SUMISO ˡᵃʳʳʸ

Summary

louis; magnate dominante capaz de cautivar a todos con su acento francés.

Genre
Other
Author
IsiMir
Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
5.0 5 reviews
Age Rating
18+

𝖕𝖗𝖔́𝖑𝖔𝖌𝖔


Convierte la sumisión en tu fiel compañera de vida.


Louis es un magnate dominante.

Es del tipo con aura poderosa capaz de doblegar hasta la persona con más coraje de tan solo pronunciar su nombre en este exquisito acento francés. Acento que ha provocado cientos de orgasmos durante sus últimos años.

Además, tiene fama como el más conocido, más nombrado y requerido durante los últimos tiempos. Es agresivo y poco compasivo cuando se trata de que sus órdenes sean acatadas, tanto como para tomar la fusta, golpear el punto débil y lograr el orgasmo de forma tan fácil como lo es para él respirar.

Sus manos son la libre entrada a la lujuria y perdición. Todo ser humano que ha tenido la dicha de sentirlas pueden confirmarlo. Sus dedos tan suaves y delicados al tacto como si tocase las teclas de un piano. Tan suave y delicado, encargados de tocar la melodía más hermosa escuchada esa noche.

Y sus labios, ¿acaso existe palabra para definirlos?, ¿siquiera una palabra que se asemeje a aquel curvilíneo y firme cuerpo? Perfección se le hace poco, demasiado poco.

También tiene una reputación que mucho le ha costado y pocos pueden igualarlo, está tan orgulloso de ella, ha escalado tan duro desde abajo que ahora mismo no puede pedir más de lo que tiene, nadie le creía, le llamaban pervertido, le llamaban fetichista y otras mil cosas que solo recordarlo, se reiría y mírenlo ahora, un jodido magnate dueño de su propio reino.

Una empresa encargada de artículos para las prácticas BDSM y fuera de ella, cada creación tiene en le letras cursivas su apellido, su orgullo, su marca, su todo.

“Louis le Blanc”


Louis le Blanc se puede leer estampado por fuera en la puerta del despacho del empresario.

—Pase —dijo después de los tres toques suaves, una mujer curvilínea, de cabellos rojizos, falda, tacones y blusa negra entró de una forma rápida, casi torpe. Miró sus tacones porque prefiere mirar lo brillante de sus zapatos antes que el rostro de su jefe.

—Buenos días —Dijo rápido recordando cada palabra que había ensayado durante el camino —Vengo a recordarle que a las doce con treinta tiene reunión con el Señor Baker, desde las trece horas tiene almuerzo con el Señor Baker hasta las catorce treinta —terminó mirando su carpeta si es que se le pasa algo más, no puede mostrarse nerviosa la primera vez, el primer día. Terminó de verificar que no falta nada y alzó el mentón topándose directamente con esos ojos azules curiosos por su llegada. Bien, no te puedes poner estúpida, pero, más o menos, ¿cómo es que se respira?

Asintió volviendo sus ojos a los papeles en su escritorio —Merci.

¿Acaso habló en otro idioma? porque cuando el chico del quinto piso le dijo que lo mejor es que busque cursos de francés en línea, ella soltó una sonrisa burlona en su cara pasando de ese consejo y, ahora mismo, quiere matarse, saltar de ese décimo piso y fingir que nada ha pasado, o quizás fingir que entiende el idioma y después cuando esté libre, bajar por el compañero del quinto piso y pedir por favor, información sobre ese curso del que le habló. Tragó saliva —¿Disculpe?

Louis levantó la mirada y contempló el temple nervioso de la mujer que aprieta con un poco de fuerza la carpeta contra su pecho, como si aquello fuese lo necesario para mantenerse en pie. Ni siquiera ha dicho una segunda palabra o se ha levantado de su asiento.

Notó la presión en los muslos ajenos en un nuevo intento vago e inservible de ocultar los nervios, los labios abiertos dejando entrar un poco de aire para calmarse le hace saber que el ambiente claramente no es de ella, sino que, del amo que se mantiene en silencio esperando alguna otra reacción antes de volver a hablar.

—Quel est ton prénom? —preguntó sin quitar los ojos azules de encima, no es una mirada obscena, ni mucho menos vulgar o sucia, simplemente está ahí, tranquilo esperando alguna respuesta.

Sin embargo, tiene que admitir que, para él, el mero hecho de ver a la otra persona cediendo ante su aura dominante sin siquiera intentarlo, le es bastante gratificante, porque saber que, en su empresa, en su oficina, en su lugar, tiene el control, le pone de un muy bien humor. Le gusta, lo quiere y desea someter ojalá, las veinticuatro horas del día.

—¿Cuál es tu nombre? —escuchó la voz de otra persona, sus ojos pasaron desde el escritorio en el que se encuentra el hombre hasta el suelo a un par de pasos, jadeó involuntariamente de sorpresa y vergüenza. Casi hace cortocircuito en su primer día de trabajo, frente a su jefe y a una mujer desnuda que la mira con una sonrisa serena sin una pizca de pudor de que la esté viendo. Entonces, recordó el contrato que firmó sin siquiera leerlo dos veces porque trabajar con Louis Le Blanc ya es un sueño y mucho dinero para su bolsillo.

Miró al suelo, dio una respiración corta y volvió la mirada a la mujer desnuda y de rodillas junto al escritorio, no es alguna escena que la ha tocado ver en todos sus años de vida, pero, piensa una y otra vez que no debe juzgar a los demás porque a gustos colores.

—Claudia —respondió al darse cuenta que ha estado en silencio, más o menos, ¿cuánto tiempo estuvo mirándola?, ¿puede considerarse un tiempo normal o ya podría llamarse como obsesión? Además, ¿por qué hay una chica desnuda en el suelo?, ¿por qué el hombre solo le habla en francés?, ¿y por qué mierda sigue aquí como si lo ocurrido anteriormente fuese normal? Verdad, a gustos colores o algo así le decía su madre.

Se pregunta, si ya lleva trabajando un total de una hora y renuncia, ¿cuenta como medio día o día completo de paga? Es una pregunta seria.

La chica en el suelo respondió —Soy Amelia, un gusto.

—Estás desnuda.

Lo está Claudia, lo está, no es necesario que lo digas en voz alta, todos en la oficia lo saben.

Y la estás mirando, estúpida.

Concéntrate.

—Estoy segura de eso —Dijo mirándose a sí misma, primero a sus rodillas desnudas, luego a sus pechos y finalmente volteó la cabeza en busca de la mirada del dominante sobre ella —Es nueva.

—Je sais.

—Es mi primer día —Aclaró ante lo dicho, ni siquiera se había presentado, o sea, lo de ahora puede considerarse como una estúpida y horrible presentación, en su cabeza solo hay algo que le dice la arreglas o la cagas, pero mejor la arreglas —Quiero decir —Habló de nuevo en su intento de mejorar —Soy nueva.

Había ensayado su discurso de presentación durante el camino, en el auto.

«Buenos días señor le Blanc, soy Claudia, su nueva secretaria, quizá no me conoce porque no fui directamente contratada por usted, pero haré todo lo que esté en mi alcance para que agradezca al señor Baker por haberme traído, un gusto. Y gracias por darme la oportunidad de trabajar en esta gran empresa, no lo decepcionaré, lo juro»

Y en cambio, «Es mi primer día. Soy nueva.»

Is mi primir dii.

¡Cómo puedes ser tan tonta, dios mío!

¡No lo decepcionaré mis pelotas!

¡Las pelotas que no tengo!

Louis, por segunda vez asintió, tiró de su silla hacia atrás y se levantó tomando solo un pequeño instante para acariciar los cabellos de Amelia, luego, con su barbilla la apuntó —Su nombre es Amelia, es una sumisa, si vienes de nuevo aquí y ella está, no le hables, ni la mires —La mujer en suelo bajó la cabeza ante las palabras. Caminó hasta quedar ante su escritorio y se apoyó en el cruzándose de brazos —Al comenzar a trabajar aquí debes saber que soy un amo, me gustan las reglas, el orden y la obediencia, si no puedes con ello, espero tu carta de renuncia antes de la hora de almuerzo.

Negó —Quiero trabajar aquí.

Esperó un momento en silencio en caso de un posible arrepentimiento, al no obtener nada más que las últimas tres palabras, se encogió de hombros —Entonces sé lo suficientemente buena en tu trabajo para que te quedes.

Con la carpeta apegada a su pecho, juntó sus manos agradecida, si no es porque su jefe está lejos de su metro cuadrado, podría imaginarse en un posible desmayo de la sola presión que siente. Recordó algo que había leído en su búsqueda de cinco minutos antes de llegar al trabajo, así que preguntó —¿Cómo debo tratarlo?

Alzó una ceja en su dirección y respondió con otra pregunta —¿Quién soy?

—Mi jefe.

—¿Y cómo sueles tratarlos?

—De usted.

—Bien —Sus brazos pasaron a cada lado de su cuerpo y cada mano se aferró al borde del escritorio —No espero menos que eso —Dijo ahora volviendo a su silla para sentarse —Recuerda que soy un dominante y eso significa que presenciarás otras escenas como estas —Apuntó hacia la chica a su lado —Es parte de esta empresa y lo aceptaste cuando firmarte el contrato con Liam.

—Lo sé.

Recargó su mejilla en su mano sobre el escritorio —¿Sabes lo que es un dominante?

—Sí.

Dominar, dominante, dominar, que no lo dominen... algo así.

—Parfait —Dio un suspiro al inspeccionarla —En esta empresa hay un código de vestimenta que espero puedas respetar, por hoy lo dejo pasar, pero más adelante asegúrate de leer las reglas—Dijo de forma calmada —Nuestra imagen es lo que la gente ve de nosotros, de ustedes, de mí, si estás trabajando conmigo significa que estás representado mi marca —Claudia asintió totalmente de acuerdo, ya ha trabajado con anterioridad en lugares que mantengan un exigente código de vestimenta y actitud, tiene lógica —Y es por esta razón que toda persona que trabaje conmigo debe estar presentable, eres mi secretaria, de ahora en adelante me acompañarás a todas partes, por lo que, esos aros que llevas no los quiero cerca, por favor, quítatelos.

Tan rápido como fue pedido, llevó ambas manos a cada oreja quitándose con cuidado los aros, por primera vez desde que entró, se movió de su lugar para caminar hacia su jefe y dejarlos frente a él, en el escritorio. Lo vio asentir —Los guardaré —Le dijo para luego guardarlos en uno de los cajones —Ven por ellos cuando termine tu hora de trabajo —Y agregó —Además, no se usa nada extravagantes ni grande, como aros o pulseras, ni tampoco cosas extremadamente coloridas, por favor, abstente de mantener tu cabello suelto y debes dirigirte a mí como jefe o Señor le Blanc, ¿entendido?

—Sí.

¿En qué mazmorra fetichista se metió?

Alzó la ceja con una media sonrisa asomándose en la comisura de sus labios —¿Sí qué?

—Sí, señor.

❝𝓘𝓼𝓲𝓜𝓲𝓻❞