Capítulo 1. Jeon Jungkook
Hay algo sórdido en este club. Algo que siempre estaba ausente en mi club anterior, La Mansión. Mi viejo refugio en las afueras de Seul, me sentía como en casa. Los lujosos jardines, la decoración refinada, el entorno social. Se sentía como una extensión de mi vida, y lo era.
The Hux es solo un lugar al que vengo a follar.
Todo gira en disfrutar de una iluminación débil y erótica, la niebla de gemidos que te siguen en todas partes se cimenta en la cabeza, permaneciendo mucho tiempo después de haber dejado el edificio. Todo ocurre siempre en cámara lenta. Personas caminando, gente hablando, bocas moviéndose tan lentamente que puedes bastante leer cada palabra que es dicha. Hablan de fantasías, de intenciones y de esos deseos más profundos y oscuros. Aquí no hay nada sagrado.
No hay misterio o intriga.
Atraviesas esas puertas de una calle trasera de Seúl y sabes exactamente lo que vas a conseguir.
Sexo. Sexo del sucio.
El rollo sin emociones que me gusta. No tengo tiempo para las complicaciones de una relación.
De pie detrás de su figura arrodillada, enrollo las cadenas alrededor de su cuello y aprieto, sólo un poco, hasta que su respiración es aún más superficial que el orgasmo que la ha atravesado. Me sumerjo, acercando mi cara a la suya.
— Gracias por jugar.— Susurro en su oído, antes de mover mi boca hacia el sur y morderle la mejilla.
Ella gira la cabeza y sus ojos me miran fijamente todavía albergando un hambre sin fin.
Hambre de mí.
La libero, dejándola de rodillas, me meto en el cuarto de baño contiguo y tomo una ducha, lavando el potente olor a sexo. Una vez que me he secado, me miro en el espejo, mis ojos grises cansados, mi cabello oscuro despeinado y cayendo sobre mi frente, cubriendo los pocas arrugas que se han formado en los últimos años.
— No está mal para treinta y nueve, Jeon.
Me pongo de nuevo mi traje y hago mi camino a través del club mientras reviso mi teléfono para ver dónde están los chicos. Ahora he liberado un poco de tensión, es hora de tomar una cerveza.
…
— Oye, Jeon.
Me detengo y me volteo, viendo al dueño de este pozo de placer decadente, Cole Hux, cerrando la cremallera de sus pantalones, su enorme pecho desnudo, la hinchazón de sus bíceps brillando de sudor bajo la tenue luz.
— ¿Qué pasa, Cole?
— Aquí— . Su figura de casi dos metros está delante de mí en unos cuantos largos pasos, su enorme mano sosteniendo un trozo de papel.
— ¿Qué es esto?— pregunto, tomándolo tentativamente.
— Novato.— Se da vuelta y se aleja a su oficina — El niño bonito dijo que quiere a alguien frío, sin emociones, y sucio.
— Así que pensaste en mí— me digo a mí mismo, mirando el nombre y el número de móvil.
—Jimin.— Me sorprendo, metiendo la nota en mi bolsillo y dirigiéndome hacia mi auto. Puedo hacerlo frío, sin emociones, y sucio. Con poco esfuerzo. En realidad, sin esfuerzo.
Estoy rodando mi hombro mientras entro en el bar, trabajando algo de la rigidez en una leve mueca de dolor. Ha sido una semana larga en la oficina, pero con ocho ventas hechas, uno de los cuales era un sobrevalorado ático en Gangnam que ha estado en el mercado por más de un año, se podría decir que ha sido una gran semana para los negocios.
Encuentro a Hoseok, uno de mis amigos más antiguos, en el bar solo y me le uno, una cerveza listo y esperando por mí.
— ¿Dónde está Siwon?— Pregunto mientras tomo el taburete a su lado.
Los tres hemos mantenido nuestra hora semanal de tiempo de hombres por tanto tiempo como nos hemos conocido, y solamente en algunas raras ocasiones en décadas ninguno de nosotros ha faltado. Entonces, ¿dónde está?
La mirada que me da Hoseok está llena de diversión que intenta ocultar por simpatía.
— ¿Quién lo ha molestado?— Golpeo mi cerveza y la tintineo con la de Sam.
— Te daré dos conjeturas— inclina la botella a los labios, sus ojos bailando con diversión.
—Choi Neul .— No necesito dos conjeturas.
— ¿Cómo puede un hombre enfadarse tanto por una niña de siete años?
Hoseok se ríe, disfrutando de la desesperación de nuestro pobre compañero.
— No es como tu Yeri.
Sonrío ante la mención de mi niña.
Mi tranquila y dulce niña. Ella se parece a mí. Tiene mi naturaleza reservada y tranquila. Estoy tan contento, ya que odio a su maldita madre. La tendré de nuevo de Lisa el sábado, gracias a Dios. Los tres días a la semana que está lejos de mí son largos y solitarios.
— ¿Cómo está Tae?
— Horneando su trasero. Es temporada de bodas.— El alcanza hasta su hombro y cepilla una mancha de harina. — ¿Tuviste una buena semana?
— Gran semana.
Hoseok me echa un vistazo, sus ojos aterrizando en mi entrepierna.
— ¿Has estado en el club?
Miro hacia abajo y encuentro mi cremallera baja. Rodando mis ojos, sostengo mi botella en mi boca por el cuello mientras me abrocho.
— ¿Celoso?
— No. Estoy muy contento con mi chico, muchas gracias.— Me rechaza en un instante.
Sonrío por dentro.
— Estoy disponible si me necesitan.— Eso de repente me regresa su atención, y no es una atención positiva.
— Sólo decía.— Levanto mis manos, una demostración de rendición.
— Bueno, no lo hagas.— Mi alegre compañero, cuyos ojos están constantemente brillando alegremente, está a punto de gruñirme.
— Fue una sola vez hace ocho años.
Me volteo a la barra, llevándome mi diversión rápidamente antes de que me golpee. Una vez, hace ocho años, el novio de Hoseok decidió que quería incursionar en todas las cosas pervertidas.
Le dimos lo que el quería.
Hombre, le dimos lo que el quería. Yo no me involucro, nunca lo hago. Pero Hoseok lo hizo.
Me palmea la rodilla y miro hacia la puerta donde está mirando, encontrando a Siwon hacia nosotros con cara de pocos amigos. Rápidamente señalo al barman para una cerveza.
— ¡Mi hombre!— Hoseok canta, golpeando la superficie del bar.
— Joder— gruñe, y me río entre dientes, preparándome para un discurso sobre todas las cosas concernientes a su hija. Neul es intensa. Palabras de Siwon, no mías. Golpea su culo en el taburete y prácticamente arrebata la cerveza de la mano del barman.
Cerramos la boca, frente a la barra, echó un vistazo por el rabillo del ojo para encontrar a Hoseok sonriendo alrededor de la boca de su botella. Se lo está buscando.
Me aclaro la garganta y me meto en una conversación de hombres para distraer a Siwon de su estrés de papá, al mismo tiempo distraer a Hoseok de llevarlo a comportarse como un loco.
— Tengo...
Soy interrumpido cuando el teléfono de Siwon suena, y el silencio cae mientras todos miramos a su pantalla, donde el nombre de Liu está parpadeando mientras la luz advierte que es ella.
— Oh cielos.— Suspiro mientras Siwon lo arrebata de la barra.
Mis hombros se levantan, un pobre intento de taparme los oídos, y me estremezco con el profundo dolor punzante.
Hijo de puta.
Me estiro y me froto los músculos. Necesito solucionar cuanto antes este dolor de hombro.
— Esto no es negociable, Liu.— Siwon responde en saludo, claro y al punto.
Los labios de Hoseok se comprimen con risa contenida, ganándose una patada debajo la barra de mí parte y una mirada asesina de Siwon. Se encoge en su taburete, aunque su risa está justificada: todos sabemos que el espíritu de Liu saca de quicio a Siwon, pero mostrar cualquier diversión u ofrecer consejo es un error fatal. He sido amigo de Siwon el tiempo suficiente para saber que mi opinión importa una mierda cuando se trata de su esposa e hijos.
Incluso si está equivocado, lo que es la mayoría de las veces. Mis ojos se cierran cuando oigo a Liu.
Claro. Cómo. El. Día
— Es cabello, Siwon— le dice, levantando la voz. — Te estás comportando como un puto loco como siempre.
Hoseok y yo nos estremecemos, ambos esperando.
Él golpea su puño contra la barra, meciéndola.
— ¡Cuidado con tu puta boca!.
El tono de Liu se tranquiliza rápidamente. Es una pérdida de tiempo.
— Ni siquiera me consultaste, por el amor de dios— ladra. — Tú y esa pequeña pícara conspiraron contra mí, y ahora mi niña esta casi calva.
Presiono mis labios, pero Hoseok está más allá del punto de ayuda, todo su cuerpo fuera de control por la risa.
— Lo tiene por debajo de sus hombros, Choi Siwon. Deja de ser tan irracional, joder.— Es posible que también esté agitando una bandera roja frente a un maldito toro. — Lo hablaremos cuando llegues a casa.
— Cuando llegue a casa, Liu— respira agotado, su tono amenazando hasta un punto que incluso estoy preocupado por Liu — Será mejor que te escondas porque hay un polvo de represalia esperándote, señorita.— Él cierra su teléfono y bebe la mitad de su cerveza, agitado y erizado como un oso pardo.
— ¿Así que Neul se ha cortado el pelo, entonces?— pregunta Hoseok.
El hombre tiene deseos de morir.
— Masacrado, más bien.— Siwon se balancea hacia nosotros en su taburete y apunta su cerveza sobre mi pecho a Hoseok. Me retiro, fuera de la línea de fuego. — Y esa novio tuyo también fue parte del trabajo. Un día de spa, dijeron. Tiempo de soulmates, dijeron. Se olvidaron de mencionar que mi niña volvería con la mitad de una cabeza pelada y sus putas uñas pintadas de rosa. ¡Tiene siete años, por el amor de Dios!
— Hey.— Hoseok retrocede. —Tae toma sus propias decisiones. Yo no tengo nada que ver.
Siwon se burla, y recurro a tomar el asunto en mis propias manos antes de que explote.
— Así que tengo a alguien que requiere mis servicios.— Pongo el papel que Cole me dio en la barra.
Siwon y Hoseok inmediatamente se inclinan hacia adelante, distraídos según lo planeado, y miran el papel.
— Jimin— reflexiona Hoseok.
— ¿Cómo supo de ti?— pregunta Siwon.
— A través del club.— Mi respuesta provoca la habitual mueca de Siwon cuando hago referencia a The Hux. Me río a mí mismo. — Bueno, si no hubieras vendido La Mansión, no me vería obligado a buscar otro lugar para jugar.
— Tienes que dejar ese estilo de vida— me dice Siwon por milésima vez.
— ¿De qué otra manera se supone que voy a desestresarme entre el trabajo y Yeri?— Respondo con indignación.
— Citas.
Me burlo.
— No tengo tiempo para esa mierda.
— Estás rondando los cuarenta. Es hora de asentarse.
— Vete a la mierda — escupo. — Estás rondando los cincuenta, y la única razón por la que te estableciste fue porque, por algún milagro, encontraste a una mujer que podía lidiar con tu culo irrazonable.
— Tengo cuarenta y seis años y no soy irrazonable.— Asiente, como si estuviera de acuerdo consigo mismo. — No sé por qué todo el mundo sigue repitiendo como si fuera un maldito loco que no tiene razón.— Su botella se detiene a mitad de camino entre sus labios cuando nos observa a Hoseok y a mí mirándolo prácticamente boquiabiertos. — Soy perfectamente razonable.
— Lo que sea. De todos modos, — continúo, sabiendo cuando estoy luchando una batalla perdida. — Tengo a Yeri cuatro días a la semana. Entre ella y el trabajo, no hay mucho tiempo para otra cosa. Hux es relajante. Es lo que soy.
Lo que me gusta.
Ignoro las caras interrogativas de mis dos compañeros y ordeno un trago. No estoy mintiendo. Es lo que me gusta. Sin compromiso. No hay complicaciones. Sólo sexo crudo y carnal.
No confío en las mujeres, y eso no debería ser una sorpresa cuando la madre de mi hija me usó para quedar embarazada así podía intentar pasarlo como de otro hombre. Y no cualquier otro hombre, sino uno de mis mejores amigos. Su obsesión por Siwon casi obstaculiza su felices para siempre con Liu. Y como resultado de su fracasado plan, ahora soy el orgulloso padre de una niña de siete años. Estoy sonriendo de nuevo mientras termino mi cerveza. No hay mal que por bien no venga.
— ¿Qué pasa?— Hoseok me empuja de mis pensamientos, señalando mi hombro. — Sigues encogiéndote de hombros.
— Jodi mi hombro jugando baloncesto con Yeri. — Mi noticia los hace reír a carcajadas a ambos.
— Toda esa mierda a la que te dedicas en Hux, y has jodido tu hombro jugando a un juego con tu niña
Siwon se ríe mientras me estiro para masajear un poco los rígidos músculos.
Tal vez tiene razón. Tal vez estoy demasiado viejo para toda esa mierda.