá un poco de ayuda le enseñaría a ser buena chica.

Suspiró resignado.

—Está bien, te traeré algo, no te muevas —le respondió de mala gana.

—¡Oh, descuida, estaré aquí! —gritó sarcástica.

Al rato él llegó con algo de ropa. Jadi al ver, volvió a fruncir el ceño.

—Oye, eso es ropa de hombre, ¡no pienso ponérmelo!

—¿Quieres irte así a tu casa?

—¿Por qué eres tan malo?

—¡Tú me manchaste el uniforme!

—¡¿Entonces fuiste tú?! ¡¿EN DÓNDE ESTÁ MI ROPA?!

—¡¿Qué dices?! ¡Yo no fui!

La chica se puso más furiosa y se le abalanzó a tratar de quitarle la mochila. Mary, al ver que Jadi no estaba por ningún lado, había regresado también a buscarla y los encontró.

Vio cómo Jadi forcejeaba con Eliot. Y lo peor, ella estaba en ropa interior.

—¡Oh, por Dios! —exclamó.

—¡Oye!, ¡ven ayúdame! —le pidio Jadi al verla.

—¿Qué estás diciendo? Esas son cosas entre tú y Eliot. ¡No pienso meterme en su momento íntimo! —Corrió para huir de la tentación.

Los otros no tardaron en darse cuenta de lo que había estado pensando la rizada.

—¡Oye, pervertida! —le gritaron ambos antes de que ella desapareciera de sus vistas.