01

— Has hecho un buen trabajo. —Un gruñido abandonó su garganta como respuesta, aún acuclillado en una posición de respeto— De nuevo, has cumplido con nuestras expectativas.
No respondió. No había necesidad de hacerlo.
El lugar, como siempre se veía frío y apagado a pesar de ser iluminado por la luz que entraba por los grandes ventanales tras el trono.
Terminando la felicitación le dedicó un asentimiento. Tensando la mandíbula, respondió de la misma manera y se puso de pie, pudo notar a los guardias al lado de ese viejo hombre ponerse alertas y un atisbo de sonrisa apareció en su rostro. Idiotas.
Actúan como si fueran capaces de detenerlo.
Se dio la vuelta y salió del lugar, yendo hacia donde había estado gran parte de su vida. vivía en un lúgubre edificio junto con muchos más alfas, hombres y mujeres que solo estaban ahí para ser utilizados como armas por Jiang.
Ese maldito hombre que tenía el poder de la vida y la muerte en sus manos solo gracias a él.
Estuvo un buen rato recostado en su cama, descansando de su última misión, cuando la puerta se abrió de golpe, no se molestó en abrir los ojos, no era necesario, sabía a la perfección de quién se trataba, la única persona que se atrevía a irrumpir así en un lugar que albergaba tanto alfa peligroso.
— Jiang —dijo como saludo, manteniendo sus ojos cerrados y las manos detrás de su cabeza, tenía tanto sueño.
Sintió algo caer sobre su pecho y gruñó, no porque hubiera dolido, sino porque sabía lo que significaba, era una carpeta y eso solo quería decir que alguien debía morir y que él tenía que encargarse de eso.
— Acabo de llegar, manda a alguien más —Con un manotazo lanzó la carpeta al suelo.
Pudo escucharlo rugir y por fin se atrevió a abrir los ojos, sentándose en la cama, el hombre se veía molesto, aterrador, o al parecer eso era lo que pensaban los demás alfas dentro de la habitación, porque enseguida empezó a oler a bebé con el pañal sucio, malditos cobardes.
— Irás tú.
— Jódete —murmuró— Estuve una semana fuera resolviendo el último desastre que ocasionaste, que alguien más se encargue de este.
— Eres el único en quien confiaría esto, es muy importante.
Su ceño se frunció al escuchar eso y levantó la carpeta, abriéndola para observar el perfil de la persona que corría con la mala suerte de estorbarle a Jiang. Estuvo unos segundos leyendo y sus cejas cayeron aún más, levantó la mirada y entre dientes, rugió:
— Salgan de aquí.
Todos los demás presentes no dudaron ni un segundo en abandonar la habitación, dejándolos solos. Se puso de pie y golpeó el pecho del hombre con las hojas.
— ¿Omega? —Cuestionó con una risita— No mato omegas.
— Tu matas a quien yo quiera. —Cansado de la situación, tomó la mano del alfa y puso el papel sobre su palma— No te preocupes, Lu, es una persona horrible e interfiere en mis asuntos.
— ¿Qué hizo el pobre chico?
— No es una blanca paloma, Luhan. Y necesito que lo elimines. —Le sonrió y puso la mano en su nuca tratando de parecer amistoso, pero apretaba con fuerza— Sabes que todos los demás son unos malditos cobardes, nadie se atrevería.
— No voy a hacerlo.
El hombre suspiró y se alejó, recargándose contra la puerta y cruzando los brazos.
— No te estoy preguntando, Luhan. ¿Es que acaso quieres redimirte? No importa lo que evites hacer, jamás cambiarás el hecho de que eres un monstruo, solo un arma y las armas no deciden a quién matar o no, yo lo decido, yo soy quien sostiene el arma, soy yo quien tiro del gatillo, tu solo obedeces y lo matas.
Tensó la mandíbula y desvió la mirada.
— Saldré en un rato.
— Buen chico —lo felicitó, dando unos leves golpecitos en su mejilla, se giró y estuvo a punto de salir, pero una vez en el pasillo, volteó— Y Luhan, no te arrepientas, porque de hacerlo, las mazmorras te estarán esperando.
⏳
Echo un vistazo a su alrededor y se adentró a las sombras, camuflajeado a la perfección y siendo completamente silencioso, no había ni un alma a esa hora de la madrugada por las calles, pero no se podía arriesgar a ser descubierto. Incluso su olor estaba completamente neutralizado, habilidad que había adquirido y pulido con los años, hasta hacerla perfecta.
Avanzó hasta estar en la propiedad y volvió a ver la imagen que le habían entregado para reconocer a su próximo objetivo.
La oscuridad tampoco era un problema, tantos y tantos años de entrenamiento habían cambiado muchas cosas en él, convirtiéndolo en lo que es ahora.
“El arma perfecta”.
Frunció el ceño al notar que había luz dentro de la casa, 2 de la mañana y ese omega seguía despierto.
Gruñó, eso complicaba las cosas de cierta manera, no es como que no pudiera con él, no lo conocía, pero estaba seguro que podría derribarlo con facilidad, con todos era así, omegas o no, pero el estar despiertos los hacía más ruidosos. Tendría que ser más sigiloso, volverse por completo invisible para así matarlo antes de que note que ha pasado.
Rodeó la casa, alejándose lo más posible del lugar donde provenía la luz y estando frente a la puerta trasera probó suerte, una sonrisa tiró de sus labios cuando la puerta cedió y se abrió sin ruido.
Ese chico le estaba dejando las cosas muy fáciles.
Comenzó a avanzar entre la oscuridad, asegurándose de no cerrar del todo la puerta, esa sería su ruta de escape, esquivó fácilmente los escasos muebles y agudizó su oído, ubicando al sujeto.
Parecía ser la cocina donde estaba, su respiración era tranquila y aunque el sonido de su corazón lo desconcertó un poco, no le prestó real atención, centrándose principalmente en llegar hasta ahí, parecía beber algo, podía escucharlo tragar, un suspiro y el ruido del vaso golpeando la madera cuando lo dejó sobre la mesa.
Y sus pasos.
Lentos y pesados, como si cargara mucho peso.
Estaba saliendo de la cocina, dirigiéndose hasta donde él estaba, al abrir la puerta y dejarle el libre paso a la luz sería capaz de verlo desde su posición, por lo que buscó rápido un lugar donde pudiera ocultarse.
Se colocó detrás de un mueble alto y contuvo la respiración, la puerta se abrió y la madera bajo los pies del omega crujió cuando avanzó fuera de esa habitación, era hermoso, tanto como se podía apreciar en esa imagen.
Bastante bajito y su piel tan pálida, mejillas regordetas y una linda sonrisa adornando su rostro mientras acariciaba su estómago, el cual el hombre notó, una vez que el omega se giró, era bastante grande. Su sangre se heló.
Estaba embarazado.
Su vientre era enorme y lucía pesado, parecía estar a punto de tener al bebé, pero él en realidad no tenía idea de cómo calcular eso, jamás estuvo cerca de un omega en ese estado. Cerró sus ojos y se pegó a la pared, tratando de volverse uno con esta y desaparecer de ahí.
El chico, ajeno a él, comenzó a caminar por un pasillo, al parecer dirigiéndose a su habitación, lo escuchó cerrar la puerta y gruñó.
— No comentaste su estado —murmuró, mirando hacia todos lados, pensando que era lo que debía hacer— Estorba en tus asuntos, ¿no es así? Maldito bastardo, embarazaste a un omega y ahora quieres deshacerte de él —rugió, sin encontrar otra explicación.
Se quedó un par de minutos ahí, parado sobre la sala, en la casa de su nuevo objetivo, un omega que llevaba en su vientre un cachorro, su próxima víctima. Vaciló un poco, algo que jamás había hecho, pero esa situación no se podía comparar con sus otros trabajos, no estaba ni cerca de ser tan reprochable.
Tragó saliva y frunció el ceño, estaba ahí por un trabajo y no podía irse sin realizarlo. Ya había visto antes lo que les pasaba a los alfas que fallaban en sus misiones y no deseaba que le sucediera a él también.
Además, no podía volver a entrar en las mazmorras, eso jamás.
Sus pies comenzaron a moverse, dirigiéndose hacia el camino que había tomado anteriormente el omega, abrió la puerta de la habitación y lo vio sobre la cama dormido, miles de cosas pasaban por su cabeza, pero se obligó a ignorarlas y centrarse en lo que debía hacer, ahí no había un omega embarazado, solo era un objetivo del cual debía deshacerse, era su trabajo y él solo vivía para cumplir órdenes.
Sacó su catana y la puso contra el cuello del chico, no solía usar armas de fuego, eran ruidosas, siempre prefirió las armas blancas, sobre todo si eran grandes, no era discretas a la vista, pero considerando que el alfa jamás dejaba que lo vieran, no representaba un problema.
Ya estaba ahí, solo tenía que presionar, poner un poco de fuerza sobre el arma y abrir la delicada piel, solo tenía que cubrir el filo de sangre, así podría volver y sacar todo eso de su mente.
Tendrían que compensarlo y muy bien por eso, joder, los mataría a todos si no lo hacían.
— Jodido idiota —rugió y cuando los ojos del omega se abrieron de golpe supo que lo había dicho en voz alta, lo suficiente fuerte como para despertarlo.
Su expresión se deformó en completo terror al analizar la situación en la que se encontraba, gimió y lo primero que hizo fue cubrir su abultado vientre con sus brazos. La mirada del alfa se dirigió inmediatamente ahí, el bebé parecía estarse moviendo.
Tensó la mandíbula y dio un par de pasos atrás, aún con el arma apuntando hacia el chico, demostrándole que seguía con la intención de matarlo.
— ¡Por favor no! —Lloró el omega, sus mejillas se mancharon de lágrimas y su labio temblaba, bueno, realmente todo su cuerpo estaba temblando— No diré nada, por favor. Le prometí que no diré nada y lo voy a cumplir, solo no nos mates.
Sus sollozos comenzaban a volverse más y más escandalosos, pero sus palabras no sirvieron más que para confirmar lo que él alfa ya sospechaba, esa misión no era para nada más que tapar la porquería de Jiang.
— No hagas esto, te lo suplico —siguió insistiendo.
Su llanto era doloroso y crudo, suplicar parecía ser ya la única esperanza del pequeño omega, no era tonto, aun con la oscuridad de la habitación podía notar la figura del alfa, era grande y musculoso, no exagerado, pero si lo suficiente como para que no tuviera oportunidad alguna contra él, tampoco es como si estuviera dispuesto a luchar, su bebé podría resultar herido en el proceso.
El alfa comenzó a respirar con fuerza y gruñó, sabía que sus ojos destellaban rojos porque el chico se veía aún más aterrado, pero no pudo evitarlo, estaba perdiendo el control.
Al notar eso, el pálido chico sollozó y se hizo ovillo, tratando de proteger su vientre con todo su cuerpo y meciéndose sobre el colchón.
— Lo siento tanto, mi amor —gimió, ya no le interesaba ver al hombre que habían mandado para matarlo, solo quería ver a su bebé— Perdóname, no pude protegerte, espero que me perdones, mi vida. Te amo con mi alma entera, ¡Dios! —Gritó entre el llanto, negando— Deseaba tanto conocerte, mi niña, nos iremos juntos, estaré siempre contigo, mi bebé, juro que no te dejaré sola.
El alfa suspiró, tensando la mandíbula ante las palabras del omega, ante su llanto y dolor, jamás le importaron al súplicas de sus víctimas, porque por más que intentara llamarlos “objetivos” para que el peso fuera menor, seguían siendo solo víctimas del monstruo en el que se convirtió, y este chico no podía ser una excepción.
— Lo siento —murmuró entre dientes y levantó la daga.
Acabaría con esto de una vez.
⏳
— Está hecho, señor.
Sosteniendo el celular contra su oreja soltó eso, cada una de esas palabras rasparon en su garganta y lo hicieron desear vomitar sangre. sentado en el sofá cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, queriendo gruñir por el molesto dolor que comenzaba a taladrar en su cien.
La línea de quedó un momento en silencio.
—¿Esta hecho? —Preguntó, se escuchaba sorprendido.
—¿Lo dudaste? —Rugió, sintiéndose ofendido y limpió la sangre en su mano con la tela de su pantalón.
— Vaya, eres más vil de lo que creía. —Comenzó a reír— Nunca me decepcionas.
Gruñó como respuesta y estaba a punto de colgar, pero la voz contraria lo detuvo.
— Una cosa más. —Su voz se volvió dura— Quiero que me traigas su cabeza —dijo como si fuera nada y aclaró: — Para estar seguros.
— De acuerdo —murmuró, sintiendo la ira recorrerlo, sus manos cosquillearon imaginando lo que tenía que hacer, gruñó— ¿Y quieres solo la de él, o también la del bebé?
Un largo silencio y después una pausada risa carente de gracia, simplemente para dejarle saber que su comentario no era tomado más que por una broma.
— Solo la de él, no soy tan sádico.
— Está bien. Me encargaré de arrancársela.
Pudo escuchar arcadas al otro lado y sonrió, por fin colgando el celular, aún con su cabeza contra el respaldo del sofá abrió sus ojos, centrando su mirada en el techo.
— ¿Arrancarme qué? —Escuchó una voz a su lado y volteó hacia él, el pequeño omega curaba la herida que el alfa se había hecho en la mano, mientras lo miraba nervioso.
— Tienes que irte, omega —aseguró— Debes huir, lo más lejos que puedas y ocultarte, escapar, solo así podrás asegurar la vida de tu hija.
— ¿Tú volverás ahí?
— No —sentención, sintiendo esa corta palabra pesar un mundo sobre su lengua— Solo puedo volver si llevo tu cabeza entre mis manos.
La expresión del omega se transformó en terror puro y negó.
— Pero no va a ser así, no te preocupes.
Se quedaron callados, el omega sin saber que decir y Luhan, él solo pensaba en qué carajo haría ahora que ya no podía regresar a donde había estado toda su vida, no tenía un lugar a dónde ir y tendría que huir también, porque en el momento que vieran que no había cumplido con la misión lo tacharían de traidor y lo cazarían hasta tener su cabeza en una lanza.
Su celular vibró sobre su mano y al ver el reciente mensaje de Jiang apretó los ojos, porque en este le informaba que ya iban personas a recogerlo, que esperaba y tuviera ya todo listo para regresar.
— Levántate —le ordenó al chico, cuando este lo obedeció, lo tomó con fuerza por el brazo y lo llevó de nuevo hacia la habitación— Toma en una mochila ropa, todo lo que necesites. ¡Solo lo indispensable! —Con sus ojos muy abiertos, este lo observaba con confusión y cierto temor— ¡Apresúrate, omega! Tenemos que salir de aquí.
Mientras tomaba algo de su ropa y corría desesperado por todos lados pensando en qué podría necesitar, Luhan se mantuvo en medio de la habitación, solo observando hacia la cama, pensando en lo que estuvo a punto de hacer hace apenas unos minutos.
Había estado dispuesto a acabar con la vida de un omega, y no solo eso, sino uno que cargaba con un cachorro en su vientre. Había logrado detenerse a centímetros del pálido cuello contrario y soltó el arma bruscamente, provocando la herida en su palma.
Se había sentido tan mal por lo que iba a hacer que incluso el omega se atrevió a consolarlo al ver que realmente no quería matarlo.
— Mi nombre es Ming —susurró mientras cerraba la mochila y la colgaba en su espalda.
— Lo sé —aseguró, quitándole esta y cargándola él, no pesaba mucho, pero el chico ya llevaba bastante peso encima— No suelo llamar a mis objetivos por su nombre, así es más fácil.
— Pero ya no soy tu objetivo, ¿verdad?
— No, Ming, ya no lo eres, andando.
Juntos salieron por la puerta trasera y el omega se dejó guiar lejos de ahí, no era su hogar, ya antes había tenido que abandonar su casa, cuando supo que llevaba vida en su interior tuvo que escapar para protegerlo, al parecer de nuevo lo habían encontrado.
Luhan observó como Ming mantenía una de sus manos sobre su vientre en todo momento, como si quisiera protegerlo de todo, debía amar demasiado a su bebé. El alfa estaba desesperándose, habían conseguido alejarse bastante cuando recibió otro mensaje que le preguntaba dónde carajo estaba, pero creía que aún no era suficiente. Jamás sería suficiente.
Decidió que ya no necesitaba más su celular y lo tiró al suelo, pisándolo en caso de que intentaran rastrearlo con eso, lo dudaba mucho, el maldito cobarde de Jiang aún no se atrevía a utilizar ese tipo de tecnología, tenía miedo de lo que pudiera salir a la luz sobre él mismo.
Incluso tuvo que haber mucha insistencia de parte de Luhan para que le entregaran un celular, había accedido para facilitar las cosas, pero tenía que reportarse en todo momento y borrar constantemente toda la información del aparato.
El omega comenzaba a caminar más y más lento, jadeaba y apretaba su vientre, bastante agotado.
El alfa no estaba ni un poco cansado, y detenerse le parecía todo menos seguro, pero sabía que era necesario, no podía forzar a Ming en su estado, tendrían que descansar.
Lo llevó dentro del bosque y pidiéndole que se sentara y se quedara ahí tranquilo por un momento, se encargó de reunir todo para poder pasar la noche ahí, encendió fuego y logró cazar algo para alimentarse ambos, además con grandes troncos y ramas construyó un pequeño refugio donde el omega pudiera dormir tranquilo.
El idiota de Jiang lo había entrenado toda su vida para lidiar con situaciones así, sin saberlo, lo había preparado para escapar de él con éxito. Pensó mucho en qué podría necesitar el omega para que su bebé estuviera bien, decidió cocinar un poco la carne porque así sería más fácil ingerirla en su forma humana, sin bajar la guardia se sentó frente a él mientras lo veía devorar lo que le ofreció.
Ming lo observó algo avergonzado por cómo estaba comiendo, y cuando vio que el alfa no tenía nada, frunció el ceño, ofreciéndole. Negó.
— Come.
— También tienes que comer, no soy el único que tiene un largo camino por delante... —Alargó un poco la última palabra y lo observó con curiosidad, estaba esperando que le dijera su nombre.
Se vio un poco reacio a hacerlo, pero al final, ¿qué más daba? Había traicionado a su rey y escapado con el omega.
— Soy Luhan.
— Lindo nombre, Luhan —aseguró sonriendo— Ahora come.
Sin darle espacio a réplicas le entregó un pedazo de carne, el alfa comenzó a comer lentamente, dándole pequeños mordiscos y masticando por un largo rato, esto el omega no lo notó, ya con la idea de que él tuviera algo de comida fue suficiente para seguir con la propia.
Ming terminó, asegurando que estaba lleno y bostezando al aire. Luhan lo ayudó a levantarse del suelo y lo llevó hasta el pequeño refugio.
— Anda, duerme —ordenó, ayudándolo a entrar— No te preocupes, me quedaré vigilando.
Con un pequeño asentimiento, el omega se recostó sobre la cama de hojas que había hecho para él y cerró sus ojos, dispuesto a dormir un poco.
— Lu. —El alfa volteó al escuchar su nombre— ¿Por qué alguien tan bueno como tú estaba ahí con Jiang?
— No soy bueno, Ming —gruñó— He asesinado a muchas personas y estuve a punto de matarte a ti y a tu hija, no cuestiones eso, solo duerme.
— No eres malo —susurró, como si no quisiera que lo escuchara, pero claro que lo había hecho— Pero te topaste con alguien que es en verdad malo.
Sabía que se refería a Jiang, pero no dijo nada más, el silencio reinó el lugar y un fétido olor a tristeza comenzó a flotar en el aire, Luhan gruñó, no le gustaba ese olor, sin saber que hacer, decidió que tal vez hablar de otra cosa cambiaría su estado de ánimo.
— ¿Cuánto tienes de embarazo?
Al instante pudo escuchar el corazón del omega volverse loco y el olor cambió a dicha pura. Sonrió.
— Cinco meses —afirmó, emocionado.
— ¿Cinco?, ¿Solo cinco? Joder, estás muy gordo —dijo sin pensarlo, estaba bastante sorprendido.
— ¡Oye! Eso no se le dice a un omega —se quejó, Luhan estaba a punto de disculparse cuando escuchó una leve risa— Mi niña está muy grande.
El alfa asintió con una pequeña sonrisa en sus labios y escuchó como, poco a poco, la respiración del omega se volvía más y más lenta, hasta que por fin se quedó dormido. Estuvo sentado un par de minutos más y después comenzó a levantar todo, iban a irse en cuanto Ming recuperara algo de energía y tenía que eliminar toda la evidencia de que estuvieron ahí.
Como el omega ya había quedado satisfecho, Luhan se atrevió a saciar su hambre, claro, asegurándose de guardar bastante por si el chico quería durante el camino.
⏳
Los días pasaron, a tres días de llevar una semana huyendo, estaban agotados. Se la pasaban caminando de pueblo en pueblo y por las noches dormían en el bosque o en un hostal en el pueblo en el que se encontraran, siempre asegurándose de que no le vieran mucho la cara, o que no notaran el estado del omega, lo cual resultaba difícil por su enorme barriga.
Guiándose por sus sentidos lo supo, el siguiente pueblo al que llegarían era perfecto para que el omega se pudiera instalar y esconder, era lo suficiente alejado de su antigua casa y más importante, de Jiang.
Cuando llegaron, aun siendo de día pagó por una habitación y le dijo a Ming que se quedará ahí a descansar mientras él iba a conseguir un lugar donde pudiera quedarse. No podía estar siempre en hostales, eso de alguna manera u otra dejaba registro de su paradero, una casa parecía más apropiada para ocultarse.
No le fue difícil encontrar una, y en ella se fue casi todo el dinero que le quedaba, pero estaba feliz porque el omega tendría un lugar seguro para él y para su bebé, fue por él y lo llevó hasta su nuevo hogar.
— ¿Qué es esto? —Había dicho él, bastante sorprendido, sin poder creer lo que el alfa le estaba diciendo.
— Es tu casa, aquí estarás bien y podrás cuidar de tu hija.
— ¿Cómo conseguiste esto?
— Lo compré.
La simpleza con la que lo dijo lo hizo fruncir el ceño, lo pensó por un buen rato y después lo miró a los ojos.
— Pensabas escapar, siempre fue tu plan, por eso llevabas tanto dinero contigo, ¿no es así? —Preguntó, cruzando los brazos sobre su pecho— Nunca planeaste matarme.
— Planeaba matarte, Ming, iba a hacerlo de verdad —aseguró, sintiéndose tan avergonzado por eso— Pero el que me hicieran matar a un omega era lo último que les iba a permitir hacerme, tú ibas a ser mi última víctima y me iría.
— Gracias por no matarnos. —Con un sollozo, el omega se acercó a él y lo abrazó con fuerza.
— Ming —lo llamó, tomándolo por los hombros para que lo viera a la cara— Tienes que vivir con muy bajo perfil, ¿sí? Y jamás, escúchame bien, jamás bajes la guardia, que estés aquí no significa que dejes de huir.
Frunció el ceño y retrocedió un poco, entendía a la perfección lo que le decía, desde un principio supo que debía ser así, pero una duda comenzó a taladrar en su cabeza.
— ¿No te quedarás conmigo?
Negó con una exhalación y su voz fue baja.
— No, Ming.
El omega intentó no reaccionar ante sus palabras, pero le fue imposible, sus ojos se inundaron y soltó un sollozo, cubriendo su rostro con sus manos, tenía tanto miedo de quedarse solo.
El horrible olor de la tristeza volvió y Luhan comenzó a desesperarse, se acercó y tomó el rostro del omega entre sus manos.
— Escúchame —pidió— Si me quedo a tu lado, será más peligroso para ti. Ming, tú podrás llevar a su hijo en tu vientre, una prueba clara de su adulterio y podrás destruir a su familia, pero yo, aquí. —Señaló su propia cabeza— Tengo todo para destuirlo a él y a su imperio completo.
— No quiero estar solo —lloriqueó.
— ¡Escúchame, Ming! —Su voz salió como un gruñido desesperado— A mi jamás dejará de buscarme, va a dar la vuelta al mundo entero para poder deshacerse de mí, no va a haber piedra que no levante para ver si me escondo bajo ella, porque yo represento un gran peligro para él, más que cualquier otra persona, mucho más que tú. Se cansará de buscarte, y te dejará en paz, pero a mi no. Si me quedo a tu lado, es una garantía de que va a encontrarnos, necesito que estés bien y tranquilo para tu pequeña.
— Pero...
— No vas a estar solo de nuevo, Ming. Tu hija no permitirá que eso pase. —Con un puchero asintió, acariciando con lentitud su vientre— Y no te preocupes, me encargaré de guiarlo lejos de ti.
Ming lo aceptó, no tuvo más remedio que hacerlo.
Luhan se quedó con él un día más, el omega le cocinó y lo hizo comer mucho, hablaron de tantas cosas y por la noche, el alfa lo acompañó y cuidó su sueño, pero cuando el chico despertó, ya no estaba ahí en su habitación con él, ni en ningún otro lado.
Se había ido.
El hombre ya estaba bastante lejos cuando terminó de amanecer, Luhan se encargó de sembrar pistas y rastro falso de él y el omega en dirección opuesta al lugar donde se había quedado Ming, y una vez que estuvo seguro de haberlos mandado lejos, emprendió su propio camino.
De nuevo fueron días pesados, pero ahora sin el omega, era más fácil avanzar, ya no tenía que preocuparse tanto, dormía, solo si lo necesitaba, sobre el suelo o contra los troncos de los árboles, comía poco y seguía avanzando, el mismo deseo de alejarse le impedía sentir cansancio.
Pasó por un par de pueblos, pero ninguno de ellos le dio la confianza para quedarse, hasta que, a casi una semana de haber dejado al omega, llegó a lo que parecía ser un tranquilo pueblo, era grande y poblado, pero no llamaba la atención, no era la gran cosa. Era perfecto para quedarse por un par de días.
Antes de buscar un lugar donde podría quedarse decidió observar un poco más, ver como se desarrollaban y asegurarse de que no hubiera nada sospechoso, era un buen observador, era una de sus cualidades más fuertes.
Trepó una casa grande y se sentó sobre el techo triangular, mirando a la gente pasar. Estuvo ahí el tiempo suficiente como para que sus piernas comenzaran a hormiguear, pero no quería levantarse, no había presenciado tal tranquilidad en ningún lugar antes.
Normalmente los pueblos a los que iba se encontraban en guerra o pasaban por situaciones precarias, y en todos ellos estaba involucrado Jiang, al parecer se trataba de un lugar que no había sido tocado por esas sucias manos. Había un aire fresco y suave que acariciaba su cara mientras él, con los ojos cerrados, inhalaba ese agradable olor que parecía traer el viento.
— ¡Señor Sehun! —El grito lo hizo dar un salto y sorprendido, se dio cuenta de que estaba distraído, después de años y más años de estar alerta, se había perdido en sus pensamientos.
En la calle abajo de él se encontraba una niña de quizás unos diez años, llevaba bolsas que parecían pesadas en sus manos y corría con dificultad hasta un hombre.
— Yeon-ji, ¿qué es lo que haces aquí?
La melodiosa voz llegó a sus oídos y sus sentidos se encendieron, frunció el ceño, tratando de apreciar bien la imagen de ese hombre.
— Compras —aseguró, intentando alzar las bolsas para mostrárselas, pero parecían ser demasiado pesadas para sus delgados brazos— ¿Podría ayudarme?
— Por supuesto que sí.
El sonido volvió a acariciar sus oídos y sin quererlo soltó un gruñido suave y bajo.
El alto hombre se inclinó y con una sola mano tomó las bolsas, la niña estiró sus brazos y el hombre, con una risa que casi hizo caer a Luhan, la levantó a ella también, comenzando a caminar, perdiéndose de su vista.
Cuando logró ver por un segundo su rostro, se mordió el labio, mandíbula marcada, hermosos ojos y una sonrisa amplia, dejando ver sus caninos, tras él, una espesa nube con olor a chocolate amargo y un toque dementa lo seguían. Joder.
Tenía unos grandes brazos, un cuerpo atlético y su olor era fuerte.
Definitivamente era un alfa.
Y Luhan moría por acercarse y olfatearlo.