Capítulo 1 -Un nuevo reino
Layla se levantó con el corazón galopando salvajemente en su pecho, el sudor bajaba por su espalda y las sábanas de seda blancas se encontraban húmedas bajo su tacto. Su respiración era agitada y su cuerpo temblaba ligeramente mientras trataba de recuperar el aliento. Miró a su alrededor, sintiéndose desorientada y confundida. No era la primera vez que aquello pasaba, hacía unos meses que soñaba con esos ojos grises.
Poco a poco, los recuerdos de su sueño se deslizaron hacia su mente consciente. Las imágenes vividas y seductoras de un hombre que no conocía y sus encuentros apasionados inundaron su pensamiento. El deseo que había experimentado en esos sueños la habían dejado temblando, pero también se sentía llena de culpa y vergüenza.
Lentamente miro alrededor y se tranquilizó al sentir la luz cálida que entraba por el vitral que adornaba la ventana de su habitación.
-¡Layla!- gritó su primo antes de abrir la puerta rápidamente. -Despierta, padre quiere verte antes de que te vayas. Befana tiene todo preparado. -dijo ahora en un tono más bajo.
Su cabello era castaño oscuro, la pequeña tiara dorada que tenía en la cabeza estaba torcida. Layla sonrió y trato de enderezarla pero Yanus se salió de su agarré. No pudo evitar pensar que el niño sería un buen rey de los fae algún día. Era obstinado pero amable, sus pequeñas manos enderezaron la tiara y su mirada se suavizo.
-Dame un par de minutos ¿De acuerdo? – dijo con una sonrisa y el niño asintió saliendo de la habitación rápidamente.
Layla se paró rápidamente y organizo su cabello alborotado en una coleta alta. Caminó hacia el espejo en el cuarto de baño y se miró fijamente a los ojos. Su reflejo y sus ojos verdes le devolvieron una mirada llena de confusión. Seguía sonrojada pero no podía dejar que los sueños la afectaran, mucho menos en su vida diurna. Poco después entro Bryie, era su dama de compañía y su mejor amiga.
-Le dije que te dejara dormir un poco más, sé que odias levantarte temprano, pero Befana esta lista y el rey quiere verte en el patio central. -dijo Bryie con una mirada triste. -Quisiera poder ir contigo…-comento en un susurro.
-Ya lo sé -dijo Lyla cogiendo las delicadas manos de su dama de compañía. -Pero estaré de vuelta mucho antes de lo que pienses. El tiempo en ese reino es diferente. -Comentó con lágrimas en los ojos. Bryie la abrazo con fuerza y asintió con la cabeza.
-Para mí será una eternidad… ¿Tienes todo lo que necesitas? - pregunto la pequeña ninfa y Layla asintió.
Después de vestirse con una suave túnica y pantalones rojos Layla salió de su habitación. No llevaba mucho en su maleta. Befana le había dicho que en el otro reino dispondría de todo lo que necesitaba.
Las habitaciones estaban distribuidas alrededor de un pasillo central, con puertas de madera blancas y detalles en metal pulido. Los salones y salas de estar eran espacios amplios y luminosos, con grandes ventanales que ofrecían vistas panorámicas del paisaje circundante. Los muebles eran elegantes y cómodos, con sofás de cuero blanco y sillas modernas tapizadas en tonos suaves. Las mesas de centro eran superficies de vidrio y bases metálicas.
En el centro del castillo, se encontraba un impresionante patio interior. Rodeado de columnas de mármol blanco y con un techo de cristal que permitía la entrada de luz natural. El patio estaba decorado con jardines verticales y una fuente central, creando un oasis de tranquilidad y belleza.
-Layla -dijo el rey que permanecía en el centro del patio contemplando los jardines. -Te has levantado tarde y Befana te está esperando…-dijo con desaprobación y ternura al tiempo que se volvía a mirarla. -Tu padre y tu madre querian esto… lo sé pero todavía puedes cambiar de opinión.
Erendel, su tío, había tratado de convencerla varias veces de no irse con Befana a conocer el reino de los mortales pero su padre había sido un mortal. Y su madre le había pedido a su hermano explícitamente que en algún punto tendría que volver a aquel reino. Pues era mestiza y nunca manifestó ningún poder elemental.
Layla se despidió de todos lo más rápido que pudo, incluido el pequeño Yanus y caminó hacia Befana quien la esperaba con los brazos cerrados frente al gran portón del palacio.
-Por fin ha despertado la bella durmiente. Es hora de que te espabiles Layla. El reino de los mortales no es como el reino de los fae. Cuando te quedas dormida horribles cosas suceden. -dijo la mujer con los ojos entrecerrados. Tenía el cabello oscuro y liso hasta los hombros pero generalmente lo llevaba recogido, su piel ya no era tersa sino arrugada de tanto visitar otros reinos y sus labios casi siempre estaban en una mueca.
Layla asintió y apenas la vieja se volvió rodo los ojos.
Pronto llegaron al valle y a la gran laguna en donde harían el cruce al reino de los mortales.
A lo lejos el castillo se alzaba majestuosamente en medio del paisaje encantado. Sus paredes, impecablemente blancas, brillaban bajo los rayos del sol, como si estuvieran hechas de pura luz.
El agua estaba fría y se estremeció pero siguió a la mujer y se adentró cada vez más en la formación de agua, hasta que el translucido y brillante liquido llego hasta sus hombros.
-La primera vez duele un poco, asi que te ayudare manteniéndote bajo el agua. Traes tu brazalete. - Layla asintió.-Bien…
En ese instante la mujer la jalo hacia abajo y las sostuvo hasta que Layla ya no pudo contener la respiración. No pudo evitar sentirse aterrada, el pánico se apodero de ella. Una sensación de opresión la invadió y sus pulmones comenzaron a arder. Empezó a moverse desesperada pero sus músculos se contraían bajo el agua en vano, no había nada a lo que aferrarse. Befana la jalaba cada vez más hacia las profundidades de la laguna. Poco a poco sus pensamientos se volvieron confusos, la falta de oxígeno hizo que se sintiera cada vez más débil, nublando su visión.