Turn me on |Ironstrange|

Summary

Tony Stark y Stephen Strange tienen una rivalidad por ser el mejor estudiante. Al estar en su último año de secundaria, ellos deberían estar enfocados en ganar el valedictorian; sin embargo, una noche en un club clandestino despertara una fuerte atracción entre ellos. «Déjame tocarte. Gime alrededor de mi, tú me vuelves loco. Tú me excitas, Tony».

Genre
Romance/Erotica
Author
Gojo
Status
Complete
Chapters
15
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

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HACE CUATRO AÑOS

Jugar baloncesto con un montón de chicos que conocí cinco minutos antes no es lo que planeé para el fin de semana.

Nada en contra del prestigioso Sovereing Club, pero el viaje de dos horas hasta Los Humptons me tiene cansado e irritado. Ni siquiera pude tomar asiento. Luego de que mis padres hablaran con la recepcionista, caminamos por un pasillo y cruzamos una doble puerta de roble que nos llevó a una enorme habitación con mesas en círculos alrededor de una pequeña pista de baile. La mezcla de olores del gentío me abruma. Las feromonas junto con los perfumes y lociones costosas no son en realidad una buena combinación. Estuve contemplando los candelabros de araña cuando mi madre me presentó a varias parejas con hijos de mi edad.

Después de las presentaciones, los adultos se dirigieron a una mesa y los jóvenes fueron a jugar. Mamá me dijo que los acompañara. No pude objetar. Y menos con esa mirada de «haz lo que te ordeno» que a veces me pone los vellos de punta.

Me mantengo al margen, escuchando las conversaciones de estos chicos. Nadie me presta atención y me siento bien con eso. Socializar no es lo mío.

Llegamos a la cancha donde un hombre alto y aspecto cordial nos ofrece un balón. Hacemos calentamiento y nos colocamos en posición para jugar.

En ese momento aparece otro chico y tenso mi mandíbula. Existen personas insoportables y luego está Nicodemus West. Tuve suficiente de su estupidez y soberbia en el salón de clases y ahora está aquí. Definitivamente, esta mañana las cartas no están a mi favor.

Su mirada se encuentra con la mía. Se sorprende y torce el gesto.

Yo tampoco estoy feliz de verte, imbécil.

El juego comienza. Mi estado de ánimo se hundió con la presencia de West así que solo me limito a correr y dejar que el resto se divierta.

El tiempo fluye. Mi equipo falla el tiro y West consigue el balón. Corre y es bloqueado por dos chicos. Él envía el balón en mi dirección, dándome justo en el pecho.

West me mira con falso arrepentimiento.

—Lo siento, Strange —el matiz burlesco de su voz no se me pasa por desapercibido—. Fallé el pase.

—Eso fue a propósito. —Entrecierro los ojos y me inclino a recoger el balón.

Se pone una mano sobre el esternón, luciendo ofendido.

—¡¿Qué?! —exclamó con indignación—. ¡Yo jamás me atrevería!

—Oigan —interrumpe un chico de rasgos asiáticos—, no estoy interesado en su concurso de meados.

—Yo igual —dijo otro chico—. Juegan o se marchan.

West decide quedarse. Yo no soporto seguir en un sitio donde no quiero estar.

—Estoy fuera. —Aprieto el balón—. Pero antes quisiera terminar con algo.

Trazo una media sonrisa. La adrenalina viaja veloz por mis brazos y arrojo con fuerza el balón hacia la cara insípida de West. Sin embargo, los reflejos del idiota son buenos y se agacha antes de recibir el impacto. Lástima que no puedo decir lo mismo por el desafortunado chico que acaba de llegar. El balón se estrella en su frente y cae hacia atrás.

Me sitúo deprisa a su lado.

—¡Oye, ¿estás bien?!

—Mi cabeza… —Se toca la zona afectada y lo ayudo a sentarse—. Auch. Me volveré tonto por ese golpe.

—No es probable volverte un tonto por… —Sacudo mi cabeza—. Quiero decir, lo siento. No era mi intención.

Él se incorpora con cuidado y me fijo en el cabello castaño. El pantalón corto rojo y la camiseta oscura sin mangas revelan su cuerpo esbelto y musculoso. Mis ojos le echan un vistazo a su retaguardia y mis mejillas se calientan por el trasero respingón que posee. Retira la mano y por fin veo su rostro. El único adjetivo que tengo para describir sus facciones es «precioso». Y su aroma a melocotones me informa que es un omega.

Al levantarme, remuevo el polvo de mis pantalones jogger y me preparo para disculparme otra vez.

—Ten más cuidado. Con esa fuerza le puedes sacar el ojo a alguien —él advierte.

—Lo siento. Sucede que me enojé y…

—Estar enojado no es una excusa para lastimar a la gente —soltó, bruscamente—. Bajo ninguna razón debes arrastrar a los demás a tu mierda.

Yo me sobresalto por la dureza de sus palabras.

—Espera, creo que estás malinterpretando la situación.

—Puf. ¿Eso crees? —se burla—. Déjame adivinar: uno de estos tipos hizo algo que te disgustó y quisiste golpearlo, pero la víctima terminé siendo yo.

Lo miro apenado.

—Sí, eso fue lo que pasó.

—Aun si yo no era tu objetivo, debiste asegurarte de que otra persona no estuviera en el fuego cruzado. ¿Te imaginas si hubiera sido una mujer embarazada o un anciano? —Niega con la cabeza—. Ustedes, los alfas, son tan idiotas.

¿Qué demonios pasa con este chico? Podrá ser un chico precioso, pero es un imbécil.

—No tienes que ser antipático. —Frunzo el ceño—. Ya me he disculpado.

—¿Piensas que una disculpa me quitará el dolor de cabeza?

—Eso no es lo que quise decir —digo entre dientes—. Estás siendo muy injusto conmigo.

—Me golpeaste con tu maldito balón, ¿y yo soy injusto? —Se cruza de brazos—. ¿Acaso quieres que me disculpe por aparecer?

—¡Yo no he dicho eso! ¡Deja de poner palabras en mi boca!

—¡¿Y ahora me gritas?! Eres un maldito cretino.

—¡¿Cuál es tu puto problema?! ¡¿Siempre estás a la defensiva o estás en precalentamiento y tus hormonas te hacen actuar como una perra?!

Ah, mierda.

Pierdo los estribos cuando me enojo y digo cosas sin pensarlas. Es un mal hábito que he tratado de mantener bajo control. Sin embargo, este chico me sacó de mis casillas y no logré cerrar la boca.

La respiración se me corta al instante en que siento un dolor agudo en la parte inferior de mi cuerpo que me estremece. Ese imbécil me dio una patada en mis bolas.

Caigo arrodillado, sosteniendo mi entrepierna con mis manos. Aprieto los dientes y pequeñas lágrimas se asoma en mis ojos.

—Vete al infierno —él gruñó.

Se giró y con pasos furiosos abandonó la cancha.

Escucho que alguien camina hasta quedar a mi lado. West lanza una risa zumbona que penetra en mis oídos. Si no estuviera paralizado del dolor, le hubiera asestado un golpe a su estómago por burlarse de mi desgracia.

—Eso debió doler —dijo entre risas—. Ese chico es precioso —comentó—. Aunque ser agradable no es parte de su encanto.

Gruño.

—No. No lo es.

No sé quién diablos sea, sólo espero no encontrármelo de nuevo.

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