Prólogo.
Silencio. Eso era todo lo que necesitaba. Tan solo un poco de silencio, para acallar todas y cada una de las voces que había en mi cabeza en ese momento.
Está terminando conmigo.
Se enamoró de otra chica hace meses.
Todos mis amigos lo sabían y ninguno me lo dijo.
—... Lo siento mucho, Jules —la voz de Emmet me presentó a la realidad, una en la que no quería estar. —En serio, lo siento.
¿Qué es lo que sientes, imbécil? ¿El haberme engañado o que te haya descubierto?
Mentalmente intentaba contar hasta diez para no decir algo que luego pudiera arrepentirme, mientras que el dolor de la traición agujereando mi pecho se desvaneciera.
No basta.
—Esta bien —murmuré luego de unos segundos de silencio.
Mis ojos seguían mirando los azulejos de cemento del parque en el que estábamos, sabía que si llegaba a levantar la vista me encontraría con dos cosas: los ojos marrones de Emmet mirándome muy abiertos de la sorpresa y los ojos grises de su amante mirándonos a casi metros de diez distancia, sin saber si yo la golpearía a ella oa él.
Ansiaba golpearlos a ambos la verdad, pero no valía la pena gastar energía en ninguno de los dos.
-¿Está bien? — preguntó él con un tono que me molestó tanto que terminé mirándolo con el ceño fruncido.
—Sí, está bien —contesté entre dientes. —¿Qué esperas que te diga? ¿Que te felicite?
Él torció el gesto y pasó una mano por su cabello castaño oscuro. Ver su cabello siempre me daba ganas de acariciarlo, pero en ese momento solamente quería arrancarselo y dejarlo calvo, para que se viera feo. Muy feo.
—No, bueno, no sé... —balbuceó con tal indecisión que me tuve que contener las ganas de bufar y poner los ojos en blanco para no ser tan grosera.
A decir verdad, me importa un bledo ser grosera con él ahora pero si mi madre me viera, la que se ganaría un golpe sería yo .
—Bueno, si eso es todo, entonces ya me voy —le corté antes de que pudiera decir algo más. Me levanté de la banca de cemento del parque, acomodando mi morral en mi hombro con fuerza.
Antes de poder caminar en dirección de la cafetería en la que trabajo, Emmet tomó mi muñeca para detenerme.
¿Ahora que quiere?
—Jules...
-¿What? —gruñí, soltandome de su agarre, sin dignarme a mirarlo.
—Solo... Quiero pedirte que no te enojes con Alice por esto —dejó salir un suspiro pesado. —Es culpa mía.
Una carcajada casi sale de mi boca por voluntad propia y lo miré, dejando que una sonrisa irónica apareciera en mi rostro.
—Por supuesto, pobre víctima inocente —mascullé tensando mi mandíbula. —Porque ella nunca nos ha visto salir de clases juntos, o darnos las manos. Claro que no, ella no tenía ni idea de que estaba de novio cuando decidió empezar a salir.
Emmett se quedó en silencio, como si no supiera que respondiera, porque sabía que lo que le decía era cierto.
Alice era mi compañera de clases, habíamos hecho juntas incontable cantidad de trabajos y él solía irme a buscar a la salida de nuestras respectivas clases para que volviéramos a casa juntos. Yo se lo presenté como mi novio. Literalmente.
Entorné mis ojos en su dirección, ahora sin intentar aplacar la ira que tenía en mi interior.
—No sé si entiendes el sarcasmo —agregué. —Pero ella es tan culpable como tú, no intentes llevarte su responsabilidad.
Dicho eso me di la vuelta y me fui, no sin antes dedicarle una mirada desaprobada a Alice, que siguió a la expectativa junto con varios de mis amigos.
Amigos y de Emmett, quienes ya abandonaron de ser míos desde el momento en el que me enteré de su traición.
Ahora me encontraba completamente sola.








