Congelado
Mucho tiempo te has visto
quieta, sumida, pasiva,
envuelta por la nieve,
y paredes de hielo que juegan con la luz.
Tienes frío.
Pesan tus alas mojadas.
Hay muchos abrazos que aguardas
y un lejano hogar congelado en tus recuerdos.
Finalmente aquellos muros
son incapaces de contenerlo más.
Llora, Llueve, rebálsate.
Es normal desbordarse en tormenta y tempestad.
Implacable marea
que habrá de surcar el errante marinero,
e inundar las costas que, durante años,
han sido usurpadas por falsos oros.
Te agradezco, amigo mío,
la sabiduría que derramas como arena,
conteniendo los golpes de mis olas,
y marcando el tiempo en su lento susurrar.
Volveré a edificarme sobre las nubes
cuando mi invierno vuelva a ser rocío,
y bese las rosas del jardín secreto
que es el corazón del blanco templo.