Prólogo
—Despídete, Júpiter.
El grandulón exigió con un tono leve para que la pequeña de tres años no pudiera asustarse, cuando este la soltó ella corrió a abrazar a su amiga sin pensar que sería la última vez que la vería. La pequeña acomodó su cabello de lado y caminó junto al hombre.
—¿A dónde vamos? —preguntó con un tono curioso, lleno de intriga, su mochila la traía el grandulón y a pesar de eso no lo había notado.
Cuando se encuentran frente a la puerta de cristal, su corazón comenzó a palpitar con rapidez. Un pequeño recuerdo borroso vino a su mente, pero no estaba segura de que era. Ella sostiene el agarre del grandulón y se esconde entre sus piernas, cuando se encuentran adentro, una voz conocida habló para calmarle.
—¡Júpiter! No tengas miedo, cielo, tus papás vinieron por ti. —De inmediato la niña soltó el agarre del hombre y asomó su mirada con asombro hacia ellos, la alegría y satisfacción de volverlos a ver le conmovía lo que causó que ella llorara de la felicidad, cada noche hacia video llamada con ellos y se preguntaba por qué no podía estar con ellos; pero ella era muy obediente, siempre fue consciente que sus papás estaban muy ocupados para cuidarla cuando ella enfermaba o estudiaba así que debía estar en una escuela como las películas.