OO: El principio de los tiempos.
Al principio solo estaba yo.
Mucho antes de que existieran los verdes pastos, la noche sobrecogedora y sus brillantes estrellas. Antes incluso de que hubiera tiempo, espacio, vida o muerte. Majestuoso, infinito y eterno. Un manto que acabarcaba el todo y la nada. Y era poderoso, fuerte. No dominaba ningún mundo porque en aquel entonces no había mundo que dominar, pero era algo bastante similar a lo que entendéis por gobernar.
El principio de los tiempos era agradable. No era frío ni cálido, ni emocionante o aburrido, armónico ni uniforme y tampoco era bueno o malo. Un espectro caótico que se abría de par en par para que yo pudiera ser yo mismo en mi máximo esplendor. Anhelo cada día volver a ese estado de gloria pletórica donde nadie ni nada podía perturbar mi vacío desorden... porque solo estaba yo.
Y entonces llegó el amor, con su desagradable ansia por la creación.
La recuerdo como un diminuto fuego fatuo, la chispa vibrante que llegó para alterarlo todo. Danzando descaradamente a mi alrededor, pura energía y magia, provocándome.
Me contaminó poco a poco.
Primeramente, comenzó con cosas ambiguas, como el aire, apenas perceptible y ligeramente soportable y después, gradualmente, me colmó de las cosas más innecesarias y complicadas que puedas imaginar. Cosas como los bastos mares, la guerra o el amarillo. Y cuando creó el destino, el orden y la justicia, ya fue el colmo de los colmos.
Ah, y por supuesto, también os creó a vosotros, endebles y mortales. La creación más compleja e incoherente que pudo haber creado ese monstruo jamás, llenos de matices y pinceladas de emociones y valores aún más complejos que vosotros mismos y vuestro horrible afán por controlarlo absolutamente todo.
Éramos tan diferentes, ella y yo, que era natural que no pudiéramos coexistir durante mucho tiempo. Así que se aplicó la ley del más fuerte hasta que terminé disolviéndome casi del todo inevitablemente. No pude resistir la presión de sus incesables invenciones y fui engullido en este nuevo mundo por completo. No quedó prácticamente ni una triste sombra de lo que fui e incluso llegué a ser olvidado durante un tiempo por completo.
Sin embargo, yo nunca me he ido, siempre he estado aquí.
Observándote.








