Prólogo
Tengo la firme creencia de que el aire en el orfanato es mucho menos respirable que el de afuera.
Aunque realmente no es como que haya pasado tanto tiempo al aire libre para fundamentar mi teoría. La mayoría de mis salidas, así como las de los demás huérfanos, son a museos o teatros, incluso en mi caso personal, en otra vida y tiempo podría haber incluido en esa lista mis reiteradas visitas al hospital, pero realmente eso quedaba en el pasado y ya no tenía razón para volver.
Y no me malentiendan, los tres años que he pasado en este lugar han sido los mejores de mi vida y estoy sinceramente agradecida con la persona que se dio cuenta de la miserable relación que llevaba con mis padres biológicos y produjo que me trajeran aquí. Pero, había tantas personas, tantos niños y niñas que habían sufrido situaciones parecidas a la mía, tal vez peores, que ni siquiera estoy segura de en qué momento empecé a sentir el aire más pesado. El ambiente más abrumador.
Tal vez podía deberse a que tampoco tengo muchos amigos, hoy cumplo dieciséis y eso me convierte en una de las chicas más viejas del Orfanato Santa Clara.
¿Aún existe alguna posibilidad para mi de ser adoptada?
Tal vez no.
¿Me deprime?
Puff, claro que no. Estoy bien aquí. Nos dan cinco comidas al día, hay un gran surtido de ropa para todos e incluso juguetes para los más pequeños. ¿Quién necesita el amor o la sensación de un hogar? Yo no.
La hermana Dominga incluso se había molestado en reunir a todos los huérfanos y sentarlos alrededor a festejar mi cumpleaños. Nunca he sabido que cara debo poner a la hora de la canción, así simplemente sonrió y bajo la mirada a mi torta. Es lo suficientemente grande para que todos obtengamos una pequeña porción, yo recibiré las velas de chocolate, pero probablemente los más jóvenes me mirarán con su tiernos y enormes ojos de niños sin familia y no me quedará otra opción que intercambiarlos por algunas de mis labores semanales. Una verdadera pena.
"Feliz cumpleaños, Morgan"— leí en el glaseado.
Esa soy yo, Morgan. Solo Morgan. Morgan sin apellido. Morgan sin familia.
Cuando la canción finaliza, escucho los aplausos y la exigencias para que pida mi deseo, así que cierro los ojos y soplo las velas. Pero sin desear nada, porque sé que al final no importa cuánto desees las cosas, no es probable que lo que anhelas se cumpla.