United in grief
Cristian sabía que había algo raro en la actitud de uno de sus compañeros de facultad. No está muy seguro sobre en qué momento empezó todo, pero ahora, que se encontraba tirado en su cama observando el techo de su cuarto le daba vueltas al asunto como si las manchas de humedad le fueran a dar alguna respuesta. Si Enzo lo viera en esa situación probablemente se reiría en la cara mientras lo señala y habla con su típico tono altanero “Miralo al puto de mierda”. No es que fuera homofóbico o algo por el estilo, pero una oportunidad para descansar a uno de tus amigos, era una oportunidad para descansar a uno de tus amigos.
Trato de sacarse la imagen mental del morocho para volver al punto inicial ¿En qué momento había comenzado todo? Quizás... ¿La primera vez que fueron a bailar juntos?
Hay algunos baches en su memoria de ese día, al comienzo había bebido tanto que perdió la noción del tiempo y del espacio porque cuando volvió en sí, estaba bailando tan pegado a él cara a cara que llegaban a compartir sonrisas tontas mientras cantaban al unísono la letra de alguna canción de reggaetón viejo. Se acuerda también que en esa escena había una muchacha que estuvo toda la noche dando vueltas alrededor de él ansiosa por compartir una mínima pizca de atención, pero inevitablemente, fracasaba en todos los intentos. Tal vez por eso sintió un poco de pena mientras era sujetado de las mejillas cortando toda distancia con él, estampando sus labios con cierta desesperación perdiéndose en su mundo por unos segundos mientras decidía donde apoyar sus manos por la sorpresa, decidiendo que al final sea en la cintura ajena porque él ya se había adueñado de su cuello.
Igual… en ese momento pensó que era algo de una sola noche. Tan solo eran dos amigos que estaban borrachos, que se besaron porque pinto cuando se dieron cuenta de que sus rostros estaban muy cerca como para no hacerlo y perder la oportunidad. Era imposible para él asimilar que no era algo ocasional. ¿Cómo podían pretender que no piense algo así si después de eso nunca volvieron a tocar el tema?
Lo único que si podía admitir era que luego de aquel acontecimiento comenzaron a hablar más seguido, tenían bromas con respecto a ser los “padres” de su grupo de amigos por la reciente cercanía, se juntaban todo el tiempo en la casa del otro y un millón de cosas más que no venían al caso. Aun así, pensó que sólo se trataba de eso. Bromas entre pares que a él no le molestaban para nada y por la tranquilidad que demostraba el otro parecía que tampoco.
Todo se mantuvo medianamente estable después de eso, pero podría decirse que este surgimiento de una amistad más sólida le provocaba una alegría constante porque se percataba de que cada vez tenía más confianza al punto de hablar todos los días de cosas cotidianas, de contarse miedos, deseos, mandarse memes para responder “Si sos ese” “Si somos”, de facuchusmerios, entre otras cosas.
Continuo en su búsqueda de respuestas y divagando entre sus pensamientos recordó también una conversación que tuvo con Enzo un día que fue a su casa después de clases a tomar mate.
“Igual no se pa, es raro.”
“¿Qué cosa?”
El “tema privado” surgió después de una pelea porque el de blanca sonrisa se cansó de que Cristian lo boludeara por quinta vez en el día con ese cordobés castaño entonces, por venganza, mencionó la situación, aunque había jurado por el precio de una birra nunca hacerlo.
“Fijate, siempre que nos juntamos y terminamos jugando a algún juego boludo con retos te elige a vos.”
“Bueno, pero eso no tiene nada que ver, culiao. Somos amigos.”
“Amigo, siempre que Muri lo reta a darle un pico al que le parece más lindo de la ronda te elige a vos.” Parecía un tanto frustrado mientras hablaba. “Ya me da pena la pobre tratando de chamuyárselo... Está en el titanic, pero ella sigue y sigue remando en dulce de leche.”
Después de tanta gilada saliendo de la boca de Enzo solo quiso cambiar de tema, hasta esos momentos él no dudaba que todo se trataba de una broma, de un chiste, de una prank, de un chascarrillo entre ellos, quizás ella no le atraía lo suficiente y lo usaba para sacársela de encima porque tenían esa confianza de llegar a un punto en su hermandad que darían todo por el otro. Más de una vez habían hecho ese chiste de “Bro, cierra tus ojos” “Ok bro” “¿Qué ves” “Nada bro” “Así es mi vida sin ti, bro” “Bro” para luego fingir un llanto digno de un Martin Fierro mientras sus amigos no paraban de querer provocar algún acto violento de homofobia por más que más de la mitad del grupo fuera homosexual.
Trato de seguir pensando ¿Que más había sucedido entre ellos? Los meses continuaron pasando, sin pena ni gloria de algo que le diera un indicio sobre segundas intenciones que el otro tenía con él. Pero como dicen que no hay dos, sin tres, todo se volvió a repetir la última vez que fueron a un boliche.
Nuevamente se presentaba la misma situación. Botella de alcohol va, botella de alcohol viene y en un momento recuerda con lucidez como se acercó a su oreja para susurrarle algo al oído. Era extraño recordar como esa simple acción termino provocando que inesperablemente su corazón comenzara a latir fuera del ritmo predeterminado.
“Tengo ganas de mear…”
“¿Y que queres que le haga?”
Se miraron por unos segundos en silencio tratando de comunicarse telepáticamente, realmente sentía que después de tanta complicidad implícita podían hacerlo.
“¿Estas esperando que te acompañe?”
“Si.”
La sonrisa que le había dedicado después de largar algo tan simple como ese monosílabo no podía ser de este mundo, nadie podía negar lo lindo que era. Ni siquiera él mismo que hasta un par de meses atrás juraba y perjuraba ser heterosexual. Todo había cambiado después de una de sus tantas charlas reflexivas con sus amigos más cercanos y ahora podía decir con tranquilidad que era un alegre bisexual. Su mama le había enseñado de chico que tenía que comer de todo y decidió aplicar esa lección en más de un aspecto de su vida.
De todas formas, volviendo a los acontecimientos que atormentaban en su corazón y no a su reciente salida del closet, no tenía otra opción más que aceptar por más que de fondo estuviera sonando una de sus canciones predilectas que siempre cantaba (O gritaba) hasta que sintiera que se le salía la garganta. ¿Quién tendría el poder de negarse después de ver cómo le brillaban los ojos en manera de súplica de bajo de los reflectores de colores?
Tenías que ser un tipo muy cruel para eso.
Resignado, había agachado la cabeza mientras negaba y se le escapaba una risa por lo bajo para comenzar a seguirlo por atrás. El tema fue que a mitad de camino la música cambió, ahora era un cuarteto lo que sonaba de fondo. Era imposible que alguien como él pudiera evitar comenzar a moverse de manera inconsciente siguiendo sus instintos cordobeses como si el líquido que recorría sus venas fuera fernet y no sangre.
En ningún momento se percató que estaban nuevamente pegados… quizás era por culpa de la gente, quizás era porque el otro sabía cuánto le gustaba bailar, quizás era porque de alguna forma… Se había acostumbrado a esa cercanía física que fueron estableciendo ambos poco a poco. Nuevamente habían comenzado a compartir ese momento íntimo donde parecían estar solo ellos dos en una burbuja. Ya nada le importaba más que hacerlo reír si se equivocaban al bailar o cantarle una serenata cuando llegaban al estribillo con una mirada coqueta como si le estuviera dedicando cada estrofa en una declaración secreta de amor.
Entonces en un momento el DJ decidió dar un cambio radical a lo que sonaba de fondo provocando que Cristian volviera en sí, pero manteniendo aun esa sonrisa extasiada como si todas sus barras de dopamina, serotonina o cualquier otro neurotransmisor estuvieran llenas.
“¿No querías ir al baño vos?”
“No.”
Y otra vez, la misma situación, la misma sonrisa, la misma mirada que recorría con una lentitud tortuosa todo su rostro comenzando un camino invisible desde sus ojos hasta terminar en sus labios. Los segundos que acompañaban la situación parecía que se transformaban en horas por culpa de la espera al mismo tiempo que su mente se ponía en blanco siguiendo un ritmo inexistente de los latidos incontrolables que golpeaban sus tímpanos en la espera de que algo entre ellos pasara. Sentía que él mismo quería que la acción cantada sucediera de una vez porque el otro no se movía para nada. ¿Acaso estaba esperando que diera el primer paso? ¿Hace cuánto tiempo se estaban mirando? ¿Habían puesto la canción de María Becerra en loop? ¿Por qué no podía simplemente dejar de pensar y accionar?
No supo en que momento tuvo siquiera el valor de acercarse lo suficiente para poder tomarlo de la cintura a pesar de lo mucho que sus manos temblaban y lo hizo. ¿Lo hizo? Dios, realmente lo hizo. Estaba besándolo, él lo estaba haciendo. No puede evitar sentir como se le sube la sangre a las mejillas al recordar que fue ÉL quien inicio el beso esta vez y tampoco puede olvidar como se sintió tenerlo entre sus manos, como lo trataba con delicadeza a pesar de que de alguna forma u otra terminaron apoyados contra una columna o como parecía que se derretía sobre él en el momento que ejercía apenas un poco más de fuerza en su agarre o como parecía suspirar embriagado en el momento que se separaban para tomar un poco de aire antes de volver a besarse o cuando…
Dios.
D i o s.
¿Qué mierda le estaba pasando?
Comenzó a refregarse los ojos con cierta desesperación al percatarse de todo lo que estaba pensando y lo mucho que estaba disfrutando tener todo vivido en su memoria. Llego a pensar que quería que se repita.
Era agonizante lo confundido que estaba en ese momento. ¿Era solo calentura? A él… ¿Le calentaba Lisandro?
No era estúpido, no iba a negar que alguna que otra vez se le quedo mirando más de la cuenta en alguna juntada o simplemente se quedaba en silencio sin estar seguro de que responder cuando él le preguntaba cómo le quedaba tal o tal prenda. Pero… ¿Y ahora qué? ¿Qué hacía con toda esta información?
Quizás podría levantarse de su cama, agarrar las llaves del auto, ir hasta su casa, tocarle el tiempo de la manera que solo él tocaba para que el otro lo identificara y decirle “Che ¿Te pinta repetir?”
…
Se golpeó la frente como castigo ¿Podía existir algo más estúpido que eso? Estaba a punto de pasarse toda su amistad por el orto solo por una suposición, pero realmente creía que podía colapsar si no resolvía esto inmediatamente. Largo un suspiro mientras finalmente decidía tomar su celular para mandar un mensaje.
“Che, te parece si hablamos?”
No, no, suena demasiado serio. Podría llegar a pensar que estoy enojado con él o algo así.
“Eu, qeres venir a tomar algo a casa?”
¿Desde cuándo lo invitaba a tomar algo?
“Qeres venir a jugar a la play?”
Se vieron al mediodía, Cristian. ¿No te parece un poquito desesperado?
“Q onda como andas”
¿¡Qué onda con que!? Termino tirándolo sobre la cama, harto de todo, de sí mismo, de las relaciones sociales, de su vida, de su carrera, de su nula habilidad para relacionarse debidamente, de su…
El teléfono sonó con esa notificación personalizada del sonido de unas cuchillas chocando entre sí, no se acordaba en que momento les había parecido gracioso hacer algo así. Se cago en las patas por la sorpresa.
“¿Qué onda que andas borrando y escribiendo hace diez minutos? ¿Me extrañas?”
El sticker que envió seguido de ese mensaje termino por romperle la poca paciencia que tenía.
“En fin, cuchame. Hoy el dibu hace una joda. ¿Te pinta venir?”
Ni siquiera dudo en hacerse el interesante tardando en responder, total ya le había clavado el visto.
“Si.”
“Epa, andamos cortantes me parece ¿Te vino? Bue, ponete linda y nos vemos allá que todavía no salgo del laburo y me van a cagar a pedos si me ven con el cel.”
Realmente no tenía demasiadas ganas de salir, hubiera preferido invitarlo a comer a su casa, mirar alguna película en la tele del comedor mientras preparaba algo caliente para ambos y tirarse en el sillón con la manta de Marvel que le regalaron para su cumpleaños. Torció el gesto levemente sorprendido ¿Desde cuándo era tan trolo? Ósea, si era algo que solían hacer todos los jueves después de cursar, pero… La puta madre, ahora todo tenía un peso diferente.
Volvió a agarrar el teléfono para mandarle un mensaje a Enzo, no se iba a hundir solo en esa miseria. Para su suerte _era un amigo de fierro_. En 10 minutos lo tenía en la puerta de su casa, hablaron de toda la situación con una birra en mano, finalmente pudo sincerar todos sus sentimientos y para su sorpresa la respuesta de su amigo, más que una cagada de risa, fue de completa comprensión y escucha.
Le termino aconsejando de que le meta garra, que lo que estaba sintiendo más que un pesar era algo lindo y le advirtió que si no metía primera alguno iba a activar antes que él y se lo iban a terminar robando. Al parecer sabe de primera mano que un tal Anthony también estaba interesado en Lisandro y compartían varias clases en común.
Había dos cosas que no entendía de todo esto. Primero ¿Cómo carajo Enzo sabia todas las internas de la facultad si él iba a otra? Segundo ¿Quién pija era Anthony y por qué tenía un nombre tan yankee? Seguramente el cipayo ni era alguien digno para Lisandro ¿No? Bueno, se agrando Chacarita.
Decidió dejar de escuchar a las voces de su cabeza antes de que terminaran bajoneandolo por alguna razón equis y no saliera a ningún lado.
. . .
Habían llegado a la casa de Emiliano relativamente –muy- entonados y medio resacados por estar cantando de Karina desde que salieron de su casa hasta más o menos la puerta del hogar. A pesar de todo, tenía un objetivo. La verdad, era sencillo. Buscar a Lisandro, hablar con él, aclarar sus sentimientos y si la noche terminaba con algún arranque de algo entre ambos no se iba a quejar. Ahora… ¿Cómo lo cumpliría? No tenía la más pálida idea, la música retumbaba en sus oídos y las paredes parecían moverse a su alrededor.
“¡Eh, culiao! Al final viniste.”
Ese intento por imitar su acento lo conocía bien, trato de sonreírle al dueño de la casa porque a pesar de estar perdidisimo en sí mismo agradecía que lo tuviera en cuenta para cada una de las salidas.
“Si, sí. Estuve muy ocupado por los parciales, vos sabes.”
“Ni te excuses, rey. Ya terminamos, ahora date la pera contra el piso.” Bromeo, antes de acercarse a saludar a Enzo y quedarse charlando con él.
Bueno, recapitulemos. Paso uno: entrar a la casa… Listo. Paso dos… Encontrar al susodicho. Inicio su camino por aquella casa que conocía como la palma de su mano en busca de aquella cabellera teñida. Pero en algún momento de la velada empezaron sus lagunas mentales. No sabe muy bien cuando empezó. Tal vez no debería haber aceptado el ¿Quinto? vaso de fernet a Julián ni tendría que haber aceptado lo que Karen le dio para fumar… Ahora estaba el triple de perdido y la desolación de no encontrar al reciente hombre de sus sueños estaba atacando partes de su mente que no quería recorrer en ese momento. Necesitaba respirar un poco de aire, su pecho comenzaba a vibrar, la garganta parecía cerrarse, su cuerpo parecía transpirar frio. Dios, que momento de mierda. Que mala idea haber mezclado tanto, que mala idea haber venido, que mala idea todo esto en general. Y ni siquiera estaba tan seguro de a que se refería.
Salió despedido hacia el piso de arriba de la casa, sabía que los únicos que tenían permiso de estar ahí eran los hermanos (Como solían llamarse entre ellos.) de la familia y que el Dibu tenía un balcón en su habitación como el cheto de mierda que era. Necesitaba estar solo, quería respirar con regularidad sin esa amenaza constante en su cerebro que le aseguraba que cada segundo que pasaba existiendo era una experiencia cercana a la muerte.
Entro casi pateando todo lo que se encontraba en su camino para abrirse paso y poder abrir ese ventanal, luego le pediría perdón haciéndole una milanesa con puré o algo por el estilo. De todos modos, estaba acostumbrado a ser un amigo de mierda que arruinara cada cosa que tocaba.
Se apretó la frente con la palma de su mano, no era momento para pensar cosas como esas. Nadie lo odiaba, estaba todo en su cabeza. Sus amigos eran sus amigos y así se iba a mantener para siempre, era una promesa, pasaron toda su vida juntos y aún tenían muchas anécdotas que vivir, estudiaba y tenía un trabajo con el que mantenía su propio hogar y ya no estaba solo.
Respiro con una mano sobre su pecho sintiendo los latidos irregulares de su corazón. ¿Por qué? ¿Por qué si se supone que venía haciendo todo bien? ¿Por qué justo cuando tenía que disfrutar con sus amigos? Estaba tratando de usar todos los métodos, contar cinco cosas diferentes, contar números, regular su respiración al ritmo de quien sabe qué cosa y nada parecía funcionar.
Estaba harto, harto de que todo le saliera mal, harto de que ni siquiera pudiera retener las lágrimas que brotaban sin él quererlo. Todo era un pozo, cerraba los ojos con fuerza con el deseo de simplemente hundirse y no volver a salir nunca más, no podía enfrentarse a la vergüenza de la escena que estaba dando en ese momento. Realmente no podía más, todo sería muchísimo mejor si tan solo no existiera, ya no sería una carga para nadie ni tendrían que escucharlo hablar de sus problemas ni… De un segundo a otro pudo sentir como algo, alguien, lo contenía atrapando su cuerpo entre unos brazos que no le daban los huevos para fijarse quien era. Simplemente se dejó estar por el vago recuerdo de una sensación familiar, pero ese inconfundible olor entre un perfume dulzón y el típico sahumerio que estaba prendido en su hogar todo el día le dieron entender quién era. Finalmente, pudo liberar todo lo que estaba cargando. Se permitió llorar incluso un poco más fuerte de lo usual.
En algún momento del consuelo, ambos se encontraban sentados en aquel lugar. Cristian apoyado sobre el pecho de Lisandro y él rodeándolo con sus brazos mientras le dejaba algún mimo en su pelo. - ¿Me queres contar que paso? - Se dejó consentir aprovechando para cerrar levemente los ojos y relajarse para no volver a caer. –No. - Suspiro. –No sé, simplemente me empecé a sentir mal y bueno… Ya viste que paso. - Lo escucho murmurar. - ¿No será por todo lo que consumiste? Te vi fumando con Karen. – No pudo evitar largar una risa por lo bajo. - ¿Me estabas mirando? - Ahí estaba, el tono medio coqueto, medio bromista que solían usar entre ellos. –Siempre te estoy mirando, Cristian. - Extrañamente, eso sonaba un poco más serio de lo usual. El silencio comenzó a reinar por más que todavía los parlantes sonaran a todo lo que podían dar y los gritos de sus amigos cantando la letra de alguna canción eran cada vez más fuertes por el inminente pedo que tenían. Entre ellos era como si de repente se hubiera instalado un nuevo conocimiento implícito y ninguno tenía los huevos para dar el siguiente paso.
Ya no era solo su corazón el que latía con fuerza, sino que también era el de Lisandro. Podía jurar que lo sentía en su espalda de lo fuerte que golpeaba y en las actitudes que el teñido tomaba cuando comenzaba a ponerse nervioso como la constante necesidad de mover uno de sus pies de arriba hacia abajo o el golpeteo del dedo anular contra alguna superficie para tratar entretenerse con algo que no sea la nueva amenaza que estaban a punto de enfrentar. –Creo… Creo que tenemos que hablar ¿No? – Finalmente, pudo dar el primer pie. Por una vez en su vida iba a hacerle caso a Enzo. –Ah, sí. Si. - Soltó una risa al ver como parecía tragar en seco tartamudeando al hablar por haber dicho algo de más. – Para lo que necesites hablar, acá estoy. - -Creo que estoy sintiendo cosas por vos. Cosas que no estoy acostumbrado a sentir o al menos que no me percate que las sentía hasta hoy. - Poco a poco se fue separando del entrerriano, si iban a hablar de algo de tal magnitud como esto debían que verse cara a cara. – Yo… Todavía no estoy seguro ¿Si? No es fácil. – Ojalá pudiera tener estas charlas con su mejor amigo presente, seguramente le diría algo como “deja de dar tantas vueltas y habla.” – Capaz yo estoy flashando ahora, cago todo lo que teníamos hasta ahora, no me volves a hablar nunca más y te volves a esa provincia chota para festejar el carnaval carioca con Muri, pero yo necesito saber... Lisandro vos… ¿Sentís algo por mí? – No pudo evitar agachar la cabeza comenzando a jugar con sus manos por la vergüenza que estaba sintiendo. En su campo de visión terminaron apareciendo las manos del contrario que comenzaban a acariciar las suyas con una paz que era injusta de disfrutar. -Sí, hace como… Meses, que estoy siendo un poco evidente ¿No? – Y ahí, con la sonrisa que ajena, pudo comprenderlo todo.








