Prólogo
—Lenna, querida. Acércate. Quiero regalarte algo —me habló mi abuelita, mientras se removía, hacía un lado su larga cabellera castaña y sacaba su colgante.
—¿Qué es abuelita? —le pregunté muy emocionada. Sabía lo que era. Había escuchado largas y diversas historias que ella nos contaba sobre ese collar.
Mi abuelita contaba la forma en la que este collar le había traído a la puerta de su casa a mi abuelo. El fue un gran hombre y nunca desmintió los cuentos que ella decía.
Mi madre siempre le replicaba que eran patrañas y mentiras. Pero, algo había en sus palabras que incluso podía sentir un fuerte magnetismo por él. Mi abue, contestaba que mi madre no era una destinada y por eso no podía ver la verdad en sus palabras.
—Ya sabes lo que es Lenna. Y es momento de que sea tuyo. Se que aún eres muy pequeña para que puedas ser una destinada pero, ya no estoy bien y creo que en cualquier momento ya no estaré, y no quiero que este collar no llegue a ti. Por favor consérvalo y mantenlo muy cerca de tí. —En ese momento no entendí las palabras de mi abuela, tal vez ella tenía razón y yo era muy pequeña.
Tomé de sus manos frías y arrugadas el collar con el dije en forma de brújula. La energía que fluyó por mi cuerpo al hacer contacto con él, fue vigorizante.
—Como dije. Tu si eres una destinada. Solo una cosa más Lenna, Promete que no te lo pondrás hasta que no cumplas 18 años y que desde ahí no te lo vas a quitar para nada. —Recordaba sus palabras tan claras como si las acabara de escuchar.
—¿Y de verdad este collar, me va a llevar al amor abuelita? —
—Pues claro Lenna. Pero, no es el collar. Es el dije la llave para abrir esa puerta —.
—Cuéntame otra vez la historia de cómo llegó mi abuelito. Ándale. ¿Si? —
—Por supuesto que sí. Lo que pida mi nieta favorita— se burló mi abue.
—¡Abuelita! —la regañé. —Soy tu única nieta —.
—¿Y?,eso no quita que seas mi favorita y que seas especial —. Corrí a guardar mi nuevo collar y cuando regresé me subí a mi cama. Lista para volver a escuchar su historia.
—Bueno pues… Recuerdo que en aquella fecha los días eran muy calurosos, así que mis amigas y yo decidimos ir a pasar todo el día en las albercas. Por la tarde, cuando veníamos de regreso, me quedé sola pues vivía muy lejos.
Y casi al llegar a casa lo ví afuera de ella. Y de momento me asusté, pues su vestimenta era diferente. Con pieles y cuero. Rapado de los lados y una enorme trenza. Cuando él me vió, corrió hacia mí y yo hice lo mismo pero en dirección contraria.
y no pensaba detenerme, pero él dijo algo que nadie más sabía… —
—¿Qué te dijo abuelita? —le pregunté.
—Mi nombre Lenna. Dijo mi nombre —
—¡Hay abuelita! todos sabemos tu nombre —
—Bueno sí, pero también dijo… ¡Susana! Mi amor de los sueños. Mi destinada. Soy yo. He venido por ti…
Mentiras y patrañas, era lo que me había contado mi abuela, hace más de 7 años que me puse el collar y puros sinvergüenzas han aparecido en mi vida.








