Capítulo Único [Oneshot]
—Ten cuidado, Minnie.
MinSeok puso los ojos en blanco a la vez que terminaba de cerrar su maleta, por el apodo que le había puesto JongDae desde que eran niños y porque no sabía por qué vez había escuchado un “ten cuidado” “no te fíes de ellos” “son peligrosos” por boca de algún amigo o compañero de trabajo. Comentarios que se repetían y repetían desde que le asignaron ir al bosque de Los Lobos, comentarios que le parecían bastante xenófobos si le preguntaban a él. Porque, aunque fueran híbridos mitad lobos tenían su parte humana, y no eran unas simples bestias, por algo habían evolucionado a lo que eran ahora.
—Lo tendré —dijo simplemente, no quería empezar una discusión con JongDae, no cuando no se iban a ver en varios días—. Aunque el que debería tener cuidado eres tú, ya que suelen engañarte muy a menudo.
Añadió girándose y mirando a JongDae que tenía el ceño fruncido, aunque lo negara era demasiado inocente y fácil de engañar, MinSeok temía dejar solo a ese chico en el departamento.
Una vez ya le habían engañado para comprar una mierda inservible, todo porque el “señor” o más bien estafador (como le llamó MinSeok) le lloró diciendo que tenía que alimentar a sus ochos hijos. ¿Quién demonios en esos tiempos tenía esa cantidad de mocosos? Nadie, por favor, sólo JongDae se creía esas mentiras tan obvias. Era demasiado bueno, por eso no podía alejarse de él y dejarle solo, aunque la relación que tuvieron alguna vez no hubiera funcionado. Seguía queriéndolo demasiado para hacer eso, y se preocupaba por su bienestar. Al fin y al cabo, sólo se tenían el uno al otro. Era su amigo, familia y confidente. Lo quería y lo necesitaba en su vida.
—Prometo no abrirles la puerta a extraños —dijo el castaño acercándose a él y arreglando el nudo de su corbata—. Si tú prometes no fugarte con un lobo más joven que yo, no puedes dejarme solo.
—Claro que no voy a fugarme con nadie y menos con alguien más joven, ¿tengo pinta de pervertido? Tampoco está en mis planes dejarte solo, sabes que eso no sucederá hasta que encuentras alguien decente y que no me den ganas de matarlo.
JongDae sonrió y sucedió lo que esperaba MinSeok. Juntó sus carnosos labios con los suyos, dándole un corto y casto beso. No tenían una relación, pero a veces sucedía eso, se besaban y otras veces llegaban a más… Más veces de las que realmente debían, porque eran amigos, aunque a decir verdad todos los amigos que tenían pensaban que la relación de ambos era demasiado rara. Pero a MinSeok no le importaba, ambos estaban conforme con eso.
El menor se alejó del todo y MinSeok le besó la mejilla, dándole un abrazo.
—En unos días estaré de regreso si todo va bien —murmuró en mitad del abrazo, seguidamente terminó de sostenerlo entre sus brazos y añadió—. Te llamaré cuando llegue al hotel y cuando encuentre cobertura en el bosque ese también lo haré, para que sepas que estoy bien.
El menor asintió y seguidamente le acompañó a la puerta, para despedirle de nuevo allí. MinSeok se puso los zapatos, en un silencio que le hacía sentirse algo triste y seguramente JongDae igual se sentía así, aunque estuviera regalándole una gran sonrisa.
Estaban acostumbrado a estar juntos, eran inseparables desde que sus padres los presentaron, se volvieron más unidos cuando el padre de MinSeok y la madre de JongDae se casaron y desarrollaron una dependencia total el uno por el otro cuando sus padres perecieron en un accidente cuando MinSeok acababa de cumplir la mayoría de edad. Se había hecho cargo de JongDae, ya que, aunque no fueran hermanos de sangre legalmente eran hermanos y convenció a los abuelos maternos de JongDae para lograr que no los separaran. Así que estaba habituado a protegerlo, a tenerlo todos los días a su lado, a sus largas charlas, acostumbrado a sus cariños y a que le pidiera mimos por las noches mientras veían alguna película o a que fuera simplemente adorable al preocuparse por él y cuando le intentaba cuidar.
Terminó de calzarse y se alzó, le regaló una sonrisa y volvió a besar su mejilla.
—Nos vemos, JongDae.
—Ten cuidado con los lobos.
—No te preocupes.
Volvieron a mirarse por última vez y, aunque fueran demasiado exagerados, volvió a abrazarlo antes de salir del departamento. Sabía que JongDae lo estaba mirando mientras se alejaba, pero no se giró hasta llegar al ascensor y dio al botón para ir a la planta baja.
El menor movió la mano desde la distancia despidiéndole, pero lo último que vio de su querido JongDae fue su cara seria y preocupada cuando la puerta del ascensor se cerró. Sintió un nudo en la garganta…
¿Por qué todo el mundo temía por su bienestar?
***
Se había quedado dormido. Cuando tenía que bajar, al final del trayecto, lo despertó el conductor del tren. Habían llegado a su destino y MinSeok se sentía tan agotado, ¿por qué nadie le dijo que el maldito bosque de los Lobos quedaba en la otra punta de Corea del Sur? Tan lejos de Seúl que pensaba que se iba a morir del aburrimiento en el transcurso del viaje. Se mantuvo gran parte de él mensajeando a JongDae, pero el pobre debía trabajar, no podía entretener a MinSeok, así que se pasó otro buen rato hablando con JunMyeon, uno de sus compañeros de trabajo, y al final éste terminó despachándole rápido, porque tenía cosas más importantes que hacer que tener una charla trivial con él. Palabras textuales del maldito.
Al final MinSeok desistió y poco a poco se dejó dormir. Durmió demasiado, así que cuando el conductor lo despertó estaba desorientado y le costó unos segundos eternos en acordarse dónde estaba.
—El trayecto ya ha finalizado —dijo el hombre mayor, bastante malhumorado, al ver que MinSeok no se movía de su asiento—. Debe bajar.
—Claro, claro.
Contestó al fin MinSeok, alzándose y cogiendo su maleta, para por fin salir y alejarse del señor que le estaba mirando mal. Refunfuñó por dentro, él no tenía la culpa de que estuviera amargado del señor, no tenía por qué ser… así con él. Una vez fuera del vagón, se dio cuenta que estaba todo demasiado oscuro, miró la hora en su móvil y era realmente tarde, cerca de las doce de la noche. Observó a su alrededor, el pequeño andén, que hacía de estación estaba absolutamente vacío y una solitaria farola iluminaba el lugar.
Algo intimidado se dirigió a la salida del andén, ingresó a la minúscula estación y ahí había un guardia, sentado de brazos cruzados y con los ojos cerrados. Se acercó al hombre sentado cerca de la puerta de salida.
—Disculpe…
El chico, que era considerablemente más joven de lo que le pareció a la distancia, abrió los ojos y le miró un momento, como analizando.
—Buenas noches, deme un momento y le abro para que pueda salir.
Dijo mirándole fijamente al alzarse, MinSeok no sabría decir si fue su mirada o el tono de su voz, pero le hizo sentir algo extraño en el tipo.
—Entendido, gracias. Mmm… ¿puedo preguntarle una cosa?
—Claro, dispare.
Accedió el guardia, insertando la llave en la cerradura y girándola para quitar los cierres de seguridad.
—Me hospedo en un sitio llamado Colmillo Blanco, ¿podría darme indicaciones de cómo llegar a él?
El hombre sonrió como si MinSeok hubiera contado un chiste que sólo él entendiera. El mayor se sintió de pronto molesto con el misterioso tipo, pero antes de decir algo, para mandarlo a la mierda o algún lugar parecido, éste habló.
—No tiene pérdida, caballero. El pueblo es pequeño y no tardará en encontrar un cartel con un lobo blanco en él, ese es el lugar que busca.
Seguidamente la abrió la puerta, indicándole con una mano que saliera. MinSeok salió y se despidió de él, sin darle las gracias porque no había respondido del todo su pregunta y no le había agradado para nada su actitud y él en sí. De hecho, le daba mala espina el tipo.
Un simple camino de arena era todo lo que lo llevaba al pueblo, que veía iluminado a la distancia… Ahora tenía muy claro que donde se hospedaba no sería un hotel, visto lo visto. Y que su atuendo no era el adecuado para moverse por esa zona, aunque fuera a tratar cosas diplomáticas. Menos mal que había metido en la maleta una ropa más cómoda, todo porque JongDae lo obligó a hacerlo, debía agradecer correctamente al menor.
Pensó sonriendo y sacando el móvil para llamarle.
—Mierda.
Maldijo al ver que no tenía cobertura, absolutamente cero. Esa era la razón por la cual no había tenido llamadas ni mensajes, probablemente JongDae estaría preocupado, ya que el viaje había durado más de lo que ambos habían creído.
Aceleró el paso y una vez en lo que era el pueblo en sí, buscó el cartel que le mencionó el guardia de la estación. Tardó poco en encontrarlo, estaba casi al final de pueblo, que era solo una calle recta y larga, que terminaba cerca del bosque. MinSeok estaba levemente indignado, no se esperaba algo así y tampoco que le resultara tan tenebroso, esperaba que al menos de día cambiara esa sensación que le daba.
Entró al hostal y llamó a la campanilla, que había en el mostrador, dos veces. En segundos apareció otro chico joven y alto a atenderle.
—Buenas noches, ¿busca habitación? —dijo desinteresado, mirando en un libro de reservas—. Tenemos pocas disponibles.
—Tengo una reserva a nombre de Kim MinSeok.
El muchacho de pronto dejó de pasar las hojas que estaba mirando y pareció de pronto sentir realmente interés por su persona, porque clavó sus ojos sobre él, mirándole fijamente.
—Oh, claro, estábamos esperando su llegada.
Dijo el chico, a MinSeok le recordó a la mirada del guardia. ¿Qué demonios pasaba? ¿O era simplemente él que estaba empezando a ser paranoico y a sentir que todo el mundo era rarito en ese pueblo? No quería admitirlo, pero empezaba a entrar un poco en pánico, seguramente era culpa de todo el miedo que le metieron en el cuerpo antes de su viaje.
—Le acompaño a su habitación, señor Kim.
—Antes de eso, ¿tiene un teléfono que me deje?
—Sí, por supuesto.
Contestó el muchacho alto y desgarbado, agachándose por unos segundos para luego aparecer con un teléfono, que MinSeok podría jurar que era de los años cincuenta o por ahí.
—Gracias.
MinSeok marcó el número de JongDae, no se hizo esperar la respuesta al otro lado a pesar de la hora que era. El muchacho contestó en segundos, su voz sonaba dormida, estaba seguro que acababa de despertarlo.
—¿Diga?
—JongDae, soy yo, MinSeok.
—¡Hyung! ¿Qué pasa con tu móvil? ¿Estás bien? Estaba preocupado.
—No tengo cobertura aquí, estoy bien... Lamento haberte preocupado —MinSeok observó al chico que no se había movido de su sitio y a pesar de que no le miraba, el mayor sentía que estaba pendiente de su conversación absolutamente—. Dame un momento, JongDae.
—Claro.
—Disculpe, me podría darme un poco de intimidad para hablar. Cuando acabe le aviso.
—Oh, sí, sí.
El muchacho le sonrió ligeramente y desapareció por la puerta de detrás de la recepción. MinSeok observó un momento el punto por donde se fue el chico y luego se dirigió a JongDae de nuevo.
—JongDae, todo esto es muy raro —susurró, sintiéndose estúpido por confesar lo que estaba sintiendo.
—¿Qué es raro?
—El pueblo, puede que sea yo que por culpa de todas vuestras advertencias y que esté paranoico, pero siento que soy observado y que no sé, la gente me mira raro. Al menos los dos tipos que he visto, y eso es otra cosa, no he visto a nadie a parte de ellos dos.
—Es tarde, Minnie, seguro que por eso no has visto a nadie.
—Puede… Simplemente quería llamarte para decirte que estoy bien. Mañana temprano iré al bosque de los lobos a ver si doy con la manada y me largo en cuanto acabe. Te llamaré cuando esté de camino hacia allí. ¿Podrías llamar mañana a JunMyeon y contarle que he contactado contigo y que intentaré acabar cuanto antes con todo?
—Claro, hyung, mañana por la mañana le llamó y le digo.
—Gracias, JongDae… Iré a ver si voy a mi habitación y descanso, espero que mañana se me quite la sensación que tengo desde que llegué aquí.
—Seguro que sí, ya verás. Descansa, Minnie, te quiero.
—Igualmente, yo también te quiero.
Finalizó la mañana escuchando como JongDae hacia ruidos de besos, eso le hizo sonreír y sentirse algo mejor. Volvió a llamar a la campanilla y el muchacho de antes salió, guardando el teléfono donde sea que lo tuviera y saliendo de la recepción por un lateral.
—Vamos, por aquí está su habitación.
Dijo, caminando delante de él y subiendo las escaleras. MinSeok le siguió de cerca, sintiendo que estaba guiándole a la boca del lobo.
***
—¿Lo has visto?
Preguntó el líder, medio tumbado en la cama. Con una sábana tapando su desnudez.
—Claro que le he visto, hyung —contestó, acercándose y devorando con los ojos la piel al descubierto—. Fui la persona que le dio la bienvenida.
—¿Cómo es?
—Delicioso, ¿puedo comerlo?
Contestó sin tapujos, sabía que su pareja y líder era capaz de sentir su excitación en el aire. ¿Para qué ocultarla?
—No, no puedes, SeHun. Lo necesitamos para mandar un mensaje y que las cosas vayan por donde quiero, sino si podrías devorarlo como al resto de humanos del poblado.
El mencionado se cruzó de brazos y bufó, YiXing hyung al parecer no se imaginaba que no quería sólo devorarlo de esa forma. Como hicieron con los del pueblo ese, del cual se habían adueñado hace meses, no querían humanos cerca, no cuando éstos se dedicaban a invadir su territorio y talar árboles de su bosque, aunque la simple presencia de ellos le molestaba a la manada. Pero SeHun haría una excepción si fuera el humano que acababa de llegar, dueño de tan deliciosa apariencia y exquisito olor.
—Y tampoco puedes comerlo de la otra forma, no de momento. —SeHun sonrió, complacido, eso no era un no definitivo, eso estaba bien—. No quiero que le asustes antes de que acordemos las cosas. ¿Entendido? Luego puedo dejarte jugar con él un rato.
No creía que fuera el único que quisiera jugar con él cuando lo tuvieran cerca. Seguro que ChanYeol en el hostal estaría bien, BaekHyun estaba con él. Teniendo su pareja cerca no haría nada por mucho que la tentación llamara a su puerta. Los peligrosos eran los no emparejados y lobeznos, o los tipos como él mismo. Que a pesar de tener a su pareja delante en ese momento seguía sintiendo un cosquilleo al pensar en jugar con el pobre humano.
—Ven aquí.
SeHun obedeció a la orden. Se acercó a YiXing subiéndose a la cama y situándose de rodillas delante del hombre. El hombre le sonrió tan tiernamente que cualquiera que no le conociera diría que era demasiado inocente para ese mundo en el que vivían. Pero él era el líder de todos, el que daba las órdenes y el que planificaba todo. El que ordenó el ataque al pueblo cercano cuando uno de ellos fue atacado por un grupo de humanos, aprovechando con eso hacer lo secretamente SeHun sabía que deseaba hacer, simplemente le hizo falta una chispa para justificarse.
YiXing le agarró del cuello de su camiseta, obligándole a caer sobre él. Juntó los labios con los suyos, pero antes de besarlo habló rozando su boca de forma provocativa y mirándole con ojos hambrientos.
—Mañana irás con JongIn a recogerlo cuando se acerque al bosque. Hazle la pregunta de siempre y dependiendo de qué conteste irá con JongIn o contigo. Y procura comportarte hasta que acabemos la reunión, ¿entendido?
—Yo siempre me comporto.
Gran mentira, ambos lo sabían. YiXing sonrió y negó con un movimiento de cabeza. SeHun lo agarró del rostro y atacó los labios del mayor. Dando por finalizada la aburrida conversación y comenzando a hacer algo que le entretenía más.
***
MinSeok se detuvo en seco cuando vio a los dos muchachos delante de él. Iba a entrar justo al bosque cuando ambos aparecieron como por arte de magia. MinSeok observó a ambos y reconoció al tipo de la estación de la noche anterior.
—Bienvenido —dijo el muchacho que ya conocía—. Estab-
—¿Tú qué haces aquí? —preguntó sin poder contenerse.
El tipo sonrió y volvió a hablar.
—Estábamos esperándote para guiarte ante el líder —prosiguió el tipo, como si MinSeok no lo hubiera interrumpido—. Yo soy SeHun y él JongIn.
—Acompáñanos.
Dijo el llamado JongIn, sonriéndole de una manera que a MinSeok le resultó depredadora. Sintió cómo su cuerpo se estremeció, porque demonios, ni de día dejaba de darle miedo ese jodido lugar y se avergonzaba por estarlo, ya que tenía 27 años y no deberían asustarle los híbridos y menos un pueblo que parecía abandonado. Pero lo estaba, porque se hallaba solo, alejado de la mano del mundo civilizado y rodeado tipos que le ponían la piel de gallina. ¿Y por qué demonios el hombre que era el guardia era en realidad un lobo? Por lo que tenía entendido los lobos no se mezclaban voluntariamente con los humanos… ¿Qué mierda estaba pasando ahí? Esa era la pregunta más importante de todas y la que le tenía preocupado. Nada parecía normal desde que llegó a ese pueblo.
MinSeok se armó de valor, tenía que hacer su trabajo, y asintió.
—Vosotros primero.
SeHun sonrió y asintió, adentrándose entre los árboles y MinSeok esperó a que el otro entrara, pero le hizo un gesto con la mano para que pasara antes que él. Lo miró molesto, pero al final pasó antes que él; se sentía intimidado, a pesar de parecer bastante más mayor que ambos. Pero tener a uno de los lobos delante de él caminando y otro detrás le hacía sentirse acorralado, al menos más de lo que ya se sentía.
—¿Qué hacías anoche en la estación?
—Esperarte.
—¿Por qué?
—Porque eres nuestro invitado, MinSeok.
—¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó deteniendo sus pasos.
El híbrido que iba delante rio y continuó andando, pero el que estaba su espalda se pegó a él y le sintió olisquearle el cuello antes de murmurar cerca de su oído.
—Estamos en todas partes, humano, sabemos muchas cosas.
MinSeok se giró mirándole de la peor forma posible y se alejó, caminando para alcanzar al otro, que a pesar de ocasionarle algo de pavor, le tenía menos que al otro llamado JongIn, que parecía que iba a hincarle el diente en cualquier momento. Nunca se lo había planteado, pero ¿los lobos que evolucionaron a híbridos seguían siendo totalmente carnívoros? Nadie sabía mucho de los híbridos, ni el gobierno, simplemente aparecieron hace varios siglos de la nada y formaban sus propias comunidades. Estaban controlados por el gobierno, por el temor que habían infundido a la humanidad, sus territorios se los asignaron los humanos y ellos aceptaron. Pero MinSeok se estaba planteando en ese momento de miedo qué tan mansos eran y qué tan controlados estaban.
Se mantuvo en silencio por bastante tiempo, hasta que el pequeño sendero que seguían se agrandó y se bifurcó en dos caminos.
Se detuvieron los tres y los chicos se miraron entre ellos, sonriéndose. ¿Cuál era el chiste? MinSeok deseaba saberlo para dejar de sentirse tan temeroso de lo que iba a pasar. El de piel canela fue el que habló.
—¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los alfileres?
MinSeok los miró pensando que, aparte de darle miedo estaban totalmente mal de la cabeza. ¿Qué importaba el camino que eligieran, si ambos iban al mismo sitio?
—¿Qué diferencia hay? Si ambos me llevaran ante el líder.
—Elige, son costumbres —ordenó JongIn—. Dependiendo de lo que elijas irás con uno o con otro.
El humano miró ambos caminos, los dos parecían iguales y lo dos tenían nombres ridículos.
—El camino de las agujas.
El chico llamado SeHun sonrió y le agarró del brazo.
—Vienes conmigo, MinSeok. JongIn, ya sabes lo que debes hacer.
—Hasta luego —dijo el mencionado y se alejó por el camino, que MinSeok imaginó que era el que no había elegido él.
MinSeok se vio arrastrado al caminó, SeHun seguía teniéndolo agarrado firmemente del brazo, y el humano no intentó soltarse de su agarre después de la primera vez que lo pidió y lo intentó, porque no logró nada.
—¿Por qué me hicisteis elegir camino? —preguntó curioso y para olvidarse que cada vez se sentía más asfixiado en ese bosque extraño y oscuro—. Dijiste que era una costumbre ¿o era mentira?
—Oh, sí, es una costumbre.
—¿Por qué?
—Porque nos gusta jugar. Deberías agradecer que te tocara yo, porque tengo órdenes de no tocar.
—Lo estás haciendo ahora mismo.
El tipo detuvo la caminata y se giró sin soltarle. Acortó la distancia de sus cuerpos y MinSeok en ese momento fue más consciente de lo pequeño que era a su lado. Alzó la vista, decidido a no dejarse intimidar y dejar entrever su miedo.
—No tocarte de esta forma —contestó agarrándole del cuello con la mano libre que tenía y MinSeok se tensó, mostrando inevitablemente su miedo en el rostro—, tocarte de otra forma. Yo no puedo porque fue una orden directa, pero JongIn si podía, así que alégrate de ello. Porque él no hubiera dejado nada de ti.
Tragó saliva, sabiendo que si el lobo le apretaba más el cuello le costaría respirar mucho más que hasta ahora. Cerró los ojos, esperando lo inevitable, pero nunca llegó. SeHun le soltó del cuello y volvió a tirar de él, arrastrándolo a donde estaba su líder.
¿Qué cojones pasaba con el tipo? Estaban todos muy mal de la cabeza, definitivamente lo estaban. ¿Su jefe se imaginaba que algo así le esperaba? Porque si era que sí era para pegarle. Tenía muchas ganas de renunciar a su trabajo a su regreso, si regresaba. Porque en ese momento veía muy negro su futuro. Y no estaba siendo dramático, con todo lo que estaba viviendo era normal que pensara que su vida corría peligroso.
El resto del trayecto fue en silencio, intentando mantener la calma y recordar para qué estaba allí. El lobo no volvió a hablar, simplemente le hacía caminar obligado a un paso demasiado rápido para sus cortas piernas. A esa velocidad no tardaron nada en llegar al final del camino, donde le esperaba una solitaria cabaña. MinSeok, curioso, miró a su alrededor. Esperando ver más casas como esa, pero no había nada más. ¿Dónde estaba el resto de la manada?
—No vivimos aquí, MinSeok —contestó SeHun, soltándole del brazo por fin.
Al parecer había hecho la pregunta en voz alta.
—¿Qué es este lugar, entonces?
—El sitio donde se traen personas ajenas al clan. Los humanos no son bienvenidos en el bosque, menos para ver nuestro hogar.
MinSeok tenía ganas de decir que no eran bienvenidos, pero estaba él allí y tenían un pueblo de humanos al lado de su preciado bosque. Pero se tragó sus palabras y dejó que le guiara a dentro de la cabaña, cuando puso un pie dentro rezó cualquier oración que recordaba de cuando iba a la iglesia con sus padres y se armó de valor.
En un principio no se percató de la presencia del hombre que estaba allí, simplemente estaba a la espera de que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad del interior de la cabaña. Así que se sobresaltó cuando lo notó, sentado delante de una mesa, mientras comía. El tipo le sonrió.
—Bienvenido, siéntate.
MinSeok se quedó quieto mirando al hombre, porque su sonrisa encantadora no le inspiraba nada de confianza. No obstante, caminó hacia la mesa y se sentó en la única silla libre, sintió la presencia de SeHun en su retaguardia y eso le ponía aún más de los nervios.
—Soy YiXing, el líder. —MinSeok asintió y el líder prosiguió—. Sinceramente lamento que hayas venido.
—¿Perdón?
—En realidad ya no hacía falta que vinieras. SeHun, dale algo de beber, ¿tienes hambre? Tenemos una carne deliciosa.
—N-
—Sírvele también un poco —prosiguió el hombre, interrumpiendo su negativa.
El alto obedeció, sirviendo una copa y algo de comida, dejándola delante de MinSeok. Que sintió la mirada penetrante de ambos, que esperaban que probara lo que le ofrecían. No quería, joder, claro que no. Pero iba a ser una falta de respeto y quería que se explicara. ¿Qué quería decir que ya lo hacía falta que hubiera ido? Cogió la copa y la acercó a sus labios, viendo como el hombre de delante de él sonría ampliamente cuando dio su primer sorbo. Tuvo ganas de escupirlo, pero se lo tragó, estaba jodidamente asqueroso y… ¿espeso? ¿Qué mierda le habían dado de beber? Dejó la copa sobre la mesa de madera y habló.
—¿Qué quiere decir que no hacía falta mi presencia?
—Que ya hemos arreglado nosotros el problema con los humanos del pueblo.
—¿De qué manera? —preguntó, obligándose a cortar un trozo de la carne que tenía delante de sí.
Estaba masticando el trozo cuando el hombre contestó su pregunta.
—Hicimos desaparecer el problema.
MinSeok tragó antes de contestar con otra pregunta, sintiendo que no iba a gustarle nada la próxima respuesta de YiXing.
—¿De qué manera?
El de pelo negro rio, bebiendo seguidamente de su copa, se relamió el labio inferior y sonrió enseñando sus marcados colmillos. Hizo un gesto con la mano y SeHun, el cual había olvidado que estaba su espalda, le puso las manos sobre los hombros y se cernió sobre él para susurrar en su oído unas palabras que helaron su sangre.
—Matando a todos los del pueblo.
—¿Qué? —logró articular después de eternos segundos mirando a YiXing.
—Lo que has escuchado, humano. Ahora mismo acabas de beber de la sangre y comer la carne de alguno de ellos.
MinSeok sintió como se le revolvía la tripa y las arcadas no tardaron en aparecer, pero no llegó a vomitar. SeHun lo tenía sujeto tan firmemente que no podía salir, huir de ahí. Se comenzó a mover de manera desesperada para que le soltara, pero simplemente consiguió hacerse daño, porque era como si dos manos de hierro lo tuvieran sujeto. Poco a poco volvió en sus cabales, intentó buscar una vía de escape, iba a morir, estaba seguro que querían simplemente devorarlo como a los otros…
—¿Qué mierda queréis de mí? —escupió observando al único en el que podía clavar los ojos, mirándole con todo el asco que sentía por dentro.
El líder de los lobos se levantó de su asiento y caminó hacia MinSeok, se situó a su lado y se inclinó para poder hablar lo más cerca del rostro del mayor, que sentía que su cuerpo temblaba de terror. El tipo acarició su rostro antes de comenzar a hablar.
—Quiero que digas lo que has visto, no queremos a nadie cerca, a ningún humano. No queremos que el gobierno nos quiera controlar. No se puede controlar a alguien superior a tu especie, ¿comprendido? Por eso te vamos a permitir vivir, y te podrás ir una vez que prometas hacer eso.
—¡Lo prometo!
Dijo sin dudarlo, Joder, prometería cualquier cosa si le decían que podía volver a casa.
—Buen chico —contestó complacido sobre su oído, sus labios rozando su lóbulo—. Cuando SeHun acabe contigo eres libre de largarte de aquí.
Añadió, por último. MinSeok juraba que podía sentir su sonrisa de satisfacción, aunque no pudiera verlo. Gritó, frustrado y temeroso de lo que le esperaba. Volvió a escuchar la risa de YiXing, antes de oír la puerta cerrarse. SeHun le soltó, pero antes de hacerlo le advirtió que si se le ocurría moverse le mataría lenta y dolorosamente. MinSeok no quería morir, no allí, no cuando aún tenía una larga vida por delante. No dejando a alguien esperando su regreso No, demonios, no iba a morir ese día. Le daba igual lo que le hicieran con tal de volver a casa y poder abrazar a JongDae.
—¿Qué debería hacer primero contigo? —dijo SeHun tras haberse agachado delante de él y lamer su yugular—. ¿Cuál será la forma ideal para comerte mejor?
MinSeok tembló, su mirada le daba pavor. Resultaba estúpido que eso le causara miedo después de todo lo que había escuchado, después de saber lo que sabía, pero esos ojos eran terroríficos.
Sintió las lágrimas correr por su rostro cuando SeHun se acercó y le devoró la boca con la mayor ferocidad que lo hubieran besado nunca. Y MinSeok cerró los ojos, rogando que todo acabara pronto.
Lamentablemente, intuía que SeHun no planeaba acabar rápido de jugar con él.
***
Cuando abrió los ojos estaba en el tren y era de noche, su cuerpo dolía de manera horripilante, todo él. Sabía que había perdido el conocimiento en algún momento, pero no esperaba despertarse ahí. Inmediatamente buscó su móvil y comprobó su cobertura.
Rebuscó en su lista de llamadas a JongDae y le llamó, comenzando a llorar, sin poder contenerse.
—Minnie, ¿cómo estás?
No pudo evitar sollozar en cuando escuchó la voz de su dulce JongDae.
—No sé cuánto me queda por llegar, pero ven a recogerme, por favor.
Habló sintiendo que necesitaba a JongDae, necesitaba verlo, abrazarlo y sentir que podía olvidarse de lo sucedido, aunque le costara, debía hacerlo. JongDae habló, preocupado, pidiéndole que le dijera qué pasaba, que dejara de llorar. Pero MinSeok no quería contarle su desgracia, no quería horrorizarlo, no como él estaba en ese momento. No obstante, sabía que terminaría contándole, porque no guardaba secretos al menor.
—En casa te cuento, ¿sí?
Contestó controlando sus lágrimas e intentando hablar normal, ya que sabía que JongDae en ese momento no estaba nada tranquilo, su preocupación era hasta palpable a través de su voz.
—No puedo obligarte a contarme ahora, así que esperaré a que regreses para saber. Avísame cuando sepas cuando estés por llegar e iré hacia la estación.
—Claro, yo te aviso.
—Bien.
Se quedaron en silencio un momento, escuchando la respiración del contrario solamente.
—Minnie.
—¿Sí?
—Tengo muchas ganas de tenerte delante y abrazarte.
—Y yo —dijo MinSeok sintiendo que comenzaría a sollozar de nuevo, porque eso era lo que justamente estaba deseando desde hace horas, desde que el momento más horrible de su vida comenzó—. Yo también tengo ganas de verte y tenerte entre mis brazos.
—Hyung…
—Dime.
—¿Algo tan malo te ha pasado para que me llamaras llorando? Hace años que no te veía o te escuchaba llorar.
—Fue horrible, JongDae. Todos teníais razón, debí tener cuidado con los lobos.
Contestó, cerrando los ojos y tocándose el cuello, ahí donde tenía una marca de los dientes del lobo aterrador que lo devoró en la cabaña del bosque. Sintiendo su cuerpo temblar de miedo sólo con el recuerdo de todo lo vivo.
FIN