Mi único Destino by Killer Panda at Inkitt
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Mi único destino

Summary

El destino se empeñó en hacer que nos encontráramos y supongo que jamás podré dejar de agradecerle por hacerlo. Con tu dulzura, tu enorme corazón y tu delicioso olor hiciste desaparecer todo el miedo que alguna vez sentir y ahora te has convertido en la única persona que quiero a mi lado, siempre fuiste mi destino, Kyungsoo y jamás te dejaré ir. ✿ Pareja principal: KaiSoo ✿ Mención de otras parejas ✿Cambiaforma, A/B/O ✿ Estado: Emisión ✿ Extensión: x

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

01

Prólogo

Es tan difícil afrontar la vida después de un evento como ese. Cuando un miedo se asienta en tu cerebro y no te permite pensar en nada más que en cómo evitar que la situación se repita, como evita que una persona que amas, una persona por la que darías la vida corra peligro, porque, ¿y si dar la vida no es suficiente para salvarlo?, Si darlo todo, si tratar de protegerlo a toda costa resulta completamente inútil por un ligero descuido, ¿cómo poder anteponerse a eso?

Por eso, a este punto le resultaba jodidamente insoportable la insistencia de Jongdae sobre salir a pasear. Hace varios días tenía en su cabeza la idea de ir al bosque a pasear y pasar un rato juntos, pero no podía hacerlo, aun cuando esas tierras son parte de la propiedad del hombre, no significaba que nadie pudiera entrar y hacerles daño.

Podía volver, podía intentarlo de nuevo. Y eso no iba a permitirlo.

Negó de nuevo, ya con la irritación marcada por todo el rostro. Con fuerza, empujó la puerta cerrándosela en la cara, la risa del hombre llenó la casa, ahogada por el golpe, y esta se volvió a abrir, permitiéndole ingresar al lugar.

— ¡Vamos hermano! —Rogó— No puedes seguir haciéndote esto, mucho menos a él.

Decidido a ignorarlo, siguió con su camino hacia la cocina.

— Mira, yo sé que aún estás asustado, pero ya han pasado dos años, tienes que detenerte. Sé cómo te...

— ¡No! —Lo tomó por el cuello de la camisa mientras negaba, furioso— No tienes ni puta idea de cómo se siente, no tienes ni idea del miedo que me recorre noche tras noche, de no saber si volverá para hacerle daño. No tienes... no

— Jongin, el niño...

— Papá. —La voz baja y asustada de un niño interrumpió a los hombres, quienes se separaron al instante— ¡Pelean! —Se quejó el pequeño, haciendo un pequeño puchero.

— ¡Oh, pero por supuesto que no! —Rio Jongdae. Se acercó al pequeño y lo tomó en sus brazos, besando su mejilla dulcemente— Disculpa si gritamos un poco, no...

— Quiero ir —lo interrumpió y cuando Jongin volteó a verlo, se escondió en el cuello del hombre que lo cargaba— Pasear. Yo quiero ir.

El moreno se tensó y el miedo inundó la habitación.

— Hey, pequeño —susurró el otro hombre acariciando su cabeza— Sabes que no debes escuchar conversaciones de adultos.

— Pero yo quiero...

— ¡He dicho que no! No irás, así que vete a tu habitación. —Con los ojos inundados y conteniendo un sollozo, el niño luchó para bajarse de los brazos de su tío y corrió, saliendo de la cocina.

Ambos se quedaron inmóviles hasta que dejaron de escucharse los apresurados pasos por el pasillo. Jongin dio por terminada la plática dándose la vuelta e intentando salir de ahí.

— No puedo soportarlo más —gruñó Jongdae y el moreno se detuvo al notar como su voz se quebraba, volteó a verlo y tenía la cabeza agachada, sus hombros se sacudían— No puedo seguir viendo como destruyes tu vida y la suya. Sé cómo se siente, hermano, porque he visto como permites que el miedo se apodere de ti y ¡joder! Estoy tan asustado como tú.

— Dae...

— Me jode tanto no haber estado aquí aquel día, Jongin. Para haber acabado con el problema con mis propias manos y evitarte todo este sufrimiento, todo el miedo. Odio verlo llorar mientras duerme, ¡Mierda, Jongin! Odio... odio ver que no duermes.

— No puedo, no quiero perderlo de vista jamás...

— Tienes que salir, vivir, Jongin. ¿Qué pasará cuando él tenga que ir a la escuela?

— Puede tener profesores aquí en casa...

— ¡No! No puedes condenarlo a vivir encerrado entre estas paredes. Tiene que disfrutar de su vida, ¡por favor! Es solo un niño. Y tú también tienes que tratar de vivir, relacionarte con más gente, buscar a alguien que te acompañe.

Notó la clara negación en el rostro del moreno, así que bufando se acercó a él y lo tomó por las manos.

— Por favor, hazlo por él, hazlo por mí. —Buscó sus ojos y suspiró— Hazlo por ti.

Apartando la mirada y sin decir nada se soltó del agarre, dándole la espalda. Jongdae se quedó por un momento con los brazos estirados, sintiendo su corazón estrujarse al darse cuenta de que de nuevo había fallado.

Lo había intentado tantas veces y de tantas maneras y simplemente no podía convencerlo de que continuara con su vida. Era doloroso verlo arruinarse así y no permitir que el pequeño disfrute de su vida por miedo a que vuelva a correr peligro.

— Yo... —Comenzó a hablar Jongin, aclarando la garganta mientras intentaba tomar fuerzas para decirlo— Empacaré algo para comer. Dile que se prepare para ir a pasear.

Sin poder creerlo, con la boca abierta miró a todos lados.

— ¿Iremos? —Tartamudeo, cuando notó al moreno asentir lentamente, no muy convencido, sonrió— ¡Iremos!

El grito llenó la habitación antes de que el hombre corriera hacia la habitación del pequeño. Su amigo salió tan rápido de ahí que no le dio tiempo de arrepentirse de lo que había hecho, y no quería hacerlo, no quería arruinar la felicidad que había demostrado con ese efusivo grito y tampoco quería a su hijo triste porque no podía salir de ahí.

Aun cuando el miedo tiraba de él, no podía permitir que la vida de su pequeño siguiera el mismo rumbo, él no tenía la culpa de nada.

Mientras cambiaba al pequeño y se preparaba también él, luchó por convencerse de que realmente era un buena idea, que respirar otro aire los tranquilizaría un poco, estarían Jongdae y él, dos alfas capaces de proteger al pequeño niño.

Y por más que lo negara, y maldijera a su amigo mil veces por obligarlo a hacer eso, sabía que era algo que ambos necesitaban, el pequeño niño se hacía cada vez más solitario, silencioso y triste, y él odiaba verlo así.

Por el día parecía tranquilo, incluso parecía no recordar lo que le había pasado, pero durante la noche, gritaba y lloraba, suplicando para que Jongin lo protegiera, estaba destruyéndolo.

A él tampoco le estaba yendo bien con tanto encierro y estrés, más de una vez se vio gritándole a su hijo y eso no lo podía seguir permitiendo. Quizá unas salidas acompañado de Chen les vendría bien a ambos, Daehyun amaba a su tío y Jongin era consciente de que este daría la vida por el pequeño niño de tan solo cuatro años.

Iban en la camioneta de Jongdae, este los había obligado a subir ahí, ya que eso era una garantía de que no se arrepentiría a medio camino y decidiría regresar, contaban con él para eso. El moreno pellizcaba sus propios brazos tratando de mantener a raya a su lobo, quien se retorcía con fuerza en su interior, tratando de obligarlo a volver y poner a salvo a su cachorro.

Cada vez que miraba por la ventana solo se daba cuenta de que estaban alejándose más y más de la casa, las ganas de lanzar a su amigo por la ventana crecían proporcionalmente a la distancia que tomaban del único lugar que consideraba seguro para ellos.

Tenía que controlarse o terminaría haciendo algo de lo que se arrepentiría.

Jongdae estaba nervioso, podía notar al moreno enojarse bastante y la angustia crecer, no quería hacerle eso, lo que menos deseaba es acrecentar los terribles sentimientos que llevaba dentro desde aquel día, estaba ansioso por llegar al lugar que había elegido para pasar esa tarde y poder demostrarles seguridad a ambos.

Porque Daehyun también estaba aterrado, aun cuando sus ojitos curioseaban por todos lados y una sonrisa de alegría se extendía por su rostro, había preocupación en sus facciones y su olor era agrio, estaba nervioso por lo que le esperaba.

Cuando por fin llegaron, abrió la puerta y tomó una gran bocanada de aire, sentía que un segundo más en ese auto y se desmayaría, si como venganza Jongin estaba tratando de ahogarlo con el olor a miedo, estaba funcionando.

Porque, por supuesto, no le había permitido abrir las ventanas durante el camino.

— Hemos llegado —aseguró recuperando la compostura y yendo a abrir la puerta trasera del auto.

Jongin se mostró reacio a bajarse, pero cuando vio a su amigo tomar en brazos a su hijo no le quedó de otra, no lo llevó hasta ahí para tenerlo encerrado dentro de la camioneta. Tendría que enfrentar sus propios miedos si quería darle la seguridad que su pequeño necesitaba.

Cuando el aire fresco golpeó su rostro tembló y su lobo gruñó complacido, hacía ya mucho tiempo no había sentido la libertad del bosque, tal vez se había acostumbrado a vivir dentro de su casa, aislándose cada vez más día con día, pero una parte de él se marchitaba con ese encierro.

Solo necesitaba eso, aire fresco.

El grito de su hijo le erizó la piel y volteó detrás de él con sus ojos brillando, alerta. Chen llevaba al pequeño en sus brazos y este había gritado al verse incapaz de contener su emoción por lo que estaba viendo, por lo que estaba conociendo.

Jongin se escandalizó aún más cuando el hombre bajó al niño de sus brazos, cuando sus piecitos tocaron el suelo soltó un nuevo grito y brincando de alegría comenzó a correr, tocando todo lo que se le atravesara. El moreno intentó ir tras él, pero Jongdae lo detuvo, susurrándole un pequeño “déjalo” al oído.

Su lobo estaba a punto de salir y atacar a cualquier ser vivo que se encontrara cerca de su hijo, pero escuchar la alegre risa de este lo derribó por completo, se recargó contra el cuerpo de su amigo y suspiró.

¿Qué le había hecho a su hijo?

Un fuerte dolor atravesó su pecho y trató de agarrar aire, le dolía tanto pensar que le había causado algún tipo de daño a su pequeño, a la personita que más amaba en su vida.

— Tienes que liberarlo, Jongin —aseguró el hombre que lo sostenía, el hombre que lo ha sostenido por tanto tiempo— Y tienes que liberarte tú también de las cadenas que te has puesto.

Asintió, iba a intentarlo.

Se sentó sobre el suelo y al levantar la mirada para ubicar a su hijo vio como corría hacia él, se lazó y lo abrazó, haciéndolo caer hacia atrás, el pequeño rio escuchándose realmente feliz y enterró el rostro en su cuello, inhalando su aroma.

Daehyun estaba asustado, se estaba llenando con sus feromonas para tranquilizarse, y volver a la alegría que le causaba conocer.

El niño había vuelto a explorar el lugar, siempre bajo la vigilancia de ambos hombres, pero corriendo de arriba a abajo, arrancaba unas cuantas flores del suelo y corría a entregárselas a su padre y su tío, recibiendo sonrisas de parte de ambos, y después volvía a curiosear.

— Tranquilízate, hermano. —Acarició el dorso de su mano y le sonrió cuando sus miradas se encontraron— Nadie le hará daño, jamás lo permitiré.

Estuvieron un buen rato esperando que el pequeño dejara de inspeccionar el lugar y los tres se sentaron sobre el césped para comer lo que Jongin había preparado.

— Bueno —comenzó a hablar el pelinegro, sacudiendo sus manos— Es hora de enseñarlo a cazar.

Daehyun, con sus mejillas llevas de comida asintió frenéticamente con la cabeza, emocionado por la idea de que su padre y tío lo enseñaran, pero al dirigirle una sonrisa a su padre se dio cuenta de que no estaba de acuerdo con lo que su tío Dae había dicho.

Su expresión cayó y alcanzó a cubrirse los oídos antes de que comenzaran a discutir.

— ¿Estás loco, Jongdae? —Había gritado el moreno, tomando a su hijo y poniéndolo tras él— Eso no va a suceder.

— Es su naturaleza, Jongin, su lado animal lo necesita. —Intentó acercarse a ellos, pero Jongin estaba por completo a la defensiva, gruñéndole— Nosotros a su edad ya sabíamos cazar.

— Nosotros no corríamos el peligro que corre él, no vamos a hacer algo que implique perderlo de vista ni vagar por el bosque. No va a ser así, ¡y no está a discusión!

— ¡Dijiste que ibas a dejarlo ser libre!

— ¡No va a suceder, entiéndelo!

— No peleen —suplicó, manteniendo sus ojos cerrados con fuerza.

Chen dejó la expresión molesta y lo miró con una sonrisa tranquila, intentado tranquilizarlo, pero Jongin seguía con el rostro desencajado, dejando ver su enojo, asustando a su hijo.

— ¿Por qué no vas al auto y ahí nos esperas, pequeño? —Pidió agachándose para estar a su altura— Tu padre y yo tenemos asuntos de adultos que resolver.

Asintió quedamente y con los ojos inundados se dirigió hacia la camioneta, encerrándose en la parte trasera. Una vez que se aseguró de que el niño estuviera dentro, volteó hacia el moreno, seguía furioso.

— ¿Para eso nos trajiste aquí? —Rugió, avanzando hacia él— ¿Esto era lo que querías?

— Quiero que ese niño tenga una vida normal, ¡demonios, Jongin! Lo estás destruyendo.

— ¡No debes meterte! —Lo empujó— ¡Es MI hijo!

Sus ojos destellaron rojos, Chen no se sintió ofendido, sabía que solo era el miedo del moreno hablando por él, solo se sintió triste por saber que cambiar esa actitud sería tan difícil.

— Jongin —suplicó bajando el tono de voz, intentando que se calmara.

Pero él estaba más que furioso, el terror de que su hijo sufriera de nuevo lo hacía perder el control, tanto que, por estar peleando con su amigo no se dio cuenta del llanto incesante de su hijo, ni tampoco notó cuando bajó del auto y corrió lejos de ellos, tratando de huir del aterrador olor del alfa molesto. El pelinegro tampoco se dio cuenta, estaba tan concentrado en calmar al moreno que, cuando volteó hacia el auto y lo vio con la puerta abierta y vacío, sintió un hueco en el estómago.

— Jongin —jadeo y al ver que no le prestaba real atención, gimió— Jongin, no está.

El nombrado dirigió su vista hasta donde señalaba su amigo y sintió el miedo recorrer cada parte de su cuerpo.

— Daehyun —jadeó, corriendo hacia la camioneta— ¡Daehyun!

Un vistazo dentro bastó para darse cuenta de que no se encontraba ahí, olfateó el aire, sabía la dirección que había tomado su hijo, pero se estaba disipando, su pequeño niño estaba lejos de él.

— Mi niño —gimoteó, sintiendo sus piernas fallar, al intentar comenzar a correr, tropezó con sus propios pies y cayó sobre la tierra. Rugió una maldición y luchó por levantarse— Tenemos que encontrarlo.

Su voz ya no se escuchaba demandante ni autoritaria como hace un momento cuando estaba molesto, se escuchaba débil, estaba suplicándole a su amigo que encontrara a su hijo, porque él sentía que moriría ahí mismo.

Las lágrimas comenzaron a bajar y su espalda se arqueó con un fuerte rugido, ante su debilidad, su lobo había tomado el control. Transmutó y comenzó a correr, ignorando por completo los gritos de Jongdae, no le interesaba lo que tuviera para decirle, solo quería encontrar a su niño.

Agudizando su oído trató de ubicarlo, pero todos los sonidos del bosque de mezclaban con el golpeteó de su acelerado corazón, impidiéndole poder concentrarse. Había muchos olores alrededor y le costaba seguir el de Daehyun.

Aulló un par de veces, llamándolo, y al no recibir respuesta alguna aumentó la velocidad, jadeando, su corazón se aceleraba más y más, miles de escenas cruzaron por su cabeza, situaciones en las que su hijo terminaba herido, donde él no estaba ahí para protegerlo.

Un leve canto lo hizo detenerse de golpe, se quedó inmóvil por completo, gimoteando desesperado por agarrar aire y sus orejas se movieron, tratando de ubicar de dónde provenía el sonido. Comenzó a avanzar lento, bajando la cabeza y erizándose, el ruido parecía ser un tarareo, una lenta y dulce melodía.

Con cada centímetro que avanzaba, un dulce olor lo envolvía, una extraña combinación de melocotón y flores que lo hizo jadear, babeando, sus sentidos se encendieron y pasando un par de árboles más, encontró al dueño de tan exquisito aroma.

Había un omega y parecía estar liberando sus feromonas porque a todo su alrededor parecía haber una nube en la que Jongin deseaba fundirse.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el enojo lo invadió, ese omega estaba sentado sobre el suelo con la espalda recargada contra el tronco de un árbol y en sus brazos, contra su pecho y sobre sus lechosos muslos, se encontraba Daehyun.

¡Ese omega estaba tocando a su hijo!

El enorme animal rugió y unos hermosos ojos se posaron en él. Unos enormes ojos avellana con largas pestañas y una profunda mirada, unas regordetas mejillas sonrojadas y sus labios, tan gruesos como rojos. Volvió a rugir, pero diferente, un sonido más bajo.

Los ojos del pequeño niño también se abrieron, pero no volteó a verlo, observó al omega quien se tomó un segundo para sonreírle y después volvió a ver al enorme alfa.

Jongin no sabe cuánto tiempo estuvo observando al pálido chico, pero fue suficiente para que Jongdae lograra llegar hasta donde él estaba, se veía cansado. Vio la escena con sorpresa y después al enorme animal.

— Jongin —lo llamó, atrayéndolo a la realidad, sacándolo de esa dulce mirada que lo había atrapado.

Bramó amenazante y dio un fuerte pisotón, dispuesto a atacar. Asustado, el omega se levantó de golpe y puso al niño a su espalda, protegiéndolo del alfa. Daehyun, quien parecía estar en un trance por el olor que lo envolvía, reaccionó ante el movimiento tan brusco.

— Dae —dijo su tío, estirando el brazo hacia él, él niño le echó un vistazo a su padre, no estaba nada contento, así que corrió hasta Jongdae y tomó su mano.

El omega se tranquilizó un poco al notar que eran conocidos del pequeño. Pero tragó saliva porque el alfa que se encontraba frente a él estaba furioso. Comenzó a respirar de manera errática y a retroceder a la par de los pasos que el enorme lobo avanzaba hacia él.

De un momento a otro, el pálido se vio acorralado entre un árbol y el animal. Soltó un suspiro y sus ojos se abrieron demasiado, porque el olor que desprendía del alfa era tan delicioso. Lamió sus labios saboreándose.

El lobo volvió a gruñirle y le enseñó los dientes, lo único que pudo hacer fue jadear a la vez que ladeaba la cabeza, mostrando su cuello, lo que provocó un ronroneo complacido del alfa.

Pudo sentir la nariz del animal acariciar su cuello al olfatearlo y después su húmeda lengua acariciar desde su hombro hasta debajo de su oreja, haciéndolo gemir.

— ¡Papá, no lo lastimes! —Suplicó el pequeño niño intentando avanzar hasta él, pero Jongdae no lo permitió.

El omega reaccionó ante el grito y se liberó, comenzando a retroceder, hasta que tropezó con una rama y cayó sentado. Jongin, negándose a perder ese olor volvió a avanzar hacia él mientras gruñía.

— ¡Papá, lo asustas!

La voz de Daehyun hizo voltear al alfa, distrayéndolo solo un segundo, pero lo suficiente como para que el omega se levantara y corriera lejos de él.




-KillerPanda.

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Strong Dialog

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