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Colibrí

Summary

Scorpius tiene una afección de corazón, su ritmo cardíaco es muy superior a lo saludablemente establecido. Si sus latidos sobrepasan el límite de lo soportable, colapsará y morirá. Scorpius esconde un gran secreto, desde los catorce años sus latidos sufren picos cuando Albus está muy cerca, dice o hace algo que lo ponga nervioso. Ahora tiene dieciséis años y su corazón está al límite... Albus tiene novia... Puede que sea más Greengrass que Malfoy pues el amor acabará por matarlo.

Status
Complete
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

—Tiene siete años y supera en reposo los ciento cincuenta. Lo general a su edad es entre cien y ciento treinta.


Draco Malfoy observó al sanador dudando de su diagnóstico, se lo hizo ver arqueando una ceja e interrumpiendo.


—Ese rango es para los niños muggles, no para los magos. Los mágicos tenemos más latidos debido a nuestra energía.


El sanador parpadeó y se recostó en la silla inspirando paciencia. Lo peor de ser pediatra no eran los berrinches de los niños sino de los padres.


—Señor Malfoy, voy a informarle del valor y el diagnóstico si me permite —Draco se mantuvo imperturbable pero asintió—. Los niños de la edad de Scorpius tienen una frecuencia cardíaca entre ciento diez y ciento veinte. Eso teniendo en cuenta el reposo y que no utilicen magia. Si la utilizan el valor aumenta hasta los ciento cincuenta. Su hijo supera en reposo y sin magia ya esa cifra. Aún no es claro, pero podría desarrollar una cardiopatía...


Draco escuchó casi en automático el diagnóstico y las pruebas que se le harían a su primogénito. Tantas palabras técnicas solo resumía que su amado hijo iba a tener que vivir contando los latidos hasta que con diecisiete años pudieran operarle, ya que la intervención era muy invasiva y se exigía un límite de edad. Salió de allí y tomó la mano de su hijo mirando a Astoria con rostro pétreo. Ya era más que suficiente soportar la inevitable maldición de ella, una que lo condenaría a criar a Scorpius solo y sin el afecto de una buena compañera de vida y madre. Ahora además tendría que lidiar con el terror de perderlo a él si no vigilaban sus latidos y el límite permitido. No se atrevía a decírselo, no era humanamente capaz. Ella lo había dado todo por ser madre, fue por ello que estuvieron de acuerdo en casarse. Él necesitaba un primogénito, ella deseaba huir del puño de hierro que era su padre y tener un hijo. Ambos se entendieron a la perfección desde la primera conversación en dónde sin razón alguna expusieron sus grandes anhelos. Ahora, mirando sus hermosos ojos verdes el corazón se le encogió.


—No te atrevas a mentirme, Draco.


Draco suspiró derrotado y asintió.



Primer curso en Hogwarts.


Scorpius cerró los ojos notando el característico latigazo de dolor en el pecho. Conjuró un hechizo sanador y los dígitos le indicaron 169. Debía relajarse y pronto, pero era culpa de Albus y sus estupideces. Una tonta discusión que lo tenía más triste que enfurecido lo llevó a llorar bajo un árbol, hasta que lo vio pasar con otros alumnos y lo ignoró descaradamente. Eso dolió y la cifra subió a 170. Deshizo el contador y se tumbó mirando el cielo para tranquilizarse. Frunció el ceño recordando las directrices de sus padres.


*Ejercicio suave no superior a diez minutos.


*Inspiraciones regulares y meditación.


*No gritar ni pelearse.


*No correr.


*Reposo abundante.


*Realizar magia solo en clase y en prácticas supervisadas por un adulto.


Ninguna de esas directrices se correspondía a la anomalía del aumento de latidos al ver pasar a Albus. Cierto que se habían peleado, pero él no había gritado ni se había agitado...o eso cree. Y justo después se marchó a paso lento hasta un árbol para calmarse y reposar. Vio a su amigo a lo lejos y otro dolor agudo lo traspasó. Éste en concreto le asustó.


175...


(...)


—Hola. —Albus se acercó dos horas después, pero su amigo no respondió. Permanecía como dormido sobre la hierba al resguardo de una sombra bien grande. El aire refrescó moviendo los mechones rubios de la cara, se quedó un ratito mirándolo dormir. Se sentía muy arrepentido, mucho.


Scorpius tenía las mejillas encendidas y decidió inclinar la oreja en su pecho. Su frente se arrugó de preocupación, los latidos eran muy rápidos.



Tercer curso en Hogwarts.


—¡Deja de correr! —gritó Albus alarmado.


Scorpius resopló con fastidio y se detuvo andando a paso lento hasta él.


—Eres peor que mi padre.


—Ya iba yo a tu encuentro, no hacía falta correr. —Quedaron de frente y continuaron su camino hasta las mazmorras.


—Estoy bien, no tendría que habértelo confesado. —desde que se lo dijo que su amigo lo vigilaba como un halcón en plena caza. Era agobiante, o eso se dijo, pero lo cierto es que a excepción de estos detalles, le encantaba toda la atención de Albus en él.


—Tendrías que habérmelo dicho desde que nos conocimos, esta no te la perdono Scorpius. —Albus no lo decía en serio y el rubio sonrió mordiéndose los labios divertido por el intento de expresión seria que trataba de componer el moreno— ¿Cuántos?


No hizo falta detallar más, los dos sabían que se refería a sus latidos.


—Ciento cincuenta y siete.


Con la edad, la frecuencia cardíaca disminuye hasta un valor de entre ciento veinte y ciento cincuenta en reposo para magos.


—Scorpius-


—No me des la brasa, ya está. —cortó antes de recibir un rapapolvo.


Albus suspiró y le pasó un brazo derrotado. Vivía por contabilizar cada latido del rubio. Se sabía de memoria todos los valores y rangos por edad, circunstancia en reposo y haciendo ejercicio. Incluso si su amigo no lo controlaba, él a escondidas lanzaba el hechizo por la espalda para llevar la cuenta.


—Tenemos deberes. —dijo el moreno distraído entrando en su habitación, el rubio le siguió.


—Yo quiero dormir. —soltó cansado.


—¿¡Qué!? —Albus se giró asustado y le palpó la frente—. Anoche dormiste de un tirón, hoy no parecías cansado. —Apoyó la palma sobre el corazón de su amigo y lo miró directo a los ojos.


—En serio Albus, te va a dar una embolia de la preocupación. —Scorpius empezó a respirar nervioso sin razón aparente. Sus latidos aumentaron, pero calló. Inspiró y expiró con disimulo bajo la atenta mirada verde del moreno.


—Cuando te operen podré respirar tranquilo. —Respondió firme y el rubio se agitó un poquito.


—Aún falta. —le recordó para distraerse de la sensación acalorante. Albus no había retirado la mano de su pecho y estaba demasiado cerca.


—Pues vigilaré cada paso, respiración, actividad y latido hasta que eso ocurra.


Algo dentro de Scorpius le advirtió que aquello no estaba bien, no era sano en absoluto, pero la sonrisa se formó y los latidos aumentaron.


—Como me agobies te ignoro. —amenaza absurda aparte, el rubio se apartó para calmar lo que sea que le estaba agitando.


—Como me ignores... —alzó la vista pensando en una buena réplica pero nada acudió a su rescate.


—No me agobies, por favor, Albus —Scorpius agachó la cabeza, no podía mirarlo directamente sin empezar a sentir el incipiente dolor de un pico—, ya tengo más que suficiente con mi padre. Mamá al menos es más disimulada y se inventa excusas para estar al acecho y controlarme. Papá es tan cargante que incluso hemos discutido.


—No debería alterarte de esa manera —la mano de Albus acarició la zona del corazón, agachó la cabeza juntando sus frentes y prosiguió—, incluso si ha de recriminarte, tiene que ser suave y contener su temperamento.


Los latidos aumentaron, y es que el aliento de su amigo golpeó sus labios. La cercanía era la acostumbrada pero por alguna razón últimamente le sacudía el corazón.


—Mi padre no grita ni gesticula como tú, me dice las cosas tan frío y distante que si no fuera porque mamá me lo repite, diría que ni me quiere por ser defectuoso.


—Ni se te ocurra volver a decir eso —la molestia en la voz y su urgencia le enternecieron. Los dedos en su barbilla obligándolo a levantar la vista le generaron otro pico—. No eres defectuoso, eres perfecto y esto —acarició el pecho— solo tiene que crecer y hacerse más fuerte. Y cuando te operen yo estaré ahí esperándote.


Scorpius suspiró trémulo, se quedó enganchado de la visión de Albus y sus ojos fieros. Él era tan fuerte y decidido. Tan leal e incondicional.


—Gracias por-


—Relájate que te late mucho el corazón.


—Quiero dormir, iré a mi cuarto. —lo que fuera con tal de huir del extraño efecto que ejercía su amigo sobre él.


—No hace falta —por fin se separó y le abrió la cama—, duerme aquí y cuando sea hora de cenar te despierto.


El rubio se recostó de lado recibiendo de la almohada el característico olor de Albus, éste se quedó sentado a los pies de la cama con las piernas cruzadas y sacó de la mochila los deberes. Era relajante verlo concentrado y escribir. De vez en cuando alzaba la vista para vigilarlo y el rubio se rió bajito por su obsesivo control. A pesar de todo se durmió con los latidos a un nivel casi óptimo para un chico de su edad.


(...)


—¡QUIERO VER A ALBUS!


Draco abrió los ojos espantado, vio a su esposa correr hacia su hijo y abrazarlo para calmar la agitación. Astoria le susurró al oído palabras dulces de consuelo mientras le acariciaba el cabello y lo mecía en un movimiento hipnótico.


Era la segunda vez en ese verano que Scorpius le gritaba todo acalorado, y era por poder ver a su amigo. El dichoso Potter de los cojones. El que más se parecía a su padre físicamente pero opuesto en carácter. El que demostraba una actitud nada sana y obsesiva enviando constantemente lechuzas y ordenando—que no preguntando—sobre la salud de su hijo. Draco hundió los hombros derrotado, ya le había advertido Astoria sobre el posible cataclismo si se mantenía en sus trece, pero es que no le parecía apropiado esa amistad. Su hijo se comportaba como un chiquillo dependiente siguiendo la sombra de Albus y éste no demostraba intención de corregir su comportamiento sino todo lo contrario. McGonagall le había asegurado que Potter era como un guardián, un alumno muy responsable con un ojo siempre puesto en Scorpius y vigilante de su afección. El verdadero problema, y él lo sabía, era lo que conllevaba dicha amistad; Encuentros más o menos recurrentes en vacaciones con el Potter mayor. Ninguno de los dos se mintió con respecto al poco afecto mutuo ni la opinión de la relación de sus hijos. Eran cordiales en el mejor de los casos, y distantes en la más común de las circunstancias. Simplemente era superior a él tener que ver a Potter mostrarse un padre amoroso y cercano cuando él no podía para no alterar a su hijo. Era superior a sus fuerzas verlo ser un ex esposo perfecto pese a la relación rota con la comadreja menor. Incluso en eso todo el mundo lo admiraba y nadie le reprochaba. A veces Draco contemplaba esa escena familiar y se sentía fuera de lugar, un intruso que albergaba sentimientos confusos que le incitaban a querer participar y estar cerca de-


—Discúlpate con tu hijo —la voz de Astoria le sacó de su ensimismamiento—, dile que le quieres y que le das permiso para ir a ver a su amigo.


La miró a los ojos y rápidamente desvió los suyos hacia Scorpius. No podía mantenerle la mirada, esos ojos verdes le ponían nervioso.


—Está bien.


Caminó hasta sentarse al lado de su hijo y se mantuvo durante un momento callado. Le pasó el brazo por los hombros y lo pegó a su pecho.


—¿Porqué no quieres que le vea? —dijo bajito con la voz tomada por el llanto.


—No me gusta cuán dependiente eres de él. Siento que no te deja ser tú mismo.


—Tú tampoco me dejas ser.


Draco cerró los párpados arrepentido e inspiró—. ¿Es así cómo te hago sentir? Yo solo me preocupo por ti, soy tu padre y mi… —retiró la palabra «deber» y reformuló la frase— yo te quiero, hijo, no sabes cuánto —los hombros de Scorpius se tensaron bajo su brazo—. Vivo constantemente aterrado de que me llegue una lechuza de Hogwarts diciendo que has perdido el conocimiento o que...


—Me controlo muy bien, papá —por fin su hijo levantó la cabeza y le miró, se parecían tanto y a la vez no. Esos mismos ojos tenían un brillo suave y dulce como los de su madre, no fríos y lacerantes como los de él. Tampoco los ojos de Astoria se asemejaban en nada a los de Potter, tan duros y prejuiciosos—. De hecho, Albus es más pesado y controlador que tú —le confesó sonriendo—. Él no lo sabe, pero me doy cuenta de cuándo aplica un hechizo a traición para contabilizar mi pulso.


—¿De verdad? —hasta ahí alcanzaba la extraña obsesión del mini Potter por lo visto.


—Sí. Me ayuda con las prácticas de hechizos, siempre me acompaña por si acaso, me tranquiliza, se enfrenta a los demás para que yo no discuta con nadie, se sabe la puñetera gráfica de valores para controlar mis niveles, vigila lo que como, si hago ejercicio y cuánto, todo papá.


No sabía si alegrarse o asustarse. Le apartó en una caricia tímida el flequillo de la frente y sonrió suave.


—Veo que le quieres mucho.


—Mucho.


La expresión solemne y seria de su rostro le advirtió de un detalle; La intensidad de esa mirada acerada en Scorpius se asemejó por fin a la que él mismo adoptaba cuando en secreto se miraba al espejo confesando su aborrecible amor por el Potter mayor.


Draco tragó en seco y besó su frente. El mimi Potter al menos parecía corresponder a los sentimientos de su pequeño. Y se alegró.


—Puedes verle.



Cuarto curso en Hogwarts.


No sabía cómo se llamaba la chica, solo que era de Gryffindor y hacía reír a Albus. El moreno se expresaba muy abiertamente para lo que solía ser él y mantenía una sonrisa tan abierta y hermosa que Scorpius se tocó el pecho asustado, un pico de dolor debido a la frecuencia cardíaca. No podía ser celoso de Albus, ya le tocaba tener otros amigos y dejar de ser un repudiado. Se fijó en cómo la chica sonreía, sus ojos brillantes sin perder detalle de su amigo y sus dedos acariciándose mechones de pelo. Coqueteo claro y llano. Scorpius inspiró y expiró para calmar sus latidos, aplicó el hechizo de reconocimiento y se alarmó; 178.


Los magos podían alcanzar esa cifra y hasta doscientos si realizaban ejercicio o magia de nivel superior, él no estaba haciendo ninguna de las dos cosas. Si su corazón alcanzaba esa cifra, colapsaría. Se marchó corriendo y luego a paso lento para no empeorar su ritmo. Sentía la cara arder y un dolor agudo que se transformó en jaqueca. Cuando finalmente llegó a su cuarto se desplomó en la cama y cerró los ojos.


170

165

156...


La cifra no bajó más, pero en vista de que subía al rememorar a Albus y esa chica, decidió forzarse a dormir. Se saltó dos clases, se tragó un discurso aleccionador por parte de la directora para informar de su estado e ir directamente a la enfermería, aguantó el excesivo control y recriminación de su amigo y obtuvo pocas respuestas de esa chica. Una conocida, ayudar con los deberes, simpática... Scorpius no quiso saber más. Albus no parecía especialmente interesado en ella y él se hizo el tonto.


Una semana después descubrió que estaba enamorado de Albus. Misma escena y un toque sutil por parte de ella y echó chispas. Su corazón galopó con fuerza, poco faltó para chocar los labios y Albus no se apartó sino que sonrió ufano. Scorpius se marchó con paso lento hacia su siguiente clase y al llegar se sentó con la cabeza reposando en el pupitre. No soportaba la idea de ver a su amigo besándose con otra persona, no concebía la posibilidad de sentirse excluido de algo tan íntimo e importante, le dolía muchísimo pensar siquiera en eso. De ser él mismo el receptor de esos besos, la historia sería diferente porque...


Scorpius abrió los ojos mirando las túnicas de los alumnos entrar en el aula. “ ¿Porqué sería diferente? Es natural interesarse por otras personas. Algún día nos enamoraremos y nuestros besos, abrazos y caricias serán para otros. Algún día... Dejaré de ser lo más importante para Albus, no me abrazará, no me... No me ¿Besará?” la idea no le disgustó en absoluto, de hecho, le emocionó hasta un punto en que imaginó escenarios dónde ellos eran pareja. Scorpius resopló cerrando los ojos y se dijo mentalmente la frase más hermosa y condenatoria de su amistad. “Estoy enamorado de Albus, mi mejor amigo”


Se tocó el pecho con desasosiego, aquél sería el preludio tormentoso de sus dos próximos años.



Verano después de cuarto año.


Scorpius se negó en rotundo a ver a Albus. Tres semanas de silencio y un mini Potter preocupado después, resultaron en una escena de lo más bizarra, para algunos hasta dantesca.


—¿Le has prohibido tú que mi hijo le vea? —Harry Potter mantuvo el gesto reservado y la mirada seria.


—No —contestó Draco con cara parca—, es el deseo de Scorpius.


—¿Y no será que-


—¡Potter! —Malfoy alzó la voz y el mentón—. En primer lugar, yo no tengo ni por qué justificarme ni darte explicaciones de nada. Y además, mi hijo se encuentra de salud muy delicada. No puede lidiar bien con la enfermedad de mi esposa. Le está afectando y mucho.


—Oh... ¿Astoria...? —su expresión se suavizó culpable. Todos conocían de la maldición Greengrass.


—Sí… oh. Ha empeorado —desvió la mirada hacia las escaleras—. Scorpius se encuentra tan conmocionado que tiene un sanador particular para él. Sus latidos no bajan.


—Igual si Albus le viera, sería un consuelo para calmarlo y-


—Eso es lo extraño, Potter —Draco le enarcó una ceja acusatoria—, que yo mismo me ofrecí para que tu hijo pasara las vacaciones aquí y le hiciera compañía, pero se negó.


—¿Se negó? Son mejores amigos. —Harry se acercó al rubio con la frente arrugada y extrañeza en sus ojos verdes.


La única respuesta fue un encogimiento de hombros monumental, un suspiro y una despedida escueta


—Draco... —dijo antes de entrar en la chimenea—, Albus está muy preocupado y afectado.


El nombrado le observó de arriba a abajo escudriñando sus facciones. No mentía, el mismo Harry parecía también muy angustiado.


—Me lo puedo imaginar, pero en cada ocasión que he nombrado a tu hijo su pulso se ha disparado de manera alarmante —Hizo una pausa contundente que hiciera mella en la cabeza hueca del cuatro ojos y encogió una comisura—. En todas ellas se ha negado a nada que tuviera que ver con él.


Pudo apreciar sin una pizca de arrepentimiento justo el segundo exacto en que la información llegó a Harry y su expresión cambió. El moreno siempre optaría por la versión más retorcida y errónea de él.


—Al final has conseguido lo que querías. Le has manipulado y convencido para separarlos.


Mentiría si dijera que no dolió, pero ya estaba muy acostumbrado. Avanzó a él varios pasos con lentitud deliberada y lo miró desde su altura para rabiarle más.


—Piensa lo que se te antoje, Potter. Un día la verdad saldrá a la luz y veremos quién tenía razón.


Harry Potter se internó en la chimenea con la mirada acerada de dos Malfoys clavadas en la nuca. El primero y más mayor no reflejó nada, el segundo que se escondía entre las escaleras reflejó la tristeza empapando sus ojos dulces.


Un mes después, Astoria Malfoy fue sepultada en el panteón familiar. Scorpius fue ingresado de urgencias en San Mungo y el mundo mágico se enteró de tan graves noticias por El Profeta.









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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

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