Capítulo 1 La niñez
Desde que yo recuerdo, era una niña obediente, muy inteligente y cariñosa, tenía una familia aparentemente perfecta, vivía con mis padres y abuelos paternos, me encantaba estar con ellos, escuchando las historias que me contaba mi abuelo y los vestidos que me hacía mi abuela.
La casa era muy grande y con unas escaleras peculiares, subían once escalones que daban a un rellano cuadrado luego cuatro escalones hacia la izquierda estaba la habitación de mis abuelos, tenía una ventana que daba al patio donde me gustaba mucho sentarme y escuchar los pajaritos que tenía mi abuelo en la pajarera del patio.
Del rellano hacia la derecha habían nueve escalones más otro rellano, a la derecha había un escalón que daba a una habitación algo lúgubre, tenía una ventana grande que daba a la escalera y una pequeña ventana alta que daba a la otra habitación, esa habitación que daba tanto miedo... era la mía, me sentía peor que Cenicienta ya que no entraba ni un miserable rayo de luz; Y en la otra habitación dormían mis padres, era muy luminosa, con una ventana que daba a la calle y un balcón, era muy espaciosa.
Diréis.... Porqué tanta descripción.... Algo tenebroso se ocultaba en mi habitación.
Cuándo tenía 4 años, me daba mucho miedo dormir ahí, siempre me iba a urtadillas a la habitación de mis padres, mi padre se enfadaba mucho, así que al final terminaba durmiendo en un butacón que había al lado de la cama de mi madre.
Siempre escuché a mi madre decir ... En ésta casa pasan cosas raras, pero una niña de 4 años esas cosas no les presta atención....
Un día vi a mis padres discutiendo, mi padre le decía
- Ha sido tu hija
- Cómo va a ser la niña si no sabe escribir y mucho menos hacer la letra tan clara - Respondió mi madre.
Resulta que en la parte de las sábanas de mi madre estaba su nombre entero escrito con buena letra y en rojo, aparentemente tinta de bolígrafo roja, pero... Para poder quitar la tinta del bolí hay que ponerlo en remojo con leche y pasado el tiempo frotar, sin embargo por la noche escuché decirle a mi padre.
- Te vuelvo a repetir que no ha sido la niña, no sabe escribir y la letra era perfecta, además iba a limpiar las sábanas y cuando las he metido en la leche y sacado el nombre ha desaparecido, eso no es normal Vicente.
Fue pasando el tiempo, nos mudamos a Andorra, sí, viví un año entero en Andorra, fui al cole, no recuerdo quedar con amigos ni ir al parque, sólo recuerdo a mi profesora Maryshel, en la hora de la siesta siempre me pillaba, yo no tenía sueño y mantenía a todos los compañeros despiertos hasta que al final me hacían salir a jugar al patio jajaja.
Los viernes comíamos en el Mc Donalds (esos juguetes.... Sí eran juguetes, no cómo los de ahora), los domingos llamábamos a mis abuelos y la conversación terminaba con mi abuelo llorando en Dénia (mi ciudad natal) y llorando yo en Andorra, nos queríamos muchísimo y no podíamos estar separados.
Os voy a contar un secreto, a mis 36 años no se nadar, sólo me defiendo, estando allí me apuntaron a natación y sin estar preparada me tiraron a la piscina sin nada, mi recuerdo es estar ahogándome y le cogí mucho miedo.
Pasado el año volvimos a Dénia junto a mis abuelos, a mi abuelo le dió un infarto y tras mucho llorar porque estaba en el hospital, estaba feliz porque por fin lo podía abrazar, nos prometimos que nunca más nos iban a separar, porque para mí, mi iaio (así lo llamaba yo) era mi héroe, mi mundo, un ejemplo a seguir.
Llegan las navidades, mi época favorita por fin iba a ver a mis abuelos de Oliva, recuerdo esos viajes discutiendo mis padres a la ida y la vuelta silencio absoluto pero a mi lo que me importaba era poder ver a mis abuelos, más en concreto a mi abuelo Manolo, mientras mis primos jugaban o gritaban yo me sentaba en las piernas de mi abuelo o en la silla a su lado.
Ese año mi abuela me regaló una marioneta de un payaso, era muy bonita y jugué con ella, hasta que la colgaron en la pared de mi habitación, desde entonces ese payaso daba mucho miedo.
Desde los 5 años y medio hasta los 7 fueron una pesadilla, esa habitación tenía algo, no se qué, pero algo había, cada noche cuando me iba a dormir y se apagaban las luces, las puertas del armario se abrían de par en par, salía de allí gente joven, mayor, niños, algunos llevaban sombreros de paja cómo antiguamente iban a trabajar las tierras, sus herramientas de campo, rodeaban mi cama y me miraban algunos enfadados, otros tristes, pero la mayoría los sentía furiosos, la marioneta giraba la cabeza y me miraba, con mucho miedo encendía la luz y todo era normal, no había gente, el armario estaba entornado (¿yo había cerrado o no?), la marioneta estaba bien, había sido una pesadilla, me tranquilicé o al menos eso intentaba, me iba el corazón a mil por hora, cuándo ya estaba mejor cerraba la luz y para mi desgracia, sorpresa o cómo queráis llamarlo otra vez volvía a suceder y corriendo me iba al butacón de mi madre, así noche tras noche, sin cesar. Le dije a mi madre lo que me sucedía, y ella me dijo
- ¿Pero te dicen algo?
- Mueven los labios pero no los escucho, sólo veo sus caras, su miradas, me miran mal, me odian!!! - Le decía yo.
- No pasa nada, tranquila, no te harán daño.... (Decía mi madre).
Y seguían pasando los días, un día escuché cómo mi madre hablaba con mi padre diciéndole....
- Vicente, acuérdate que a ti cuándo eras pequeño decías que en esa habitación las muñecas de porcelana te comían los dedos de los pies. (¿En serio a mi padre le pasaron esas cosas raras también y aún así me tenían ahí?)








