Prólogo
El amor comienza con el primer latido de corazón. También el miedo, el desasosiego y la pérdida de uno mismo. Con la primera palpitación inicia una vida, mientras que otra más termina. Una mancha de unos cuantos milímetros proyectada en un monitor se lleva la individualidad, y las lágrimas en consecuencia a su hallazgo pretenden felicidad, pero el sentimiento se asemeja más al pánico. Y aun así, de la impresión inicial es capaz de florecer el amor; la pérdida de uno mismo, el asesinato del individuo. La pequeña marca crece a una velocidad impresionante y pronto puede sentir. Y de igual manera, pronto empieza a consumir.
El parásito toma más de lo que da, y sigues amándolo. Se alimenta de lo que consumes, toma todo lo que puede, y también restringe la libertad. Lo que comienza como náusea por la mañana y un terror desmedido se ve afectado por las hormonas y la confusión que estas desatan en el cerebro. El pánico se vuelve cariño, la aversión en anhelo. De lado te observas en el espejo, orgullosa de un logro que fue tan fácil de obtener. Las manos del bebé tratan de alcanzarte a través de la piel y la deformidad de tu cuerpo lejos de provocarte horror, incita el más puro y desmesurado amor.
Y tu vida se reduce a amor, amor y amor.
A dar sin recibir.
A obtener sin merecer.
Cuando lo tienes en los brazos por primera vez, cuando sus balbuceos dan paso a palabras. Cuando sus sonrisas te contagian y cuando las preocupaciones por nimiedades te llevan a llorar. Lo tratas como si fuera una delicada crisálida y tienes la esperanza de que nunca abandone ese estado, de que jamás reciba daño. Aun cuando sus miradas se llenan de escepticismo, cuando las verdades que por años ha aceptado se ven cuestionadas y la devoción absoluta se convierte en un juicio.
El amor no cesa a pesar de la vida, la vida avanza a pesar del amor. Los conflictos son de esperarse, cuando la mancha milimétrica del monitor en la oficina del doctor se convierte en una persona que exige la individualidad que te quitó. Te juzga, te ridiculiza. Se vuelve alguien diferente, algo que ya no forma parte de ti y pronto, despega alas nuevas y raquíticas para volar lejos de ti.
Y cuando eso pasa, el amor permanece y la vida sigue. Pero es cuando la pequeña mariposa que creaste queda aplastada por la vida, que comienzas a morir.