La Amante Del Rey by María at Inkitt
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La Amante Del Rey

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Summary

Lía es culpada de asesinar a Savile, la actual amante del rey, ese día su padre fallece tratando de protegerla y su novio es arrestado intentando evitar su aprensión. Un año después es liberada de su encierro sin entender exactamente por qué, pero la joven que sale de prisión no es la misma joven alegre que alguna vez fue. Esta vez busca venganza y no le importará arriesgar la vida con tal de lograrlo. Con una nueva identidad, entra al palacio con el único objetivo de ocupar el puesto vacante que Savile dejo, solo de esa forma podrá acercarse lo suficiente para asesinar al hombre que arruino su vida, el rey, pero una vez en el palacio descubrirá que detrás de la muerte de la amante hay secretos que intentará descubrir para no sufrir el mismo destino que Savile.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prefacio

Sus dedos y el cómo acariciaba mi piel con ellos, era lo único en mi mente. Sus ojos claros lograban hipnotizarme y esa agradable sonrisa era la razón por la cual solía llegar tarde a casa, valia la pena el sermón de mi padre con tal de contemplarla.

—Me encanta tu cabello ¿Ya te lo dije? —suspiró Stefan. Sus dedos se desplazaron de mi cintura a mi cabellera oscura, los introdujo y como si se tratara de un peine, los deslizo alzando su mano para comprobar su sedosidad.

— Siempre que venimos aquí — me acurruque sobre su brazo y me acerque aún más a su pecho para percibir el aroma a madera que tanto me fascinaba. Trabajaba en una maderería para llevar pan a la mesa de su hogar, su padre había fallecido al terminar la guerra, así que él se había convertido en el hombre de la casa en su ausencia.

—Cásate conmigo— dijo él de pronto.

Alce mi cabeza de su brazo, pensando que tal vez no había escuchado bien debido a que estaba prestando más atención a su respiración y los latidos de su corazón.

—¿Puedes repetir lo que dijiste? —pregunte desconcertada.

Stefan se levantó de su sitio, tomo mi mejilla entre su mano tiernamente y se detuvo a observar mi rostro, sonrió como nunca antes lo había hecho y se acercó a mi oído.

—Cásate conmigo —susurro de forma arrebatadora, su respiración erizo mi piel y sus palabras me robaron el aliento.

Aunque me dedicó una mirada llena de ternura y devoción y mi corazón palpitaba inquieto, me dio miedo tomar enserió su petición, pero sabía que no se trataba de alguna broma para su propia diversión, él no era así, no tenía tiempo ya que este lo empleaba en trabajar porque al igual que muchas familias en el pueblo, la suya sufría muchas carencias.

Inevitablemente una línea transparente fluyo por mis mejillas, al pensar en las razones por las cuales no debíamos contraer nupcias. Su familia era un ejemplo, sin él, su madre y hermanas no podían valerse solas, serian tachadas como pordioseras porque así solían tratar a las viudas y huérfanos.

Mi padre sería la primera persona en oponerse, él tenía muy en cuenta su situación económica, sabía que estaba pretendiéndome y eso le disgustaba, que mi futuro económico fuese incierto a su lado. Me cubrí el rostro con ambas manos para evitar que observara mi silencioso y amargo llanto, luego negué con la cabeza.

—Por favor no llores más, ya lo he solucionado todo— manifestó con un tono de esperanza, pero sus palabras no me provocaron ningún alivio.

— Pero...— intenté decir, no obstante, la tristeza no me permitió continuar así que me protegí de su mirada apretando mis manos contra mi rostro.

—No quiero y no seré jamás el motivo por el cual derrames una sola lagrima— esas palabras fueron suficientes para que consiguiera levantar un poco la mirada.

—No hay modo—inste. El salario de Stefan apenas si alcanzaba para que su familia tuviera un plato de comida al día y para pagar las deudas que su padre había dejado al fallecer, así que no había forma de que pudiese ahorrar, aunque deseaba convertirme en su esposa, no podía ignorar la responsabilidad en sus hombros, es decir, a su familia.

—Confía en mi— argumento crédulo con una sonrisa en sus labios rosados — de lo único que tienes que preocuparte es por lo que dirá tu padre mañana por la tarde cuando se lo diga.

—¿M-mañana?— cuestione perpleja, parecía un sueño, quizás aún estaba en cama dormida soñando con este bello momento—¿Estoy soñando? — dije en voz alta. Stefan soltó una pequeña risita burlona, pero para evitar ofenderme giro un poco para ocultarla de mí.

—¿Porque me haces ese tipo de pregunta? — respondió él fingiendo estar algo ofendido.

—Es muy hermoso para ser verdad, siento que en cualquier momento voy a despertar en mi cama llorando por todo esto.

Súbitamente él beso mi frente, fue tierno y suave, un beso que pude sentir sobre mi piel.

—No es un sueño — musito suavemente —cambiando de tema, si no es mucha molestia me gustaría que mañana hagas el estofado que tanto le gusta a tu padre, ese que sabe mucho a hierbas para que el disgusto de verme en su casa y peor aún, solicitando la mano de su única hija no le caiga mal en el estómago.

Ambos reímos ante su chiste, pero en cierto momento él dejo de reír, se mostró serio y me miró fijamente, su mirada celeste limpio todo rastro de duda, luego poso su pulgar en mi mejilla y con su yema desvaneció el camino que habían dejado mis lágrimas.

—¿Te casaras conmigo? —insistió. Esta vez no lo pensé, solo asentí

—Si—una lagrima traicionera broto, mas esta no había sido inspirada por la incertidumbre, sino por la alegría de un futuro a su lado.

Stefan tomo mi rostro entre sus manos e impregno un beso en mis labios, cuando se apartó descubrí que el brillo de sus ojos resplandecía como nunca antes. Sin previo aviso y con una sonrisa que bailo en sus labios, tomo mi cuerpo entre sus brazos y me elevo en el aire para celebrar, aunque se suponía que estaba prohibido que estuviéramos ahí, esta vez no nos importó hacer un poco de ruido, la situación lo ameritaba.

Después de la celebración, Stefan extendió su mano para ayudarme a salir. Aquella casa llevaba cuatro años abandonada, así que el tiempo y el mal clima habían hecho estragos en la propiedad, por lo que había polvo, soportes de madera caídos y mohosos, además de telarañas que lo cubrían todo.

El dueño de aquella morada abandonada había sido exiliado, se decía que aquel hombre era el mejor médico del reino y que en cierta ocasión fue llamado atender un caso complejo en el palacio rojo, pero a pesar de su esfuerzo, su paciente perdió la vida y las consecuencias fueron graves, perdió todas sus posesiones, su reputación y su derecho como ciudadano del reino.

Se suponía que esa propiedad ahora pertenecía a la regencia del estado por lo que estaba prohibido el paso, pero para Stefan esa palabra era definición de oportunidad. Ya que mi padre prohibía nuestra relación solíamos ir a lugares alejados del pueblo para poder vernos, pero debido al tiempo nuestras citas solían durar apenas unos minutos. Así que Stefan propuso reunirnos ahí donde nadie metía sus narices para evitar problemas, era silencioso y además quedaba cerca de casa por lo que mi padre no sospechaba que seguía viendo a Stefan a escondidas.


Después de la guerra, el reino prospero, pero aún se podía ver la huella que había dejado en los más vulnerables. Había muchas viudas que pedían limosna a las puertas del templo, ya que el pueblo carecía de lugares que aceptaran a mujeres como tenderas y sin un trabajo con el cual sostener a sus hijos no les quedaba otra opción más que suplicar por monedas, había quienes optaban por vender sus caricias, pero eso les valía su reputación, aunque tal cosa ya no les importaba, al fin y al cabo, la gente del pueblo no había hecho nada para ayudarlas.


El mercado y sus alrededores solía estar lleno de niños y adolescentes, la mayoría eran huérfanos y todos se dedicaban a robar en los puestos una que otra fruta para llenar sus estómagos vacíos, pero había algunos atrevidos que osaban robar dinero a los mercaderes. Los castigos impuestos por el rey y llevados a cabo por la regencia del estado dictaban que aquel que cometiese un asalto debía ser sometido a la incisión de la mano para reparar la culpa, en el pueblo existían algunos jóvenes a los que se le había aplicado ese horrible castigo y los más jóvenes los veían como un ejemplo de lo que no se debía hacer o corrían el riesgo de terminar de la misma forma.


Antes de llegar a la plaza nos detuvimos frente a la fontanela, era un callejón donde se encontraba una pequeña fuente en donde los campesinos solían llenar sus cuencos para tomar agua antes de salir a su jornada, aquel sitio era el límite en donde Stefan podía acompañarme, la plaza era un lugar muy concurrido y eso quería decir que era un lugar donde había demasiados ojos y demasiadas bocas con la capacidad de chismosear sobre mi vida privada.

Pero aun ahí Stefan se atrevió a darme un beso en la mejilla, cosa que le habia prohibido una vez que saliéramos de la casa abandonada.

—¿Qué haces? —le recrimine apartándome un paso lejos de él para después mirar a mi alrededor en busca de alguien que nos hubiese visto —aquí no.

—¿No puedo despedirme como se debe de mi futura esposa? —bromeo alzando una ceja de forma encantadora.

—No, al menos no hasta que de verdad sea tu esposa, mientras tanto resérvate tus muestras de afecto—bromee.

Stefan alzo la mano, toco mis labios con delicadeza y fijo su mirada en la mía. Esos ojos azules escrutaron en el interior de mi ser, no hacía falta ninguna palabra para ver la chispa que nos unía, era obvio con tan solo mirarnos.

—Nos veremos mañana mi dulce flor—expreso tomando mi mano y en ella deposito una moneda.

—¿Qué es esto? — cuestione al ver la corona de plata que había dejado en la palma de mi mano. Con esa moneda era suficiente para comprar arroz y trigo durante un mes.

—Ocúpala para el guisado, la carne de pollo es cara — alego.

—No puedo aceptarla, es mucho dinero — replique conmocionada, estaba segura que estaba desperdiciándola conmigo, era mejor que se la diera a su familia, la necesitaban.

—Por favor Lía, no me hagas sentir mal. Quiero demostrarle a tu padre desde el primer instante que soy capaz sustentar a su hija.

—Pero...

—Lía, a partir de este momento no tendrás que preocuparte por dinero — me interrumpió encerrando la moneda en mi mano

—De acuerdo.

Asentí. Mis mejillas se ruborizaron cuando, inesperadamente, tomo el dorso de mi mano y deposito un beso sobre ella. Fue tan solo un segundo, ojalá se hubiese congelado el tiempo en ese instante para poder disfrutar de la textura de sus labios y de su mirada profunda, pero no fue así, se reincorporo y comenzó alejarse soltando mi mano poco a poco hasta que finalmente se separó de mí, dio media vuelta y dio un par de pasos, luego giro en mi dirección y sonrió de forma encantadora, él sabía cómo hacerme suspirar y no le daba vergüenza alguna.

Un año atrás nadie hubiese sospechado que el chico más atractivo del pueblo estuviese enamorado de mí, todo había pasado en un abrir y cerrar de ojos, pero de igual forma todo había sido como un cuento de hadas.

Stefan era el joven más perseguido por las chicas de nuestra edad, pero él no tenía ojos para ninguna, antes que nada estaba su familia, así que había dejado de lado el amor por el deber, hasta que un día mientras caminaba hacia el mercado, como todos los días, uno de los niños que deambulaban por ahí robo un pequeño talego lleno de monedas a un comerciante. Los guardias lo persiguieron sin importar a quienes llegaban a empujar en su persecución, entre ellos a mí.

Mi canasta cayo con todo lo que había en su interior y una de mis manzanas corrió hasta sus pies, fue su sonrisa lo que me paralizo por un instante, incluso olvide que mis cosas yacían tiradas sobre el suelo, pero de un momento a otro, él ya estaba recogiendo todo y acomodándolo dentro de la canasta.

Avergonzada por quedarme inmóvil, simplemente observándolo, solo le agradecí y tomé mi canasta para después volver a mi casa con el corazón agitado. Las semanas siguientes trate de evitar ir cerca de la maderería, mi timidez no me lo permitió, aunque deseaba verlo y un día mientras compraba algunas hierbas finas, él se acercó mostrándose encantador, se presentó y me dio una manzana. Él me dijo mucho después que me había visto pasar muchas veces en el pueblo, pero al no tener un tema en común pensó durante días la manera perfecta para acercarse a mí, lo único que había pensado fue decirme que había olvidado una manzana y que se la había comido, aunque no fuera cierto.

Nos hicimos amigos muy rápido y luego durante el festival de la cosecha me revelo sus sentimientos, los mismo que yo sentía por él, solo que por vergüenza a ser rechazada no me atrevía a mencionar.

Para mí, Stefan era el hombre perfecto, era trabajador, atractivo y amable, pero para mi padre era todo lo contrario por el simple hecho de tener carencias económicas. Él no podía pisar el suelo de mi casa, así que la única manera de estar juntos era en aquella vieja propiedad abandonada, llena de polvo, muebles viejos y mohosos.

Después de pasar la plaza, camine un par de calles más, hasta ver en la esquina el letrero de madera que tenía tallados una pluma y un pequeño frasco de tinta, el cual indicaba ser la oficina de un letrado.

Muchas personas en el pueblo no sabían leer y mucho menos escribir, así que ese era el oficio de mi padre, ayudaba a redactar cartas o documentos oficiales, también ayudaba a traducir documentación extranjera y leía cartas.

Al entrar en la casa el aroma a vainilla proveniente de los papeles de mi padre inundo mis fosas nasales, toda la casa olía de la misma forma, pero no era un olor sofocante y chocante, todo lo contrario, ese lugar se sentía muy acogedor, no podía imaginar mi casa sin ese aroma.

Subí a mi habitación, la cual estaba muy al fondo, pero era la más grande, aunque no muy opulenta, la ventana solía rechinar durante las noches de viento y la base de mi cama estaba un poco desigual y la única manera de mantenerla recta y firme era colocando sobre una de las patas, un bloque de madera pequeño, aunque a veces solía patearlo sin querer.

Me agache y gatee por debajo de la cama hasta acercarme a mi escondite donde guardaba mis tesoros más valiosos. Por ser una moneda de alta denominación y un poco más grande que los nimbos de bronce decidí guardarlo en mi caja de los tesoros de esa forma no lo perdería.

Retire la piedra sobrepuesta que servía de puerta de mi escondite y saque la cajita de madera que mi madre me había obsequiado como regalo de cumpleaños un año antes de morir, la destape y por un momento contemple lo que había en su interior, un guardapelo que había pertenecido a mi madre y que se suponía había pasado de generación en generación en su familia, solo que había muerto antes de poder dármelo formalmente, además también se encontraban cincos cartas que ella me había escrito mientras se encontraba en diferentes cuarteles militares durante la guerra y un pequeño ramito de flores secas que me había obsequiado Stefan el día en que mi padre había descubierto que él me estaba cortejando, después de ese día mi padre me había prohibido salir e inocentemente creí que ya no habría forma de poder verlo, así que guarde ese ramito de flores como su ultimo recuerdo, por supuesto, eso había ocurrido mucho antes de que Stefan ideara lo de la casa abandonada.

—¿Lía, estas aquí?

Di un brinco al escuchar la voz de mi padre, ese movimiento inesperado me hizo golpearme ligeramente la cabeza. Gemí de dolor, pero aun así guardé la corona de plata y todo en su lugar para después salir debajo de la cama antes de que mi padre descubriera mi escondite.

Al bajar, lo descubrí descargando un pequeño cargamento de papiros, hojas y otros materiales de trabajo sobre el pequeño comedor que disponíamos, al verme me sonrió.

—¿Como te fue en tu viaje?— me aproxime a él y le di un beso en la mejilla.

—Mejor de lo que pensé—expreso en un tono de voz extraño, me pareció que estaba molesto por algo.

—¿Sucedió algo?

Inclino la mirada hacia los materiales en la mesa y se quedó en silencio mientras revisaba sus cosas, supuse en ese instante que la razón de su molestia era yo.

—Has estado con el chico Benoit ¿No es cierto? — expreso más como una afirmación que una pregunta.

Al alzar la mirada, comprendí que mi padre, de alguna forma, lo sabía. Ver en su expresión indignación me hizo asentir con la cabeza, él simplemente ladeo la suya aseverando su inconformidad.

—Lía — agache la mirada lista para recibir el sermón de su parte—Cuantas veces tendré que repetirte que debes terminar toda relación con ese...joven.

— Pero papá...

—Sin excusas Lía — me interrumpió — sabes lo que pienso al respecto.

—Es una buena persona papa, por favor date el tiempo de conocerlo, si tan solo le dieras una oportunidad te darías cuenta de lo mismo que yo.

—¿Darme cuenta de que? —bramo ladeando la cabeza negándose rotundamente a la idea — de que es un menesteroso con aspiraciones de grandeza, aunque por milagro apenas sobrevive.

—Todo el mundo sufre lo mismo —impugne molesta por su prejuicio.

—¡Pero yo no quiero lo mismo para mi hija!—replico azotando las manos contra la mesa—quiero que salgas de este vulgar pueblo, que conozcas el mundo y que aprendas de el, que encuentres el amor en un joven que sea capaz de proveer pan a la mesa, que se desviva por ti y no solo por las preocupaciones de la miseria ¿Entiendes?

Entendía a la perfección, pero mi corazón no. A mí no me importaba las riquezas y no tenía problema con pasar penurias siempre y cuando fuese al lado de Stefan. El dinero proporcionaba posesiones, pero no la felicidad.

—Si, padre — exprese agachando la mirada. En ese momento solo pensé en cuan dolido y enfadado se sentiría al ver a Stefan al día siguiente aquí.

— Lía, tal vez no me comprendas ahora y pienses que estoy siendo demasiado duro, pero solo quiero lo mejor para ti, un muchacho de este pueblo solo te hará sufrir y no digo que lo haga por voluntad, sino que la necesidad lo hará y él también sufrirá al no darte lo que él quisiera poner en tus manos.

Se creo un silencio absoluto, uno que dolía porque sus palabras me ponían entre la espada y la pared, entre él y Stefan. ¿A quién elegir?

—Perdóname por darte mi opinión — exprese al ver que comenzaba a tomar sus cosas, quizás para acomodarlas en la oficina donde recibía a sus clientes — pero pienso diferente, él me hace feliz a pesar de todo, a pesar de lo que a ti te molesta y eso es algo que el dinero no puede comprar.

Repentinamente se escuchó la pequeña campanilla que colgaba de la puerta de entrada a su oficina desde el exterior, él giro al escuchar aquel sonido sin decirme nada y luego se encamino atender a quien había entrado.

Supuse que estaba decepcionado de mi cuando evito a toda costa cenar conmigo excusándose que tenía mucho trabajo acumulado, era la primera vez que me atrevía hacer algo semejante, así que intuí que era normal que estuviese enfadado conmigo. Comencé a preocuparme del como reaccionaria cuando Stefan se presentará a las puertas de nuestra casa.

Al siguiente dia, decidí dejar de darle vueltas al asunto, no estaba en mí el hacerle cambiar de parecer, solo expresarle mis deseos y los de Stefan, que estábamos dispuestos a enfrentar el mundo con tal de estar juntos.

—Iré al campo por unas hierbas y luego pasare al mercado para comprar algo que olvide ayer —alce la voz para que mi padre me escuchara del otro lado de la puerta, pero él no respondió. Intenté abrir, pero al tomar la perilla en mi mano, recordé que no tenía el valor para verlo a la cara.

Di media vuelta y camine lentamente esperando a que él abriera al menos solo para vigilar mi camino, pero al salir de casa y caminar varios metros comprendí que no lo haría.

Continué mi camino sin dejar de pensar en el tema, mi papá y yo no discutíamos, al menos no después de que falleció mi mamá. Cuando ella murió, ambos descubrimos que estábamos completamente solos y sin el otro nuestra vida seria soledad, así que desde aquel entonces en nuestra casa siempre había risas, él solía burlarse de mi torpeza y yo solía hacer chistes de alguna falta de ortografía que llegaba a encontrar en sus redacciones, quizás era lo más cruel y sádico que le habría hecho, pero ir en contra de su voluntad iba más allá de la crueldad. Simplemente no podía imaginar mi vida sin él, pero tampoco podía imaginar una vida sin Stefan, era horrible el tener que elegir a uno de entre los dos hombres que habían marcado mi vida para siempre.

Camine durante media hora hasta salir del pueblo, no era muy grande así que no fue difícil llegar al campo donde crecían hierbas medicinales y también hierbas de aromáticas para cocinar, en el mercado también las vendían, pero era mejor recogerlas uno mismo, asi me ahorraba un par de monedas.

Al llegar contemple la vista, a lo lejos se podía apreciar una mansión la cual se decía pertenecía a un miembro de la nobleza. A las chicas del pueblo les gustaba sentarse a fantasear con ese lugar, pero no a mí y no porque no lo deseara, sino porque mi padre decía que ninguna chica lograría obtener algo así a menos que aprendiera por lo menos a leer y escribir y eso fue lo que hice.

Las chicas de mi edad me consideraban una engreída porque sabía leer, algo que ellas no podían hacer porque en el pueblo solo los que pertenecían a una familia, entre lo que cabe, distinguida podían contratar a un tutor, en este caso mi padre era quien, cuando se requería, se desempeñaba como tutor y él me había enseñado todo cuanto sabia.

Después de apreciar por un segundo la vista, me dedique a buscar las hierbas que me hacían falta como el laurel para los estofados, la mejorana para pastas o romero para la carne, aunque esta última no la necesitaba realmente, pero solía cortarla para el invierno, cuando mi padre tenía más trabajo y podíamos darnos el lujo de comprar para el solsticio.

De pronto mientras guardaba las hierbas en mi canasta, escuche un cantico sutil, la voz era dulce y agradable al oído. Me levanté buscando el origen de aquel canto empíreo y la encontré. Se trataba de una dama de cabellera rubia, casi blanca, el viento danzaba con sus cabellos gracias a su bella melodía, su mirada azul era tan clara y pura como la de un ángel y por un instante pensé que se trataba de uno gracias a su vestimenta.

Llevaba puesto un vestido blanco que colgaba de dos tirantes compuestos de un fino encaje, además de sus brazos colgaba una toquilla semitransparente que relucía ante los rayos mañaneros del sol y un bello juego de joyería adornaba su piel de nieve.

Anonadada cerré los ojos y abrí mi corazón aquella melodía melancólica, me recordó mi propia tristeza, pero mientras disfrutaba de su canción, la joven se detuvo de súbito y al abrir los ojos descubrí que estaba a tan solo un metro de distancia de mí, observándome.

—¿Quién eres tú? —me dijo, su voz sonó dulce y gentil e incluso hasta inocente.

—Y-yo... — intente decir, pero al mirar detrás de ella me percate de la presencia de un guardia quien la acompañaba y que tenía aspecto de no ser agradable por lo que me paralice.

La joven frente a mí se inclinó mirando hacia mi canasta, parecía tener mucha curiosidad por ver lo que había en su interior así que su mano toco con delicadeza la mejorana. Uno de sus mechones blancos cayó sobre su rostro, observe con atención la elegancia con la que devolvía el mechón detrás de su oído y luego me devolvía la mirada para volver a reincorporarse.

—¿Alguien está enfermo en tu hogar? —cuestiono mostrándose atenta, aunque no era necesario, ella parecía ser una dama sofisticada.

—N-no—exprese nerviosa y al mismo tiempo sorprendida de que ella supiera de las propiedades medicinales de la mejorana.

—Me alegro—dijo alejándose de mi para después sentarse sobre un tronco viejo que servía de asiento, me preocupe que su vestimenta se manchara de tierra, pero a ella no parecía importarle. Di media vuelta retomando mi camino, al creer que al darme la espalda había decidido ignorarme.

—¿Como te llamas?—me detuve abruptamente, apenas había avanzado un par de pasos. Gire y mis piernas se movieron por instinto hacia ella. Me sorprendió que el guardia no me obstruyera el paso o limitara mi avance hacia ella, solo nos observó a escasos metros.

—Mi nombre es Lía...—dude, trague saliva y pensé si era lo corrector presentarme ante ella, pero después de unos segundos de reflexionarlo concluí que al fin y al cabo no importaba puesto que quizás en poco tiempo no recordaría haber conocido a una simple pueblerina—mi nombre es Lía Laurent.

—Parece el nombre de una reina—expreso con una sonrisa deslumbrante, luego volvió la mirada hacia la mansión—mi nombre es Savile Payet.

Me ruboricé, ella era muy amable, pero luego supuse que así eran las mujeres refinadas como ella, sabía que decir y la manera en cómo debía hablar para hacer sentir cómodas a las personas a su alrededor.

—Debo irme—expresé nerviosa, aunque de hecho ya había pasado mucho tiempo en ese lugar, por lo general no me tomaba más de cinco minutos buscar las hierbas que necesitaba—pronto abrirán los puestos del mercado del pueblo y vine temprano porque quería comprar todo fresco.

Cuando pronuncie aquello, ella me dirigió una mirada melancólica.

—También me iré pronto, solo vine unos días a descansar en una de las propiedades que pertenecen a mi...amado—menciono levantándose de su sitio mirando a la enorme propiedad. Haciendo memoria de todas las casas y edificios del pueblo no recordé ninguna que fuese digna de ella. Todas las casas eran pequeñas, rusticas y hasta mal olientes, pero el aroma que emanaba de su cuerpo era un aroma floral agradable, deduje que se refería a esa enorme mansión, pero al momento de decir amado, la palabra sonó amarga en su voz—eres la primera persona que veo en muchos días. ¿En pueblo queda muy lejos?

—Se encuentra a media hora de este lugar, en esa dirección—señalé una sección de árboles donde se hallaba el camino hacia el pueblo.

—Me gustaría visitarlo—aludió en tono esperanzado—¿Podrías llevarme?

Sin otra opción acepte. Le indique el camino esperando se situará al frente, pero ella me solicito caminar a su lado. Al principio guardo silencio y pensé que durante todo el trayecto seria así y lo agradecí, aunque era amable me sentía algo incomoda sobre todo por su vestido, sentí que mis harapos podrían ensuciar la fina tela que la vestía.

—¿Sabes cuál es el mayor tormento de una mujer enamorada? —expreso de pronto, no supe que responder a su extraña pregunta así que solo negué con la cabeza—La distancia—expuso con una sonrisa amarga—hace unos días me sentía desdichada por estar aquí, lejos de él, pero aquí descubrí que, aunque es mi felicidad, quizás no es para mí.

—¿Porque lo cree así? —pensé en voz alta. Su mirada azul clara se posiciono en mí, alzo la ceja y luego coloco un dedo sobre sus labios, como quien esta apunto de revelar un secreto.

—Porque solo soy su objeto—musito tristemente.

—¿Él no la ama? — me atreví a cuestionar, no podía creer que el amor de una dama tan bella, refinada y amable como ella, no fuese correspondido. ¿Qué clase de imbécil era aquel a quien le profesaba su amor y devoción?

—Él no sabe que es el amor, estoy a su lado porque le teme a la soledad.

—No debería estar con un hombre que solo la utiliza—sugerí, pero mi voz sonó molesta.

—¿Crees que debería abandonarlo? — su voz dulce cambio repentinamente, me pareció que incluso pensar en la idea era un sufrimiento insoportable.

—El amor es un camino de espinas, duele — dije pensando en mi propia experiencia —pero el dolor es soportable cuando ambos están dispuestos a caminar sobre el.

Se quedo en silencio por un momento, agacho la mirada hacia sus manos, jugo con sus propios dedos y de pronto detuvo su andar.

—Lo amo, estaría dispuesta a dar mi vida por él, pero sé perfectamente que el rey no haría lo mismo por mí.

Desconcertada la observe hasta que levanto la vista, tenía los ojos llorosos, pero aun así sonrió y luego desvaneció la distancia que había entre las dos.

—D-disculpe creo que escuche mal—titubee—¿Acaso dijo la palabra rey?

Asintió, giro hacia la casona que aún se podía divisar a la distancia y la señalo.

—El hombre a quien amo se trata del rey y esa es una de las muchas propiedades que posee, me trajo aquí para esconderme de algo que ni él, con todo su poder, me puede defender.

—¿Eres la reina?—cuestione perpleja, sin embargo ella negó con la cabeza cerrando los ojos, inevitablemente una lagrima se le escapo y corrió por su mejilla.

—Soy su amante, así me conocen.

Cualquiera en el pueblo que la hubiese escuchado hubiese dicho que no era más que una prostituta protegida por el rey, pero ella tenía algo que me hacía pensar lo contrario, ella sentía al igual que yo, ella lo amaba y lo peor de todo es que sabía que ese hombre nunca podría corresponderle de la misma forma. En ese instante desee que ella fuese una pequeña muñequita para poder guardarla en mi caja de los tesoros y no permitir que nada le hiciera daño.

Mas que lastima, me identifique con ella, estaba enamorada al igual que yo y estaba sufriendo por amor. Mi caso no era el mismo, pero también me encontraba en una encrucijada, tampoco deseaba dejar ir a quien amaba.

Guardé silencio, me sentí extrañamente avergonzada, quizás por el hecho de sugerirle abandonar a quien era su felicidad, así que en modo de disculpa me mostré más alegre, al menos para distraerla de lo que le entristecía.

El guardia nos seguía de cerca, mantenía su mano próxima de su espada en caso de presentarse algún peligro o al menos eso pensé, se le notaba nervioso quizás por el hecho de encontrarse en un lugar desconocido siendo él la única persona que acompañaba a la amante del rey, es decir, Savile.

Con el enfado de mi padre había olvidado sacar la moneda que Stefan me había proporcionado, pero aun llevaba un poco de dinero, así que me atreví a comprar algunas uvas para compartir con ella.

Por supuesto una mujer como ella no podía pasar desapercibida, era hermosa y su vestido era posiblemente más caro que el mismo pueblo. Así que los cuchicheos y las miradas indecentes no se hicieron esperar, pero Savile no les tomo importancia, parecía estar acostumbrada a que la observaran.

Decidí por su bien llevarla a la fontanela, a esas horas los campesinos ya se habrían marchado a su jornada como todos los días, así que era probable que nadie estuviese acaparando el espacio, además ahí podía descansar de las miradas campesinas. Cuando llegamos ella miro la fuente de forma extraña, como si le recordara algún momento de su vida, se acercó y se refresco el rostro tomando agua con sus manos.

Me sorprendió ver que su rostro era natural y su belleza extraordinaria no era producto del maquillaje.

—¿Dónde es tu hogar?—musito alzando una orilla de su propio vestido para secarse el rostro. Me entercio su forma de ser, el cómo parecía ser una niña atrapada en el cuerpo de una hermosa dama.

—Por allá—le señale— es la oficina del letrado del pueblo.

—¿Letrado?—cuestionó—¿Te refieres a los que escriben cartas?

Asentí, pero ella agacho la mirada como si estuviera reflexionando lo que acaba de decir.

—¿Entonces sabes leer?

—Si—ella sonrió, era la primera vez que alguien se alegraba al saber que yo podía leer—ojalá pudieras venir conmigo, estoy segura que tú le agradarías.

Se emociono y me tomo de la mano como si fuéramos viejas amigas.

—¿De quién hablas?

—Del rey, a él le gusta leer, siempre lee para mí, pero yo no puedo hacer lo mismo por él—expreso, su tono se voz se fue tornando triste y melancólico.

—¿Acaso no hay quien te enseñé en el palacio?

Ella negó con la cabeza y trato de ocultar su tristeza con una sonrisa.

—Tengo varios tutores, pero por ser la amante, suelen darme tareas sin haberme enseñado antes lo que debo hacer, así que suelen decir que soy una estúpida y que no puedo aprender porque no tengo voluntad.

—¿Y no le has comentado nada al rey?—cuestione atónita y al mismo tiempo enfadada.

—No, no debo, él ya tiene demasiados problemas con la reina por mi culpa.

Su tristeza logro conmoverme al punto de precipitarme hacerle un ofrecimiento.

—¿Te gustaría aprender?

Savile me miro esperanzada e impresionada por mi sugerencia.

—Pero pronto me iré—miro al guardia detrás de nosotras, él miraba en todas direcciones, pero sin posicionar su vista en nosotras, quizás ni siquiera le importaba Savile y por lo que ella me comentaba, deduje que el ser la amante del rey debía ser un suplicio que solo soportaba por amor, todos parecían tratarla mal y solo le servían por orden del rey.

—Aprender a leer no es muy difícil, te enseñaré algunas letras y como se pronuncian, incluso puedes practicarlas en tu viaje.

—¿Lo dices enserió?

—Si mi casa no queda lejos, si quieres te puedo presentar a mi padre, él te podría ayudar mucho mejor que yo.

Savile miro al guardia, tal vez dedujo lo mismo que yo, que para él no había ningún inconveniente mientras no le causara problemas. Extendí mi mano, ella la miro por un segundo, sonrió y luego la tomo.

Me sentí como una niña, si, una niña que había hecho algo bien y por ello iba a recibir una recompensa, su sonrisa.

Empezamos a caminar rumbo a mi casa, la gente que comenzaba a despertar y salir para comenzar los quehaceres del día observo a Savile con interés y asombro, cuchicheaban y no hacía nada para ocultarlo, eran unos mal educados, pero que se le podía hacer. En cierto punto Savile sonrió y soltó una pequeña risita, era tan dulce, supuse que había notado lo mismo que yo, pero había reaccionado muy diferente a mí, a ella le causaba gracia.

Al pasar por el templo, me di cuenta que había varias mujeres, eran las mismas que pedían limosna a la entrada, pero era día de culto por lo que no se les permitía sentarse frente a las puertas hasta que la celebración terminara. Cuando una de ellas nos vio se abalanzo sobre nosotras rogando ayuda, pero sus ruegos iban dirigidos a Savile ya que era ella quien tenía la apariencia de ser una dama de alcurnia. Las demás mujeres le siguieron, pronto se aglomeraron a nuestro alrededor y en cierto punto su mano se apartó de la mía.

—¡Lía! —escuche su voz, pero prontamente las viudas suplicantes la alejaron de mí.

—¡Savile! —grite preocupada, mire hacia todos lados en busca del guardia para que pudiese auxiliarla, pero no pude encontrarlo con la vista.

Intente meterme entre las aberturas de los delgados y hambrientos cuerpos femeninos, entre el escándalo, las suplicas y los gritos del mercado escuche un grito, creí haber oído la palabra «Sangre» luego las personas frente a mí me empujaron y comenzaron a gritar.

Caí al suelo sin remedio, alguien paso por encima de mi mano, grite, pero enseguida me levante al ver que había un alboroto a mi alrededor, busque a Savile y en un segundo, cuando un grupo de mujeres paso corriendo frente a mí, la encontré.

Sus ojos estaban llorosos, supuse que estaba asustada llego y me abrazo, su cuerpo era delgado, pero la fuerza que utilizo fue increíblemente fuerte, se aferró a mi cuerpo, temblaba así que la imite, la abrace buscando tranquilizarla.

—N-no pude—musito, su voz apenas fue audible, quizás nadie más a nuestro alrededor la había escuchado—hacerlo feliz... ¿Puedes hacerlo...en mi lugar?

—¿Qué? —cuestione desconcertada, me aparte un poco, su fuerza fue disminuyendo considerablemente y entonces logre zafarme de su abrazo. Ella inclino la mirada y al seguir el rastro de lo que observaba descubrí un líquido rojo que le cubría el vientre y sobre esa mancha se hallaba el mango de un cuchillo.

Instintivamente toqué la herida tratando de detener la sangre que emanaba de su cuerpo, corría por su vestido muy rápido, no supe que hacer, las manos comenzaron a temblarme. Me pareció que todo alrededor perdía sentido, incluso el sonido y el tiempo, todo se detuvo, pude ver como las mejillas rosadas de Savile iban perdiendo su hermosa tonalidad y se tornaban pálidas, su aliento se iba al igual que ella y entre la perturbadora escena vi el rostro de Stefan.

—¡Lía!—grito, pero incluso su voz se escuchó como un rumor lejano, lo vi correr hacia mí. Extendí las manos buscando consuelo y una explicación de lo que sucedía, pero al ver mis manos descubrí que estas estaban llenas de aquel liquido rojo. La sangre cubría mis manos como si fueran guantes adheridos a mi piel, entonces mi respiración se detuvo.

Antes de que mis manos tocaran las de Stefan, algo o alguien me tomo de los hombros, me jalo hacia atrás y luego sujeto mis manos con firmeza obligándome arrodillarme para después sujetar mi cabeza contra el suelo.

Desde ahí pude observar el cuerpo inerte de Savile, la sangre y el cuchillo, a Stefan que luchaba contra los guardias de la regencia del estado, los llamados «Grifas» que le habían impedido acercarse a mí y luego vi a mi padre, la expresión en su rostro lo decía todo, estaba desconcertado e iracundo, se arrojó sobre uno de ellos, intento pelear, pero inmediatamente lo arrojaron hacia el suelo, lo vi levantarse y luchar con furia para evitar mi detención porque eso era lo que hacían, estaban atando mis manos por la espalda.

Repentinamente mi padre tomo una gran roca que yacía en el suelo, lo hizo con la intención de alejar al guardia, pero este saco su espada, sin embargo, a mi padre no le importo y se abalanzo nuevamente hacia él, en un abrir y cerrar de ojos vi la espada de ese Grifa entrar y rasgar la carne de mi padre.

Grite, pero no escuche el sonido de mi garganta hacer el más mínimo ruido, era como si mi realidad se viera distorsionada, quizás una pesadilla, eso debía ser.

El cuerpo de mi padre cayo no muy lejos de mí, pero no tuve la facultad para tocarlo, intente, pero no pude, mi cuerpo estaba siendo sometido, entonces busque con la mirada a Stefan él también estaba siendo detenido y miraba hacia mi padre, quien no se movía ni hacia ruido.

Me levantaron y colocaron un saco oscuro en mi cabeza, todo a mi alrededor se volvió confuso, las voces, los ruidos, las texturas y entonces todo se apagó.

Hubo caos, yo era la razón, asesine a la amante del rey o al menos eso era lo que me gritaban. Me encerraron, me castigaron, pero no había justificación, yo era inocente. No hubo juicio, no pude defenderme, solo me leyeron una supuesta sentencia sin derecho hablar, morir en la horca, era la sentencia que había dictado el mismo rey.

Un año, eso me dijeron, que solo tenía un año más de vida, pero ese año sería un doloroso tormento.

En esa prisión había un estandarte rojo que tenía un grifo como escudo, ese animal estaba adornado con una corona. Cada vez que lo veía, entre los castigos, mi rabia me hacía maldecir a la persona que representaba, el rey.

Me jure a mí misma que si había una posibilidad de salir con vida de ese infierno, haría lo posible para hacerle pagar al rey todo cuanto había sufrido, la muerte de mi padre, la detención de Stefan y mis cicatrices. Todas mis heridas las pagaría de la misma forma, con dolor, sangre y muerte.

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Good Writing

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Compelling Plot

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