El Corazón De Una Reina

All Rights Reserved ©

Summary

Adaylan ha escapado del imperio para huir del destino que le espera. Ha sido comprada por un dragón. Renuente y aterrada por la sola idea decide esconderse en el bosque para evadir su destino.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Es bien sabido que toda persona después de cumplir diecisiete debe elegir una raza a la cual servir. Si tienes suerte te encuentras con un vampiro o un licántropo; pero si eres desafortunado desearás no haber nacido.

Mi familia ha servido por años a los lobos. Mis hermanos, hermanas, padre y madre han sido fieles a esta familia por décadas. La lealtad es algo que nos caracteriza, pues es nuestra única forma de mantenernos con vida. Ya que si algo era cierto, es que los lobos cumplían sus promesas.

Mi hermana dos años mayor que yo había sido recibida recientemente como la dama humana de la señorita Evon. Ambas se llevaron bien desde un principio, y es que, la señorita Evon siempre fue la más amable de su familia. Mi hermano y yo tuvimos envidia al saber que fue reclamada por ella. Era un destino codiciado el ser reclamado como Doncello de la aristocracia.

Para nosotros los humanos, escalar en la pirámide social era impensable. Te casabas con un noble, lo cual es realmente imposible, o tenías el suficiente dinero para pagar la protección de una bestia. Otro imposible. Los nobles humanos que existían eran descendientes de la élite que realizó pactos de sangre con hermandades de grupos antepasados, las bestias respetaban eso.

Crecer en este ambiente era impensable, por lo que, cuando la mayoría se enteró del destino de mi hermana, rebozaron de envidia. Incluso mi hermano, que fue recibido cuatro años atrás como asistente de Lord Backen.

Y como era de esperarse. Ahora venía yo, la menor de los tres hijos de la familia Swinnes.

—Adaylan Swinnes — llamó a Söha y abrí la puerta. —Ha llegado una carta desde Diena. Tus padres quieren abrirla contigo.

Asentí y salí detrás de la pelirroja, siguiéndola por los pasillos del inmenso castillo.

Mis pies se movían con fluidez, pero mi cabeza se encontraba un poco sorprendida. No esperaba una carta de Diena. Nunca recibo cartas, y eso solo significaba que mi registro había sido exitoso.

Había sido escogida.

Cuando llegué y me posé en la puerta, me di cuenta que Söha ya no estaba, y hace tiempo había abandonado el pasillo. Había seguido el camino sola. Estaba tan inmersa en las posibilidades que olvidé la consciencia de lo que hacía. ¿Pero cómo no perderme entre tantos pensamientos? Había sido escogida, y eso me perturbaba.

El proceso de selección había durado menos tiempo del imaginado, tan solo llevaba dos días realizar el registro, que por ley, estoy obligada a hacer.

Tomé un suspiro. Esto me estaba alterando más de lo imaginado. No estaba preparada para recibir una noticia como esta, hace un tiempo apenas cumplí diecisiete años, y ahora estaba por ser recibida por alguna familia.

Me llené de frustración, me senté en el suelo, de espaldas a la puerta con las manos cubriendo mi rostro. Cientos de futuros posibles me pasaron por la mente. ¿Y si mi destino era morir en manos de un codicioso vampiro? ¿O si mi muerte estaba ligada a la vida de un dragón? No. ¿Y si mi destino era servir a un horroroso ogro?

Mi vida estaba condenada.

Lo supe desde el día en que nací y fui consciente de lo que implicaba ser humana. Pero nunca, nunca me había pesado tanto mis orígenes como lo hace ahora. Quizás el hecho de tener que enfrentarme a un futuro incierto hizo que reaccionara a la realidad de las cosas.

Recargue mi cabeza sobre la puerta y fije mi vista en el techo, no me di cuenta cuando me perdí entre centenares de pinturas que adornaban el mismo. Una lagrima bajo por mi mejilla, como una advertencia que me daba mi cuerpo para que reaccionara. Suspiré y me levanté. No pude condenarme a sufrir por mi destino.

Debía ser valiente y capaz. Decidida. Levanté mi rostro y mi orgullo, tomé el pomo de la puerta, lista para recibir la noticia y me adentré, viendo a dos ensombrecidos rostros en frente de mi: mis padres, cuyas manos sostenían un sobre, y una pequeña caja dorada.

Hoy conoceré mi futuro. Sabré quien me compró y comprometió mi historia.

Le pertenecí desde el momento en que se envió aquella carta. Sin embargo, he decidido romper mi destino.