Capítulo 2. Feria y chico extraño
Son las ocho y Allison Roden toma sus cosas para marcharse a casa, hoy, para sorpresa suya, pudo disfrutar del camino al trabajo, sin maratones ni tropiezos y aunque se encontraba agotada salió de la Biblioteca M.B con una sonrisa plantada en la cara. Por alguna razón se sentía más aliviada de que las incomodidades ya no eran tan recurrentes entre ella y la señora Peterson, quien amablemente la mañana del martes le preguntó cómo estaba.
<<¿La señora Peterson se preocupa por cómo estoy?, que me pellizquen si esto es un sueño>> Si, fue una sorpresa para la pequeña Allison pero estaba contenta ya que, por lo que parecía, tenían varias cosas en común con aquella mujer elegante.
Cómo encontrarla en la florería de Madison comprando margaritas, luego en el café de Jack y varias veces cruzándosela en la calle.
Aunque no parecía, ella era una mujer muy sociable y amable, lo que hizo que Allison se diera una bofetada mental por pensar sin antes prestar un poco de atención, que la señora Peterson era muy amable y agradable.
De camino a casa paso por el café de Jack, tras saludarlo pidió café y una porción de tarta de manzana para llevar, luego de un guiño del rubio y las palabras <<enseguida esta tu pedido cariño>>, la pálida Allison asintió y se sentó en una mesa a esperar, se sentía muy agotada como para esperar en la caja.
Miro por un momento como Jack se entretenía preparando su café, Allison pensó porque un hombre que parecía un modelo de portada importante estaba trabajando en un café, aunque no había nada de malo en ello, claramente, sabía que la familia de Jack era importante, además, el café era suyo.
Igualmente, el entrecejo de la joven se frunció, había oído por boca de los vecinos que Jack hizo algo, hace años, que sacó de sus casillas a sus padres, tal vez, esta era una manera de remediarlo.
Además, se lo veía disfrutando de su trabajo.
Por otra parte, Jack miraba de reojo a Allison, aquella joven le había parecido un misterio desde el primer día que pisó su café, no es para menos, en los alrededores de Salem todos eran bastante conocidos, aunque distantes, era inevitable no conocer la rutina de sus clientes.
Cómo con aquella chiquilla, que a Jack le parecía una chica muy interesante, ya la había visto trabajando en la Biblioteca, pasear perros en el parque, se la había topado en un café diferente que Jack recurría con sus amigos.
Dándose cuenta de todas las veces que se había fijado en ella sin que esta se diera cuenta, Jack se obligó a si mismo a quitar la atención de la joven. No era una muchacha que el pudiera conquistar, ni siquiera estaba seguro de que aceptara una salida con el. Ella se veía muy ajena al mundo, aunque centrada no parecía importarle mucho crear una vida social.
–Aquí tienes Allison, disfrútalo.— Ella le brindo una sonrisa de agradecimiento que le provoco cosquillas en las costillas, una emoción extraña pero cautivadora. Perdiéndose en la salida y lejos del local, Jack quedo suspirando y atontado.
Dejando la bolsa con su cena en la mesada de la cocina Allison se dirigió al baño, despojándose de la ropa se metió en la ducha sintiendo todos sus músculos tensarse con el agua fría. Luego de la ducha se puso una bata y se dirigió a la cocina, sentándose en una silla frente a la mesada bebió su café y comió su tarta.
Aquello no era una cena digna, ni siquiera podría considerarse cena un café ni una tarta de manzana, pero a Allison no le importaba, ya que en su mundo las reglas de la vida no aplicaban, al menos en lo que a comida se refiere. Ella podía llenarse con un café y una porción de tarta.
De hecho, podría vivir días sin comer.
<<El estómago se acostumbra>> Pensó para si misma, queriendo evitar que su mente la inunde con recuerdos dolorosos puso su completa atención en el café y la tarta.
Más tarde, sobre las once y media ella se lavó sus dientes y peinó su cabello dejándolo suelto, descansando de la coleta de todos los días, se metió a la cama y cubrió su cuerpo con las mantas blancas.
Pero no durmió, su cuerpo seguía despierto y su mente no dejaba de hablarle sobre cosas que a ella no le importaban ya, como la soledad en la que vivía, la oscuridad de la casa y como no se molestaba en prender las luces ni siquiera para comer, usando la luz de la luna como foco, o el hecho de que cada vez que estaba en su casa no abría la boca.
<<¿Por qué lo haría? ¿A quién le hablaría?>> Se preguntó ella, quitándole importancia.
Daba un claro mensaje de que hablar era en vano, se encontraba sola, no era como si hablar solo fuera lo más sano y además, Allison no tenía mucho para contar.
<<Tal vez mañana pueda distraerme un poco>>.
Mañana, sábado, era el día de la feria vecinal, fecha que se celebraba una vez cada un año, y muchos de los ciudadanos de Salem concurrían, además de los puestos de comida también habían espectáculos, la feria se celebraba en un gran terreno cerca del bosque, con juegos y muchas personas disfrutando.
Allison recordó el del año pasado, cómo ella una vez más, ayudó a la señora Robinson con su puesto de roscas, el cual era un éxito, todos amaban las roscas de aquella señora.
Sonrió a la nada, si, esperaba que fuera un gran día.
Luego de un cuarto de hora y desvariar en su mente Allison se quedo dormida, la luz de la luna iluminando la mitad de su pálida y fantasmal cara, ella ya estaba dormida para oírlo, pero desde la ventana entre abierta de su cuarto llegaba un sonido, muy a lo lejos el bosque bailaba al compás del viento, sus hojas esparciéndose por el aire y la luna contemplando tal espectáculo. Realmente parecía que aquellos frondosos árboles bailaban, quizá prediciendo algo o queriendo despegar sus raíces de la tierra y proteger un cuerpo, débil, pálido y hermoso.
<<Allison, Allison>> susurraban, perdiéndose en la oscuridad.
<<>>
La tarde del sábado más precisamente a las 12:30 del medio día Allison ya estaba con la pareja Robinson guardando en su auto todas las roscas de una manera que no se aplastaran, al fin satisfechos terminaron de hacer unas últimas cosas.
–Niña, no puedes ir sola a la feria, el camino que lleva es solitario y hasta peligroso– la señora Robinson la miraba con una mano en el pecho y expresión preocupada, pensando quizá en todo lo que podía pasarle a esa chiquilla si iba sola a la feria.
Allison la calmó, pero el señor Robinson estaba igual que su adorada esposa, pensando en la seguridad de la joven.
–¿Y si sin darte cuenta tomas otro camino y te pierdes?– dijo aquel señor con ojos preocupados.
Era una posibilidad, pero solo había un camino, no sería tan difícil.
<<O eso espero>> Pensó, ahora con dudas.
Allison estaba muy agradecida por la preocupación de ellos dos, pero no eran su familia, así que, muy a su pesar no tenían un poder sobre ella, luego de que ambos le pidieran, casi implorarán que tenga mucho cuidado y que no se distraiga en el camino se subieron al auto y marcharon a la feria.
Suspirando y recordándose que la feria no estaba precisamente cerca se armó de valor, y emprendió el viaje, como le dijeron la pareja Robinson, evitaba distraerse, no quería que el camino se le hiciera más largo y que la noche llegara y ella siguiera en medio de un camino en el bosque.
Allison pensó porque alguien se le ocurriría elegir empezar la feria en un terreno, el cual, solo se puede acceder pasando por el medio del bosque, aunque había un camino de tierra, era peligroso.
La idea de evitar el camino y rodear el bosque se le ocurrió, pero le llevaría muchísimo tiempo y como dijo, era el único camino que había para llegar al terreno.
Sin más, emprendió su viaje decidida, pero con prisas, no se dio cuenta de que una vez que entró en el bosque y pisó el camino de tierra, se olvidó del tiempo y cuánto llevaba caminando.
<<¿habrá pasado una hora ya? ¿Quizá dos?>> Las preguntas eran repetitivas, y esto significaba que Allison estaba preocupada, ahora si, de no llegar al final del camino, el cual se perdía entre curvas y árboles que creaban un puente cerrando la entrada de luz.
No sabía si ya había empezado la feria, si estaba por terminar, esta última duda se le borró de la mente, la feria acaba cuando anochece pensó la chica, y aunque aún no había anochecido no sabía cuánto faltaba para que pasara.
<<Si tan solo tuviera batería>> Miro su celular con desgana, casualmente se le había apagado apenas entro en el bosque.
En un momento se detuvo en seco y la misma sensación de la Biblioteca la abordó, estaba sola y nadie podría escucharla si le ocurría algo.
Entonces, Allison entro en pánico y empezó su maratón, corrió y corrió y se olvidó cuánto llevaba corriendo.
Pasados unos minutos o a saber cuánto ella se obligó a detenerse y apoyar sus manos en las rodillas, tomando varias bocanadas de aire sintiéndose aliviada por recuperar el oxígeno.
<<Bendito seas>>
Una vez más ella emprende el viaje, uno que se le a hecho muy largo y tedioso.
<<Eso fue...>> Pensando que su mente le estaba jugando una mala pasada Allison siguió caminando pero volvió a escuchar el crujir de las ramas cerca de ella, fuera del camino, oculto entre los árboles.
Abriendo los ojos de par en par quedo de piedra cuando entre las sombras de los árboles vio una figura alta, parecía mirarla.
Apuntó de desmayarse se puso la mano en el pecho, sintiendo su corazón latir desbocado, observó cómo la figura se movió en su dirección, lentamente saliendo de entre las sombras.
<<Es...>> Recordó la mañana del lunes que se chocó con un muchacho.
Era él, Allison solo lo miro con el signo de interrogación plantado en la mirada, el joven al ver que la chica estaba apunto de atacarlo en defensa levantó las manos al aire, como si le estuvieran apuntando con un arma, en son de paz se inclinó un poco, aunque no estaba cerca de ella y apenas estaba un paso fuera de la oscuridad de los árboles, quería que ella no se sintiera más intimidada de lo que seguro ya estaba.
–Antes de que digas algo tengo que decirte que no te estoy siguiendo.— Alzo sus cejas aclarando así la palabra seguir– Siempre vengo caminando.— Esto último diciéndolo desinteresadamente, poniendo las manos en sus bolsillos delanteros de sus jeans.
Ella asintió muy lentamente, no tenía porque creerle, se había encontrado a un tipo en medio del bosque, quien hasta ahora estaba medio oculto entre los árboles yendo al mismo paso que ella, y sino fuera por la rama que quebró con el peso de sus pies ella seguiría creyendo que iba sola.
Menos mal que no se le ocurrió hablar sola, pensó ella, suspirando.
–Me llamo Jonas... Entonces, ¿tú qué haces aquí?.— Alzó sus cejas, expectante.
–No tengo por qué hablar con un extraño.— Respondió ella, casi con voz imperceptible, claramente a la defensiva, y siguió su camino ahora a velocidad normal.
Tenía miedo, su mente no dejaba de advertirle, gritarle al oído que estaba loca por darle la espalda a un posible loco de remate. Era mucha adrenalina la que sentía.
–Está bien, también voy a la feria.— Dijo con una sonrisa ladeada, agregando con tono de burla– ¿Tu frecuentas mucho este bosque? No parece que te guste mucho estar aquí.
Ella se dio cuenta que él la había examinado sin que se diera cuenta. ¿Es que tanto se notaba que parecía un conejo asustadizo?.
Allison detuvo su andar, aquel tipo era larguirucho, cara atractiva y al igual que ella no parecía muy a gusto con la enormidad del bosque, pudo darse cuenta, y eso que no lo veía muy bien.
<<¿Qué hace aquí entonces?>> Se preguntó, pensando a la vez que si ella parecía un conejillo él era como un ratón de laboratorio, con sus ojos inquietos y tic en la mano derecha, estirando los dedos cada par de minutos.
Si, ella también lo había examinado.
–Va a ser un largo camino, así que...– Allison lo miro con sus ojos entre cerrados, no hablaría con él, de ninguna manera.
Pasados unos minutos de silencio, solo el sonido de sus pies rompiendo las ramas que se interponían en su camino, uno más apurado que otro, otro disfrutando más el viaje.
Por el rabillo del ojo ella notó que a él se le iluminaba la cara, abrió sus ojos grandes encendiéndose una bombilla en su cabeza.
<<TIENE UN CELULAR>> Dándose cuenta de la situación presente, no tuvo más remedio que cambiar sus tácticas de sobreprotección.
–Puedes... ¿Puedes decirme qué hora es?.— El chico, aunque medio escondido por la frondosidad de las hojas, se le noto sorprendido.
Asintiendo salió de la medió oscuridad, Allison maldijo para sus adentros, pensó que pudo a verle dicho la hora desde su lugar alejado de ella.
Él pudo reírse, aquella niña parecía a punto de salir corriendo, mirando tensa a su aprender, buscando una salida. No hay muchas posibilidades, pensó él.
Ella lo espero expectante, con su mandíbula a punto de romperle los dientes, no cabía duda de que ese chico podría quebrarle algún hueso si se lo proponía.
Una vez que su presencia estuvo al lado de la suya, acompañándola en el trayecto, le dio su celular, estaba frío y por un momento ella medio sonrió, su fondo de pantalla era nada más ni nada menos que una foto de un labrador negro de ojos cafés brillantes, era un cachorro y se veía muy contento.
<<¡Las 4 de la tarde!>> Hay por dios, pero si había pasado horas allí metida, Allison estaba asustada, confundida, ahora el chico no era su mayor problema, lo era ese bosque.
Las preguntas asaltaron su mente, pensando desquiciadamente cómo era posible que no se diera cuenta de que había pasado tanto tiempo, la estarían buscando, tal vez los señores Robinson estén preocupados, tal vez cancelaron sus ventas y la estén buscando, y si se pierden en el bosque por buscarla a ella, y si peor aún, tenían un accidente en el auto por las prisas de encontrarla.
Jonas no era un muchacho muy atento a preocupaciones ajenas, pero ahora mismo deseaba que aquella chica dejara de inquietarse, él notó que su expresión cambió totalmente cuando le mostró la hora, tal vez ella no creía a ver pasado tanto tiempo allí, tal vez alguien la esperaba fuera, a lo mejor un novio protector.
<<Si fuera un novio protector ella no estaría ahora mismo conmigo en el medio del bosque>> Exacto.
Se disponía a calmarla, pero no sabía cómo, si se mostraba muy íntimo con ella se asustaría, si le ponía una mano en el hombro para que supiera que no estaba sola, se asustaría, si le decía que él la acompañaría a la feria, se asustaría.
¿Cómo ayudarla entonces?.
Sus pensamientos se interrumpieron, ella se había puesto casi a correr, dejándolo atrás. Era rápida.
–¡Espera, puedo acompañarte!.— De ninguna manera, mirando por sobre su hombro vio que cada vez él se hacía más pequeño, volviendo la vista al frente corrió como si su vida dependiera de ello, y tal vez así era.
<<>>
Eran las 6:30 de la tarde, la feria iba estupendamente, todos parecían encantados con los puestos de comida, los juegos y los shows, todo iba bien excepto por la pareja Robinson, quienes estaban apunto de cerrar su puesto de roscas, la preocupación plasmada en sus ojos, guardando algunas cosas en las cajas.
–¿Querida, está todo bien?.— Una mujer entrada en edad se acercó a la señora Robinson, la había visto sentarse un par de veces y recuperar el aliento, no entendía por qué hacía eso si solo estaba detrás de una fila de roscas atendiendo a las personas.
<<Tal vez su presión estaba mal, le recomendaría un doctor>> Pensó aquella mujer canosa, notando que el señor Robinson ponía una mano en el hombro de su esposa y le susurraba cosas, quizá para calmarla.
La preocupada Luann asintió hacia Miranda, su competencia.
–Es Allison, aún no a llegado, decidió caminar hasta aquí.— Miro con desconfianza el bosque, que se encontraba lejos de ellos, aunque no demasiado.
Miranda se puso la mano en la boca ahogando una exclamación de miedo, ella nunca había ido al bosque, solo pasaba por allí en su vieja camioneta cuando se dirigía a la feria, y eso era una vez cada un año, y cada vez que pasaba por allí los pelos se le ponían de puntas.
Había algo en ese lugar que no le gustaba nada, ella era una mujer muy supersticiosa, temía por la dulce Allison.
–Ya verás cómo llega, se habrá entretenido en el camino, ya sabes cómo es.– Trato de calmarla, bromeando sobre chicos y escapadas al bosque.
Luann Robinson frunció el cejo pero no contesto, en cambio le dijo a su marido que esperarían un poco más y si no llegaba irían a buscarla inmediatamente.
Miranda se quedó un rato con ellos, ya que su puesto estaba casi pegado al de los Robinson si veía que se acercaba un cliente no que caminar más que unos pasos.
Y se hicieron las 7:00, quedaba poco para cerrar la feria, Luann Robinson estaba en llanto vivo, su marido no permitió, pasados unos veinte minutos después de que hablaron con Miranda, que fueran al bosque a buscar a Allison, ya estaba oscureciendo y temía que el auto se le descomponga en plena soledad.
Él sabía que el camino sería algo ruidoso, ya que solo había un camino, todos los que asistieron a la feria debían pasar por allí, algo le decía que nadie lo ayudaría a reparar su auto si llevaba a quedarse varado con su mujer. La noche llegaba y a ninguno de los ciudadanos de Salem le agradaba la idea de salir de sus protegidos vehículos.
Una vez que los Robinson terminaron de guardar las cajas vacías en el auto esperaron un poco fuera, esperando y esperando, observando detenidamente cómo todos se alejaban después de guardar sus pertenencias, hasta había un autobús que llevaba a los que no tenían vehículo hasta allí, nadie caminaba. Todos sabían que ese bosque era peligroso.
Menos Allison, al parecer.
<<>>
Allison estaba preocupada.
Preocupada era poco.
Estaba aterrada.
Ya había oscurecido, ya no se encontraba en el camino de tierra, debido a las necesidades fisiológicas que todo ser tenían, ella debía orinar, se aguantó demasiado y cuando sintió que se iba a hacer en los pantalones decidió, luego de rezarle a los dioses de la privacidad, que iba a orinar cerca del camino, detrás de un árbol, gracias a su preparación había llevado una pequeña mochila donde tenía dinero y papel por si se le ocurría ir a los baños públicos de la feria. Nunca había papel en esas cosas.
Pero se alejado demasiado, y cuando intento volver ya no sabía por dónde, maldijo a todos los dioses que había inventado por no a ver marcado el camino o algún árbol con algo.
Parecía película de terror, una mujer diciendo incoherencias en medio del bosque, si alguien miraba desde un punto desconocido la situación pensaría que ella estaba hablando otro idioma.
Ahora que había oscurecido, que su celular no tenía batería para iluminar su alrededor, que ella era media tonta, debía despedirse de sobrevivir. Había una posibilidad de supervivencia cuando estaba en el camino, no tenía ramas que le lastimaran los brazos y el cuello, definitivamente estaba mas segura en el camino de tierra, ahora podía apreciar esa triste verdad.
Ella caminaba con precaución y cuando sentía algún ruido se detenía, su corazón se detenía, todo su ser quedaba estático. Luego se daba cuenta que no había sido más que ella pisando alguna rama u hoja seca y su corazón volvía a latir, pero después pensaba que solo se guiaba por sus manos y pies tanteando todo, que no sabía a dónde se dirigía.
<<¿Y si me caigo por una pendiente?>> Demonios, ahora ya no quería moverse, pero sino se movía estaría en la misma situación, en peligro. Era una decisión difícil.
¿Qué haría?.
<<>>
Los Robinson eran los únicos que aún no se habían marchado de la feria, ya no había nadie, las lámparas que iluminaban el terreno se habían quitado, el silencio abrazo el lugar y las declaraciones comenzaron.
–¿Están seguros que ella no acostumbra a irse al bosque seguido?.— El oficial Ramírez anotaba en su libreta, la seriedad marcaba su expresión de una manera desagradable. Parecía mirar a todos como si fueran inferiores.
Luann pestañeo debido a los focos de la patrulla que iluminaban sus cuerpo y alrededor.
Trago saliva disgustada, ojeo a su marido quien alzó una ceja hacia el oficial, él no sabía absolutamente nada sobre cómo era Allison, si lo sabría no haría preguntas tontas, pero era su trabajo preguntar y los Robinson apretaron los labios y se aguantaron soltarle una grosería.
–Conozco a Allison desde que era pequeña, no es alguien que solo desaparezca así como así.– Respondió ella casi escupiéndole en la cara, Ramírez anotó en la libreta y cambió su postura hacia Carlo, quien se encontraba más participativo y menos a la defensiva que su mujer.
–Dígame. ¿Sabría decirme si la jovencita tenía novio?.— Alzó las cejas– ¿Si este era influyente en ella?.— Remarcó en influyente.
Negó con la cabeza, recordando todos los momentos en los que vio a Allison, nunca la vio con un hombre, siempre sola.
–Ella no tenía novio, era una muchacha de trabajo y casa, ejemplar para su edad.— Evitó que su marido contestara, apretando su mano para que entendiera que ella debía hablar, le respondió al tacto suavemente.
El oficial asintió, notando la autoridad que tenía la señora Robinson sobre su marido, sin duda era una mujer de carácter fuerte.
Anotando en su libreta termino guardándola, luego de pedirles una descripción de la apariencia de Allison.
–Me temo que debemos esperar una semana para buscarla, no sabemos con certeza si ella en peligro o si siquiera esta en el bosque y no con algún novio.— Luann iba a protestar, le parecía una falta de respeto la poca atención que le daban al caso, pero Carlo apretó un poco más fuerte su mano y esta vez contesto él.
–Estaremos atentos al teléfono en todo momento, muchas gracias por la atención.– Asintieron despidiéndose, ambos miraron cómo el oficial se metió en su patrulla y se alejó, tomando rumbo en el camino del bosque. Poco después, sus expresiones preocupabadas quedaron iluminadas por los focos de su auto y asintiendose mutuamente se metieron en él, permaneciendo en silencio en el transcurso a casa.
<<>>
–Allison, Allison...– Una voz, fluyendo cuál río llamaba a la chica inconsciente, en sueños, en sueños la voz la llevaba hacia la luz...





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