Prólogo
La lluvia caía tan fuerte como las lágrimas incesantes de la chica. El pelinegro sujetó sus caderas y susurró en su oído.
–Matalos, aprieta el gatillo, obtendrás venganza y te entregaré aquello que llevas años deseando recuperar.
Entrelazó entre sus dedos un mechón del cabello rubio de la chica y lo puso por detrás de su oreja.
–No puedo—sollozó—No puedo hacerlo, por favor no me hagas esto—rogó y gritó entre el llanto, la lluvia empapaba su cuerpo haciéndola temblar aún más.
–Lila, escoge, son ellos o ustedes—la rubia negó con frenesí rehusándose a apretar el gatillo.
–Tres...
–No por favor, por favor no me obligues no puedo.
–Dos...
Un desgarrador grito escapó de la garganta de la rubia que luchaba para no caer al suelo por el temblor de su cuerpo.
–Uno...
La mano de la chica temblaba apuntando a sus objetivos.
–Escoge preciosa—el pelinegro sonrió de forma cínica.
Y Lila tomó su decisión.