† PRÓLOGO †
¿Puedes sentirlo? Esa sensación de que todo acabó, pero no para mejor.
Esa turbación instalada en la boca del estomago al saberte engañado, al saberte perdido. Sintiendo la piel erizada y el frío sudor bajar por tu frente y deslizar por tu mentón; y es esa primera gota que cae la que te hace ver que todo lo que creías real no son más que las inconsistentes ganas de que todo fuese diferente.
Y ahí estaban, siendo absorbidos por las consecuencias de actos pasados. Promesas rotas, olvidos, engaños. Para todos vivir en una mentira puede ser mas fácil que saber una verdad cruel y dolorosa.
Pero, ¿quién era el mentiroso en realidad?
—Dijiste que volverías —comienza él, sin una sola emoción palpable en su voz, solo es fría, serena—, y te esperé, te esperé por años, observando por aquella ventana pasar los días, queriendo ver a aquella niña de cabellos rojos venir a salvarme. Nunca lo hiciste, y me convertí...
—¿En un monstruo? —ella terminó por él, sonriendo divertida-—. Yo no te convertí en esto. Tú ya estabas loco, eres un enfermo mental desde que naciste y no hice más que ayudarte. Te hice encontrar con lo que realmente eres; ese jodido monstruo.
Él atado a la silla.
Ella acariciando el cuchillo.
Una sonrisa siniestra adornaba el rostro ensangrentado de la chica y una risa gutural salió de los labios de él, riendo como aquel desquiciado que era. La escena le resultó divertida, ver a la chica sostener un cuchillo, sonreír triunfal y mirarlo con aquellos ojos azules desprendiendo ira, diversión y locura.
¿Eres capaz de odiar a quien alguna vez amaste?
—-¿Crees ser capaz de matar al hombre que amas? —-ladeó la cabeza después de preguntar, con una sonrisa psicótica, de aquellas que soltaba cuando se sentía en su mejor momento, analizando su lenguaje corporal; no vio nada, ni un solo ápice de dolor, arrepentimiento o sufrimiento.
Nada.
-—Yo creía que eras mas inteligente, Brandon. ¿Aún no te das cuenta?
Brandon no pronunció palabra, pero sabía lo que vendría después, porque no, él no era tonto. Sin embargo solo se limitó a mirarla con aquellos ojos penetrantes y una media sonrisa.