Capítulo I
Dormir por horas era un lujo que solo la gente rica podía darse.
Yoongi ni siquiera sabía lo que era irse a la cama antes de la madrugada y levantarse cuando el sol ya estaba en lo altol, él podía dormir tres horas y eso era mucho. Tenía demasiadas tareas por hacer, libros que estudiar, un trabajo de tres días y una madre que necesitaba su ayuda en casa.
Todos los estudiantes universitarios se esforzaban, pero él tenía que hacerlo el doble, porque estaba en lo más bajo de la pirámide en los linajes y las clases. En su país, que a pesar de eso no se consideraba totalmente conservador, las diferencias por dinero y estatus estaban muy marcadas. Los alfas tenían todas las oportunidades, la admiración y el respeto; los omegas eran un poco menos que ellos, lidiaban con sus propios problemas, intentaban luchar contra los prejuicios y buscaban su independencia; los betas eran… nada.
Los betas eran sirvientes que no podían alzar el rostro a sus jefes, los que limpiaban la ciudad de madrugada, vivían en barrios alejados de todos, llenos de suciedad y calles sin pavimento.
¿Qué era un omega nacido de dos betas?
¿Qué era Yoongi?
Nada.
Había algunos omegas en su barrio, pero su casta era insignificante en su situación, ningún alfa los vería jamás como posibles parejas y en los trabajos tampoco los consideraban útiles; por lo que su vida se iba en intentar casarse con un beta que estuviera dispuesto a aguantar su naturaleza y la idea de no tener descendencia, o tal vez uno si la suerte les sonreía. Los pocos alfas que Yoongi llegó a ver en su barrio se fueron en cuanto tuvieron la oportunidad, tampoco tendrían las mejores oportunidades por su origen, pero sus posibilidades eran mayores.
Sin embargo, Yoongi se negó a vivir de ese modo desde que era un niño, simplemente no quería resignarse a vivir mal. A una edad muy joven se propuso abandonar el lugar donde vivía, salir adelante y conseguir una vida mejor de la que le habían enseñado. Sus padres se preocuparon por él, pero lo apoyaron como pudieron.
Cuando se presentó como omega las cosas se oscurecieron, incluso él se sintió desanimado por ello, pero supo sobreponerse.
Luego su padre murió en un accidente de trabajo, dejando al pequeño Yoongi solo con su madre. El dinero, que siempre hizo falta, se volvió imposible de conseguir. Pasaron hambre, frío y muchas dificultades; pero Yoongi nunca consideró rendirse.
Comenzó a trabajar y cuando llegó su momento aplicó para una beca de universidad. A escondidas de todos se inscribió en la institución más privilegiada del país, donde sólo asistían los miembros de la élite.
Y Yoongi consiguió entrar.
Lamentablemente la vida ahí no fue nada fácil, fue horrible.
Desde el primer día se hizo de conocimiento general su pobre origen y el acoso no tardó en empezar; él no era débil, pero tampoco demasiado fuerte para lidiar con ello. El dinero era un problema, el transporte, la comida, los libros, su salud empeoró.
Yoongi no se rindió a pesar de todo.
Dos años después ya era normal verlo dormir en diferentes áreas de la universidad, lo hacía porque tenía sueño y así era más fácil ignorar el hambre.
Uno de esos tantos días se quedó dormido en la biblioteca, con su cuaderno debajo suyo. El viento entraba suavemente por la ventana que había a su lado, y revolvía su cabello negro. Yoongi estaba tan cómodo en los brazos de Morfeo hasta que una voz comenzó a llamarlo.
“Hey, hey, despierta”.
La voz se escuchaba lejana, muy apartada de él. No quería escucharla.
“Oye, levantate”.
No, no quería.
“Omega, te estoy hablando”.
Omega.
Omega.
Yoongi abrió los ojos de golpe y levantó el rostro, lo primero que vio fue a un chico sentado en la mesa de enfrente, observandolo fijamente.
Pero no pudo prestarle demasiada atención porque un puño se estrelló en la mesa donde estaba para llamar su atención. Yoongi giró de inmediato hacia la persona que lo llamaba.
Un alfa.
—Necesito “tus servicios” —escupió burlón —. Vamos.
Yoongi no cambió su expresión seria ni se movió, permaneció del mismo modo.
—Te estoy hablando pedazo de idiota —gruñó el alfa y lo tomó del cabello con fuerza.
Inevitablemente, Yoongi chilló. Llevó las manos hacia atrás para sostener las muñecas del alfa en un intento por apartarlo. Nadie de los que estaba ahí hizo ni el intento de ayudarlo, porque no les importaba lo que le pasara al omega pobre.
—Se paga por adelantado —informó Yoongi con los ojos puestos en el otro.
El alfa sonrió con suficiencia, lo soltó bruscamente para sacar de su abrigo una cartera, contó unos cuantos billetes y luego se los aventó en la cara a Yoongi.
—Ahí tienes tu dinero, ahora vamos.
Yoongi apretó los labios, dentro de él sintió la necesidad de golpear a ese tipo, de escupirle la cara o romper los billetes frente a su rostro… pero no podía.
Tomó el dinero y lo guardó en la bolsa de su pantalón, se levantó de la silla lentamente mientras regresaba sus útiles escolares en la mochila y una vez que estuvo listo, siguió al alfa fuera del lugar.
Yoongi conocía al tipo, ocupaba de “sus servicios” con bastante regularidad. Lo hizo más a menudo cuando terminó su relación con una omega, ya había pasado un año desde eso, así que Yoongi lo había soportado por mucho tiempo.
Lo llevó al lugar acostumbrado, detrás del edificio donde estaba su dormitorio y muchos más alfas.
Yoongi dejó su mochila en un rincón y no perdió el tiempo en ponerse de rodillas, el alfa caminó hasta él con una sonrisa espeluznante al tiempo se abría los pantalones.
Cerró los ojos e intentó no pensar en lo que estaba a punto de suceder, sólo separó los labios a la espera de que todo iniciara.
Fue asqueroso y doloroso, como siempre.
Una vez que se vio saciado de usar su boca, lo sujetó por la nuca para inclinar su cabeza y dejar a la vista su garganta, con una mano libre el alfa comenzó a masturbarse hasta que se corrió en el rostro de Yoongi, que luchó por no apartarse.
El alfa estaba agitado, sonrió al ver a Yoongi cubierto de él y le acarició los labios con el pulgar. Pero Yoongi ya había terminado su parte, así que le apartó la mano y se alejó de él para buscar en su pantalón una servilleta que le ayudara a limpiarse la cara.
—¿Cuánto quieres por dejar que te bese? —preguntó el alfa mientras se acomodaba el pantalón.
—Nada, no te dejaré —respondió Yoongi tajantemente.
—Es sólo un puto beso, idiota, puedo pagarte el doble de lo que cobras por una mamada.
Yoongi apretó las manos contra la tela de la servilleta e inhaló hondo.
Para salir adelante tuvo que tomar todas sus opciones, y convertirse en trabajador sexual fue una de ellas, la más repugnante pero también efectiva. Comenzó con un alfa que era muy tímido y gustaba de él, pero nunca se lo dijo por miedo a ser señalado, así que una tarde le ofreció dinero a cambio de un oral. Fue una terrible coincidencia que Yoongi llevara tres días sin comer y tuviera que entregar un proyecto, así que aceptó aunque no sabía nada de orales.
Ese idiota le contó a todos lo que habían hecho y sólo días después todos aquellos que se burlaban de él estaban pidiendo que también les chupara el pene a cambio de dinero. Aquel primer cliente que tuvo e informó a todo el mundo de lo que pasó dejó de asistir un día, los rumores decían que fue asaltado una noche en su camino de regreso a la escuela luego de una fiesta, y se dio de baja al poco tiempo. Yoongi creyó que eso calmaría la situación, pero no fue así, por lo que tuvo que aguantar a un montón de alfas tras de él pidiendo que les hiciera un oral. Sólo porque les avergonzaba expresar libremente que Yoongi, el omega más pobre y miserable de la universidad, les gustaba.
Yoongi dudó mucho, porque eso era caer muy bajo incluso para él; pero poco a poco el hambre era más insoportable, la escuela se volvía insostenible y él se quedaba sin opciones.
Ganó mucho dinero en una semana.
Con el tiempo se volvió una rutina, los alfas ya sabían el precio, lo buscaban seguido y pagaban para correrse en su boca o cara.
Eso era humillante y denigrante.
A pesar de todo, Yoongi se dijo que todavía era capaz de mantener un poco de dignidad.
¿Permitir que uno de los que abusaban de él lo besaran como si fuera su dulce amante?
Que ridiculez.
Incluso si perdía dinero, debía mantener algo para sí mismo.
—Ya te dije que no —replicó Yoongi—, deja de insistir.
—¿Cuánto quieres por tu culo?
Yoongi se petrificó.
No, nada de sexo.
Eso sería demasiado arriesgado, no podía ni darse el lujo de intentarlo. Si alguno de esos estúpidos lo preñaba o contagiaba de algo todo se terminaría para él.
—Ya te he dicho que nada, eso no es lo que hago —gruñó.
—Tu boca ya está muy usada, basta con eso de hacerte el mojigato y deja que te lo meta, te daré mucho más si te anudo.
—No.
—Ya eras una maldita basura usada, deberías agradecer que hacemos uso de ti aunque seas una mierda. Gracias a nosotros es que puedes estudiar y comer.
“¿Gracias a ellos?” pensó.
¿Debería agradecer que lo violaran y humillaran por sus deseos asquerosos?
—No —repitió y se levantó, con un poco de semen todavía en la barbilla—. Y nadie te obliga a que me busques para chupartelo…
Quería escupir más cosas, pero no era tan tonto. Ese tipo era un alfa, él un omega, estaban solos sin nadie cerca, aunque incluso si hubiese una multitud no habría diferencia, ese tipo podría golpearlo hasta morir si se le antojaba.
Así que Yoongi se reprimió, cerró las manos en puños y tomó su mochila para alejarse de ese lugar. El alfa no intentó retenerlo, lo que fue un alivio, y Yoongi simplemente huyó hacia los baños.
Sintió un nudo en la garganta y sus manos temblaban, de furia o tal vez tristeza, simplemente se sentía muy mal.
Cuando estuvo en los baños se apoyó en el lavamanos y dejó que las lágrimas rodaran por sus mejillas, sollozó quedito porque lo que menos deseaba era llamar la atención. Ver su reflejo fue horrible, tenía manchas blancas en la cara y unas gotas del asqueroso semen de ese alfa todavía estaban en su barbilla. Abrió una llave, puso las manos bajo el chorro del agua y se enjugó la cara violentamente, con la esperanza de que eso lo ayudara a sentirse un poco mejor, porque tal vez si estaba libre de manchas olvidaría lo que pasó, lo que le pasaba.
Claramente no fue así.
Pasó varios minutos lavándose la cara, entre lágrimas y gruñidos desesperados, terminó con la piel enrojecida. Cerró la llave de agua y lloró tan bajo como pudo, intentó calmarse a sí mismo en vano, finalmente estaba dejando salir un poco de su frustración.
Cuando la puerta del baño se abrió abruptamente Yoongi dio un salto y por instinto retrocedió. Un chico extraño fue quien entró, pero no hizo ademán de ir hacia ninguno de los cúbicos, simplemente se quedó en la puerta, mirándolo fijamente.
El miedo que inundó a Yoongi al principio se esfumó, para convertirse en molestia, aunque no supo exactamente qué lo enojó al ver a ese tipo.
Pero se hizo una idea casi al instante. Seguramente era otro de los tantos que querían tener “sus servicios”, por eso estaba ahí viendolo como un idiota.
Tomó de nuevo su mochila y se encaminó hacia la salida con pasos seguros, el hombre, a quien pudo reconocer como un alfa, lo sujetó del brazo cuando pasó a su lado, pero Yoongi se apartó violentamente y sin pensarlo mucho lo aventó por el pecho.
—¡No! —le gritó enojado—. ¡Déjame en paz! ¡No voy a chuparte nada!
Y dicho eso, salió del baño.
Yoongi sintió unas inmensas ganas de perderse en la ciudad. Mientras salía de la universidad para ir a su casa, imaginó lo hermoso que sería morir en ese preciso instante.

Yoongi no murió ese día, ni el siguiente o cualquiera de los que llegaron después.
Tuvo que seguir con su horrible rutina. Su madre se había quejado de verlo muy delgado y le pidió que comiera un poco más, Yoongi evitó reírse de ella por esa petición tan estúpida, en cambio le prometió que lo intentaría.
A veces Yoongi consideraba aceptar la oferta de su ya recurrente cliente, durante las veces que se habían encontrado le pedía al menos un beso, con la promesa de darle más dinero.
“Debo aceptar antes de que se rinda, sólo será una vez y con eso podré pagar el libro que necesito” se dijo mientras estaba en una de sus clases.
Así que cuando el alfa fue por él, Yoongi esperó la propuesta.
—Si todavía quieres besarme —susurró mientras el alfa se bajaba los pantalones—, puedes hacerlo.
—¿Qué? —el chico lo miró un poco sorprendido.
—Dijiste que me darías el doble —recordó Yoongi y evitó mirarlo a la cara—, eso es lo que quiero y te dejaré besarme.
—Qué situación —se burló el otro y sin dudar ni un poco sacó más billetes de su cartera, que aventó hacia Yoongi—. El dinero nos da todo, ¿no?
Yoongi no respondió, se agachó a tomar el dinero y lo guardó en su pantalón. Apretó los puños y esperó a que su verdugo se decidiera a hacer lo que quisiera.
El alfa se acercó lentamente, pero no con suavidad, fue muy amenazante con su sonrisa siniestra y su mirada de suficiencia. Le tomó el mentón con fuerza, haciendo que Yoongi soltara un quejido, pero logró aguantar las ganas de apartarlo.
—No sabes lo mucho que me has hecho esperar, pequeño idiota de mierda —murmuró cerca de su rostro—. ¿Es tu primer beso?
—No —mintió Yoongi.
El alfa sólo rio y sin previo aviso estampó su boca en la de él, no fue nada amable, como ya lo esperaba. Yoongi sólo atinó a ponerle las manos en el pecho, para no caerse. Su boca fue atacada con dientes y lengua, el alfa le mordió los labios más de una vez e intentó asaltar su cavidad hasta lo más profundo.
Yoongi sintió que el aire le faltaba y golpeó al alfa, pero este no retrocedió ni un milímetro. El pánico no tardó en apoderarse de él, sintió dolor físico en su boca y otro extraño en el pecho, tal vez por la falta de aire o quizá por su acelerado corazón que comenzó a latir con demasiada fuerza. Lo que fuera que haya sentido, fue horrible, la peor sensación que pudo experimentar. Se sintió vulnerable y pequeño, en manos de una presa que iba a matarlo sin piedad.
Cuando se vio finalmente libre, Yoongi casi cayó, pero alcanzó a poner la palma en la pared tras él, el alfa se alejó bruscamente, con una sonrisa triunfante adornando sus hermosas pero aterradoras facciones.
—Ah, fue mejor de lo que creí —se vanaglorió.
Yoongi se llevó la yema de los dedos a sus labios magullados y se le mancharon con un poco de sangre. Intentó respirar adecuadamente, pero le costaba demasiado mantener la calma. Cuando sintió al chico ir de nuevo hacia él se estremeció por el terror.
—¡No! —gritó y puso las manos frente a él, en un inútil esfuerzo por detenerlo.
—¿No qué? —inquirió el alfa con una ceja arriba.
—Por favor, no más… ya no… no, déjame en paz —murmuró Yoongi con la voz rota.
—¿Me quieres ver la cara de idiota?
—No, yo… por favor —Unas lágrimas salieron por las esquinas de sus ojos y Yoongi sollozó.
—Mira, pedazo de mierda, yo te pagué, así que no me vengas con estupideces.
En un movimiento rápido, el alfa lo tomó del cabello con fuerza y acercó sus rostros hasta que quedaron a centímetros de distancia.
—Por favor, déjame… por favor —suplicó Yoongi y sujetó las muñecas ajenas con desesperación.
—¡Te di el dinero y puedo hacer contigo lo que quiera!
De un momento a otro dejó su cabello, sólo para darle una bofetada que lo hizo caer al suelo. Yoongi no pudo reaccionar cuando su cabello fue nuevamente sujetado hasta que su rostro chocó con la entrepierna del alfa, que ya se había bajado los pantalones para dejar libre su pene.
—Te ordenó que lo dejaras —gruñó alguien detrás de ellos.
El alfa se detuvo de golpe ante el sonido y giró el rostro hacia quien hablaba.
—¿Y a ti qué? —escupió—. Vete y ocúpate de tus propios asuntos. —Volvió su atención al tembloroso omega.
—Que estúpido eres —habló de nuevo el otro.
El alfa soltó a Yoongi con violencia, su cara se estrelló contra el pasto, pero estuvo agradecido de verse libre a pesar de eso. Escuchó el cierre del pantalón del alfa ser subido y luego sus pasos alejándose de él.
—Mira, cabrón, te dije que te largaras…
—Y él te dijo que lo dejaras en paz, si tú no sabes obedecer una petición, yo tampoco.
—¡Yo ya le pagué! No puede exigir dinero y luego ponerse a llorar porque se arrepintió de su trato.
—¿Cuánto fue?
—Eso no te incumbe.
—Al parecer el dinero te importa mucho, debes ser el hijo de un simple director, ¿no?
Yoongi finalmente alzó el rostro hacia los dos hombres que discutían. Al principio le pareció que quien lo defendía era un completo extraño, pero le tomó sólo unos segundos reconocerlo.
Lo había visto en el baño semanas atrás.
—¿Qué diablos dices? —gruñó el alfa que lo atacó.
El chico que llegó a auxiliarlo sacó su cartera y luego un montón de billetes, sin perder tiempo comenzó a aventarlos en la cara del alfa, que no pudo hacer nada para evitarlo, los papeles chocaron contra su piel de una forma específica que le causó cortes pequeños.
—¡¿Qué te pasa, idiota?! —reclamó cubriéndose la cara.
—Ahí tienes tu maldito dinero —declaró el otro sin dejar de lanzar los billetes—. Dile a tu precioso papi que no malgastas sus pocos ingresos violando omegas, dile que te ganaste la lotería. ¿Alguna vez habías visto esta cantidad? —Sin previo aviso sacó un fajo enrollado y se lo echó a la nariz con un tiro certero.
El alfa comenzó a sangrar de inmediato.
—¡¿Cómo te atreves?! —gritó el alfa e intentó ir hasta él.
—Lárgate y deja de hacer un drama. No sé que atractivo encuentras en violar a un omega.
—No lo estaba violando, yo ya le pagué.
—Él no quiere estar contigo, eso es obvio.
—Sólo va a chuparmela, no es violación. Si quieres que te lo haga a ti espera tu turno.
—Nadie pondrá tu pene asqueroso en su boca.
—Y si no me voy, ¿qué?
—No quieres saber —masculló aquel chico—. Ya te pagué, vete.
—Mira, estúpido…
—No, mira tú. Lárgate o haré que te arrepientas.
—¿Sí? ¿Cómo?
—Kyung-ho —gritó alguien de repente—. Ya vas tarde a la clase.
El alfa miró enojado a los otros dos, luego dejó salir un gruñido y se fue sin más.
Yoongi se sentó como pudo y se tocó la cara con cuidado, tenía un poco de sangre.
—Que patético —soltó de repente el chico que lo auxilió.
Yoongi alzó la mirada hacia él, no tuvo las fuerzas para enojarse u ofenderse por el insulto que claramente iba para él. Decidió ignorarlo para limpiarse lo mejor que pudiera, pues aún le faltaban algunas clases. El chico se agachó y comenzó a recoger los billetes uno por uno, mientras Yoongi recuperaba el aire e intentaba regular su respiración.
—Deja de hacer lo que haces —pidió el chico mientras le ofrecía el dinero—. Te pones en riesgo.
—No tengo más opciones —respondió Yoongi sin mirarlo.
—Te ofrezco una: yo te daré todo el dinero que quieras cuando quieras, pero deja de relacionarte con esos alfas.
Yoongi alzó el rostro hacia él y lo miró en silencio, el chico estaba serio.
Casi hizo que le creyera.
Yoongi soltó una carcajada a pesar del dolor.
—Claro —murmuró y se levantó de donde estaba.
—¿Qué dije para que te rieras?
—Me darás dinero, ¿pero a cambió de qué?
—No me gusta que esos alfas se aprovechen de ti.
—Ajá, bonito discurso, ¿cómo le llamas tú a ofrecerme dinero para tener algo de mí?
—No quiero nada de ti.
—No te creo —Yoongi fue por su mochila, dispuesto a marcharse.
Pero no pudo hacerlo porque el chico lo sujetó del brazo para detenerlo.
—Ten —Extendió hacia él los billetes—. Este dinero es por lo que acaba de pasar.
Yoongi lo miró por unos segundos. Su primera opción fue negarse, por supuesto, pero se recordó que la dignidad no le daría de comer; así que no se hizo del rogar y lo tomó.
—¿Cuándo quieres que te lo chupe? —cuestionó guardando el dinero en su pantalón.
—Te dije que no espero nada de ti.
—Un alfa ofreciendo dinero a un omega a cambio de nada, se oye muy verídico.
—Sólo aléjate de ellos, no vuelvas a hacer lo que haces.
Yoongi se encogió de hombros y se fue sin decir más.

Lamentablemente Yoongi tuvo que volver a encontrarse con Kyung-ho, pues el dinero era algo que duraba muy poco y él necesitaba mucho. El alfa estaba enojado, mucho, incluso si Yoongi no era el culpable de la humillación que pasó, pero su orgullo era muy grande.
Cuando fue a buscarlo actuó hostil de nuevo, le dio una bofetada fuerte y lo insultó por varios segundos antes de irse. Yoongi estaba asustado y no quería ir al encuentro, pero el alfa ya le había pagado, no tenía la opción de negarse.
Caminó con dudas hacia el lugar donde lo había citado, que estaba un poco más lejos de lo acostumbrado e intentó alejar los pensamientos que lo invadieron, causándole terror. Pero una vez que estuvo ahí, se arrepintió de no hacer caso a sus instintos.
El alfa no estaba solo, había otros con él, que lo miraron de forma extraña apenas llegó. El sitio era un terreno desolado a pocos metros detrás de la universidad, lejos de los curiosos o testigos.
Por supuesto, eso era una alerta, pero Yoongi ya no podía irse.
—Llegaste —dijo Kyung-ho al verlo.
—¿Qué es esto? —preguntó Yoongi con voz débil, aunque intentó verse seguro.
—Te lo pedí por las buenas muchas veces, omega —comenzó Kyung-ho desde su lugar—, pero siempre te hiciste el orgulloso y no cediste, tendré que tomarlo por las malas.
—¿De qué hablas? —susurró Yoongi asustado.
—Lo que pasó el otro día no se va a quedar así, ya fue suficiente de andar tras de ti.
Yoongi retrocedió por instinto, pero los otros alfas se apresuraron hacia él y lo sostuvieron de los brazos para comenzar a arrastrarlo hacia Kyung-ho. Intentó luchar con todas sus fuerzas, inútilmente.
—¡¿Qué haces?! —gritó lleno de terror —. ¡Déjame en paz!
—Todos aquí estamos ansiosos por anudar ese culo tuyo, eres el único omega que no hemos tenido, un poco irónico, ¿no crees?
—¡Por favor, por favor! —rogó Yoongi sin dejar de luchar—. ¡No me hagas daño!
—Si pones de tu parte te va a gustar, así que cálmate.
—¡No! —Yoongi sintió lágrimas resbalar por sus mejillas, su cuerpo comenzó a temblar—. ¡Por favor! ¡Haré lo que quieras!
—Lo que quiero es cogerte —declaró Kyung-ho y sujetó sus mejillas con una mano—. Así que hagamoslo.
—¡No! —gritó forcejeando contra los alfas que lo sostenían—. ¡Basta!
Pero fue en vano. Los alfas no tardaron en inmovilizarlo y contenerlo, lo tiraron al piso para facilitar el agarre; cada una de sus extremidades fue sujetada por un alfa, sin darle la oportunidad de mover ni un sólo músculo, incluso su cara fue apretada con brusquedad para que viera perfectamente bien a su captor.
—¡No, por favor! —gritó de nuevo mientras se veía despojado de su ropa.
Nadie quiso escucharlo.
Yoongi pensó fugazmente en lo horrible que era su vida, desde un principio, apenas nació. Estaba condenado a ser infeliz y miserable, esa era la verdad. Fue un idiota al creer que podría cambiar su destino, por imaginar que los alfas se conformarían con lo poco que les daba, que aquellos con más poder que él iban a respetarlo.
Yoongi fue un idiota por creer que podía ser alguien.
Sintió los dientes del alfa en sus muslos y los largos dedos de este apretando su suave carne, que estaba casi pegada a sus huesos por la falta de alimento. Yoongi lloró desamparado, sin dejar de forcejear o gritar, aunque bien sabía que nada iba a salvarlo.
Todo estaba perdido.
O eso fue lo que creyó.
Antes de que pudieran hacerle algo, una voz que ya conocía se alzó por encima de todos los sonidos obscenos que aquellos alfas dejaban salir, degustando el terror del indefenso omega mientras imaginaban todo lo que iban a hacerle.
—¿No te dije que lo dejaras en paz? —inquirió el recién llegado.
Todos se detuvieron al escucharlo y se giraron para verlo.
—¿Qué hace Kim Seokjin aquí? —murmuró uno de ellos.
—Otra vez tú —gruñó Kyung-ho—. Lárgate.
—Suelta al omega.
—Por una mierda, ya basta. Vete.
—Libéralo, ahora.
—Bien, bien, mira, dejaré que te lo cojas también —ofreció—, yo quiero ser el primero, nada más.
—No fue eso lo que te ordené.
—¿Por qué diablos debería hacerte caso?
—Kyung-ho, él es Kim Seokjin —informó uno de sus cómplices en voz baja.
—¿Y a mí qué me importa quién sea?
—Debería importarte quien soy —declaró Seokjin—. Suelten al omega y lárguense de aquí —exigió.
Los alfas que sostenían a Yoongi dudaron por unos momentos, se miraron uno a otro y luego a Kyung-ho, que obviamente se opuso a aquella orden. Sin embargo, los alfas decidieron no hacerle caso, así que al final dejaron libre al omega y se fueron corriendo sin mirar atrás.
Yoongi se levantó como pudo y se arrastró hasta un rincón para refugiarse ahí, sus calzones estaban aún en su lugar, al menos. Se dejó caer en el pasto, abrazó sus piernas y hundió la cara en ellas mientras sollozaba. No quería ver nada, sólo quería irse y estar a salvo.
Estaba tan asustado, su corazón latía frenético en su pecho y la respiración le fallaba, sin contar que su cuerpo entero temblaba, además de que le dolía debido los múltiples moretones causados por los alfas que lo habían apresado con demasiada fuerza.
Fue espantoso, Yoongi realmente sintió que el alma había abandonado su cuerpo y no quedaba nada más.
Kyung-ho fue el único que se quedó, se levantó para enfrentar a Seokjin, su orgullo alfa totalmente herido.
—¿Por qué diablos interfieres en lo que no te importa? —gruñó.
—No me gusta que un imbécil como tú se aproveche de otro imbécil como él —informó Seokjin seriamente.
—¿Acaso eres un superhéroe?
—Soy un hombre de pocos límites, no soporto ver cosas como esas, hacen que mi consciencia esté intranquila.
—De verdad deberías dejar de meterte en mis asuntos.
—Una violación no es un “asunto”, es un delito.
—¿Me vas a denunciar?
—Te voy a matar.
Kyung-ho soltó una carcajada, se pasó las manos por el cabello, totalmente frustrado. Apoyó la lengua en la parte interna de su mejilla mientras miraba al otro alfa, que no se afectó por su furia, estaba totalmente serio y firme. Eso lo hizo enojar todavía más, así que sin pensar fue hasta él para tomarlo de la camisa.
—¿Quieres averiguar quién mata primero a quién? —desafió entre dientes.
—No te conviene saberlo —aseguró Seokjin sin inmutarse—. Vete antes de que me colmes la paciencia.
—Eres un rarito, Seokjin, nadie te habla, no tienes amigos… ¿Por qué se supone que debería temerte?
—Hay una razón por la que nadie quiere estar cerca de mí.
—¿Matas gente por diversión?
—Yo no, mis matones sí.
—Claro.
—Vete, te estoy dando la oportunidad.
—No te tengo miedo.
—Pues deberías. Mira —Seokjin le sujetó la cara con ambas manos y lo miró a los ojos con la misma expresión seria—, te dejaré vivir si te vas ahora. Si no lo haces, primero mataré a toda tu familia frente a ti, les sacaré los dedos uno a uno mientras observas y luego a ti te voy a empalar. Nadie se preocupará por ustedes porque este país es mío, el dinero hace milagros.
Kyung-ho se quedó helado ante sus palabras y por la naturalidad con que las dejó salir, inevitablemente sintió un poco de miedo.
Ese alfa era muy extraño.
—¿Acaso te crees el protagonista de un libro de terror? —se burló con una sonrisa.
—No, soy sólo Kim Seokjin —respondió simplemente.
Kyung-ho lo miró en silencio, al principio estaba dispuesto a seguir burlándose de Seokjin por sus palabras, pero al ver la seriedad en su rostro y darse cuenta de que no titubeaba ni un poco, sintió más miedo. Todos sus amigos se fueron en cuanto él se los ordenó y su nombre los hizo temblar, eso lo hizo retroceder. No era tan estúpido.
—Eres un demente —dijo mientras se alejaba —. Todo por un maldito omega sucio y usado. Ni siquiera vas a disfrutarlo, creéme.
—Lárgate.
Kyung-ho se fue sin más y cuanto estuvo lejos Seokjin sacó su teléfono.
—Lleva camisa blanca, pantalones azul marino, zapatos negros, va despeinado, aproximadamente uno ochenta de alto, cabello rojo. Te mandaré la ubicación para que sepas por donde está.
Colgó y escribió algo en el dispositivo, luego lo guardó. Yoongi observó todo desde el mismo rincón, tembloroso y con el llanto cada vez más intenso. Seokjin lo miró desde arriba con la misma expresión seria de siempre.
—Te ordené que dejaras de hacer… eso —soltó con voz neutral. Caminó lentamente hacia él, pero a medio caminó se detuvo para tomar sus pantalones del piso—. ¿Por qué no me hiciste caso? —reclamó mientras le extendía la prenda.
—Necesito el dinero —respondió Yoongi en voz baja, aceptó lo que le ofrecía con manos temblorosas y ensangrentadas.
—¿No te dije que yo te daría dinero?
—¿Y quién eres tú? ¿Por qué me darías dinero?
—Porque sí.
Yoongi rio en medio de su llanto y se cubrió la boca para mitigar el sonido, sus piernas se pegaron más a su pecho por la necesidad de sentirse seguro.
—Los alfas son malvados —A pesar de esas palabras, no se sentía en peligro estando en presencia de ese alfa—, nunca me darías nada sólo porque sí.
—¿Me conoces o por qué razón hablas tan seguro sobre mí?
—Porque eres un alfa.
—Soy Kim Seokjin.
—Y yo Min Yoongi, un omega pobre que nació de dos betas.
—Sé quién eres, todos lo saben.
Yoongi no dijo más, se abrazó más fuerte las piernas y respiró hondo para dejar de llorar. Su respiración no pudo regularse ni el temblor abandonó sus extremidades, pero al menos las lágrimas se iban poco a poco.
Necesitaba un baño, un abrazo de su mamá, un poco de consuelo. Acababa de vivir la experiencia más horrible de toda su vida.
—Gracias —susurró luego de unos segundos—. Por salvarme.
—Lo hice porque me das lástima —declaró Seokjin—, eres realmente miserable.
Aquellas palabras hicieron que Yoongi volviera a llorar, pero apretó la boca para no verse más ridículo.
—¿Crees que tienes el derecho a humillarme sólo por lo que acabas de hacer? —cuestionó Yoongi enojado, aunque tomó una bocanada de aire para calmarse, su voz salió rota e inestable.
—No es mi culpa que tu verdad sea humillante —replicó Seokjin.
—Bien, gracias, ahora déjame en paz —gruñó apartando la cara de sus ojos fríos.
—Te llevaré a tu casa.
—No lo necesito, gracias.
—¿Crees que estás en posición de negarte?
—Sí, todavía tengo esa opción, porque sigo siendo una persona con dignidad y poder de decisión —dijo furioso Yoongi y volvió a enfrentarlo—. No quiero que me lleves a ningún lado.
—Déjate de babosadas y ponte la ropa, luego vayamos a tu casa. Dejarás de prostituirte y seré tu proveedor de ahora en adelante.
—No tengo porque obedecerte ni aceptar ese trato. ¿Lo haces para tener exclusividad? ¿Quieres ser el único al que se la chupe o el primero en cogerme?
—Te dije que no quiero nada, maldita sea —gruñó Seokjin enojado.
—Eso es imposible.
—¿Por qué no te dejas ayudar?
—Porque los alfas…
—Los alfas, los alfas, los alfas —repitió molesto—. Ya basta con eso. Soy Seokjin, no soy como esos otros alfas.
—Claro.
—Sólo haz lo que te digo.
—No eres nada mío para tener que obedecerte —declaró Yoongi entre dientes—. No eres mi alfa.
Seokjin se quedó en silencio ante sus palabras y Yoongi sintió un escalofrío recorrerlo, algo en la mirada de ese alfa lo hizo estremecer. Al cabo de unos segundos, Seokjin se agachó para estar a su altura y lo miró directamente a los ojos.
—¿Qué pasaría si yo fuera tu alfa? —inquirió.
Yoongi rio por la pregunta y alejó la vista de él, era ya insoportable para él seguir viéndolo a los ojos.
—Si fueras mi alfa —murmuró—, te obedecería en todo.