Instinto Reprimido (Instinto 2)

Summary

Bill Weasley es un omega peculiar, ni su aspecto ni su defecto biológico le hacen atrayente para la casta de los Alfas. Es un omega libre e independiente que ejerce su vocación y a sus treinta y dos años no tiene marca ni cachorros. Lleva año tras año mintiéndose así mismo para ser feliz con lo que la vida le ha deparado, porque no le queda de otra más que soportar la broma macabra del destino, que ha decidido reírse de él. Bill Weasley es un omega infértil y sin celo, incapaz de concebir o fecundar cachorros, así que para sobrellevar el deseo imperioso de ser padre ha de reprimir su instinto paternal y su animal.

Status
Complete
Chapters
26
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18+

1

Cada día era igual para Bill: levantarse, asearse, desayunar, prepararse para el trabajo y tomar el metro. Trabajar, comer, conversar, trabajar, tomar el metro de nuevo, comprar algún libro o ropa, cenar, ver alguna serie o leer y dormir. Los fines de semana se reunía con sus amigos e iban a beber por ahí, al cine o simplemente a tomar un café. Eran buenos amigos, pero no de esos a los que les cuentas que te ahogas cada día un poco más. A ellos no les cortas el ambiente ameno diciendo que ya ni siquiera tienes ganas de trabajar o de salir, con ellos no puedes contar para llamarlos a la una de la mañana porque te ha dado un bajón y estás llorando en tu cama. A ellos no les dices que te gusta un Alfa pero que como huele la infertilidad en ti huye corriendo, tampoco les dices que cada vez que ves un niño, los ojos se te pierden y sueñas despierto que lo sostienes entre tus brazos. Ellos no saben nada porque son compañeros de trabajo y de universidad.


Saben que Bill es un Omega que parece Beta, que es estéril y que no tiene celos. También piensan que Bill está más que conforme con ello porque eso es lo les ha hecho creer a todos.


Bill bostezó con sueño contra el cristal que le devolvió su propio reflejo en la mañana. "Voy a cortarme el pelo un día de estos", pensó aburrido de su aspecto. Total, ¿para qué? Si quería atraer a alguien ya tenía una lista de contactos para follar o incluso para atender el celo de un follamigo Alfa.


En ese aspecto era el candidato ideal: fuerte para resistir la brusquedad de un celo Alfa muy agresivo, estéril para evitar criar y sobre todo porque ningún Alfa caía en la tentación de marcarle. No les despertaba el instinto. La última pareja que tuvo fue una Beta hermosa y rubia pero la relación fracasó, lo hizo porque él era un maldito Omega y por lo visto necesitaba que le metieran cosas por el culo a pesar de ser él el activo. Su primer novio fue un Alfa y en cuanto supo que no tenía celo adiós. Hubo una Alfa también pero tampoco fraguó, no eran problemas físicos sino de pareja y Bill hasta agradeció poder romper con alguien por algo tan digno como que la relación no funcionaba. También hubo un Beta y parecía funcionar pero no, no porque le puso los cuernos con otro amigo. En fin. Lo más loco había sido una Omega pero sólo fue una aventura de verano, ella quería sí o sí hijos y él... Pues no podía. Lo entendía, era el maldito instinto. A estas alturas de la vida Bill no tenía preferencia sobre la casta, sólo quería a alguien que le amara, que supiera sobrellevar sus necesidades físicas como Omega pasivo y que estuviera dispuesto a tener cachorros adoptados... O lo que fuera. Él se conformaba, pero últimamente había perdido por completo la esperanza.


Se levantó del asiento y se apeó para salir del metro, al subir las escaleras anduvo unos metros y entró en el Museo Británico de Londres por la entrada del personal. Un día más en un trabajo que amaba pero que cada vez le costaba más realizar. Él no era envidioso, o al menos no quería serlo, pero todos a su alrededor iban formando parejas, familias propias y luego le lanzaban sonrisas incómodas y de compromiso por sentirse mal. No lo soportaba.


Bill era el guía predilecto de los grupos infantiles, no era que lo hubiese pedido, simplemente ocurrió y él lo disfrutaba muchísimo. Todos tan pequeñitos, tan nerviosos y revoltosos, con sus ojitos de impresión y curiosidad, con sus interminables preguntas sin respuesta y sus manos traviesas queriendo tocarlo todo. Para el resto de guías era un suplicio ocuparse de ellos, no para Bill. De hecho, era ya lo único que lo mantenía sujeto a un trabajo que un día fue su vocación. Sabía que no estaba bien, que debía ir al psicólogo, pero... ¿Qué puede ofrecerte un psicólogo para no hacer caso a tu instinto de Omega? ¿Medicarte?¿Comerte la cabeza y conseguir de una vez que no desees desesperadamente ser padre? Pues no, y además no podía permitírselo. Él ganaba un sueldo de guía auxiliar y pagaba la renta de un piso en Londres capital. Le daba lo justo para vivir y permitirse algún capricho y no iba a renunciar a sus salidas con los amigos o sino, adiós socializar y hola ermitaño en casa.


Bill pensó en Harry y su Alfa, Draco. Ojalá él encontrara a alguien así capaz de dejarse marcar y de renunciar a su propia descendencia. Claro que Harry ya tenía dos cachorros de Alfas anteriores.


—Buenos días. —saludó sonriente a otro compañero.


—Hola, hoy prepárate porque son tres grupos de niños. —Seamus cerró la taquilla y le palmeó el hombro.


—Bien, sin problemas.


Finalmente salió y se colocó el pinganillo repasando los grupos y las áreas que visitarían. Después sería guía libre para el público en general y luego a las cuatro tenía dos grupos de la tercera edad.


—Hola.


El pelirrojo se giró captando el olor extraño de un nuevo Alfa. Iba vestido con el uniforme del personal del museo y sonreía confuso al verlo.


—Hola, ¿eres el nuevo? Mi nombre es Bill, un gusto conocerte. —Le dio la mano para un apretón y la frente del Alfa se arrugó.


—¿Eres Omega? —preguntó a secas aspirando por su nariz.


—Sí. —Sonrisa de incordio.


—Ah. —Mirada incrédula y evaluativa de su cuerpo.


—Bueno —buscó su placa identificativa—, Smith, un placer, y si tienes alguna pregunta no dudes en decírmelo.


—Claro. —El Alfa no salía de su asombro y siguió olfateando para verificar que el aroma a campo de trigo provenía del pelirrojo.


Bill se alejó dejándolo ahí solo.




Al terminar la jornada ya supo que Smith era un capullo integral. Entendía que su aspecto resultaba un tanto... impactante para ser un Omega, pero ese Alfa no conocía la discreción. También vio en sus ojos como se había hecho con la maldita información de que era estéril. No era difícil adivinarlo; treinta y dos años, sin marca, sin cachorros pese a su declarado deseo de tenerlos y que nunca utilizaba sus tres días libres trimestrales para los celos.


"Uno... dos... tres" Lo vio venir desde que empezó el turno y ahí estaba.


—Oye... —Se recargó en las taquillas sin la parte de arriba del uniforme— ¿Por qué no intercambiamos números y nos conocemos a fondo?


Bill fijó la vista en su torso, era un capullo muy guapo.


—¿A fondo? —Le sonrió de lado pensando en su orgullo o sus necesidades.


El Alfa alzó una ceja y apretó músculo.


"Ok, el orgullo a la mierda. Yo también lo quiero sólo para follar"


—Puedes conocerme todo lo a fondo que quieras...




Eran las doce de la noche y Bill cerró los ojos oyendo la puerta de su apartamento dar un portazo. Había sido un buen sexo, un poco directo y sin previos, pero le valió. Como supo, el Alfa ni gruñó. Nada de lamer su glándula de olor, nada de ese instinto posesivo fuera de control y aunque utilizaron condón, fue más por evitar enfermedades que por un embarazo. Incluso en el sexo a Smith se le veía perdido por su tamaño. Pero no podía quejarse, ahora tenía a otro Alfa para follar. Se levantó de la cama y fue a darse una ducha antes de dormir. Al salir para secarse se miró en el espejo: altura de un metro ochenta y dos, músculos recubriendo su anatomía equilibrada, torso marcado y vientre duro. Podría hasta pasar por un Alfa joven. Lo único destacable era su largo cabello pelirrojo y sus pecas por rostro y cuerpo. Nada en él decía Omega. Nada de tamaño pequeño, cuerpo blandito y con curvas suaves. Incluso su rostro era masculino y de mandíbula fuerte. No es que Bill fuera el espécimen más masculino de la historia pero él veía siempre el hueco abismal con los de su casta. Si se comparaba con un Alfa al lado podía notar la diferencia.


Se puso el pijama y preparó la alarma para madrugar. Otro día más y otro Alfa a la lista.




—Oye —Eric le acarició el pelo retirándoselo para darle un beso en el cuello—, lo siento.


—No empieces... —Bill se dio la vuelta y le miró—. Deja de sentirte culpable.


Eric MC Millan era un Alfa follamigo que conoció en la universidad. Se llevaban estupendamente y se veían cada tanto no sólo por el sexo sino para hablar y ponerse al día de sus vidas.


—Eres un Omega maravilloso.


Aquí radicaba el problema, su amigo se sentía culpable por no sentir el instinto de marcarle. El Alfa se creyó una vez enamorado, pero no pudo ser, Bill no le correspondía y Eric no sentía el instinto de hacerlo su Omega.


—Eric, basta o al final me harás daño.


El Alfa agachó la mirada, se sentía terriblemente culpable y triste. Le acarició el vientre inconscientemente y besó su hombro.


—Me voy, llámame tú esta vez para quedar, ¿vale?


Bill asintió, pero mentía, no le llamaría más para follar. Cada vez que se veían le hacía más daño, le dejaba exhausto emocionalmente ese Alfa que le quería pero que no era capaz de aceptar que Bill no tuviera el celo ni pudiese criar. Finalmente se marchó y él se quedó mirando el techo sintiendo las lágrimas recorrer su silencioso camino hasta la almohada.


¿Tan difícil era amarle si no podía dar cachorros?¿Era imprescindible?¿Tan importante era el celo? Sólo lo tenían cuatro veces al año, el resto del tiempo las castas follaban como los Betas. Él lubricaba sin problemas, su ano se expandía acogiendo el nudo y sus feromonas respondían a las de un Alfa sin problemas. Tenía el clamor del Omega y ante el celo de un Alfa respondía segregando hormonas para dar, vender y regalar. El instinto le pedía someterse, ser marcado, complacer y criar.


Lo de someterse era ya un vago recuerdo, lo de ser marcado era una oleada que venía y se iba, lo de complacer sólo lo sentía ya cuando atendía un celo pero lo de criar... Lo de criar era cada vez más fuerte. Parecía que su animal no entendía que los cachorros no vendrían, que no había celo ni óvulos ni nada más que esperma de la peor calidad y un útero atrófico e inservible.


Se había planteado la adopción, pero con su sueldo le resultaba una utopía, eso y que su trabajo exigía vivir en el centro donde una caja de zapatos valía una fortuna. También estaba lo de no tener Alfa, eso a los de Adopción no les inspiraba confianza por muy progresista que fuera la sociedad hoy en día. En definitiva; una mierda.


"Tengo que cortarme el pelo", se recordó otra vez.




Tres meses después.


Chat de WhatsApp.


(Bill)


Hola Harry, quiero que sepas que el lunes entraré en mi mes de vacaciones, si tú y tu Alfa queréis pasar tiempo a solas no hay problema en quedarme con los cachorros. (。•̀ᴗ-)✧


(Harry)


Buah! En serio? Pues sería genial la verdad. Scorpius ya es casi independiente de la leche materna y te juro que se portan muy bien. Los días que se queden contigo podemos hablarlo. Estarás en Londres o en casa de tus padres?


(Bill)


Las dos primeras semanas en Londres y las otras dos en casa con mis padres, pero no tengo problema en quedarme solo con ellos.


(Harry)


Perfecto, esta noche cuando llegue Draco de trabajar lo hablamos y te digo cuándo, ok? Mil gracias Bill.

( ˘ ³˘)♥


(Bill)


Ok, sin problemas y ya me cuentas.


( ˘ ³˘)♥


Bill dejó el teléfono en la mesita sintiéndose un enfermo, no era para nada conveniente hacer de niñero viviendo tan lejos, pero lo deseaba y sus hermanos ya tenían su cupo de niñero-Bill. Si todo iba bien, pronto tendría en su casa a dos cachorros a los que adoraba. Había cobrado el sueldo extra que le correspondía y lo gastaría estando con ellos.