Capítulo 1
Después de salir de la facultad, caminé hasta una veteninaria, hoy le daría una compañera de vida a mi gato.
Mi turno es en la tarde, muchos dicen que los del turno de mañana son los más inteligentes, pero en mi caso yo trabajo por las mañanas.
Soy Marinette Dupaing, tengo 25 años y soy más protegida por el estado que por mi familia.
Cuando tenía 12 años el novio de mi madre quiso abusar de mi.
El viejo gordo con aliento alcoholico solo alcanzó a bajar mi top rojo con puntos negros que me puse a toda prisa cuando el entró a mi cuarto.
Cuando mi madre no me creyó, una señorita de labores sociales me llevó.
Desde entonces viví en un orfanato.
Cuando cumplí los dieciocho me hicieron independiente y conseguí un trabajo de cajera en una cafetería, rento un departamento que aunque no sea digno es pagado con mi esfuerzo.
Y sin más familia ni amigos, sobrevivo con un gato en esta ciudad de Los Angeles.
Cuando entré por fin a la veteninaria busqué adoptar un gato.
Donde vivo hay demasiados gatos sin hogar y para evitar eso, en este lugar los dan en adopción en lugar de venderlos.
Como dice el cartel "no son de raza pero son para tu casa".
Vaya eslogan.
Así como me sentía en el orfanato cuando todas las niñas eran llevadas y yo seguía allí.
Miré a la jaula, varios gatitos de menos de tres meses hechos bolitas unos con otros.
En un apartado estaba una gatita blanca, toda una bola de pelos esponjada de cuatros meses.
-¿Qué deseas llevarte, amiga?-preguntó un chico detrás de mí.
Me giré a ver su cara, el era muy atractivo y más cuando me sonrió.
-Quiero saber ¿porqué esta apartado este?-señalé a la gatita-¿a caso tiene alguna enfermedad?
El chico miró al cajero y le hizo una seña con la barbilla para que éste se acercara.
-Dime amigo ¿porque este lindo minino está aparte?-preguntó.
Miré al vendedor que evitaba su mirada, y con cierto tartamudeo habló:
-Es por...que está demasiado...grande.
-¿Quieres otra mascota amiga?-dijo mirandome de nuevo.
-No gracias, yo me llevó este gato-tomé a la gatita blanca.
-Lo pondré en la caja-dijo el vendedor, quien se alejó rápido.
-Dime ¿eres de por aquí?-preguntó, poniendo sus manos atrás de su espalda.
Su cara pálida, sus ojos color verde y acompañado de un peinado ordenado.
Tal vez tenga alrededor de treinta años.
Su chaqueta costosa de cuero negro y pantalones de mezclilla.
-¿Terminaste de observarme?-preguntó con burla.
Tragué saliva, este hombre no me inspiraba confianza.
-Lo siento.
-Señorita su gato-dijo el vendedor.
-Gracias-miré al otro chico e hice una simple sonrisa-hasta luego.
Al salir de la tienda, la oscuridad ya reinaba por todos lados, abracé la caja con mi nueva hija y caminé hasta la estación del metro.
Pasaban unos minutos y no había señas del metro, un chico leyendo un periódico y varios amontonados mientras fumaban.
Realmente quería llegar a mi casa, el frío era muy fuerte, pondría una película romántica y haría un delicioso chocolate.
El chico rubio que estaba en la veteninaria me ha seguido, jala de mi brazo para que camine.
-¡Suéltame!-digo firme.
-Es hora de irnos-me apunta con un arma en mis costillas, mi corazón laté demasiado rápido.
-¡No tengo dinero!-chillo.
-¡Camina!-me jala el.
Doy unos pasos torpemente mientras miro a los demás quienes observan sin hacer algo.
-¡Déjame ir!-salimos de la estación el metro, en mis manos llevo a mi gato mientras el me sigue apuntando.
-¡Cállate!.
Caminamos más a prisa, abre una camioneta verde militar y me sube al asiento de atrás.
-¡mierda!-dice mientras camina hacia el guardia.
Rápido abro la otra puerta...
Sin detenerme con el corazón en la garganta y mi gato en las manos...
Comienzo a correr...








