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MADELINE
Hacia frio y sin duda era la mayor virtud, una de las razones por la que decidí quedarme acá, acompañando a mi familia. Si bien la vida no era nada barata económicamente, las bellas calles alrededor, la tranquilidad en la superficie húmeda y la llovizna que enmarcaba cada lugar lo compensaban.
Lástima que del bello esplendor no se vive y la tranquilidad solo lo encontrábamos por breves momentos.
La pura tranquilidad no es algo que allá conocido aún, pero la tranquilidad suficiente para mantener el corazón en llamas pequeñas de felicidad sí.
Pequeñas llamas que guardan en su interior una tempestad que atormentaría toda mi vida.
—¿Estás viva?
Una tempestad que duraría para siempre y que además tenía mi sangre.
—Mady responde—escuché la voz chillona de mi hermano mientras sentía los nada suaves toques de sus dedos fríos en mis párpados—, si no me respondes clavaré mis colores en tus ojos.
Tan tierno él.
—No estoy bromeando víbora.
Y claro que no estaba bromeando, a veces pienso que el diablo lo trajo para que lo criáramos y luego regresaría a gobernar el infierno.
—No me llames a si mocoso—gruñí abriendo mis ojos repentinamente. Mi mano fue a repasar mis párpados frunciendo el ceño y sentándome sobre el sillón—. ¿Qué quieres Dylan?
—Ya llegué—sonrió abriendo sus brazos y mirándose a sí mismo.
—No me digas, no lo había notado—use el sarcasmo en mi voz rodando los ojos.
—¿Y mamá? —pregunto poniendo su mochila en el sillón y dejándose caer en el mueble al mismo tiempo.
—Tiene doble turno.
—Hay no ¿Cocinaste tú? —hablo horrorizado negando con su cabeza y arrastrando su cara con sus manos.
Quise reír por su expresión, él pobre no había tenido las mejores experiencias con mi comida. Con decir que un día casi lo intoxico por querer hacer un plato que vi en YouTube.
—Chistoso—entrecerré mis ojos fingiendo indignación en mi rostro—, tranquilo, mamá dejo echo el almuerzo. Puedes calentarlo si tienes hambre.
—¿Tú no lo aras?
—¿No dijiste? y cito—alce mi dedo—, ya tengo 9 años, puedo hacer mis cosas solo. No necesito tu ayuda ví-bo-ra.
Le recordé una de nuestras tantas mini peleas que teníamos cada día.
—Mientras estés desempleada tu deber es servirme—se cruzó de brazos con la mirada ganadora.
«Touché»
Tenía razón.
—Media hora sin comer no te matará de hambre—dije sin darle mayor importancia volviendo a recostarme en el sillón.
—Apura víbora, tengo hambre—al parecer se molestó empezando a sacudirme del sillón bruscamente—. ¡Mady! le diré a mamá que me vas a matar de hambre.
Que exagerado.
Siguió sacudiéndome y repitiendo mi nombre, pero mi atención se fue de él, cuando escuché la llamada en mi celular.
Mire el nombre: Elías- en el aparato contestando de inmediato.
—¿Elías?—conteste aún con los gritos de fondo de Dylan.
—¡Mady! ¡Mady! ¡Mady!
—¿Todo bien amor? —preguntó, escuchando una leve risa en su voz.
Elías y yo llevábamos apenas seis meses juntos, después de dos años de amistad que habían llevado nuestra relación a un nuevo nivel romántico. Él se había convertido en el novio perfecto, siempre atento y cariñoso.
Aunque sinceramente, su forma de amarme no era del todo de mi agrado. Era evidente que me tenía en el centro de su mundo y que quería hacer todo lo posible para hacerme feliz. Y yo no sabia que tan cómoda estaba con eso.
—¡Maaaaaady! —continuó el alborotador de Dylan.
—Como siempre, Dylan —respondí algo irritada por los berrinches del niño. Tapé el celular por un momento para silenciar los gritos de Dylan—. Bien, ya voy a calentar. ¿Me dejas hablar tranquila?
No tenía caso discutir con él, lo vi sonreír y callar. Hizo el gesto de cerrar su boca con la mano y fue por su mochila para sacar sus cosas.
«Mocoso manipulador»
—Lo siento amor, dime.
—lu siuntu amur—se burló Dylan entre dientes. Lo fulmine con la mirada caminado hacia la cocina para poder conversar tranquila.
—Descuida se cómo es. ¿Ya te dije hoy lo mucho que te amo?
Había dicho esas palabras apenas llevábamos tres meses juntos.
Te amo
Hasta ahora no pude responder a su confección, para mí era muy pronto para decir esa expresión tan íntima entre pareja.
¿Quién lo dice tan pronto?
Y claro que lo quería, pero aún era demasiado pronto.
¿Qué esperaba para decirlo?
—Si ya me lo dijiste—sonreí poniendo mi celular en el hombro, encendiendo la estufa para calentar la comida.
—Bueno una vez más no ara mal. Te amo.
—¿Cómo vas con los preparativos de tu cumpleaños?
¿Qué esperaba? Obvio que cambiaría de tema.
—¿Nerviosa?
Claro que sí, era la primera vez que conocería a su familia. Sobre todo, a su padre, iba a ser presentada como su novia oficialmente y que su estatus social fuera distinto al mío no ayudaba.
Aún no me sentía cómoda con que me comprara el vestido y los accesorios para la fiesta, tenía vestidos pero para el eran muy...
¿Cómo dijo?
A si “corrientes”.
Un tema de discusión que se estaba haciendo muy frecuente para mí gusto.
—Un poco—respondí con cierta angustia, haciendo una mueca en mi boca—. ¿Y si no le agrado a tu papá?
¿Qué pensaría de mí? No quisiera que pensará que soy una casa fortunas.
Dios no.
Elías era muy reservado con respecto a sus padres, solo sabía que su madre falleció cuando era pequeño y que su padre lo crío solo.
Nunca quise indagar más en el asunto, sabía que aún le afectaba y lo difícil que era para él tocar el tema.
—Él te amará, amor —respondió con total seguridad, sin titubear en su voz—. Confía en mí.
Deseaba tanto tener esa confianza. Elías era una persona importante en mi vida y siempre hacía todo lo posible por hacerme sentir especial.
A veces me preocupaba que él invirtiera más en nuestra relación que yo. Quería formar parte de su vida de la misma manera en que él lo era en la mía.
¿Realmente le agradaré a su padre? Esa pregunta me rondaba constantemente en la mente.
Por si desean seguirme, recién estoy empezando ❤
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