Silencio Plateado

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Summary

"... a veces el dolor es un mar profundo y tenebroso en el que un alma obscura es feliz."

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Agua y aceite

Había pasado 2 largos años cuando lo volví a ver. Se veía tan arrogante. Pero al mismo tiempo era el niño más lindo de todos en la manada. Tenía los ojos color ámbar, unos labios carnosos, un cuerpo tosco que cualquiera envidiaría, el cabello café y una piel morena hermosa. Sí, ya no era el mismo hombre, todo flaco y débil que recuerdo. Estaba destinado a ser el alfa. Pero aun con todo y lo hermoso que era, se comportaba como un completo idiota, sí, un idiota.

Me presento, soy Anahia D’Agostino. Estoy a punto de cumplir 24 años. Mi familia es lo que llamarían una abominación, pues mi papá es un Beta (un puesto que se ha ganado con sangre, sudor y lágrimas, aunque él no lo demuestre) un lobo perteneciente a la manada luna plateada y mi mamá, por otro lado, es una vampira que fue rechazada por los suyos al saber que estaba en un amorío con el enemigo. Yo, pues soy una simple humana, se supone que jamás hubiera nacido, pues todos saben que los vampiros no pueden tener hijos. Pero así fue, para muchos soy una simple bolsa de sangre y carne andante. No tengo ni una pizca de lobo o vampiro en mi sangre. Aunque les confieso que hubiera deseado tener el gen de alguno de los dos.

Del chico que les hable hace un momento atrás es Alexander Dubois el futuro Alfa de nuestra manada, tres años mayor que yo y quién en algún momento fue mi mejor amigo. Saben, éramos inseparables hasta que llegó el momento de comenzar a prepararse para su futuro puesto. Realmente no entendí qué le pudo haber sucedido, pero desde que volvió a la manada ya no quería saber nada de mí. Intente hablar con él, pero fue inútil. Cada carta que escribí, cada llamada que realice, cada mensaje que envié todo fue rechazado. Y pues sí, a pesar de que me dolía todo su rechazo, ya éramos como el agua y el aceite.

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Hace dos semanas.

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— ¿Ana, sabes que Alex vuelve dentro de dos días?

— Sí, estoy completamente ansiosa de volverlo a ver, aunque…

— ¿Aunque? - me pregunto Silvia con un semblante curioso.

— Silvia, le he escrito cartas desde que se fue, lo he llamado, le he enviado mensajes de texto, e incluso le he enviado recados con los mensajeros del campamento. Pero nada de nada. — le dije a Silvia con voz melancólica y llena de frustración.

— Ok, pero aun así es tu mejor amigo. No creo que sea capaz de tratarte mal y mucho menos rechazarte. — me dijo ella.

— Sí, eso cierto. — respondí levantando mis hombros y con rostro dudoso, pero aun así presentando acuerdo hacia lo que acababa de escuchar.

[Aun con toda la charla entre nosotras me sentía con cierta inseguridad dentro de mi cabeza. Era como un presentimiento, de esos que te tuercen el estómago y te hacen tener un mal día. Tenía mucho miedo de que llegara ese momento y la verdad me golpeara en el rostro sin ningún tipo de compasión.]

— Bueno, cambiando de tema, ¿Qué hay sobre la salida?

— Silvia, tú sabes qué madre me prohibió volver allí por lo que sucedió. — me tapé todo mi rostro de vergüenza y también me solté una gran carcajada.

— Ja, ja, ja, ja, ja, estás muy loca - me dijo Silvia.

— Pero recuerda que ya eres una mujer y no tienes que pedir permiso. — continuó diciendo.

— Lo sé, aun así la respeto y siento que tiene razón, recuerda que no soy como ustedes. — le dije

— Tengo hambre, volvamos al valle, por favor. — Continúe diciendo de forma cortante.

Caminamos hasta mi casa donde madre nos había preparado un delicioso guisado de ciervo. Y otros manjares que solo ella sabe realizar. A pesar de ser una vampira, tiene una buena sazón para complacernos a papá y a mí. No sé qué haría sin ella.

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ALEXANDER

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Terminando de organizar el equipo de montaña me dirijo hacia mi padre que está esperando frente al auto y metido en su tableta de la compañía.

— ¿Es que nunca deja de trabajar? - me pregunte en voz alta.

— ¿Ya terminaste? - me pregunto sin subir la mirada.

— Sí, padre. Aunque deje que Óscar ultimara los detalles del campamento.

— De acuerdo, date prisa que el vuelo sale en una hora. - me dijo de forma cortante.

— ¿Necesitas que realice alguna otra cosa?

Observé a mi padre por un momento, pero como no me dijo alguna palabra procedí a subir al auto.

— ¡Alexander! -me dijo mi padre haciendo que me detuviera.

— No soy de muchas palabras, pero estoy orgulloso de ti. Le brindaste honor a nuestro linaje al pasar cada prueba que se te impuso. - me dijo mi padre.

Confieso que fue un momento en el que me sentí algo confundido, pues, mi padre me hablaba de orgullo y honor, pero su rostro reflejaba algo de molestia.

— ¿Qué sucede padre?

— Alexander, ahora que estás a punto de convertirte en Alpha, no puedes acercarte a…

— Pero padre…

— Ya eres un hombre Alexander. Y no entiendo por qué sigues detrás de esa bolsa de carne.

— Padre, sabes que…

— Es una orden Alexander, no lo harás. - me grito tan fuerte que casi caigo de rodillas.

— ¡Maldición! - subí al auto tirando la puerta y golpeando el asiento delantero.

Así que me quedé en silencio. No mencioné alguna otra palabra por todo el camino. Él seguía en su tableta, Marcos el conductor me miraba en cada momento que podía por el retrovisor como dejándome saber su comprensión y yo, pues, mirando el paisaje y aún molesto.

— Vaya, orgullo y honor. Un verdadero imbécil. - murmuré

Él, escuchando debido al oído superdesarrollado que tenemos los hombres lobos, miro por uno de los espejos del auto y ladeo una sonrisa. Yo no podía hacer otra cosa, aunque yo fuera su orgullo, me tenía que someter a sus órdenes. Ya que por desgracia él seguía siendo el alfa y mi padre. Luego de casi 14 horas de viaje entre avión y auto, por fin llegamos al bosque donde se encontraba nuestra manada.

— Bueno, ya sabes lo que te dije - mi padre me lanzó una mirada amenazante antes de bajar del auto.

— Sí. - le dije de forma cortante como ante me había hecho.

Y sin más y lleno de molestia baje del auto. Pero mi humor cambio rápidamente al ver el recibimiento de nuestra manada. En ese momento me sentí que yo era el alfa y no mi padre. Varios amigos vinieron hacia mi sacudiendo mi cabello y realizando algunos golpes. A los lejos pude ver a Anahia, pero ya no podía acercarme a ella. Era una humana y no podía romper las reglas. Así que hice todo lo posible para que ella no me viera, aunque ya estaba claro que sí lo había hecho.

— ¿Oye, irás a la fiesta de esta noche? - me dijo uno de mis amigos entre la multitud.

— No lo sé. Ven sácame de aquí, quiero tomar algo fuerte. - le dije.

Así que Marcos comenzó a empujar a todos logrando sacarme de aquel lugar. Y sin darme cuenta ya estábamos bosque adentro con Lyon, Emerit, Javier y otros amigos tomando algunas cervezas y hada verde. Cuando llegó el atardecer fui directo a mi hogar para buscar algo de paz, pero no hay mejor medicina para la paz que echarse un buen polvo. Y allí estaba ella solo en ropa interior, esperando a que me la cogiera.

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ANAHIA

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— ¡Alex! - grité de forma aguda.

— ¡Rápido, Silvia ya llegaron! - tomé a mi mejor amiga de su mano y corrí hacia la multitud. En el proceso casi caigo, no estaba segura si era por mi torpeza o por los puros nervios.

— ¡ANA!, por la diosa luna. - me dio un grito y me detuve en seco.

— Detente. Espera a que la manada le dé espacio a Alex. - me dijo tratando de calmarme.

— Pero es que quiero verlo Silvia, deseo hablar con él. Quiero saber por qué me ignoro todo este tiempo.

— Si, lo sé, pero espera. Todo tiene su momento, cariño.

— Ok - le dije algo desalentada.

¿Saben cómo me sentía? Por la diosa luna, estuve esperando ese momento durante mucho tiempo como para que mi mejor amiga ahora viniera y me detuviera. Necesitaba respuestas a las tantas preguntas.

— Vengo enseguida, me surgió algo. - me dijo Silvia.

— Claro, aquí te espero.

Así que cuando ella se fue aproveche a avanzar hacia Alex, pero cuando estuve a unos pasos de él sentí una mano en mi hombro. Casi desgarraba mi piel. Era una mano grande y fuerte. Sentí un intenso dolor y escalofrío por todo mi cuerpo y eso hizo que me detuviera. Voltee a ver quién me había agarrado de tal forma, pero había demasiada gente a mi alrededor como para saber quién me había detenido de acercarme a mi mejor amigo

— ¡Maldición! - dije hastiada de tantas trabas que se me presentaban en el camino.

Saque mi celular para contactar a Silvia, pero no me tomaba la llamada. La busqué por todas partes para no estar sola, pero era imposible conseguirla entre tantas personas.

— Quítate bolsa de carne.

— Sí, no sé qué haces aquí.

— No eres parte de la manada.

— ¡Lárgate!

Comenzaron a empujarme y a gritar ofensas contra mí. A pesar de que había personas que me querían dentro de la manada, había otras que no.

Intente ignorar las palabras de algunos de la manada y volví a buscar a Alex, pero ya él no estaba. Al igual que mi mejor amiga. Así que decidí salir del valle y dirigirme al pueblo. Necesitaba distraerme de lo que acababa de suceder, apague mi celular y entre lágrimas me dirigí a mi casa, me cambie de ropa, me limpie la herida que recién me habían realizado y me fui.

Ya en el ocaso decidí encender mi celular y me encontré con tres llamadas de mi madre y dos mensajes, dejándome saber que llegara temprano a casa para cenar. Así que me termine de forma rápida el helado de naranja y fresas que me había comprado y me dirigí por el bosque para no toparme con nadie de la manada. Aún no era su hora de cazar, así que era perfecto.

Comenzaron a pasar los días y sabía muy poco o nada de mi amiga y cuando la visitaba no se encontraba y cuando estaba en su casa no me prestaba mucha atención, pues solo se la pasaba metida en su celular. La verdad me encontraba muy decaída. Intentaba contactarme con Alex, pero me rechazaba, se ocultaba de mí e incluso se burlaba con sus amigos. Poco a poco iba creciendo cierto disgusto y odio hacia él. Por otra parte, comenzaron a surgir rumores sobre un ataque de parte de las pieles pálida a la manada. Desde que Alex y su padre llegaron comenzaron a suceder cosas extrañas. Mi padre pocas veces se encontraba en nuestro hogar debido a dichos rumores. Y los guerreros se estaban preparando en caso de dicho ataque. Para completar y colocarle la cereza al pastel a cada lado que iba sentía que me estaban observando, no sé si me estaba volviendo paranoica, pero ya no me sentía segura.