Suguru Geto |One Shots |+18

Summary

┏━━━━━━━━━━━━━━┓ ⚠︎Contenido adulto +18⚠︎ ➥Suguru x Lectora. ➥Contenido variado. ➥Algunas escenas son en AU o en JJK. ┗━━━━━━━━━━━━━━┛

Status
Complete
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

─⊱⋅📕Miedo.⋅⊰─

Pequeñas ráfagas de aire meneaban los cabellos oscuros de Suguru, al igual que los de la fémina quién llevaba en vientre a su hijo. Habían optado por salir a una parcela de flores y césped, algunos que otros árboles daban sombra y un río a lo lejos, no tan pronunciado sino uno calmado.

Suguru dejó la canasta en el suelo, su amada acariciaba su barriga que estaba a medio crecimiento; ni tan grande ni tan pequeña. La miró y sonrió, llevando su mano áspera encima de ella, tan felices de su pronta llegada.

Ella vestía un lindo vestido largo y holgado para que no le incomodara por el nuevo cambio de su cuerpo. Por el contrario, el azabache usaba una camisa de botones blanca con las mangas dobladas hasta sus antebrazos, además de un pantalón oscuro, cinturón y su cabello a media coleta.

Le ofreció su mano, ella la tomó y empezaron a caminar juntos un poco lejos de un árbol el cual habían dejado sus pocas cosas para más tarde, viendo que las flores y parte del césped se movía conforme el viento soplaba. Los mechones de cabellos le hacían cosquillas en su rostro, rio intentando quitárselas, Suguru lo notó y le ayudó haciendo que ella viese con mejor claridad lo de su alrededor. Le dio una sonrisa enternecedora.

Se encontraba tan feliz, de estar al lado de ella, formar una familia después de tantas situaciones negativas y malas durante toda su adolescencia y parte de su adultez.

La chica fue un rayo de luz para él, demostrándole que no todo en esta vida era tan malo como él pensaba o veía. Porque las ideas de Suguru estaban tan abstractas, retorcidas y mal intencionadas que le ayudó a quitar esa venda de los ojos.

Esa misma venda que el mundo se encargó de ponerle.

De ocultarle y hacerle escuchar las risas de otros.

Él no podía reírse de felicidad, desde lo más profundo de su corazón.

Por lo que tuvo que pintarlo todo de negro, sus manos manchadas de sangre inocente habían sido ocultas detrás del odio y rencor que tenía.

Obligándose él mismo, ha pensar que la sociedad estaba corrompida.

El corrompido era él.

La fémina le enseñó tantas cosas, todo referente a la diferente visión de las cosas.

La felicidad, positividad, emoción y amor.

Suguru decía que amar era una de las maldiciones más retorcidas del mundo de la hechicería.

Todos los hechiceros sabían eso.

Pero eso no sucedió con ella, era la indicada.

Por lo que su amor se fundió entre ellos dos, mezclándose, uniéndose, entregándose, marcándose de por vida. Resultado de ello, aquel bebé en camino.

Suguru tomó una rosa y cortó de la planta donde crecía, entregándosela para después dejarle un beso en la frente y seguir su camino.

El azabache se prometió a sí mismo, proteger a su familia con lo que tuviera, con lo que sea. Y no le importaría ser maldecido por ella si algún día sucediera. Al fin de cuentas, se lo merecía por todas aquellas personas que suplicaron no querer morir cuando él les arrebató la vida.

Sabía que ella no haría algo así, jamás, ni hasta en su último aliento. Porque se lo dejó en claro con palabras y acciones.

Llegaron a la orilla del río, le ayudó a ponerse de rodillas para que ella pudiese tomar un poco de agua entre sus manos, ver más de cerca las rojas debajo del líquido incoloro y unos cuantos pequeños peces que merodeaban por ahí.

Le agradeció internamente y millones de veces, haberlo cambiado.

La amaba, eso era sin duda algo que estaba muy claro en su corazón, mente y alma. Y también ella, tan bondadosa, tan fiel, tan cariñosa y tan amorosa con él.

Tan paciente.

Esto debido a las incontables noches de pesadillas que había tenido por los gritos desesperados de personas sin rostros. Donde ella lo abrazaba y calmaba, mientras Suguru apretaba sus ojos por un intento de relajación.

Una vez de regreso, ya sentados en la sábana para poder almorzar, Geto se encontraba sentado al lado de ella, cosa que la fémina abre la canasta y saca cada contenedor con comida y aperitivos- Luego de acomodarlos, cada uno abre el de su gusto probando de todo.

—La vista es tan bonita.— dijo ______ dando un suspiro mirando hacia al frente, donde algunas nubes y atardecer se comenzaban a ver.

—No tan bonita como tú.— Suguru le dio un pequeño toque en la nariz con su dedo índice, por lo que ella lo arrugó para reírse cortamente por el ligero cosquilleo.

—Traje fresas con chocolate. ¿Quieres?— le mostró el contenedor. Él estiró un poco su brazo y tomó una fresa.

—Solamente la fresa, no me gusta mucho el dulce. Yo sé que a ti sí por el bebé.— mordió dicha fruta. La tinta roja manchó un poco sus labios, ella los vio con deseo que para su percepción se se veían apetecibles.

Suguru rio por haber notado su intención, por lo que una vez terminando de comerse la dichosa fruta roja colocó su mano detrás del cuello de ella y la besó con ternura.

—Me hubiera gustado ponerte un poco de chocolate en los labios para que supiese mejor.— acentuó aquello cuando se separaron. El contrario tomó un poco de aquel aperitivo azucarado y lo embarró en ellos.

—¿Qué tal ahora?— movía sus labios como si fuesen algún lápiz labial.

—¡Suguru!— exclamó ella de felicidad, soltando una risa reconfortante para el mencionado.

Le transmitía tanta calma y paz en su interior, que con el tiempo dejó de sentir odio y rencor por lo demás. Sólo habían dos cosas en su mente; su amada y su bebé. Volvieron a unir sus labios comiendo del dulce a su paso.

La fémina se recargó en el árbol acariciando nuevamente su barriga, cosa que se le había hecho una gran costumbre. Suguru seguía sentado sobre sus piernas, mirando y contemplando la bella vista del atardecer.

A lo lejos, pudo ver una maldición acercarse que aquello lo mantuvo alerta. Después miró en una dirección diferente a la principal y se encontró a otro, fue algo extraño de presenciar pero su inquietud no se desvaneció porque estaba su familia con él; si estuviese solo no tendría problema, ya que sabía defenderse.

—Cariño, será mejor que nos vayamos.

—¿Por qué? La estamos pasando bien.— frunció su ceño de confusión.

Suguru se desesperó un poco debido a que las maldiciones cada vez estaban más cerca. No quería que la dañaran.

—¿Pero qué...?— musita para él mismo al percibir que una de las que divisó, estaba casi por llegar a donde se ubicaban los dos.

Se levantó dispuesto a pelear en contra de ellos y decirle a su amada que se retirase de ahí sin mirar atrás. Sin importar qué tantos gritos escuchara de él, porque prometió que regresaría. Con vida o siendo una maldición que los protegería hasta que ella lo dejase libre.

Estiró sus manos para crearlos en esferas negras cuando se aproximaba a las maldiciones, deshaciéndose en sus manos en un color rojo carmesí. El viento removía de sus mechones oscuros mientras veía que se escurría aquel líquido entre sus dedos y no pudo entender lo que pasaba. Confundido ante el hecho, giró su rostro para ver a _______.

—_______, vete ahora mism...— su voz se interrumpió y pronto su respiración se agitó. Vio a la joven muerta con su barriga expuesta y abierta donde una maldición comía de sus órganos internos.

Anonadado y sintiéndose casi a punto de volverse loco como también de desconocerse, la gota que derramó aquel vaso de odio hacia el mundo jujutsu fue cuando vio que su bebé no tenía sus extremidades.

Miedo, eso era lo que le invadía a Suguru en ese momento.

—______...— musitó cayendo de rodillas ante la escena trágica delante de suyo. Lágrimas de desprecio y terror aterrizaron al suelo hasta perderse en la tierra oscura manchada de sangre.

Sintió que no podía objetar algo más que el nombre de su esposa. Estaba inmóvil y se repetía constantemente que era un idiota por ni siquiera ser capaz de proteger a su propia familia

—¡_______!— gritó con fuerza una vez fue capaz de salir de aquel trance en el que estaba. Otra maldición de grado especial puso una garra en su hombro.

Habían salido demasiados de ellos que se encontró rodeado. Antes era un paisaje lleno de alegría y paz, ahora un triste cementerio lleno de diferentes maldiciones.

—Gracias por la comida amo.— la temblorosa voz de aquel monstruo captó su atención.

Suguru observó sus manos y vestimenta con atención; estaba manchado de sangre que parecía él había ocasionado aquello. ¿Había asesinado a su propia familia? ¿A su mujer e hijo?

Tomó entre sus brazos a aquellos integrantes sin vida, abrazándolos para poder si quiera proteger sus cuerpos y darles una digna sepultura.

—¡______!— gritó nuevamente, sintiendo cómo su garganta se desgarraba. —¡Paren! ¡Malditos monos, se los ordeno!

Pero ellos continuaron como si él no hubiese dicho nada, como si no estuviese ahí.

Se acercó a rastras, los empujó y golpeó a cada uno con sus puños, brotando gotas de sangre que salpicaban a su vestimenta como también rostro, manchándose más de lo que ya estaba. Los miraba con repulsión y descargaba todo lo que contenía dentro de sí, sin interesarle que lo catalogasen un asesino o genocida; no se cansaría de repetirlo miles de veces, porque ninguno traería de vuelta a su familia.

—¡Desaparezcan de mi vida! ¡Púdranse!— exclamó con fuerza que pronto sintió unas manos que cálidas, abriendo de sus ojos abruptamente. _______ lo veía asustada y preocupada de que su esposo estaba teniendo una terrible pesadilla otra vez.

—¡Suguru! ¿Estás bien?

Se encontraban en la cama y en su propia casa, todo fue un simple sueño. La abrazó con fuerza que el sentimiento de miedo no podía desvanecerlo con eso.

—Cuidado, podrías lastimar al bebé.— mencionó la joven protegiendo de su vientre con una mano ante el repentino acto de Suguru. Los ojos del azabache se llenaron de lágrimas, llorando en el hombro de su amada.

—¡Nunca me dejes, ni me abandones o mueras!— pronunció entre sollozos. Ella lo entendió y lo reconfortó con caricias en su espalda. Plantó un beso en su mejilla para después con ambas manos, dirigiese su rostro al suyo y verse mutuamente. Quitó los mechones de cabellos oscuros que obstruían de su vista, los cuales aquellos orbes demostraban aquel miedo que experimento.

—Jamás lo haría, mi Suguru. Fue simplemente otra de tus pesadillas, nada más.— musitó con voz suave, dándole una mirada enternecedora.

—S..Sólo abrázame.

________ asintió y se acostaron juntos para abrazarse, tarareándole una canción el cual siempre le hacía sentir tranquilo cuando lo hacía ella. Una que era su favorita y que al momento de escucharla recordaba la primera vez que se conocieron. Le acariciaba los rasgos de su rostro y peinaba sus cabellos hasta que se quedase plácidamente dormido.

Había sido otra pesadilla, pero ésta era la peor de todas. Demostraba los miedos más profundos de Suguru. Su mujer y bebé muertos ante sus ojos, ya sea por culpa de él, de alguien más o de una maldición.

Y si fuese a causa de él, jamás se lo perdonaría.