Customize readability
Aa

Diosa Roja - Libro 3

All Rights Reserved ©

Summary

Muchos son los rumores que corren entre los vampiros. El gobierno Zansvriko niega la tragedia del festival, por lo que ésta se ha vuelto un mito. La hipótesis de que el Zethee prepara una nueva arma, provoca la desconfianza de las autoridades humanas, y la noticia de una zrasny se extiende, alcanzando los oídos de los muertos. El nacimiento de una vida trae consigo un nuevo indicio del futuro, cada intento por alejarnos del destino es un paso más que nos acerca a él. Antes de comenzar es imprescindible leer Destinos Vampíricos ♥ .................................................. Copyright © Todos los Derechos Reservados.

Status
Complete
Chapters
22
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

Mi pecho subía y bajaba, agitado, al compás de mi respiración. Mis trémulas manos intentaban calmar una a la otra y de tanto en tanto las paseaba por mi cara con angustia. Tras la puerta podrían estar sucediendo toda clase de conversaciones acerca de mi futuro, pero Daniel me había asegurado protección ahora que había aceptado complacerle.

Me había dejado esperando en su alcoba entretanto iba a por Elizabeth, yo se lo había pedido. Ignoraba dónde pudiera estar mi hermano, deseaba verle pero tenía miedo, me venía mejor encontrarme antes con el único ser cuerdo de aquel lugar. Incapaz de esperar pacientemente, empecé a pasearme de un lado a otro. Aquella era la misma habitación en que había estado apenas un par de días antes. Las paredes plomizas y la alfombra de pelo negro que envolvían los sentidos en seducción, ahora me daban una ligera impresión de cautiverio. No era desagradable, pero si bien antes me sentía como una invitada a la estancia, para ese momento me identifiqué más bien como un objeto más de los cientos que le adornaban, esos tallados de lujo perfecto, hecho por las manos de Dios. Tomé un diminuto dragón de mármol para observarle, al pasar mis dedos por su forma me pregunté si yo, siendo ahora una pieza más dentro de aquella sala, luciría tan magistral como él... Por supuesto que no. Negué con la cabeza, intenté sonreír de pura ironía, pero en su lugar mi visión se nubló por una cortina húmeda.

¿Qué sería de mí ahora?

Sin devolver el dragón a su sitio, me senté sobre la alfombra, el movimiento me provocó un dolor cual si un cuchillo invisible se clavara muy dentro en mi rodilla derecha. El rostro decepcionado de Aer inundó mi mente como corriente agresiva. Su insistencia por ayudarme, su frustración ante mi negativa, su expresión al saberme encinta, su enojo al hablarle de mi ambición. Imaginarme lo que pudo sentir al decidir marcharse, lo que pudiera estar sintiendo en este momento. El modo en el que su boca se volvió una línea cuando Daniel le reveló lo que pasaba, fue el detonador con el que rompí a llorar. ¿En qué me había convertido Aer? Yo había permitido que él ablandase mi corazón. La Damara arrogante que había sido siempre, estaría reprochando mi actitud justo ahora. ¿En qué planeaba convertirme Daniel? Un monstruo poderoso capaz de dominar un poder único en su especie. La Damara usual habría adorado la idea. ¿Por qué yo no?

Daniel...

Encerrada en aquel aposento, el aire que respiraba estaba cargado del olor de su piel. Sucumbir a él me estaba costando un alto precio. Soltando la diminuta figura mística, acaricié mi vientre. Estaba totalmente perdida. Mis pensamientos pasaron de mi embarazo a los vampiros muertos, todos aquellos a quienes yo había asesinado de un tajo. Cientos de vidas perdidas y yo tenía la culpa. Meditando en ello, la Damara soberbia tomó posesión de mi conciencia, revelando a mi juicio su testimonio.

Ellos querían verme morir, ¿No fueron buscando un espectáculo? ¡Pues que mejor que ese!. Esos asquerosos cantaban, celebraban mi sufrimiento, merecían lo que les pasó, ¡Merecían lo que les hice!

Jurando que había escuchado mi propia voz a mi oído, me incorporé a medias, asustada y apoyando mis brazos vacilantes sobre la alfombra. Mirando a la nada, me mantuve concentrada tan sólo en el episodio escalofriante que acababa de pasar. Negando con la cabeza por segunda vez, quise llorar al hablar de forma audible.

–Me estoy volviendo loca– miré hacia el techo, revestido por un enorme espejo con marco de oro. Pude ver mi reflejo atormentado, tenía la cara roja y mojada –Voy a volverme loca– repetí, sin dejar de observarme. Y desde ahí, estudiando por primera vez aquellos ojos tan extraños, me di cuenta de que esa Damara me era una desconocida.

Apenas había roto lazo visual con ella cuando por fin dejé de estar sola. La puerta de la alcoba fue abierta de pronto, y tras ella apareció Elizabeth. Verla me hizo muy feliz, pero fui incapaz de demostrárselo, el desconsuelo era mucho más tenaz que yo. Echándose de rodillas frente a mí, me abrazó fuerte.

–Damara...– susurró –¿Qué te pasó?, ¿Esas heridas vendadas?, ¿Dónde estuviste?

Deshice nuestro abrazo para mirarle con el ceño fruncido, no conseguí entender su pregunta.

–¿Cómo que qué me pasó?– le dediqué una mueca de confusión –¿Acaso tu no...?

Mi duda consistía en su aparente desconocimiento de la masacre de la arena, sin embargo Daniel estuvo con nosotras antes de que yo pudiera terminar de hablar, y se adelantó con un tema diferente.

–Está encinta– le soltó –Espera un hijo mío.

Tan pronto como Elizabeth se convirtió en una escultura rígida, yo recordé sus anhelos de ser madre. Como en una película, mi mente reprodujo las escenas en que le había visto llorar la pérdida de su última y reciente ilusión, cuando creyó que le daría a Diego un embarazo como regalo por su aniversario de bodas. Mis mejillas me ardieron de vergüenza, porque de algún modo sentí que le robaba su sueño. Ella lo deseaba pero no podía obtenerlo, y yo sin quererlo lo había conseguido. En ese momento, cuando descubrí las primeras lágrimas correr por su perfil, creí que me odiaría... Pero su reacción, cuando se la concedió por fin, fue la de girar su cuerpo entero hacia aquel quién le había revelado la noticia. Poniéndose de pie, sus labios sonrieron, y algo me hizo saber que sus lágrimas no eran de pena, sino de alegría. Algo había distinto en sus ojos, y ese algo pude encontrarlo también en los de Daniel, ambos se miraban con una complicidad inenarrable, conectados por algún lazo que en el instante no comprendí. Para cuando ella acabó de incorporarse, él la recibió con un abrazo tan entregado como cálido, Elizabeth no se cohibió de llorar sobre su hombro, y al segundo siguiente, dedicó su atención hacia la repisa de fotografías de junto. Cuando su vista se paseó por las imágenes de Ellie, lo pude entender. Aquello por lo que celebraban me atañía, pero no conseguí dejar de sentirme ajena, su regocijo me pareció muy íntimo.

Limpiándose la cara a toda prisa, me miró.

–¡Oh por Dios!– se abalanzó sobre mí, aunque con cuidado –¡Dios!, ¡Esto es increíble!

Me encogí de hombros.

–Menuda suerte– comenté.

–Una bendición– me corrigió –Mírate, recién convertida y ya tendrás un hijo...– sus ojos se mojaron aún más –No tendrás razones para preocuparte en el futuro, cuando la neoemia se arraigue en ti... Ya no tendrás qué...– no completó la frase. En su lugar, buscó suavemente mi vientre con sus manos –Serás bienvenido y serás amado– le habló –O amada– Se rió al tiempo que lloraba –Eres muy afortunada. ¿Pero qué fue lo que te pasó?– acomodó mi pelo sobre las vendas de mis hombros para cubrirlas –¿Por qué estás tan mal herida?

Uniéndose, el Zethee se acomodó de rodillas frente a nosotras, tomó la mano de Elizabeth antes de hablar.

–Esa no es la única noticia.

Ella le miró fijamente por unos segundos con la confusión en la expresión, pero de pronto las comisuras de sus labios se curvaron con espontaneidad.

–¡Se casaran!– pasó de él a mí y viceversa, con entusiasmo –¡Oh por Dios!– repitió, tapándose la boca en una clara señal de sorpresa auténtica –¡¡SE CASARAN!!– inclinándose entera hacia Daniel, le atrapó la cara entre sus manos –¡Daniel esto es maravilloso!– volvió a abrazarle –Sabes lo feliz que estoy por ti, todo será como antes, y estaremos todos juntos.

Deshaciendo un poco su lazo, se movió lo justo para tomar mi derecha, mientras que con la suya continuaba aferrada a él.

–Estaremos todos juntos– repitió, mirándome.

Ella lucía realmente feliz, sin embargo yo no conseguía sentirme de la misma forma.

–Así es, Eli– reconoció de nuevo él –Pero hay algo más que tenemos que hablar contigo.

Más confundida que antes, ella empezó a desvanecer su sonrisa.

–¿Pasa algo malo?– preguntó. Ya que sujetaba mi mano, conseguí notar como de repente se volvía nerviosa. Me miró –O pasó. Mira nada más cómo estás.

–Malo o bueno, dependerá de cómo lo veas– respondió Daniel, hablando solemne pero sin severidad –No fue Diego quién dio su sangre a Damara. Fue Ider. Creo que su venganza no era lastimarla o intentar matarla, sino precisamente convertirla con sangre suya.

Ella, quién le escuchaba con absoluta atención, frunció el ceño. Antes de que dijera nada, él continuó:

–Ider era descendiente natural de un sivreugmo– reveló, y cual si fuera un hechizo, la oyente pareció convertirse en piedra una vez más, pero ahora la angustia ensombrecía sus pupilas. El Zethee no se cohibió: –Ninguno en su familia podía dar uso a su alto poder, obviamente, pero la neoemia de un humano en conversión quiebra esas barreras– Daniel se puso de pie para señalarme con la palma de su mano extendida –Elizabeth, te presento al único sivreugmo real y vivo que existe entre todos los vampiros.

Durante unos momentos, mi cuñada se limitó a pensar con la cabeza baja, con sus músculos petrificados todavía. Al término de sus reflexiones, pareció enojada.

–¿Podemos hablar a solas un momento?– se dirigió a él.

–¿Por qué?– me atreví. No quería ser excluida –Además soy yo quién necesita hablar a solas contigo.

–Porque quiero la sinceridad de Daniel y dudo que me la dé contigo enfrente– respondió irritada, incorporándose. Yo intenté imitarle, pero la pierna no me lo permitió. Ella se movió hacia mí para sostenerme.

–¿Qué fue lo que te pasó?– preguntó con preocupación, acto inmediato, fulminó al Zethee con la mirada –¿Qué le pasó?– casi gritó –¿Tú hiciste esto?

–Es sólo mi pierna– le calmé.

Llevándome hacia una butaca cercana, me hizo sentar.

–Lo que vayamos a conversar lo haremos frente a ella. Entre Damara y yo no habrá más secretos– dijo él.

Ella se encogió de hombros.

–Iba a contárselo de todos modos, sólo intentaba hacértelo más fácil. Pero está bien, por mí está bien. Como sea tendrás que ser honesto, porque si me mientes lo voy a saber– se cruzó de brazos –¿La amas o quieres casarte por segundas intenciones?

Al escuchar aquella pregunta tan directa, mi corazón dio un vuelco. Me di cuenta de lo mucho que me dolería la respuesta si no se adaptaba a lo que en el fondo yo quería oír.

–La amo– habló sin titubear –Te he dicho lo que siento por ella y lo sabes, no entiendo por qué lo cuestionas ahora.

–No sé desde hace cuánto sabes que ella es lo que dices que es– refutó con tanta acidez que me sorprendió –Pudiste saberlo desde el inicio, y hacerme creer que te interesaba por motivos muy distintos a los reales.

–¿Qué no acabas de decir que no puedo engañarte?– se molestó –¿Tan despreciable me crees?

–Te conozco.

–¿Entonces?

Sus ojos, que mezclaban el aceituna con el cenizo, parecieron esforzarse por escudriñar la mente del Zethee. Él prosiguió:

–La amo y la deseo. El que estuviera ungida con el alto poder es una añadidura, un regalo. Si sólo me interesara eso, la haría esclava del ejército, no mi zrasny. Lleva en su vientre un hijo mío, y fue sembrado antes de que yo conociera su condición.

Muda totalmente, ella le observó un rato largo como si estuviera dispuesta a quemarse el cerebro con tal de ver a través de él, cada músculo de su rostro y cuerpo permanecían rígidos.

–¿Qué pretendes, Daniel?

–Tener una nueva vida– dijo, sin miedo –Tú ya hiciste la tuya hace tiempo, te casaste con Diego y dejaste todo atrás. Yo sigo atrapado en esa época, Elizabeth. Tú empezaste de nuevo, quiero tener esa oportunidad también. No pasa un día sin que piense en todo lo que pasó, en todo lo que éramos y teníamos. No pasa un solo día sin que deje de dolerme– mostró su índice en señal de cuenta y prosiguió con cada uno de sus dedos –Sin que deje de lamentar cada pérdida, sin que pueda imaginar cómo habría sido de distinto todo de tener a Ellie,

–No utilices a Ellie para manipularme– le advirtió.

–Yo vivo con estos pensamientos día a día, es mi única realidad. Tú la olvidaste, pero yo...

–¿De verdad crees eso?– se ofendió, pareció muy dolida –Eres un descarado.

–No sé– el rostro de Daniel se torció en un gesto de pena.

Apartándose un poco, apoyó sus brazos a la repisa de fotografías y perdió su mirada en una de ellas.

–Lo siento. No es una acusación. Pero yo estoy atrapado ahí, en ese pasado que no deja de perseguirme, ni yo de perseguirlo a él. Necesito dejarlo ir. Desde que eso pasó, cada recuerdo asedió mi mente como un animal hambriento. Durante años, Elizabeth, lo sabes– negó con la cabeza –Cada vez que apartaba mi atención de un documento, de una ejecución, de una kavoopia, de un juicio, de una factura, en cada instante libre de trabajo, esa época venía a mí una y otra, y otra, y otra vez– hizo una pausa –¿Sabes qué pasó después de conocer a Damara?

Separándose de a poco de la repisa, se giró hacia ella antes de seguir. Ésta vez habló suave.

–Había sido otra noche saturada de trabajo, catorce horas de fiscalización de las cuentas, las operaciones de todo un mes del pa.ve.r.axi. Cuando por fin acabé hasta con la última de ellas, me recliné en mi asiento, y por primera vez en más de dieciséis años, mi primer pensamiento no fue sobre Ellie, ni sobre Akie, ni sobre nada relacionado a esa experiencia– suspiró–Me descubrí pensando en ella– me señaló, sin mirarme –Al principio me censuré, cuando recordé a Diego. Pero el pensamiento tentador y sucio que había concebido, me ofrecía mejor placer que el que me daba el reprimirlo sólo por moral. Así que me dejé llevar. Entonces me di cuenta lo mucho que me atraía, lo mucho que me gustaba, lo mucho que me seducía... Aceptarlo fue un error, porque después de eso ninguna de mis esclavas consiguió saciarme, y yo empecé a dedicar mi tiempo libre a codiciarla, a tal punto de obsesionarme con ella. Y esa obsesión, Elizabeth, fue apoderándose cada vez más de mi mente. Ya no era el pasado lo que me atormentaba. Me sentía frustrado, desearla así y no poder tenerla, me molestaba que me tentara de esa manera. Pero me liberó. De alguna manera consiguió...– se encogió de hombros, concentrado de repente en la alfombra del piso –Hacerme sentir menos dependiente de todo lo que hasta ahora me había atado.

Levantando la vista, Daniel me miró, y una renovada ola de nerviosismo me atravesó entera. Él dio par de pasos hacia mí.

–Esa es la verdad– me dijo, buscando mi mano –Sé que me darás la oportunidad de demostrártelo. A ti. A todos quiénes duden– se concentró en Elizabeth –Damara es dueña de una habilidad especial de la que sacaré provecho, es cierto, pero no es eso lo que me mueve hacia ella.

Eli se refregó los párpados con sus dedos pulgar e índice, al tiempo que exhalaba con exagerada lentitud.

–¿Sacar provecho, como?– llevó ambas manos a su cintura –Los sivreugmos caían en la inconsciencia cuando hacían uso de su alto poder, no puedes controlar algo así.

–Nuestros antepasados no podían– contradijo –Hoy la historia se escribe diferente.

–¿Exactamente qué planeas hacer?, ¿Y cómo estás tan seguro de que ella es lo que dices?

–¿No has bajado a la plaza del palacio hoy o sí?

Eli frunció el entrecejo.

–No– se mostró desconcertada –Diego está imposible con la desaparición de Damara, y ahora tener que hablarle de esto– dejó escapar un suspiro que pareció más bien un lamento –Se va a poner peor. Al menos creo que el matrimonio podría calmarlo, va a sentarle bien. Como sea, ¿Qué tiene que haya estado en la plaza o no?, y con un jodido demonio, ¿Qué rayos es lo que le pasó a ella?– señaló mis heridas vendadas una vez más.

–Me complace mucho que no te hayas enterado de nada. Si no lo has hecho tú, que eres afín a mí y vives en la casa del sol, tanto menos los vampiros ajenos. Quiénes comisioné para no dejar escapar los chismes están haciendo un buen trabajo.

–¿Me darás las explicaciones o no?

–Elizabeth– interrumpí, temerosa de que supiera una vez más de los problemas en que estaba metida –Daniel, por favor no...

–Damara asesinó limpiamente a todos quiénes fueron a mirar el sacrificio de la arena– se adelantó.

Ella me miró, atónita.

–¿Qué?

–Pedí que mi sacrificio de este año fuera ella, fue una treta. Mi propósito era hacerle creer que sería asesinada para que se desatara su alto poder.

Durante los primeros segundos no hubo reacción, luego de esa pausa, Elizabeth saltó sobre Daniel.

–¡Eres un animal!– le golpeó el pecho con ambas manos –¡Enfermo!, ¿Por qué demonios está tan herida?, ¿QUE FUE LO QUE HICISTE?

–Asigné al cincelero como verdugo, entiende que necesitaba exponerla a esa situación.

–¡Al cincelero!– se escandalizó –¿Qué es eso?– me señaló –¿Son heridas por sus barras?

Rugiendo, le golpeó de nuevo.

–¿Y así quieres hacerme creer que la amas?

–¡La amo, sí!

–¡Quién ama no hace esto!

–¡Era una prueba, Elizabeth!, ¡Sabía que saldría triunfante!

–¡Tu hijo o hija ha podido morir!, ¡Damara ha podido morir!

–Para entonces no sabía que estaba encinta, pero tenía certeza de que saldría indemne.

–¿A esto llamas indemne?– se acuclilló frente a mí, dándole a él la espalda –¿Qué pasó?, Quiero escucharlo de ti– me habló dulce, peinándome de nuevo.

Durante un momento miré a Daniel.

–Háblame a mí– insistió ella –Sabes que puedes hacerlo con confianza. Nada de lo que me digas te traerá problemas con él, no lo dejaré.

–¡Por favor!– se burló él.

–¡Shh!– le acalló.

Yo bajé la vista, Eli subió mi mentón con sus dedos con suavidad.

–Cuéntame todo. Estuviste perdida durante cinco días.

Suspiré.

–Daniel, déjanos solas– le pidió.

–Por supuesto que no.

–¡Déjanos solas!– se volvió hacia él con el veneno en los ojos.

Retándole con la mirada, él no le complació. En su lugar se cruzó de brazos, recostando la espalda en la pared con aquella soberbia tan suya. Queriendo evitar una pelea entre los dos, me decidí por hablar:

–Después de que me dejaras, quería arreglar las cosas, reclamarle a Daniel por el pago que ofreció por mí. Realmente no sé qué pasó, o no lo sabía– corregí –Cuando le dije que no tenía intenciones de alargar mi relación con él, todo se fue de madres. Discutimos, le grité, me gritó, yo...

–Dime– insistió. Yo procuré no mirarlo a él, las mejillas me ardían de vergüenza.

–Me moría de rabia. Él acabó por perder la paciencia y me arrastró a una cámara de tortura, me atrapó en una máquina durante tres días enteros, envenenándome.

–¿A qué te refieres?

–La máquina– di una negativa, mi mente parecía querer reprimir el recuerdo –Sus agujas entraron en mis brazos para envenenarme.

–¡¿Qué?!– Eli se escandalizó.

–No es cierto– contradijo él.

–¿Cómo no?– le miré.

–Durante las primeras horas te administré una solución cuya única función era provocar dolor. En cuánto estuvo listo el suero, hice la sustitución sin que lo notaras. Lo hice en una de mis visitas.

–¿Que suero?– inquirió mi protectora.

–El que me ayudó a reducir el alcance del alto poder– contestó Daniel.

–Para entonces no lo sabía– proseguí –Pero él intentaba hacerme perder los estribos, sin embargo no fue así. Soporté todo ese tiempo.... Yo...– Dolida, corté la respiración en un intento estúpido por no llorar.

Ella acarició mi pelo.

–Está bien– quiso consolarme –No volverá a hacerte ningún daño.

–Los asesiné, Elizabeth– gemí –Eran vampiros.

Mi compañera suspiró hondamente, cerrando los ojos con fuerza para soltar el aire de manera lenta y larga.

–Eran convictos– intervino el líder.

Eli levantó la cabeza, envuelta en un gesto de total confusión.

–Desde la noche misma en que encerré a Damara en aquella cámara, me preparé para lo que venía. De la misma manera en que me aseguré que ni Diego, ni tú, ni cualquier otro importante para mí se acercara tan siquiera a la arena, prohibí el acceso a los espectadores que regularmente asisten al espectáculo. Necesitaba someter el alto poder a prueba, pero no por eso derramaría sangre inocente, ¿O sí?– enarcó una ceja –Una vez más, vacié las jaulas. Todos los vampiros condenados a muerte, tanto aquellos capturados como quiénes para la fecha continuaban libres, todos, los mandé reunir. Claro que nadie conocía mis planes, así que le hice creer a mi personal que este año me sentía especialmente generoso, por lo que concedería a los criminales un último día de diversión: presenciar el sacrificio anual ofrendado al Zethee, libertad para comer y beber durante el acto cual si fueran vampiros libres y honorables– se encogió de hombros, mirándome –Lo siento. Pero el ambiente debía ser creíble... Para ti. Estaban ebrios de placer, de libre albedrío, creían incluso que tendrían encuentros sexuales al final. Buscaban divertirse, siendo tú mi hermoso sacrificio, ellos esperaban verte morir – me dedicó media sonrisa –Pero no eres un sacrificio... Eres una diosa... Poderosa... Gloriosa... y del festín con el que empezaban a celebrar tu muerte, robaste sus vidas para empezar una propia. No sientas pena por ellos, iban a morir de todos modos. Todos. Los cadáveres descuartizados que llovieron en la arena, no eran más que la peor escoria de nuestra sociedad, acabé con dos pájaros de un tiro: conseguí la exposición de tu alto poder, e hice una buena limpieza.

–¿Sabes algo?– mi cuñada pareció indignada –No me interesa. Perdóname, pero no importa la manera en que me lo expliques ni cuántas veces lo hagas, jamás entenderé como es que alguien que diga amar a otro pueda obligarle a pasar por todo esto. ¿Dónde está tu compasión?, ¿No te dolió verla sufrir así?

–Necesitaba hacerlo.

–Tú no mereces su amor– declaró.

–No tengo porque tratar de convencerte acerca de nada– echó a andar.

–Es verdad– convino ella, con tono desafiante –Pero con Diego sí tendrás que hacerlo. Tal vez en este asunto yo no tenga más derecho que el que creí, estúpidamente, me daba nuestra amistad de tantos años, Daniel. Ya veo que no es así.

–Elizabeth– susurró, bajando la guardia y volviendo sobre sus pasos. Ella no cambió su posición, continuó sin permitir interrupciones.

–Pero Diego es el responsable legal de su hermana y su protector– alzó la voz –Estoy segura de que algo hará al respecto.

–Damara será mi esposa– aquello último pareció molestarle.

–No si mi marido no lo autoriza.

–No es decisión de ninguno de ustedes.

–Tampoco tuya. Y si bien recuerdo, Damara no tiene intenciones de desposarse contigo ¿O sí?– me miró.

Pude sentir como me temblaba el labio inferior. Tragué saliva. Ella me leyó enseguida, ladeando la cabeza y con el ceño fruncido, entornó sus ojos sin dejar de estudiarme.

–Con permiso– habló Daniel, quizás aburrido de la escena.

–Se lo contaré todo– le arrojó Eli, a pesar de que él había dado la espalda ya –Y no perderé oportunidad de decirle lo que pienso. Tal vez para ti mi opinión no vale, ¿Pero quién más sino yo puede ablandar el corazón de Diego, o endurecerlo en contra tuya?

–Si eso te satisface...– murmuró en respuesta. Dicho aquello, cruzó el umbral.

–¿Vas a decirme ahora que sí quieres estar con él?– me cuestionó a mi –¿Qué pasó con todas esas quejas que protestaste la última vez que nos vimos?

–Las cosas han cambiado– dije a poca voz.

–¿Te está obligando o estás deslumbrada con el paraíso que de seguro te tiene prometido?

Está vez tardé para contestar. Ella suspiró.

–Siempre me gustó la idea de que ustedes se comprometieran, pero ésta no era la manera.

–Lamento mucho no haber seguido tu consejo con respecto a Aer.

–¿Aer?– se volvió a confudir –¿Qué tiene que ver él con todo esto?

Me removí en mi lugar, con el alma dolida.

–Tenias razón. En todo. Lo lastimé.... Muchísimo... Pero lo salvé. Complaceré a Daniel en lo que pide y ya no le hará daño.

–¡¿Qué dices?!

Me di cuenta de mi error después de haber hablado, para cuando quise devolver cada palabra y tragármela, era tarde.

–Entonces si te amenazó.

–¡Por favor!– rogué.

–¿Le hizo daño?

–No. Pero yo sí. Me gustaba, Dios, vaya que sí– me lamenté –Pero no era la clase de atracción que siento por Daniel, sino algo muy distinto. Daniel puede convertir mi sangre en fuego, hacerme arder, quemarme con él. Aer en cambio... Es como si cambiara mi corazón de piedra por uno nuevo, más frágil, capaz de sangrar, capaz de sentir... Capaz de amar. Él creía en mí, creía que de verdad yo podía llegar a hacer algo bueno, pero yo rompí la imagen que él tenía de mí y con ello le rompí también a él... Tal y como siempre hago con todo lo noble o dulce que llega a mí. Y lo destruyo, porque sólo para eso sirvo, para destruir, y nada más.

Entonces, la pena fue más fuerte que yo, y tirándome de cara al espaldar, rompí a llorar como nunca antes.

Durante un rato muy largo, Elizabeth no dijo nada más. Como mi silenciosa compañía, respetó mi pesar dejándome llorar todo cuánto quise. Al principio sentí vergüenza, pues el frágil estado en el que me encontraba no era propio de mí, siempre me había mostrado como una chica fuerte. Aquellas manos que para el momento peinaban pacientemente mis cabellos revueltos, me daban consuelo, junto a una clase de apoyo o seguridad que hasta ahora sólo había sentido de Athir. Pensé entonces que Eli sería una buena madre, pues sus caricias estaban cargadas por una compresión y un cariño desinteresado que sólo un amor maternal podría dar. Cuando mi lamento empezaba a penas a menguar, ella habló:

–Tu vida será distinta ahora, sea cual sea tu decisión. Imagino cómo te sientes y lo puedo comprender. Pero en adelante tienes que tener en cuenta que tus fuerzas y debilidades no te levantarán o derrumbarán sólo a ti. Que todo lo que guardes dentro, lo compartirás con ese nuevo ser que está creciendo en ti. Sé que a veces no es fácil ser valiente, pero descubrirás en el amor por tu hijo, el coraje necesario para serlo por los dos.

Con el ceño fruncido, me incorporé lo justo para verle a la cara. Ella prosiguió:

–Es un ser inocente, no tiene la culpa de nada de lo que ocurre, ni tiene porque pagar por ello. Tal vez todo parezca confuso para ti ahora, pero te aseguro que tu perspectiva cambiará cuando él o ella haya llegado– se acuclilló, quedando a la altura de mi vientre. Sus ojos se anegaron pero sus labios sonreían –Precioso, aún no te conozco pero ya te amo, con todo mi corazón.

Me miró.

–Espero que sea de crecimiento lento, para disfrutarlo más.

–¿A qué te refieres?

–Un hijo de vampiros puede ser un niño cuyo desarrollo se lleve lo mismo que el hijo del humano común, crecer a medida que pasan los años. Pero puede ser también de crecimiento acelerado, donde cada mes equivale aproximadamente a un año, éstos se convierten más jóvenes que los otros.

–¿De qué depende?

Se encogió de hombros.

–Naturaleza. Claro que sea como sea será bienvenido y amado– acarició mi vientre –Pero si fuera lento, aprovecharíamos su infancia mucho más.

Sin saber que decir, me limité a asentir.

–¡Tenemos que pensar en sus nombres!– se emocionó –...Me dejarás participar...¿Cierto?

–Claro que si– le aseguré, dedicándole media sonrisa.

–¡Excelente!, a ti te ayudaré a escogerlos si es niño y a Daniel si es niña, según nuestra tradición, creo que ya lo sabes– hizo un mohín

–El nombre del varón lo escoge la madre y el de la hembra el padre– convine.

–Exacto– asintió, complacida –Y tendrá dos, el común con el que se presentará ante el mundo y el zansvriko con el que será conocido entre los vampiros– se mordió el labio, pero casi en seguida suspiró, borrando su sonrisa –...Ay, Daniel– negó con la cabeza –Ojalá esto no estuviera ocurriendo así. ¿Qué harás con él?

Se me escapó un intento de risita nerviosa.

–Voy a casarme, este camino tiene una sola vía.

–¿Ya lo pensaste bien?, ¿Es eso lo que deseas?

–No quiero pensarlo pero es lo que haré.

–¿Por qué?, ¿Te da miedo descubrir que no es lo que de verdad quieres?

–Me gusta Daniel, bueno creo que es obvio– hice un ademán hacia mi embarazo.

Ella se cruzó de brazos y sujetó su mentón, pensativa.

–También es obvio que lo mejor para el niño o niña es que sus padres estén juntos...¡Agr!, ¡Pero cómo me molesta!, Daniel terminará saliéndose con la suya. No es que no lo apoye, creo que es lo único constante que he hecho desde que tengo memoria, pero esto que hace, el modo en el que lo hace, no es correcto, y no lo entiendo, no puedo entender por qué actúa así– pareció exasperarse pero se controló –Lo amo como a un hermano, pero juro que a veces deseo ahorcarlo– hizo el gesto con sus manos –Merece ser castigado, pero ese castigo se lo daré yo, no quiero que entre ustedes dos haya más problemas de los que ya tienen. Si esto es lo que va a pasar, no quiero que te lo haga más difícil.

Adoptando absoluta seriedad, me miró para hablar franca:

–Una vez te dije que amar era una decisión, Damara. ¿Lo recuerdas?

–Lo recuerdo, sí.

–Si hay algo en él que te guste, aunque sea un poco... – torció el gesto –Que tal como dices es más que obvio que sí, entonces toma la decisión. Ámalo. Y vive esto de lleno. Con esto quiero decirte que dejes a un lado tus recelos contra él, todo eso que me has dicho desde antes en su contra, que es un déspota, que no lo respetas, que eres grosera y malcriada, todo eso debes dejarlo atrás para poner de tu parte. La atracción física es importante, facilita las cosas, pero no lo es todo. La tolerancia es fundamental. El amor viene con la convivencia, con el compartir de las experiencias que en adelante deben tener como pareja. Él y tú serán uno sólo y no me refiero al encuentro sexual. No puedes ser egoísta con él, al contrario, tienes que aprender a considerarlo, cuidarlo, hacerlo feliz, por supuesto que él debe hacer lo mismo por ti. El amor no consiste en desear a alguien y enredarte con él, eso es otra cosa, aunque tienda a confusión. El amor es servicio, no sumisión, aunque debes tener obediencia– aclaró –Es entrega, atenderlo si enferma, ayudar a aliviar sus preocupaciones, esforzarte por su bienestar. Nada de esto puede ser una obligación amarga, una carga, No. Si lo amas saldrá de ti y lo harás con complacencia... Pero si no... Debes pensarlo bien.

–Cuando dices obediencia...

–Digo que en adelante él será la cabeza de tu familia y deberás respetarlo como tal. Claro que tienes la libertad de hacerle saber tus opiniones, pero imagina tu matrimonio como un navío donde él será el capitán. Si tú, como segunda al mando, tienes una opinión que consideras mejor que la suya y que consideras que facilitará o perfeccionará el viaje, debes decírselo. No como una imposición, sino como consejo. Descubrirás además de que conseguirás mucho más siendo suave que revoltosa, en especial con Daniel– suspiró –Conozco un par de trucos con él, pero no te los diré hasta tanto vea en ti señales de cambio verdadero, los dos lo necesitan, tanto tú como él. Haz lo que te aconsejo o esto terminará en desastre– negó con la cabeza –Espero que con trabajo de ambos puedan sacar de aquí la fortuna de convertirse en una buena familia.

Ésta vez fui yo quién suspiró.

–Gracias, Elizabeth, por todo eso que me dices. Ojalá pudiera tener tu juicio, pero no es tan fácil.

–Estoy casada desde hace tiempo– encogió sus hombros de nuevo –Tú eres una niña, y ciega además, y Daniel... – resopló –No sé cuando va a madurar.

Sonreí.

–Oye...¿Crees que puedas averiguar algo sobre Aer?

Ella arrugó la cara.

–Damara– me habló seria –Lo que sea que sientas por ese muchacho...

–Sólo quiero saber si está bien– me apresuré a decir –Lo juro. No pienso en hacerme infiel ni nada de eso, no soy así Elizabeth.

–Cuidado– me advirtió.

–Lo juro– repetí.

–De acuerdo... Trataré– se relajó –Tengo que buscar a Diego, pero no quisiera tener que dejarte aquí sola.

–No importa, de cualquier forma será o es mi nuevo hogar, ¿No?, además no puedo ir a ningún lado con mi rodilla así, me duele todavía.

Sin responder a mi comentario, se inclinó hacia mí para abrazarme.

–Todo saldrá bien... – pareció querer decir algo más pero se calló de repente, separándose de mí, pude notar su entrecejo fruncido –¿Cómo pretende Daniel controlar lo incontrolable?

Sabía de lo que hablaba.

–Él dice que con entrenamiento y con la ayuda de un amigo suyo, puedo dominarlo. Cuando lo pienso, me da miedo.

–No tendrás que hacer nada que no quieras, y Diego y yo te vamos a proteger. Es necesario averiguar sobre esto a fondo, luego ver que se puede hacer. Como dije, todo saldrá bien, ¿De acuerdo?

Asentí.

–Le he pedido a Daniel la libertad de Athir y él me la ha concedido. ¿Crees que pueda verla ahora?

Antes de que pudiera responder, la puerta de la alcoba volvió a abrirse, y a través de ella entró el Zethee, ésta vez acompañado de una mujer. Ella era joven, de cabello largo y rubio que caía en cascada ondulada, contorneando su muy voluptuosa silueta. Su rostro era muy hermoso, con la nariz más respingada que hubiera visto nunca y ojos de un azul tan intenso como el lapislázuli. Mejillas rellenas, labios pequeños, rostro en forma de corazón. Era bella. Durante los primeros segundos se sonrío al verme, pero al pasar su mirada por Elizabeth, su gesto aparentemente feliz se hizo agrio, como si alguien le hubiera susurrado un comentario desagradable. Miré a mi cuñada, su expresión era tranquila. Ella fue la primera en hablar.

–Ztefy Khary– le dijo cortés.

La chica solo se limitó a asentir a medias, mientras que Eli volvió a dirigirse a mí:

–Volveré en breve, conversaré con Diego, necesito decirle que apareciste y sé que querrá venir en seguida a verte.

–Los esperaré, no se tarden– pedí.

–No lo haremos– besó mi mejilla.

Sin despedirse de nadie más, salió por la puerta. La mujer se movió hacia un lado con la cara hacia el marco mientras Eli pasaba. Fruncí el ceño.

–Damara– me habló Daniel –Te presento a Ztefy Khary.

–Que linda– dijo ella con renovada disposición, su voz era aguda pero bonita. Casi tierna –¿Quien es?

–Será mi esposa– le reveló.

–¿Es en serio?– no supe si jugaba o si se había sorprendido de verdad.

–Muy en serio– le contestó formal. Voy a casarme y necesito alguien confiable que la acompañe. Es por esto que desde ahora pasarás a su servicio.

–¿Me apartarás de ti?– pareció reclamarle –¿Que te hice?

–Servirme fielmente. Y lo has hecho tan bien que sólo a ti podría confiarte la tarea– me miró – Damara, en adelante ella será tu esclava personal y primera escolta. Ella va a cuidarte, te hará compañía, atenderá tus ordenes y te dará protección– volvió a la chica –¿Puedo contar contigo?

–Hasta la muerte– contestó.

–Le servirás tan dedicada como lo has hecho conmigo, Ztefy Khary.

–Sabes que sí– aseguró.

–Dado que será mi esposa, algunas cosas seguirán igual, seguirás siendo ama de esclavas, aunque es probable que ahora haya que cambiarlas. Pasarás a ser ama de custodios, pero sólo los de ella, y no necesito decir que atenderás su cuidado personal. Quiero que hoy mismo empieces a preparar el rito de cata, nuestro matrimonio será lo mas pronto posible.

Ella lo miró ceñuda.

–No te conocía novia alguna y de repente te vas a casar– le dijo, luego me miró –¿Que edad tienes?, nunca te había visto.

–Se unió recientemente a nosotros– señaló el Zethee –¿Desde cuando tengo que rendirte cuentas?

–No tienes por que, solo es curiosidad– le dedicó un gesto irónico.

–Bien– León se mostró complacido –Las dejaré a solas para que se conozcan, entre tanto yo mandaré por tus cosas– se acercó a mí –Que sean traídas aquí. Debo resolver uno que otro asunto antes de reunirme contigo. Tenemos que conversar. Yo...– lo que sea que estaba dispuesto a decir, lo frenó de pronto. Miró a la chica un instante y volvió sus ojos a mí –A la vuelta. Lo hablaremos a la vuelta. Seremos sólo tú y yo.

Pareció titubear, pero recuperó su actitud habitual rápidamente. Al pasar frente a Ztefy Khary, ésta le hizo una reverencia sutil. En cuánto se hubo ido, ella me abordó en seguida.

–¿Te sientes cómoda?, ¿Hay algo que quieras o necesites?, ¿Beber?, ¿Comer?

–Estoy bien– declaré.

–En ese caso, conozcámonos– se sentó en la alfombra –Permíteme hablarte de mí, tengo ciento veintiún años. Mis padres murieron cuando yo aún era muy joven, ambos eran vampiros guerreros al servicio del Zethee, Vookerth para entonces. Fueron muy leales, por lo que recibí amparo tras su muerte. Tuve la oportunidad de crecer aquí con comida diaria, vestido, educación. Fui adiestrada en la casa de esclavos pero con los privilegios de un vampiro libre. Recibí entrenamiento con los aspirantes al ejército zansvriko. Cuando tuve la edad suficiente para trabajar, pude volverme un híbrido entre las dos áreas. Me gusta la vida que llevan los esclavos aquí, y siendo libre tengo el derecho de decidir sobre mí misma. La paga es buena. Y gracias a mis habilidades fui elegida para la doble función: Servir y proteger. Mi misión principal debe ser atender a quién me asignen, durante años fue a Daniel, ahora será a ti. Pero dadas sus posiciones en el poder, es necesario que quién esté cerca, sepa defenderlos en caso de alguna eventualidad– levantó su pierna y deslizó los dedos por ella, debajo del traje que llevaba, sólo entonces noté el par de dagas que tenía consigo y los pequeños tatuajes en su mano –¿Que hay de ti?, ¿Donde se conocieron Daniel y tú?– preguntó.

–Lo conocí...– resoplé. Tenia dificultades para armar un buen resumen así que me fui por la vía rápida –Soy hermana de Diego.

–¡¿Diego?!– frunció el ceño, ladeando la cabeza –¿Mi Diego?

Ésta vez me confundí yo.

–¿Que?– balbuceé.

–¿Diego Vookerth?

Yo asentí.

–¡Wow!– soltó una risita –Quién lo diría.

–¿Por que dijiste “tu Diego”?

–Él es mío, ¿No sabias?

–No entiendo.

Se volvió a reír.

–No es nada. Siempre me ha interesado, eso es todo. Lo conozco, pero no cómo quisiera, solo hasta donde me lo ha permitido, no más de lo que le ha mostrado a los demás.

–Así que por eso no te agrada Elizabeth– concluí.

–No me agrada porque no me trago su actitud de mosca muerta– soltó con frialdad.

–¿Que dices?– me molesté –No hables así de ella.

–Solo soy sincera. Es lo que pienso y mientras mas pronto lo sepas será mejor, tanto sobre ella como sobre él.. Tan apuesto, tan interesante.

–Tan casado– señale.

–Por desgracia. Pero no pierdo la esperanza de que algún día, quizás en el futuro, llegue mi turno.

–No me gusta como hablas– intenté levantarme, pero la rodilla herida no me lo permitió. Maldiciendo por lo bajo, me senté de nuevo.

–¿Necesitas ayuda?

–No– aclaré –No me gusta como hablas, ya te lo dije, ni como piensas, ni nada de lo que demuestras.

–¿Por que no?

–¿Y todavía preguntas? Creo que es un poco osado de tu parte el que me digas eso a mí.

–Siempre se lo he dicho a Daniel, a Diego, y a todo el mundo. No es un secreto, ni algo que tengo intenciones de ocultar.

Mientras hablaba, la puerta una vez más fue abierta, y cual si le hubiéramos invocado, mi hermano apareció tras ella. La alcoba definitivamente se había convertido en mi oficina personal. En un primer instante me asusté, al ver su estampa tan de pronto y en consecuencia, tener que hacer frente a mi charla con él. Un par de segundos después, advertí el encuentro de Ztefy con él. Al mirarla, descubrí en ella cierta picardía, pero antes de que nadie dijera nada, Elizabeth apareció también, apoyando con timidez sus manos a la primera pared de la habitación. Su expresión se dividía entre la tristeza y la preocupación. Volviendo mis ojos mi hermano, encontré aflicción pura en los suyos.

–Damara...– titubeó, muy bajo.

–Te esperaré aquí– dijo su esposa, retrocediendo.

Sin que nadie le dijera nada, la rubia salió de allí.

Hasta el momento, estuve segura de que Diego estaría tan irritado como sólo él sabía estarlo en los momentos más imposibles. Me sorprendía que a diferencia de las incontables veces en que me esperaba un sermón de su parte, ésta vez no me sentía eufórica ni me preparaba para entrar a la defensiva, al contrario, tenía miedo. Sin embargo en cuánto él apareció, mi posición cambio de nuevo.

Me había imaginado encontrar en su rostro la decepción, la rabia, la frustración, todo cuánto había visto en él la última vez, cuando me reprochó el haberme entregado a Daniel. Pero en su semblante no existía nada de eso ahora, en su lugar, la tristeza le cubría enteramente. El duelo que se marcaba tan profundo en sus ojos nunca lo había visto, haciéndole cambiar hasta la forma de éstos, su esencia, parecía que la vida misma le había sido arrebatada. Tan pronto lo vi, algo dentro de mí se quebró. Nunca me sentí más vulnerable que entonces. Cual si el dolor por verle así me causara sufrimiento físico, me eché a llorar, y descubrí que él traía consigo las mismas intenciones. Corriendo hacia mí, ambos nos envolvimos en un abrazo tan fuerte como fraternal.

–Lo siento mucho...– balbuceé.

Con suavidad, él apartó su mentón de mi cabeza antes de hacerme mirarle.

–¿Te están obligando a esto?– preguntó, con sus ojos anegados.

Sin saber por qué, tardé unos segundos en darle un gesto de negativa.

–Estoy encinta, Diego.

La expresión de su rostro pasó de una emoción a otra.

–Lo sé– se le escapó un suspiro nervioso –Aunque me cuesta creerlo...

Las comisuras de sus labios se ensancharon nerviosamente mientras que su ceño se fruncía de una manera poco habitual, el pequeño montículo de piel que se formaba entre sus cejas temblaba, haciéndole difícil conservar la expresión. Con algo de inseguridad, posó su mano sobre mi vientre.

–Sangre de tu sangre. Soy algo joven para ser abuelo, ¿No te parece?

–¿Y desde cuando eres mi padre?– le sonreí, queriendo poder hacer un gesto irónico, pero no lo conseguí. En su lugar ladeé la cabeza.

–Sé que no lo soy, pero... Todo lo que he hecho, lo he hecho por ti. Te antepuse antes que a mí mismo. No– me detuvo antes de interrumpirle –No estoy reprochándote. Sólo quisiera que entendieras un poco lo que siento. He dedicado tiempo, trabajo, dinero, y vida, para comprarte una libertad que parece que nunca podrás tener. No me arrepiento, en lo absoluto, pero me duele la imposibilidad que tengo para rescatarte. No entiendo. Siempre, justo cuando creo tener en mis manos lo que ansío darte, desaparece. Se me va. Cuando eras niña, te rescaté de lo que con seguridad sería una infancia de infierno. ¿Y qué pasó? Fuiste arrebatada de mis brazos para entregarte al cuidado de una esclava. Hizo un buen trabajo, pero no pude estar contigo. Me esforcé para comprar tu libertad, y justo cuando te incorporas a nuestro mundo, te tropiezas y caes de boca para estrellarte contra la ley. Consigo un indulto con Daniel, y te entregas a él. A él, que lo tiene todo, ¡TODO! Me hubiera gustado que viviéramos al menos un poco bajo el mismo techo. Durante tu humanidad no pude hacerlo, y ahora que te conviertes tampoco estarás en mi casa.

Bajó la cabeza, ocultando su rostro entre sus manos. Permaneció así unos segundos hasta que se descubrió al fin.

–Vámonos– resolvió –Larguémonos de aquí esta misma noche.

–¿Qué?– no podía dar crédito a mis oídos.

–Es lo mejor. No dependeremos más del Zethee, tengo dinero suficiente para empezar de cero lejos de aquí. Terminarás tus estudios, buscaré empleo entre humanos.

–Diego, estoy embarazada.

–Yo cuidaré de ti– prometió –Elizabeth y yo lo haremos.

–Estoy enferma– negué con la cabeza, a punto de llorar también.

–Buscaremos el modo de corregir eso– me sujetó suave de los hombros.

–No– gimoteé.

–¡Sí!

Su expresión me quebraba por dentro.

–Por favor, alguien podría salir herido o muerto. Tengo miedo de mí misma. Creo que aprender a controlarlo es lo más conveniente para todos.

–Es imposible dominar algo como eso– me soltó.

–¿Entonces que debo hacer?, ¿Esperar a que pase con ustedes algo como lo que pasó en la arena?, ¿Esperar a despertar un día y encontrar sus cuerpos despedazados por mí?. Si esto no tiene cura ni puede ser controlado, entonces valgo mas muerta.

–¡No!– gritó nerviosamente –¡No vuelvas a decir algo como eso!, ¡Jamás!

–Daniel piensa que puedo dominarlo.

–Daniel, Daniel, ¡Daniel!– bramó, apartándose y echando abajo la porcelana que adornaba una mesa cercana.

–Intentarlo es la única salida distinta a morir. Otros me matarán cuando esto se sepa, o lo haré yo misma antes de dañar a cualquiera de ustedes.

–¡No lo permitiré!, Daniel– apretó los dientes –¿Por qué se empeña en robarme?, compré tu libertad, compre tu lugar entre los vampiros, ¡A mí lado!, y ahora él viene a robarme... Y ese Ider... Espero que esté pudriéndose en el infierno. Y estoy cerca Damara, muy cerca de su informante, cobraré la vida del traidor.

–¿De qué hablas?

–Los que le ayudaron a encontrarte, ellos pagarán con sangre– se acercó –¿Que vas hacer, Damara?, ¿Que podemos hacer?

–Voy a casarme.

–Ya yo no trabajo para el Zethee.

–El Zethee será mi esposo, ¿Te alejarás de mí?

–¡No!– volvió a sujetarme de los hombros pero al instante siguiente me atrapó contra su pecho, su mano en mi cabeza me acarició –No te perderé– murmuró.

–No lo harás nunca– rodeé su cuerpo con mis brazos –Pero no me dejes sola en esto, Diego, por favor. Voy a necesitarte conmigo.

Intensifiqué mi abrazo, pude sentir su respiración pesada. Tras permanecer en silencio un rato, finalmente se apartó de mí lo suficiente para hablarme, ésta vez con calma.

–Saldremos de ésta. Haré lo que sea mejor para ti, como siempre lo he hecho, pero no quiero que seas infeliz. Repites y repites que vas a casarte, ¿Pero cuáles son las razones que te llevan a esa decisión? Sólo aceptaré una, Damara, la única que debe valer y si me la das no voy a oponerme. Respóndeme con honestidad: ¿Amas a Daniel?

Titubeé.

–En estos momentos la situación es confusa. Él y yo no estamos del todo bien. Él es difícil, yo también, todo esto ha sido muy rápido. Sería hipócrita si dijera que no me atrae, pero...

–Necesito que me lo digas– insistió –De tu respuesta dependerán mis acciones a continuación. Si esto es lo que vas hacer, si voy a tener que entregarte a él, necesito estar seguro de que es lo que te hará feliz, que es por tu propia voluntad. No autorizaré tu unión con él si me dices que no es lo que quieres. El matrimonio no es sencillo aún estando casado con quién amas, no imagino cuánto más con alguien a quién no– pasó su mano por su pelo, típico en él cuando está en angustia –Daniel... Él ha sido mi mejor amigo desde hace mucho. Es responsable. Pero me molesta que de todas las mujeres, en éste o cualquier mundo, se haya fijado preciso en ti. Y esto...– señaló mis heridas con su rostro trastornado –¿Cómo podría perdonarle por esto?

–Diego...– me esforcé por apoyar mi rodilla para alcanzarle y acariciar sus hombros.

–Qué difícil es todo esto– resopló –¿Lo amas, Damara?

En este punto sólo podía dar una respuesta, pese a que en mis adentros reinara el caos.

–Sí.

Asintió, cerrando los ojos. Una lágrima solitaria se dejó caer por su mejilla izquierda.

–¿Por qué?, ¿Es eso cierto?, ¿Aún después de esto?– pasó su mano a la altura de mi vendaje, sin tocarme –¿Crees que yo dejaré pasar lo que te hizo?

–Diego, por favor.

–Bien– dijo, mirándome fijo. Se limpió la cara con rapidez –Hablaré con él. Así será esto: Si es lo que quieres, lo que de verdad quieres, lo autorizaré. Sólo si no te está obligando, sólo si no cambias de opinión y me dices que quieres irte hoy mismo de aquí, porque, Damara, tengo listo todo. Podríamos evaporarnos...

–Diego....

–Pero sé que no. Ya me lo dijiste. Lo autorizaré, pero tengo ciertas condiciones que le haré saber. Y estaré contigo, claro está. Y no le perdonaré por esto, por el falso sacrificio, por el cincelero, no lo haré, Damara. Ya veremos que hacer para resolverlo, y con respecto a lo que tienes... A tu sangre... – de un tirón, hizo sonar los huesos de sus brazos–Ya veremos– repitió –Hablaré con él.

De pronto, me sonrió de un modo que me hizo sentir niña de nuevo. Con su dedo pulgar e índice atrapó la punta de mi nariz, sacudiéndola tan breve como suave.

–Tengo tu nariz– susurró.

Por acto reflejo, llevé mis manos a mi cara. Me sentí tonta al caer en cuenta. Él se rió con una nostalgia demasiado profunda para mi comprensión, y me llenó de una sensación que había estado reprimiendo desde hacia mucho tiempo. Volví a saberme frágil, como cuando era chica. Me sentí desnuda del alma, aquel juego inocente y dulce que él había hecho, trajo consigo a la superficie a una Damara que en el pasado me esforcé por enterrar, esa que ahora me era muy ajena. La media fracción de segundo en que medité en ello, fue el tiempo que le tomó a mi hermano envolverme de nuevo en un cálido abrazo, con el que me prometía protección y apoyo, para el presente y el futuro.

Let Angel Krysna know what you thought about this chapter!
Love this

4

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

1

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

1

Strong Dialog

Further Recommendations

Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Read Now
Stripped Shadows

bm: Sehr gutes Schreiben. War total in der Geschichte und habe mitgefiebert, wie es weiter geht. Konnte das Buch kaum zur Seite legen Sehr spannend geschrieben. Freue mich auf Band 2 Hätte gern das Ruby mit Beiden lebt.Und es fehlen noch sehr viel Antworten

Read Now
My Playboy Roommate

luisasabato: Spitze! Sehr zu empfehlen und hoffe auf ein Happy End

Read Now
Bloodlines

miacoveventry92: Sad that it ended I was enjoying being sucked into this story since the first chapter. Beautiful story and I really hope there's a part two someday but as is it's a great story beginning to end and no cliffhanger at all.

Read Now
My Blacksmith Savior

Martina partsch: Eine liebenswerte,nette Liebesgeschichte mit einem emotionalen Happy End,fast wie im Märchen.Danke für die schöne Geschichte .

Read Now
A Blessing in Disguise

sandra: This was a good short book. You can get a little lost in who is talking. But overall short and sweet.

Read Now
Called by the Alpha

Lohana Francisco: Livro bem detalhado , estou gostando até o atual momento.

Read Now
An Irish Match

Joyce: This one will warm your heart and soul with a lot more than just Guinness being served to an American woman by an Irish pub owner.

Read Now