Una celebración empañada

All Rights Reserved ©

Summary

Lo que debía ser un día feliz por una doble celebración, no acabó como hubiese querido la recién nombrada comisaria Langsy Carlyle, la husky más intrépida y mejor preparada de la policía de la ciudad de Ídrion. Únete ella y a su equipo para desentrañar los misterios que se ocultan en este día de celebración interrumpida.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Nuestra historia comienza en la ciudad de Ídrion, en el planeta Dragenuss. Un lugar, donde conviven, animales, criaturas mágicas, mitológicas, sobrenaturales y humanos, que eran la población minoritaria y vivían en su propio ghetto, en una zona apartada de la ciudad, donde raramente se relacionaban con el resto de las razas, pero siempre han habido excepciones.

Era un 15 de abril, el día en que se festeja la independencia del planeta Ulmmaria. Todos estaban de celebración, era un día feliz para todos, las calles estaban engalanadas y habían puestos de comida repartidos por toda la ciudad, una feria con atracciones y todo tipo de diversión que puedas imaginar.

Y para la detective, Langsy Carlyle, una Husky, alta, de gran porte, parecía de la realeza, siempre iba muy elegante y más hoy, que era un día de doble fiesta, ya que había sido recién ascendida a comisaria del Departamento de Policía de Ídrion.

Y como es lógico, lucía su traje de gala, la ceremonia no merecía menos, fue bonita y muy emotiva, pero todo eso pasó a un segundo plano. De repente vio como algunos de sus compañeros salían corriendo, unos regios pastores alemanes.

Ella decidió seguirles, cuando llegaron a la calle de detrás. Allí ya estaban los compañeros de la policía montada, los centauros más rápidos y preparados del cuerpo. Entonces, se desabrochó la chaqueta, se aflojó la corbata, se enganchó la gorra en el cinturón y se puso manos a la obra.

—Buenos días, chicos. ¿Qué tenemos?

—Buenos días, comisaria. Lo que parece que fue un robo que se torció y acabó con el asesinato de la víctima.

—Gracias, compañeros, ya nos encargamos nosotros, vosotros interrogad a los testigos, si los hubo, acordonad la zona y haced una ronda por si encontráis algo sospechoso.

—A sus órdenes.

—Chicos. —Dijo dirigiéndose a su equipo.— Llamad a la unidad aérea, que le preste apoyo a la división montada, luego, Peinad la zona, recoged las pruebas, y que alguien llame a nuestra forense y a mi equipo del departamento de homicidios.

Al cabo de veinte minutos, los murciélagos sobrevolaban la zona y la forense junto a los hombres lobo llegaron dispuestos para ayudar.

—Buenos días equipo, que elegantes vais todos, me gusta, así todos los días —dijo la forense.

—Mira la Cocker spaniel, claro, como tú siempre vas de punta en blanco y muy fashion —contestó la comisaria.

—Claro, ya lo sabes, siempre diva, nunca indiva.

—Ale va, déjate de coñas y a currar.

—A sus ordenes, jefa.

—Chicos, poneros ya mismo con el caso, id con la montada y que os informen y luego identificad a la víctima.

—Como ordene comisaria.

—¿Qué tenemos, doctora?

—Por las heridas, yo diría que ha sido un depredador, o alguien que lo imita. Lo han destrozado, pobre. Diría que es un robo que salió mal, es evidente que lo registraron y no lleva nada de valor, pero no era necesario ensañarse así con la pobre víctima.

—Cierto, no hacía falta, con llevarte lo de valor, pues ya, no lo mates ni lo dejes así. Bueno, os dejo, cualquier avance, me lo hacéis saber. Cuando venga el detective Longhill, decidle que lo dejo al cargo.

—De acuerdo jefa.

Horas después en la comisaría, se analizaban las pistas obtenidas y demás datos.

—Detective Longhill, pónganos al día.

—Sí, comisaria, los testigos, no vieron nada, se encontraron con la víctima tal cual estaba, el cuerpo estaba lleno de huellas, pero no coinciden con ninguna de las que tenemos en el sistema. El fallecido se llamaba Isalmi Ruktas, era el dueño de la ferretería de la calle Iwash, era un reno muy amable. Y según los vecinos, siempre dispuesto a ayudar, de buen corazón, no tenía enemigos que se sepa.


—No me puedo creer que al bueno de Isalmi le haya pasado eso —dijo Sasma Dartys un simpático oso panda, vecino de la víctima.

—Totalmente, es muy injusto, no hay justificación, señor Dartys, si el pobre sacaba lo justo para mantenerse. Y no creo que fuera ningún cliente insatisfecho —comentó Omaldor Zaxas, un encantador Koala.

—Exacto, por algo tan absurdo emplearse así, con esa brutalidad, no tiene razón de ser.

—A no ser que sea un asesino en serie.

—¿Tú crees?, eso sería terrible.

—Mucho, pero bueno, dejemos que la policía se encargue, seguro que lo resolverán.


—Detective Longhill, coja varios agentes y un par más de detectives y dirigiros a la zona, entrevistad a todos los vecinos, familia y todos los que estuvieron por allí aquel día. Registradlo todo.

—A sus ordenes comisaria.

—Agentes Wardly y Daylyf, quiero que os hagáis pasar por los nuevos dueños de la ferretería, si la razón por la cual lo mataron, fuera quedársela, mejor estar cerca por si lo intentan de nuevo, seréis el señor y la señora Baytrex.

—Cómo ordene comisaria.

El teléfono sonaba en el cuartel de los Hombres águila, el cuerpo de élite del aire de la policía y del ejército, llamados popularmente, los Hawkers.

—Cuartel de los Hawkers, al habla el capitán Ferdhit.

—Soy la comisaria Carlyle, necesito dos de tus hombres para una misión. Los quiero en el apartamento de encima de la ferretería de la víctima de asesinato, el señor Ruktas, como apoyo a mis agentes que harán pasar por los nuevos dueños de la ferretería.

—Sin problemas, cuenta con ellos.

—Gracias, capitán —a continuación llamó a los Swat, los dobermans, más y mejor entrenados de la policía.

—¿Qué necesita, jefa?

—Quiero dos de sus hombres en el piso de enfrente de la ferretería, vigilando la puerta por si volvieran. Confío en vosotros para que no se escapen. Hágame un favor, hable con la unidad aérea, que vigilen cuatro manzanas alrededor y busquen movimientos sospechosos, hasta nueva orden.

—A sus órdenes, así se hará.

En menos de media hora, el dispositivo estaba preparado y funcionando.

Interrogaron a todo el vecindario, no dejaron nada sin registrar, ninguna pista, nadie sospechoso, nadie sabía nada, nadie vio nada.

—Detective Longhill, puede que tengan miedo y por eso no dicen nada, sobre todo si conocen a quien lo hizo, sería comprensible.

—Cierto, agente Litecas, pero aún así, tenemos que seguir pasando por aquí más días por si alguien quisiera hablar.

De pronto, la conversación se vio interrumpida por una comunicación por radio.

Continuará...