Sipnosis.
Todo era un revuelo, la gente que estaban afueras del lugar pedían justicia y otras solo querían una explicación sobre todo lo que pasó.
La chica aún no asimilaba lo que hizo, aún creía que estaba en un sueño ocasionado por las sustancias que consumía a diario para su estabilidad mental, aunque este la este desteriorando cada vez más.
Pero de algo si estaba consiente, si este era o no un sueño, ella no se arrepentía de nada, nunca sintió esa sensación de arrepentimiento. Los pasos de los policías sonaban detrás de ella al tiempo en que ella caminaba adelante con esposas y vestida de naranja.
A medida de que avanzaba se escuchaba murmullos; juzgatorios; de coraje y hasta se oían palabras de consuelo y lástima para la adolescente chica por su condena. Cosa que ella descartaba ignorandolos, porque ella sabía que es lo que hizo y que no. Y eso lo confesaría en la corte, frente a la justicia como debe ser.
Los policías junto a la chica llegaron al final del pasillo hasta estar delante de unas puertas de madera, que estas dichas puertas se abrieron después de unos segundos ante sus ojos.
Los nervios se apoderaron de ella, movía sus manos y sentía la inquietud de estar esposada. Habian gente profesional y espectadores sentados en cada lado de la sala, todas las miradas se fijaron en ella. La chica camino por medio de los asientos sin mirar a nadie más que el juez. Subio unos escalones y se acomodo detrás del podio donde confesara y escuchará su sentencia.
Y antes de cualquier cosa sus ojos viajaraon a la persona que estaba en los asientos de atrás: Verónica Walther.
La señora la miraba con total odio, quebrada por el dolor, pero con los ojos tan cargados de coraje, pero esas cosas no intimidaron a la joven. Asi que también la ignoró.
Un policía se adentro a la sala caminando directamente hacia ella con un libro de tapa negra en sus manos. Al llegar y estár del otro lado del podio le ofreció el libro, cosa que la joven respondió poniendo su palma encima de la tapa del libro.
—¿Jura usted decir la verdad, toda la verdad y, nada más que la verdad?— el policía quizo gravarse cada expresión por parte de la chica pero ella no correspondió asi que responde con sutileza.
—Lo juro.
Su voz salió suave pero segura, practicó bastante para decir esas dos palabras.
El policía no muy convencido asintió y retrocedió dando paso al abogado que iba a interrogarla y por supuesto cuestionarla.
El hombre de mediana edad se acomodo su corbata con sutileza y dedicó toda su atención a la chica detras del podio.
—Señorita— pronunció su nombre con asento británico — ¿Me permite hacerle unas preguntas?
La chica estaba cansada y solo queria salir de allí cuánto antes. No quería preguntas, solo quería que todo esto acabara. Aún le dolía todo, aún sentía el peso de todo eso, las cadenas que cada vez se almohadaban a su vida y sus emociones. Asi que sin más preámbulos cortó todo de raíz.
—No hay nada que preguntar — Rebatió saliendo del podio y caminando hacia el abogado.
Los policías se pusieron alerta y la tomaron por los hombros, ella se sacudió con asqueada y molesta. Sorpresivamente estos la dejaron en paz, se dieron cuenta que ella no haría daño, eso se reflejaba en su semblante. Y la chica solo quería decir las palabras que estaban estancadas en su garganta hace varios días y que solo quería soltarlas para ver si con eso siente más liberación.
— Sí, yo la mate. Y pueden conseguir su cadáver en el río del bosque.
Todos quedaron pasmados sin palabras por la manera tan tranquila que la chica confesó. Y eso era lo que quería ella desde el principio, aún sabiendo que eso era solo el comienzo aún faltaba gente por matar. Aunque debía aceptar que última persona que quería asesinar o hacerle daño era el amor de su vida.
Aunque las cadenas del mundo estan más pesadas que nunca en los hombros de la chica, ella aprendería a sobrellevarlo solo para conseguir la paz y la respuesta a la pregunta que la vino atormentando:
¿Quien soy? Y ¿ Cuáles son mis motivos de existir?








